Derechos culturales de la población negra en España (II)

En muchos países del mundo, durante las últimas décadas, el debate sobre la discriminación racial ha acabado convertido en un debate sobre la introducción o no de políticas de discriminación positiva. Si bien en España podría ser legítimo exigir una asignación de recursos diferenciada, la incapacidad tradicional de la sociedad civil negra y del Estado para coordinarse en esto provoca que las políticas de la diferencia se gestionen de forma elitista y antidemocrática.

Este segundo análisis sirvió para completar el informe en cuanto al estado del Decenio Afrodescendiente en España aportado a la reunión en Noviembre de 2017 del Alto Comisionado de Naciones Unidas los Derechos Humanos (OHCHR)
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Colaboro con movimientos por la igualdad racial desde 2007 a raíz de haberme involucrado profesionalmente en proyectos de Desarrollo Humano y TICs (Tecnologías de la Información y de la Comunicación) como Experto en Misión del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, con el proyecto de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODMs). Los ODMs trataban de coordinar las políticas de cooperación internacional en todo el mundo con 8 grandes objetivos de desarrollo a alcanzar en el año 2015. Había objetivos y programas sobre pobreza, educación, igualdad de género, salud y medio ambiente, pero ni sobre racismo ni sobre discriminación étnica y sigue sin haberlos en su versión actualizada de los Objetivos de Desarrollo Sostenible a alcanzar en 2030. Con el empuje de los movimientos negros, los gobiernos latinoamericanos aprobaron leyes de igualdad racial con medidas de acción positiva a semejanza de Estados Unidos. Pero el modelo ha entrado recientemente en crisis por el efecto no esperado de reactivar los movimientos identitarios blancos y aumentar el racismo extremista.

Me interesé por estas problemáticas no atendidas por los ODMs desde un enfoque estratégico que plantea la desigualdad racial fundamentalmente como un problema cultural y de educación, por tanto pedí que se me asignase como colaborador en la estructura de la UNESCO en España. Así, desde el año 2009 colaboro como consultor en la Cátedra UNESCO de Estudios Afroiberoamericanos, que es una estructura de la UNESCO fundada en 1994 en España para la Educación y la Cultura en el área de Estudios Africanos. Mi misión en la Cátedra no es solamente contribuir a impulsar estos estudios, sino también analizar el avance en Europa, África y Américas de las actividades, organizaciones y movimientos sociales relacionados con los afrodescendientes, y contribuir al cumplimiento de los compromisos internacionales en materia de diversidad cultural y en la erradicación de prejuicios raciales y estereotipos. En este periodo también he ganado experiencia como consultor de estrategia, que después he aplicado en industrias culturales de raíz africana. Esto ha ayudado en el análisis de situación sobre los retos de África, ya que plantear este tipo de proyectos exige un amplio análisis de macroentorno.

Al intentar entender la desigualdad racial y el desarrollo comunitario de la población negra en España, lo que primero se impone es atender a los aspectos históricos y culturales. Con motivo del informe sobre racismo del año pasado para el CERD, hicimos una retrospectiva sobre el atropello de los derechos culturales de la población negra en un análisis anterior. Vamos a examinar ahora cómo la dinámica puesta en marcha entre el Estado y el colectivo afrodescendiente está resultando improductiva y va en contra contra de los intereses generales de la sociedad civil negra, porque crea nuevas desigualdades a través de una cortoplacista e ineficiente cultura del empoderamiento que funciona apenas a través de la comunicación y las relaciones públicas. Pretendo aquí hacer una descripción, a título personal, del proceso por el que esto se ha producido desde el comienzo de la democracia y de cómo se ha ido intensificando. Los términos población negra y afrodescendientes se utilizan indistintamente.

EL DECENIO INTERNACIONAL AFRODESCENDIENTE: ¿ALGO QUE CELEBRAR?

Reconocimiento, Justicia y Desarrollo. Sobre estos tres principios descansan la armonía de derechos y deberes internacionales en las celebraciones en 2011 del Año Internacional de los Afrodescendientes de la UNESCO y del Decenio Internacional para los Afrodescendientes de 2015 a 2024. Desde Naciones Unidas se insta a los Estados a adoptar medidas en la erradicación del “racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia”. El fundamento de las políticas correctoras que se pusieron en marcha en Estados Unidos fueron los estudios estadísticos en censos de población con categorías de grupo racial. El PNUD adaptó estas políticas en América Latina para suplir esta carencia de los ODMs, constatando que los afrolatinos sufren un atraso estructural en materias como igualdad, educación, empleo, ingresos, salud, esperanza de vida o exposición a la violencia como también sufren los afroamericanos estadounidenses.

En España no han existido estudios estadísticos de población o sobre Desarrollo Humano desglosados por grupo racial, por lo que el Estado desconoce las necesidades de intervención social en cuanto a minorías raciales. Debido a esta ausencia de datos y a la gran fragmentación sociopolítica de la población afrodescendiente en el país, resulta muy complejo articular sus demandas. El estereotipo dominante hasta el momento en la sociedad ha sido que no se puede ser negro y español, y cuando se puede siempre es con algún “pero” (“pero de dónde vienes”, “pero cuál es tú origen”, etc.) que discrimina a los individuos simplemente por su raza, en contradicción con la letra y el espíritu de la Constitución Española de 1978. Como elemento coadyuvante, este discurso ha sido interiorizado por muchos migrantes que educan a sus hijos nacidos en España para crecer en su propio país considerándose extranjeros. Todo esto ha contribuído a aumentar la brecha de derechos y aquí es donde cobran importancia las reivindicaciones de los afrodescendientes españoles o afroespañoles, que lentamente empiezan a proyectarse públicamente.

Falta un Reconocimiento de la población negra por parte de la sociedad y del Estado. Cuando se intenta caracterizar esta población, se hace a través de la autodenominada comunidad afroespañola, que es un eufemismo para describir una profusión de grupos de la diáspora africana presentes en la esfera pública del país por medio de algún proyecto o actividad. Las dificultades de esta representación estriban en que existen profundas divergencias sobre la identidad cultural y sobre cómo aplicar conceptos básicos relacionados con la cuestión racial dentro del propio colectivo, además de una casi total falta de acuerdo sobre qué estrategias y acciones concretas seguir contra el racismo. Casi invariablemente, estos grupos toman direcciones muy rígidas a favor de una determinada visión ideológica de la política y de la sociedad (típicamente la neoliberal, la neocomunista, la panafricanista o combinaciones entre estas) que no son acordadas ni compartidas con el resto de la población negra o con la sociedad española en general. Esta comunidad en realidad es una comunidad de intereses que supone solamente una fracción minúscula de la población afrodescendiente total en España, estimada en el entorno de 1.200.000 personas, pero que no es posible contabilizar oficialmente por falta de un censo en el que anónima y voluntariamente pudiesen autodesignarse.

Falta Justicia, con un proceso de participación más inclusivo y equilibrado. El sistema de empoderamiento puesto en práctica en otros lugares es muy difícil de aplicar porque el contexto español no se presta a ello; las mayorías son importantes y los afrodescendientes con plenos derechos de ciudadanía son un grupo demasiado reducido de población como para visibilizar sus demandas por canales convencionales. Como consecuencia de la escasez de convocatorias públicas para proyectos o de la dificultad para superarlas, los grupos organizados no tienen otra opción que conectarse a redes de influencia para superar estas carencias si pretenden recibir apoyos oficiales, lo cual genera clientelismo por parte de los que asignan los recursos. No se ponen en marcha proyectos nacionales, en parte por falta de políticas y en parte por falta de capacidad, y a los grupos del asociacionismo, la política, etc. les resulta mejor no buscar alianzas entre sí, ya que en realidad están compitiendo por los apoyos externos y por llevarse el mérito de determinados logros, con lo que se generan parálisis a la hora de avanzar colectivamente y endogamia generalizadas. Toda la causa social por la igualdad pierde su sentido por el uso personalista que se hace de los recursos disponibles y porque no se cumple con una igualdad de oportunidades para todos los aspirantes.

Falta también Desarrollo por no obtenerse una distribución justa de los beneficios de las políticas. Para cumplir con sus obligaciones internacionales, el Estado debería establecer una asignación de recursos diferenciada para el desarrollo de la población negra durante el Decenio. Progresar en ello requeriría trabajar por objetivos, pero las organizaciones involucradas en afrodescendencia son poco o nada transparentes al respecto porque generalmente no saben utilizar marcos de estrategia ni indicadores de impacto social, ni pueden medir sus resultados. Y esto empeora porque, como muchos de los grupos involucrados en la erradicación del racismo han aprendido a trabajar con un enfoque de comunicación (de sus propias actividades) y no de políticas públicas, no se tiene ningún impacto efectivo en la base social. El énfasis excesivo en la función de comunicación ha ido creando así un sector protegido de eventos y relaciones públicas abigarrados alrededor de las instituciones, que finalmente niega la financiación y los recursos públicos existentes a los enfoques correctos. Todo esto opera como un espejismo en contra de que, desde el Estado, se invierta seriamente en iniciativas para mejorar la calidad de vida del conjunto de la población negra.

Según las recomendaciones de Naciones Unidas y nuestro propio criterio, el Estado debe enfocar los apoyos a buscar impactos positivos medibles sobre el conjunto de la población negra y la sociedad en general. El problema es que los censos eran la base de la metodología del PNUD para el desarrollo de políticas de igualdad racial, pero se plantearon en realidades históricas muy diferentes a la de España y falta aún un análisis específico suficientemente en profundidad. Primero habría que tomar la propia historia de la población negra en el territorio como punto de partida, como examinamos con las estrategias comunitarias de construcción de identidad. Este enfoque nos explica porqué la mera comunicación no puede atender a los problemas si no hay previamente un diseño y aplicación de políticas públicas. Pero pese a que la historia y el rescate de la tradición local son la fuerza principal detrás del desarrollo comunitario en todo el mundo, apenas existen menciones a la raíz africana de la cultura española entre las iniciativas que se están impulsando. El legado cultural africano en nuestro país en el intercambio con África debería ser el mayor activo a cuidar, puesto que el territorio español tiene una de las historias de la diáspora más interesantes del mundo.

Son necesarios más apoyos y fondos, pero sería más importante aún colocarse en una dirección correcta, reconociendo la diversidad racial del país en la cultura y la historia como primer paso. Para ello, España debería hacer mayores esfuerzos por reconocer su propia diversidad, reconociendo a los afroespañoles como a otras minorías estructurales que nuestra democracia reconoce (la comunidad gitana, la comunidad judía, la comunidad musulmana, los vascos, los catalanes, etc.) y asignando recursos para su desarrollo cultural. Pero las desigualdades de raza siguen sin solucionarse y a la vez se ha creado un nuevo eje de desigualdad entre afrodescendientes subvencionados a dedo (en una carrera por visibilizarse) y no subvencionados. Por tanto, la dinámica actual resulta antidemocrática por definición y además perjudica los intereses colectivos porque crea nuevas desigualdades. Si las soluciones demagógicas continúan proliferando, desaparecerá cualquier atisbo de posibilidad de avanzar durante el Decenio en la igualdad de oportunidades efectiva con el resto de la sociedad y también entre afrodescendientes.

DIFICULTADES PARA LA PLANIFICACIÓN DE POLÍTICAS PÚBLICAS

Hasta ahora no está en la agenda del Estado atender a la desigualdad racial como sí lo ha estado atender a las desigualdades de género, orientación sexual y discapacidad. Formar ciudadanos que sepan enfrentar de manera eficiente y democrática los retos de un mundo global implica saber manejar una creciente diversidad, pero los prejuicios y estereotipos siguen siendo una forma rápida y cómoda para el ser humano de economizar esfuerzos. En lugar de entender esta diversidad y tratarla como una riqueza en la cultura del país, los medios de comunicación y la producción cultural en los 40 años de democracia española han preferido retratar a los ciudadanos no blancos como extranjeros y de una manera estereotipada. Desde el propio Estado se ha difundido la idea de que la diversidad racial es ajena a la nación por naturaleza, cuando en realidad se trata del desconocimiento de la propia historia y de la larga tradición de falta de respeto a las minorías raciales por parte de las instituciones. El término afroespañolidad es una etiqueta para denominar el ser de la sociedad civil negra en España, que ha reaccionado ante estas situaciones de agravio comparativo con un proceso de reconstrucción de su identidad en unos nuevos términos.

Los problemas de racismo son de interés general y su erradicación una labor de toda la sociedad, pero hasta ahora en España no se han creado políticas públicas efectivas para combatir las desigualdades a las que se enfrentan las minorías raciales. Un censo por grupos raciales será muy difícil de aplicar porque el contexto no se presta a ello; por la forma de vida de los españoles, el pequeño tamaño de la población afroespañola y la tradición legislativa, el país probablemente se resistirá a aplicar una versión de los censos como se han aplicado en las Américas, pero también por sus cuestionables resultados que recientemente han hecho entrar ese modelo en crisis. En Europa no se debate sobre raza como en las Américas porque aún resuenan los efectos de las guerras del nacionalismo étnico y está por resolver el rompecabezas racial y religioso que ha dejado la entrada en crisis también del modelo de asimilación francés y del modelo multicultural holandés. Junto a esto, un segmento de la población en España acusa a las personas no blancas de ser una amenaza para la identidad y el bienestar nacionales; acusaciones que son frecuentemente disfrazadas de bromas racistas, que hacen reír a mucha gente pero que tienen un efecto muy dañino en la vida cotidiana de las personas, sobre todo de niños y jóvenes.

El lenguaje que se utiliza influye mucho en la forma que se percibe el mundo y manejarlo bien es sin duda parte de las soluciones en la erradicación del racismo. Sin embargo, aquellos grupos con mayor visibilidad social entre la minoría negra, en las pocas oportunidades reales que tienen de dirigirse a la opinión pública del país, no presentan un discurso que pueda conectar con un público más allá de su entorno y los ya convencidos. Sus mensajes son más bien concebidos para consumo interno en una multitud de eventos como charlas inspiracionales, conferencias, ceremonias, premios, homenajes, encuentros con personajes célebres, manifestaciones, etc. en los que el público suele dejarse llevar por la excitación que provoca la denuncia del racismo, la exaltación de la negritud o el sentimiento de pertenencia al grupo. Con los escasos apoyos oficiales que se conceden, que suelen ser gestionados por personas o entidades no afrodescendientes dentro del establishment institucional, se diseñan proyectos según la particular manera que tengan estas personas de entender las necesidades vitales de la población negra.

La mayoría de iniciativas afrodescendientes necesitan encajarse en variopintas agendas institucionales con prioridades distintas a las del programa del Decenio, generalmente las de organizaciones sociales o culturales, lo cual crea descoordinación y falta de alineamiento. De ahí la necesidad de espacios que intenten dirigir la atención sobre las cuestiones que afectan a la población negra. En lo personal, agradezco que me hayan llamado a algunos de estos foros en España y en el extranjero. Entre algunos asistentes nos hemos escuchado con atención conversando sobre determinadas cuestiones, y ha existido un intercambio de contactos que podría haber producido colaboraciones profesionales interesantes en otro contexto, pero desaparece la posibilidad de trabajar por objetivos estratégicos al soslayarse la reivindicación de ámbito general en favor de enfoques personalistas. No es mi intención descalificar a las personas que gestionan tales proyectos (yo mismo me incluyo en estas críticas) sino analizar el comportamiento de este sistema, describir cómo excluye a otros enfoques más efectivos y denunciar la ausencia de mecanismos más democráticos con la anti-política puesta en marcha en esta materia, que merece ser conocida por el conjunto de la sociedad porque es objeto de mucha controversia dentro de la propia sociedad civil negra.

El desarrollo de proyectos sin encaje en planes estratégicos de las Administraciones provoca que el reparto de recursos públicos y oportunidades de representación vayan solamente a unos pocos grupos escogidos arbitrariamente, que deciden actividades en áreas profesionales en las que pueden desenvolverse; de manera que casi todos los proyectos se encuadran así en el área de relaciones públicas y organización de eventos (que cuánto más lúdicos o folclóricos sean, más apoyos reciben). Así, se suelen dedicar los esfuerzos en afrodescendencia a contentar a una minoría con una serie de actividades de propaganda y eventos, con ningún resultado real en términos de los objetivos de erradicación del racismo. Funciona como propaganda porque no existe correspondencia entre gran parte de lo que se pretende comunicar y la realidad; como no se miden ni controlan índices socioeconómicos de la población negra y se desconoce el impacto social de los proyectos de empoderamiento sobre el conjunto de la misma, es posible justificar el apoyo de acciones que son irrelevantes al amparo de la arbitrariedad o de la disparidad de criterios sobre las que se sustentan. La situación hasta hoy contribuye de una manera ineficiente e ineficaz, en todos los niveles.

La ineficiencia de la dinámica general está en que los grandes problemas siguen sin solución pero, al mismo tiempo, la aplicación al desarrollo comunitario de esquemas de trabajo ideados para publicistas ha generado una carrera por la visibilización con un nuevo eje de desigualdad en función de si se obtienen apoyos públicos o no en tal carrera. Se ha perdido totalmente de vista la reivindicación de fondo y una falsa prioridad de visibilizarse más se coloca continuamente como excusa para buscar notoriedad y por delante de las demás consideraciones, centrando la acción social en organizar encuentros sin ningún trabajo comunitario real ni objetivo en común por detrás. Se acaban convirtiendo en una especie de concurso de belleza continuo entre proyectos particulares o personas, en detrimento del análisis en profundidad de los problemas sociales y las propuestas de solución; esto tiene un coste de oportunidad al no dedicarse el tiempo y los recursos a trabajar sobre soluciones reales. Es a la población blanca a la que también hay que interpelar, pero no hay un diseño de políticas en materia de igualdad racial que alcancen a toda la ciudadanía por parte del Estado ni se articulan propuestas desde la sociedad civil.

La ineficacia reside en que esta dinámica no ofrece respuestas sobre qué beneficios generales tiene sobre la población negra en el país o cómo ayuda a mejorar su calidad de vida. Se entiende muy bien que muchos de los involucrados digan esperar la emergencia de un gran líder, porque en general no perciben que el problema no es el carisma personal o los conocimientos sino la propia lógica de funcionamiento de la propia comunidad en la que se encuentran, cuya apuesta por el momento es continuar haciendo eventos, manifestaciones y campañas sin trascendencia social más allá de su propio ecosistema de grupos y algún público ocasional. Estos espacios no son un escenario adecuado para la reflexión y la planificación ni para debates sobre problemáticas complejas que afectan a las leyes, la acción social, la economía y muchas otras áreas de política pública. Quienes esperen ver avances sociales a raíz de este tipo de acciones se verán frustrados; por su lado, quienes acuden principalmente buscando beneficios psicológicos de pertenencia a un grupo se ven recompensados y esto actúa realimentando la situación.

PROBLEMAS DE IDENTIDAD, GUERRA CULTURAL Y EFECTOS NO DESEADOS

Con todo, una incipiente industria de eventos se ha abierto camino entre la falta de igualdad de oportunidades y una fiera competencia a lo largo de los años por dirigir la visibilización del colectivo y monopolizar los apoyos; esto se ha unido a la tradicional tendencia en España entre grupos de activistas afrodescendientes de importar diferentes corrientes del panafricanismo o el identitarismo de las Américas. El enfoque de gestión cultural dominante de este activismo es el de comunicación pública a través de retóricas identitarias, atrayendo para ello a un sector minoritario, hipersensible y exageradamente ideologizado, que se presenta como pueblo oprimido y en ocasiones agita a la derecha social, sobre todo a la ultraderecha. Su discurso pretende comunicar a la sociedad conceptos que son ya hegemónicos dentro de una élite cultural, pero esto se transforma muchas veces en el discurso de los fácilmente ofendidos, disfrazados de luchadores por los derechos pero que suelen utilizar al resto de la población negra de forma instrumental para favorecer su visión particular o progresar personalmente. Los movimientos etnocentristas identitarios tienen también el problema de lo facilmente que derivan hacia el extremismo, de hecho el primer movimiento identitario que surgió en los Estados Unidos fue el Ku Klux Klan.

Estos movimientos se enfrentan entre sí con una dinámica de acción-reacción y más acción. Los eventos y manifestaciones están actuando en esta situación sobre el fuerte sentimiento de pertenencia a un grupo que tienen algunas personas por las de su misma raza a la hora de confraternizar, pero en un sentido tal que presiona para que confíen en hacer más de esos encuentros como manera de ir encontrando soluciones a sus problemas. En cuanto a los contenidos, en España gran parte de lo que se escucha sobre la lucha contra el racismo en este ambiente se queda en una pose porque no hay una metodología ni una continuidad en el trabajo colectivo por detrás del discurso. Racionalmente no se sostiene ninguna de las explicaciones sobre cómo este enfoque de comunicación empodera a otros afrodescendientes que no lo practiquen también. Además, al intentar copiar el modelo americano, no se entiende cómo aplicarlo en una realidad histórica y sociológica totalmente diferente; para empeorar la situación, el identitarismo ha tenido un efecto muy contraproducente en los conflictos raciales por el aumento del supremacismo blanco y la xenofobia, según se desprende de los estudios sociológicos sobre el resultado electoral del Brexit en Reino Unido y de la victoria de Donald Trump en Estados Unidos. Las políticas de discriminación positiva junto con el identitarismo han acabado favoreciendo electoralmente a la ultraderecha y a la nueva derecha (la que recientemente ha surgido como reacción en las redes sociales y en sitios web como Breitbart News de Steve Bannon, ex-jefe de estrategia de Trump).

Una mayoría de personas, negras o de otras razas, que se aproxima al entorno del activismo negro no entiende ni comparte la ideología identitaria, que se pretende difundir en un contexto muy inadecuado como el español, por lo que acaban por no volver y se va produciendo más endogamia o efecto secta dentro de un núcleo que, para mantenerse como tal, necesita una frenética actividad de publicidad sobre sí mismo. Como esto se pone además al servicio de un planteamiento ideológico determinado, suele haber un sector que considera su deber lanzar constantes debates morales (ya sea por ser más activo o más extremista) no sólo contra los racistas sino también en contra de los indiferentes o los ignorantes, a los que desprecia, y de los disidentes, a los que acusa de complicidad con la sociedad racista. Esta dinámica sólo consigue infantilizar aún más la imagen pública de los afrodescendientes en España. Como el país no tiene barrios negros en las ciudades ni una clase empresarial negra, la representación a través de líderes de la comunidad no despega porque no funciona bien en la estructura de esta base social. En tal contexto se produce además una llamada a la guerra cultural, sobre todo en forma de cruzada mediática en Internet.

Como el lenguaje resulta demasiado ideológico y contraintuitivo para el resto de los españoles e incluso para los africanos (bastante gente percibe a algunos líderes o caras visibles del activismo como racistas negros por su retórica identitaria) necesita de un flujo continuo de campañas de explicaciones con debates y esta lógica acaba derivando en sectarismo en muchas ocasiones. Pero el riesgo de lanzar guerras culturales sin tener en cuenta el contexto (con el surgimiento actualmente de la nueva derecha o del hombre blanco enfadado que ha ganado en el Brexit y después con Trump) es que pueden perderse simplemente con que el adversario, que es mucho más numeroso, difunda otro relato contrario; esto el activismo negro se lo está dejando muy fácil a la extrema derecha, a los racistas y a los que critican todo aquello que pueda parecerles discriminación positiva. Según expertos consultados, es urgente salir del amateurismo y el cortoplacismo para adquirir experiencia en el mundo de la organización moderna y la gestión de proyectos, pero la mayoría de las iniciativas se gestan en entornos demasiado cerrados y poco profesionalizados, sin control ni coordinación con las metodologías para la ejecución del programa del Decenio.

Todo esto parece funcionar más como un gran ritual para conjurar miedos compartidos que como parte de un programa de intervención social. Para combatir el racismo mediante la defensa de sus derechos culturales, los afrodescendientes españoles deberían establecer un grupo de interés eficaz para conseguir apoyos públicos y poder financiar una organización cultural propia y el desarrollo de acciones. No debería ocurrir que, cada vez que un colectivo pretenda defender sus derechos, sea imperativo que organice más asociaciones y grupos de interés privados porque no existen unas vías convencionales para conseguirlo; lo prioritario deberían ser los compromisos reales en las políticas del Estado a largo plazo por parte de responsables de las Administraciones y sociedad civil. España tiene una larga tradición de racismo institucional y fue el imperio que inició la trata de esclavos junto con Portugal, por lo que sería deseable que fuese un país que desarrollase mejores políticas públicas para combatir el racismo. Pero mientras el Estado no actúe y una comunidad que se considera clave en tal proceso siga discutiendo en círculos sobre una multitud de asuntos sin priorizar o celebrando debates identitarios, la problemática de discriminación no se solucionará y muy posiblemente empeorará debido a tendencias como el cambio climático, las migraciones de refugiados y el ascenso internacional de la extrema derecha racista.

La nación española ha sido hostil con las minorías raciales y étnicas durante buena parte de su historia, pero también aparece consistentemente en las estadísticas de Eurostat como el país menos racista de Europa en la actualidad. Esto no quiere decir que no haya que trabajar en los graves problemas de racismo, pero tampoco tiene sentido definir a los españoles de hoy como un pueblo opresor. En cualquier caso y por los diferentes contextos históricos, no parece que el modelo de las Américas sea un modelo a importar y sería necesario un esfuerzo de estrategia totalmente renovado. En palabras de un histórico activista afroespañol: “primero habría que desmantelarlo todo, para empezarlo otra vez desde cero de una manera democrática”. Mientras tanto, los tímidos avances en materia de igualdad racial en España, los que afectan en general a la población, se producen principalmente por la fuerza de los cambios demográficos, como cabía esperar. Por ejemplo, las empresas españolas comienzan a incorporar mayor diversidad racial en su publicidad porque hijos de los migrantes llegados en los 90 de todas las razas llegan a la edad adulta, pasando a formar parte de la clase consumidora. Pero el motor de este cambio no ha sido concienciar con presentaciones a todas esas empresas (lo cual puede ayudar puntualmente) sino los cambios en la base social, y es ahí donde reside también toda posibilidad de aplicar políticas públicas de diversidad.

EL DESPLOME DE LA PRODUCTIVIDAD

La principal prioridad de la mayoría de proyectos afrodescendientes hasta ahora ha sido poder justificar su acción y los apoyos que puedan recibir por medio de un flujo de comunicaciones públicas. Sin embargo, estudios estadísticos globales muestran que el impacto social efectivo de este enfoque suele resultar nulo o incluso negativo para el desarrollo del conjunto de la población. Publicar en las redes sociales lo que ha sucedido o sucederá en un evento de relaciones públicas no va a aumentar los niveles generales de bienestar de la población negra no asistente al mismo. Pero la única actividad real de la mayoría de las iniciativas afrodescendientes de empoderamiento que se están promoviendo es una sucesión de anuncios, premios, presentaciones, manifestaciones y charlas inspiracionales. Como he conversado con personas que gestionan estas iniciativas conozco su versión, según la cual no ven ningún problema en trabajar con estos enfoques de comunicación y de líderes, que es el caso más extremo.

La realidad, el hecho estadístico en todo el mundo, es que invertir el grueso de los esfuerzos en esto resulta totalmente ineficaz si tiene como contraprestación el olvido del diseño y puesta en funcionamiento de políticas públicas. En el caso que nos ocupa, hace que no se trabaje colectivamente por unas verdaderas políticas correctoras de la desigualdad racial, e incluso si no se maneja bien, acaba por conseguir todo lo contrario al aumentar de forma irresponsable conflictos raciales que pueden estar latentes en la sociedad y no son abordados correctamente. Una gestión más inclusiva y estratégica trabajando por metas concretas sería necesaria, evitando perderse en interminables discusiones identitarias o semánticas que sólo producen división en la sociedad y que en algunos casos agitan los extremismos. Pero las críticas a este enfoque son generalmente ignoradas porque es muy difícil que aquellos que lo practican no insistan en el mismo, especialmente cuando buscan convertirlo en un medio de vida (como conferenciante profesional o algo relacionado) y/o privilegios personales.

¿Es esta renuncia a la formulación de políticas culturales y educativas la consecuencia del fracaso de las políticas de la identidad en otros lugares de Europa y en las Américas? ¿Existe una intención deliberada de las autoridades para infantilizar a las minorías raciales confinándolas en determinados foros como cobayas? ¿Por qué las personas al frente de los proyectos la mayoría de las veces no son afrodescendientes? ¿Por qué se apoyan iniciativas organizadas sobre la marcha por personas sin experiencia o dudosa profesionalidad, mientras que no existen suficientes apoyos para formar equipos solventes mediante convocatorias abiertas? ¿Es legítimo dedicar recursos públicos a dar soporte a determinadas agendas ideológicas, con escaso o ningún respaldo científico? El primer error es la falta de alineación de los afrodescendientes para dialogar con las administraciones públicas. Esto exige una toma de decisiones sobre los asuntos de interés para la comunidad que nunca se ha producido debido a continuas batallas de egos entre y dentro de los grupos activistas, y además porque reúnen a una minoría exígua que no puede (ni debe) tomar decisiones por el resto. Sería recomendable utilizar herramientas digitales de discusión y votación para formular ciertos consensos amplios desde la base social, lo cual está siendo clave en la modernización de la participación social en todo el mundo. Invertir esfuerzos en crear de forma redundante nuevas estructuras de representación es el segundo error, y el tercero es no coordinar eficazmente los diferentes proyectos que son creados para ponerlos en la dirección de objetivos comunes.

Todo esto desvirtúa el sentido original de las políticas de diversidad, inclusión o desarrollo, y no responde con claridad sobre lo equivocado de una pseudo-estrategia que es dominante dentro del activismo y el asociacionismo desde hace mucho tiempo (con el movimiento neoliberal copiando al neocomunista que copia al panafricanista) pero que prácticamente no ha ofrecido ningún beneficio para el conjunto de los afrodescendientes; sin embargo, nadie quiere parar la música en medio del baile. En realidad, no existen políticas para la igualdad racial, sino que funciona una selección elitista y antidemocrática por un lado, y por otro una ejecución ineficiente que depende de prejuicios ideológicos o agendas particulares. Por tanto, el tipo de proyectos está mal escogido y las personas involucradas no pueden hacer frente a una problemática tan compleja como la del racismo. Además el sector general de la organización de eventos sufre en España enormes presiones para reformarse en los últimos años, sobre todo a raíz de la crisis, por lo que se está exigiendo cada vez más que incorpore determinados valores éticos y de sostenibilidad.

Lo más importante que se pide hoy a las organizaciones modernas es que reuniones, incentivos, espectáculos, congresos, festivales, convenciones y ferias, junto con la identidad de la organización, la publicidad, las relaciones públicas, las relaciones con los medios de comunicación, el patrocinio y el merchandising, comuniquen fielmente la estrategia que hay por detrás. Como no existen estrategias comunes de los afroespañoles, porque no se sabe cómo avanzar más allá del análisis de la situación debido a la gran heterogeneidad de los grupos e individuos, estos eventos sólo pueden sobrevivir en el actual escenario hipercompetitivo y de saturación de informaciones mediante el abaratamiento de costes y las ayudas públicas, típicamente mediante su inclusión en el portafolio lúdico-cultural de los ayuntamientos. No sería fácil financiar estos proyectos de otra forma, porque se necesita llegar con una alta cualificación profesional que es exigida en el mercado de los foros académicos o de emprendedores.

Muchos grupos confunden los sentimientos de sus miembros con la realidad y la esfera privada con la pública. Como todo en este ámbito se ve excesivamente condicionado por afinidades personales e ideológicas, podría darse que una minoría privilegiada progrese al tiempo que la situación general de la población negra claramente podría empeorar por el efecto combinado de la inacción en las políticas que serían necesarias y la reacción de la sociedad blanca ante el agit-prop victimista/aleccionador de un sector minoritario en busca de notoriedad. La consecuencia práctica del nepotismo y los guetos primero es fomentar una élite de iluminados, que cree estar destinada a convertirse en caras visibles de la población negra o parte de las clases dirigentes, por ejemplo como campeones por África, de la justicia contra el racismo o por la reparación de los crímenes de la esclavitud trasatlántica, y segundo, no calcular los riesgos ni prevenir las consecuencias que puede llegar a tener la guerra cultural, en la que se ha introducido una exagerada obsesión con el racismo de los españoles tras el desembarco del discurso identitario importado por los jóvenes negros desde las universidades estadounidenses. Los debates aleccionadores, percibidos como victimismo versus extremismo, sólo están consiguiendo dividir a la sociedad y aumentar el odio racial.

El problema del enfoque de comunicación y relaciones públicas no sólo es que nunca produzca los impactos que promete, sino que además fomenta que aquellos que consigan mayor notoriedad sean los que antes se coloquen en el centro del ecosistema, entonces otros sigan su estela y se acabe dedicando todo el proceso de empoderamiento a la especialidad de todas esas personas: la comunicación y las relaciones públicas para visibilizarse como eufemismo en muchos casos de lo que es simplemente propaganda sobre sí mismos y de unos acerca de otros. Por tanto, la cercanía a posiciones de poder en lo cultural, mediático o político se convierte en el factor principal que se está así exigiendo para ser tenido en cuenta y la habilidad suprema es hacer presentaciones multimedia en público. Se produce una gran endogamia en la organización de proyectos cuando una minoría no representativa entiende arbitrariamente la participación como algo a hacerse a través de encuentros que puedan dirigir principalmente desde su entorno particular u ocasionalmente invitando a celebridades de tal entorno, fomentando el intercambio de experiencias o favores entre los asistentes como única estrategia comunitaria del conjunto. Todo esto acaba desplomando la productividad en cuanto a la consecución de un impacto social más amplio durante el Decenio y supone una renuncia a objetivos estratégicos que se ajusten a lo específico de la realidad española.

CONCLUSIONES

Bajo un mal liderazgo político en la lucha contra el racismo durante 40 años de democracia, no ha sido posible emprender proyectos sociales o culturales con una mínima envergadura para tener impactos medibles en la corrección de la desigualdad racial. Aunque resulte una contradicción en los términos, el resultado es que la única política de igualdad racial para los afrodescendientes en España es un desigual reparto de las ocasiones de darse a conocer en público. Primero la comunidad afro debería debatir con los españoles sobre las legítimas preocupaciones sobre raza o migración que existen y sus soluciones. Pero para esto las personas adultas no necesitan más tutelas ni más liderazgos sino contar con unos responsables públicos y un funcionariado bien formados que entiendan cómo operan las políticas disponibles para aplicar en las instancias correspondientes. Junto a esto, se necesitan un activismo y un tercer sector que estén dispuestos a formarse también para poder colaborar mejor con el Estado en la erradicación del racismo. Si en España hay que crear un modelo fundamentado en censos raciales o no, es algo que debería decidirse tras resolver el actual laberinto conceptual alrededor de la cultura y la raza.

La denuncia de los problemas es importante, pero los poderes públicos deben ponerse prioritariamente al servicio de las soluciones. Ante los importantes retos que tiene nuestro país en materia de igualdad racial y los riesgos que se plantean en el horizonte, es urgente y necesaria la participación ciudadana en una estrategia nacional que hasta hoy no existe para los derechos culturales de la población negra, junto a los de otras minorías raciales en España. Para poner en marcha iniciativas, los afrodescendientes necesitan unos cauces de participación más democráticos y no elitistas ni hipercompetitivos; en una construcción democrática de la identidad afroespañola se necesita un debate público con una participación amplia, dejando de discutir en círculos cerrados y debatiendo también en otros foros donde se discute la política nacional. Solo así pueden generarse los consensos necesarios para decidir qué es lo que el Estado debe hacer y qué no para rehabilitar los derechos culturales de estas minorías, porque debe hacerse de una manera democrática o probablemente resultará mejor no intentar hacer cambios.

Mi propio análisis es que un programa nacional para combatir la desigualdad racial en España, y los proyectos bajo el mismo, deberían incluir sin falta al menos estos cinco objetivos desde el punto de vista de las demandas afrodescendientes: 1) una reforma educativa que utilice criterios de diversidad étnica con campañas públicas contra el racismo institucional y un programa cultural sobre las contribuciones de África a España a lo largo de la historia del territorio, 2) unos medios de comunicación públicos y unas ayudas a la producción cultural más inclusivos que transmitan una imagen digna de los diferentes grupos raciales, 3) acabar con el racismo migratorio hacia el continente vecino atendiendo a los africanos en sus proyectos mediante una coordinación de las políticas migratorias con las áreas de comercio, turismo y cooperación, 4) perseguir los delitos de odio racial efectivamente con medios preparados especialmente para ello y 5) solucionar la discriminación en la sanidad por la falta de atención en dolencias que afectan más a las personas negras y en los problemas propios de la piel oscura.

Sería necesaria finalmente una gestión estratégica por parte del Estado de los proyectos afrodescendientes bajo el Decenio para optimizar las sinergias entre los mismos, la participación y el uso de recursos públicos. Pero todo esto es sólo una aportación y debería ser integrada con otras propuestas en un proceso amplio de consulta a los afrodescendientes, con un debate abierto a la ciudadanía y no sólo con un asociacionismo frecuentemente anquilosado. Desde los poderes públicos, conseguir reunir a una pequeña élite de activistas, emprendedores o artistas para intentar simplemente continuar visibilizando más a la población negra no justifica ni compensa el olvido de las metodologías para la transferencia de conocimientos y las políticas públicas que deben activarse en la erradicación del racismo. Las instituciones españolas deben corregir el sentido de los programas de igualdad a los que tienen derecho las minorías raciales atendiendo a sus especificidades y desde la base social, sin excluir a nadie ni privilegios. Estas transformaciones pueden conseguirse mediante el voto popular y los derechos de ciudadanía, por tanto, para hacer una contribución significativa en la celebración del Decenio, resulta más importante que nunca interpelar a una mayoría social.

Imagen de cabecera: La cena de Emaús / La mulata (1618-1622) por Diego Velázquez


Un futuro digital y sostenible

La primera tarea para una comunidad o grupo humano, y su principal responsabilidad en el complicado escenario global de este siglo, es desarrollar algún tipo de estrategia para afrontar de forma efectiva su propio futuro como comunidad en lo económico, lo social y lo cultural. Es una de las mejores inversiones que puede hacer para proyectarse hacia el exterior y, a su vez, poder atraer proyectos e inversiones importantes que sean interesantes para sus miembros.

“Las retóricas solidarias no son necesarias y no aportan nada al progreso real”
– Cheikh Anta Diop

Una nueva disciplina llamada Identidad Competitiva se está encargando de investigar la evolución de las variables involucradas en el desarrollo socioeconómico en cada lugar del mundo y cómo afectan las diferentes estrategias puestas en marcha al progreso general de cada país. Expertos de Gran Bretaña lideran este subsector de la consultoría y, según demuestran los estudios globales que realizan periódicamente, hay un enfoque de desarrollo que está probando ser muy efectivo en todo el mundo (tanto en democracias como Reino Unido como en estados autoritarios como Singapur) y que se basa en la creación de capacidades por medio de políticas públicas. La Identidad Competitiva, llamada en el caso de países marca país, estudia las mejores estrategias nacionales y funciona muy bien además para el caso de islas, ciudades o barrios.

Sin embargo, aunque está demostrado estadísticamente que las estrategias que más mejoran la calidad de vida de los ciudadanos a largo plazo se basan en la creación de capacidades colectivas o comunitarias, el enfoque dominante en gobiernos y organizaciones de casi todo el mundo sigue centrado en estrategias de comunicación institucional. El enfoque de comunicación en realidad se utiliza de una u otra forma desde hace milenios, no para desarrollar una comunidad de manera democrática, sino solamente para influir en la percepción de los demás. La cuestión hoy es que esto, además de resultar antidemocrático como manera de comunicar los esfuerzos colectivos, en el contexto de saturación informacional del mundo digital hiperconectado en este siglo XXI se irá quedando cada vez más obsoleto como forma de coordinarlos.

EL ENFOQUE DE IDENTIDAD COMPETITIVA

Hoy en día es más importante que nunca tratar de construir una identidad y reputación positivas pero que al mismo tiempo sean realistas y equilibradas. Que reflejen honestamente el espíritu, los activos y el talento de los miembros de una comunidad local o nacional. Esta fundamental tarea se ha convertido en una de las principales capacidades a desarrollar en cualquier comunidad o grupo humano durante este siglo, siendo de especial relevancia para renovar el impulso de rescate de la tradición cultural de los pueblos africanos anhelada por Cheikh Anta Diop y Joseph Ki-Zerbo. Si es conducida correctamente, una síntesis de la identidad tradicional africana podría unir a los pueblos negros en su imagen y auto-imagen colectivas para ser más positivas (positivas no es sinónimo de fuertes, ya que pueden ser fuertes y negativas) y esto tendría un impacto directo medible sobre cada aspecto de las relaciones sociales en cada lugar del mundo, jugando un papel importante en el progreso global.

Todos los lugares del planeta hacen algo para mejorar su reputación, pero lo habitual suele ser que estos esfuerzos estén muy lejos de un real entendimiento de lo que esto supone en realidad en la práctica. La mayoría de las iniciativas para el caso de estados nacionales o ciudades insisten en una interpretación ingenua y superficial de lo que llamamos marca o reputación territorial, que no suele ser más que promoción y relaciones públicas. Para lograr progresos efectivos es necesario un enfoque basado en las políticas reales y en la creación de capacidades añadidas a las que ya se poseen, lo cual permite poner en marcha proyectos de inversión que mejoran la reputación del lugar. Casos de éxito notables aplicando este enfoque son las ciudades de Londres, Dubai o Singapur (en la imagen de cabecera: Gardens by the Bay, apuesta de Singapur para un urbanismo sostenible). Además hay barrios de Londres que son casos de éxito por sí mismos.

La globalización seguirá complicando este escenario. El mundo entero es un único mercado donde todos los países y ciudades compiten con el resto por atraer inversores pero también consumidores, turistas, eventos internacionales, estudiantes, emprendedores, y por la atención y el respeto de los medios de comunicación, gobiernos y poblaciones de otros lugares. Aquellas comunidades con una reputación débil o negativa encuentran mayores dificultades para conseguir atraer la atención, mientras que a aquellas que tienen una buena reputación les resulta más fácil conseguir inversores o cualquier otra cuestión de su entorno exterior. En este entorno tan complejo, la mayor parte de personas y organizaciones no tiene tiempo ni interés suficiente para aprender cómo es realmente el resto. Se navega a través de esta complejidad utilizando simplificaciones y estereotipos: París es estilo, Japón es tecnología, China es producción en masa, Suiza es dinero, Río de Janeiro es carnaval.

Y aquí encontramos nuestro primer problema: las naciones de África son pobreza e ineficacia, existiendo un “efecto contagio” por el cual todos los africanos y afrodescendientes son vistos de manera similar según ciertos estereotipos a pesar de existir enormes diferencias entre ellos. Es muy difícil convencer a las personas para que vayan más allá de estas simplificaciones y visiten África o se esfuercen en entender parte de la rica complejidad del continente y su diáspora. Por eso, la reputación de lo africano sólo puede verse influenciada atendiendo a la raíz de sus causas. Al contrario de lo que se ha sostenido en el pensamiento occidental desde posiciones pseudocientíficas durante mucho tiempo, no se trata de una cuestión innata que tenga que ver con la genética sino de una cuestión de identidad, relativa al desarrollo cultural en cada lugar. En Estados Unidos existen comunidades negras pujantes como en Atlanta o Chicago, mientras que son pobres en otros lugares del país. No por una cuestión de raza sino de desarrollo comunitario, que está en relación con la cultura local y los procesos socioeconómicos.

El enfoque de Identidad Competitiva es lo que hoy necesita poner en práctica una comunidad que desee desarrollarse y proyectarse en esta complejidad global. La imagen es poder: lo hemos podido ver en comunidades como las de Londres, Dubai o Singapur, lugares que han entrado a formar parte de una élite del capitalismo cultural proyectando poderosas imágenes de sí mismos como centros de turismo y negocios dotados de conexión a Internet de alta velocidad. La relación con la diáspora en el extranjero juega un papel clave (en Dubai por ejemplo, el 80% de la población vive expatriada). Es un cambio de perspectiva: en lugar de centrarse en su propio mundo interior y en lo que significan para sí mismos, las comunidades de estos lugares se han centrado en su posición en el contexto mundial y en la construcción de una nueva visión compartida sobre su futuro. Una visión en la que sus propios valores, culturas y creencias inspiran sus objetivos, no definiéndose en función de pautas ajenas. Pero no se trata tanto de intentar imitar estos logros sino de aprender cómo funcionan esos procesos.

LA SOSTENIBILIDAD COMO GRAN OPORTUNIDAD EN EL SIGLO XXI

África y su diáspora tienen retos muy importantes para este siglo. Si existe realmente un sentimiento sincero de solidaridad entre los pueblos de raíz africana para apoyarse mutuamente, nadie puede seguir permitiéndose el lujo de ignorar los enfoques de desarrollo y técnicas de gestión que se utilizan actualmente con éxito en el mundo de hoy. En una serie de análisis especialmente dedicada a los retos de desarrollo en el continente africano y al importante significado que tiene su resolución para los afrodescendientes, hemos examinado aspectos que están funcionando:

• Primero, modernizar sectores industriales con la ayuda de los métodos modernos de ejecución de estrategias.
• Segundo, aprovechar mejor las tecnologías digitales en el desarrollo rural y para enfrentar el cambio climático.
• Tercero, abordar grandes problemas de infraestructura como el del agua con una gestión público-privada.
• Cuarto, crear capacidades panafricanas colectivas para atender importantes necesidades de la población como la sanidad.
• Quinto, transformar el crecimiento económico en la base de un bienestar más general de los ciudadanos.

La esencia de lo que proponemos para África y su diáspora es construir un futuro digital y sostenible con una selección de estrategias comunes locales, nacionales, regionales y panafricanas. Promocionarse en el exterior a la vez que motivar reformas internamente para crear polos de desarrollo que sean modelos de sostenibilidad para otros lugares del mundo favoreciendo la adopción de conexiones a Internet de alta velocidad, energías limpias y arquitectura ecológica, así como intercambios en la educación, el turismo y los negocios. Para ello hay que acordar unos consensos mínimos inspirados desde la base en las comunidades negras para decidir objetivos comunes y acompañarlos de políticas públicas que regeneren las economías, tanto rurales como urbanas, preservando el enriquecimiento que ofrece cada tradición local.

Para poder crear capacidades colectivas e interés por la singularidad de una cultura local, cada comunidad debe trabajar tanto en la modernización de su educación como en el rescate o preservación de sus elementos tradicionales. La industrialización decimonónica de la Segunda Revolución entre 1870 y 1914 ha dado paso a una Tercera Revolución Industrial que estamos apenas comenzando. Es una transformación económica basada en la gestión del conocimiento, la tecnología digital y las energías renovables, y para subir a este tren no es necesario haber pasado por la fase de industrialización anterior ni poseer abundantes recursos. Los países africanos harían bien en apartarse de la carrera por reproducir el modelo anterior de desarrollo industrial, que en las economías más desarrolladas ya se está intentando cambiar. Es una carrera que sólo pueden ganar aquellos países con fuerte base industrial y grandes mercados consumidores. En lugar de esto, los africanos y su diáspora pueden desarrollar otras ventajas competitivas en sus territorios, precisamente por tener economías pequeñas y menos industrializadas:

• Mantener su entorno natural aún no explotado por las industrias y sin contaminar.

• Poder desplegar infraestructuras de última generación en ausencia de otras anteriores.

Aunque con gran éxito, la ciudad de Dubai sólo ha trabajado la mejora de esta segunda ventaja y no parece probable que, al ritmo que consume agua y energía, el modelo de desarrollo escogido sobreviva a este siglo en los probables escenarios de cambio climático y de fin del petróleo que se estiman para las próximas décadas. La base para un mayor progreso, cohesión social, propósito común e ilusión compartida que tenga sentido para mejorar la vida de los miembros de una comunidad, ya no puede ser en ningún lugar del mundo el crecimiento económico sin más. Las crisis financiera y medioambiental han servido para globalizar esta percepción porque ahora los riesgos son más ubicuos y están más asociados que antes a diferentes regiones del planeta. Hoy existen una preocupación y un dilema universales sobre cómo crecer sin arruinar el entorno o agotar sus recursos.

Todo esto genera riesgos, pero también la oportunidad de actuar de manera distinta: muchos de los valores típicamente africanos que estaban en proceso de ser descartados, porque no parecían relevantes para competir globalmente en modernización y crecimiento económico, son precisamente valores y activos que están empezando a ser más valorados por el mundo industrializado precisamente por ser auténticos y diferentes. Valores como el respeto por la naturaleza, el afán de progreso colectivo, la cercanía con las culturas tradicionales que originaron nuestra actual civilización, una fuerte cohesión familiar, el sentido de comunidad y el legado de la superación de doscientos mil años de dificultades, que en el camino han dado lugar a la actual diversidad humana. Activos como islas paradisíacas, el bosque tropical virgen y un aire más puro.

Las islas Jumeirah en Dubái, Emiratos Árabes Unidos

Las islas Jumeirah en Dubái, Emiratos Árabes Unidos

Los territorios pequeños tienen la ventaja adicional de poder desarrollar redes digitales de alta velocidad con mayor facilidad. La innovación digital supone el 50% de la innovación en las economías avanzadas y tiene un papel importante en una economía sostenible porque da eficiencia a las operaciones de negocios y facilita la coordinación en las cadenas de valor. Además, Internet facilita que cualquier persona pueda visitar cualquier lugar en el planeta virtualmente, y relacionarse con el mismo desde la pantalla de su ordenador. Por tanto, es clave para el florecimiento económico y los intercambios culturales.

Para colocarse en esta dirección, primeramente se requiere un ejercicio de diálogo con las administraciones públicas locales. Dubai consiguió transformarse en uno de los más importantes centros de negocios mundiales aprovechando su riqueza petrolera para mejorar la educación, la sanidad, la vivienda y en general la calidad de vida de la población. Y una de las claves importantes de su éxito fue el método consultivo utilizado para gestionar la transformación: en Dubai se aprovechó una de las instituciones socioculturales más antiguas, el majli. Es una zona junto a la casa en la que se reúnen las personas en torno a unas tazas de café para tomar decisiones sobre los asuntos de interés para la comunidad. Los habitantes de Dubai en sus casas modernas aún hoy abren sus majlis para la discusión en grupo. Este tipo de reuniones, en las que se pueden formular ciertos consensos desde la base social, han sido clave en la modernización de todos los estados del Golfo Pérsico: Dubai, Bahrain, Qatar y Omán (aunque quizás en ninguno de los demás se ha alcanzado la escala de transformación conseguida por Dubai). Esto no quiere decir que haya que seguir el mismo camino que estos países, pero sí da medida de la importancia que tiene la cultura del diálogo en la comunidad local para poner en marcha planes de desarrollo nacionales. En muchos lugares del mundo hay instituciones equivalentes al majli.

QUÉ ES Y QUÉ NO ES LA CONSTRUCCIÓN DE IDENTIDAD

La Identidad Competitiva es una disciplina relativamente nueva en su formalización. En los diez últimos años, ha salido del ámbito académico y ha ganado la atención de un gran número de profesionales en las administraciones nacionales, regionales y municipales. Se basa en la idea de que la marca o reputación territorial es similar a la imagen de marca de las empresas y los productos. Sin embargo su gestión tiene más relación con la proyección de la identidad y con las políticas económicas para impulsar la competitividad, no con una sucesión de actividades de publicidad y relaciones públicas que sin embargo se ha vuelto habitual y que funciona más bien desviando la atención sobre la búsqueda de soluciones reales.

Ninguna comunidad se ha desarrollado simplemente anunciando lo que quiere hacer, pero las estrategias centradas en la comunicación constituyen hoy el enfoque dominante en el mundo. Requieren un menor esfuerzo y consiguen instalarse en organizaciones cuyo papel debería ser el de agentes de cambio pero que frecuentemente acaban instrumentalizando el apoyo social en favor de intereses corporativos o particulares, con el único mérito de la notoriedad de los líderes o portavoces. Pese a su ineficacia para producir transformaciones sociales, se privilegian este tipo de organizaciones con prácticamente ningún impacto en mejorar la vida de los ciudadanos, sin otra actividad relevante más allá de la comunicación y las relaciones públicas. Con este enfoque cada proyecto se convierte en poco más que una sucesión de campañas de publicidad acompañadas de eventos.

Es muy difícil hacer evolucionar esta situación, ya que este enfoque suele requerir de la construcción de pocas capacidades organizacionales y es fácil de adoptar en entornos poco profesionalizados. Para conseguir un impacto social efectivo, debe existir interés en realizar los cambios que serían necesarios en los esquemas de trabajo establecidos y unos mayores esfuerzos en los programas de acción. Además es imprescindible tomar métricas del impacto social, cultural y económico de cada proyecto sobre un conjunto de población lo suficientemente amplio. Si no hay medida sobre el desempeño, se desconocerá el progreso real a la hora de estar mejorando la sociedad en algún aspecto. Simplemente se tendrá la percepción de que se está mejorando algo.

Por otra parte, el enfoque de Identidad Competitiva ha demostrado ser muy efectivo. No tiene una fórmula predeterminada, sino que sigue un proceso colaborativo que involucra diversos aspectos de psicología social, liderazgo, cohesión social y de gestión cultural. Jefes de estado y de gobierno, ministros, embajadores, emprendedores sociales, empresarios, alcaldes y organizaciones internacionales hoy tienen en sus agendas este tipo de gestión estratégica. Hasta ahora habían intentado promocionar sus relaciones con el exterior y manejar la reputación colectiva como podían pero a menudo de manera descoordinada:

• Las agencias de promoción de inversiones promocionan el país a empresas o inversores externos.

• Las oficinas de turismo promocionan el país como lugar de vacaciones o para los turistas de negocios.

• Las instituciones culturales construyen relaciones con otros países y promocionan la oferta cultural y educativa.

• Las oficinas de exportaciones promocionan los productos propios en el exterior.

• Los ministerios de asuntos exteriores presentan en el extranjero las políticas que se van a desarrollar.

• Muchos otros organismos como ministerios, medios de comunicación, grupos de interés u ONG’s promocionan también su propia versión de la comunidad.

Como la mayoría de instituciones (ya sean públicas o privadas, nacionales o locales, políticas o comerciales) no trabajan de manera suficientemente coordinada o lo hacen directamente de manera casi aislada, a menudo envían una imagen inconsistente al exterior de su comunidad o incluso mensajes contradictorios. Con el enfoque de comunicación y relaciones públicas se mejoran las opciones para una pequeña parte del grupo de forma elitista, ya que se establece una dinámica en la que aquellos que consiguen mayor visibilidad social obtienen los beneficios que deberían poderse capitalizar con estrategias en conjunto. Esta realidad suele disfrazarse con retóricas del tipo “lo que beneficia a x nos beneficia a todos” pero no soporta un análisis mínimamente serio. Para acumular valor reputacional en la comunidad que beneficie realmente a todos sus miembros, pueden obtenerse unos resultados significativamente mejores si se ve coordinada señalando objetivos comunes claros y activando procesos más eficientes. Y esto es algo que ninguna de las disciplinas convencionales de la comunicación o la promoción sectorial puede conseguir por sí sola.

La Identidad Competitiva ofrece una solución a este reto: con una síntesis del marketing y la gestión de marcas con la promoción de inversiones, el comercio, el turismo y la diplomacia pública. La Identidad Competitiva no es publicidad, ni diseño gráfico, ni promoción personal, ni propaganda, ni relaciones públicas. La promoción, posicionamiento y gestión de la reputación a escala global utilizan algunas de las técnicas del marketing tradicional y la gestión de marcas, combinadas con las modernas tecnologías de la información y la comunicación digital, pero sólo si se aplican con habilidad se convierten en poderosas herramientas competitivas y estímulos para el avance socioeconómico, que permiten mayor control sobre la reputación colectiva. Ninguna comunidad ni gobierno del mundo puede esperar tener el control de la percepción de millones de personas extranjeras sobre sí, pero hay tres importantes actividades que puede llevar a cabo para influenciar su imagen en el exterior:

• Primeramente, debe monitorizar y comprender con detalle por medio de métodos estadísticos y analítica de datos cuál es su imagen internacional actualmente. Especialmente en aquellas áreas que se identifiquen como prioritarias. De una manera rigurosa y científica, entendiendo exactamente cómo esto afecta a los diferentes intereses en juego.

• En segundo lugar, debe colaborar de manera flexible y efectiva con inversores, sociedad civil y empresas ya presentes para proponer nuevas estrategias de desarrollo comunitario. Para construir la identidad comunitaria, es crucial que se comience por un completo estudio sobre la historia y la cultura tradicional, incluyendo una narrativa acerca de cómo ha evolucionado el grupo y que todo ello sea un reflejo fiel del talento, la creatividad y la visión de futuro para avanzar de una manera constructiva y positiva. Sin colocar el foco en debatir sobre el pasado o el presente, pero sin olvidar los logros conseguidos.

• En tercer lugar, debe proyectar esta identidad coordinando la labor con administraciones públicas y empresas, midiendo y evaluando los resultados. Hay que avanzar mediante un flujo constante de productos, servicios, políticas e iniciativas en sectores estratégicos que debería posicionarnos en el escenario global, aumentando la atención por los sucesivos logros y demostrando la realidad de una narrativa sobre la comunidad. Su imagen pública es uno de sus activos más preciados y debería ser responsabilidad de todos sus miembros, con ayuda de instituciones públicas y privadas, tratar de mejorarla.

Por tanto la clave para demostrar la realidad de la reputación que un grupo humano cree tener es la ejecución eficaz y eficiente de las estrategias decididas. Pero no es simplemente una cuestión de hacer una mayor promoción a través de más campañas de comunicación, ya que así se puede conseguir mejorar las posibilidades de un subgrupo al tiempo que no tener ningún efecto en el progreso de la imagen general de la comunidad. Examinemos qué hay detrás de esto.

LA IDENTIDAD Y LA IMAGEN DE UNA COMUNIDAD

Los términos identidad e imagen crean cierta confusión. En cuanto a desarrollo comunitario y gestión de la reputación colectiva, en realidad son dos términos distintos que podríamos definir de la siguiente manera:

• Identidad es el conjunto de elementos característicos que nos construyen, que podemos crear y gestionar internamente.

• Imagen es la percepción que tiene de nosotros la audiencia sobre lo que proyectamos en el exterior.

Simplificando, la identidad es todo aquello que nos conforma y da sentido, que construye un valor único que nos diferencia del resto y sirve para que nos identifiquen diferentes audiencias. Mientras que la imagen es cada significado que somos capaces de provocar por nuestras actuaciones, expresiones y relaciones. La identidad hace referencia a Lo Que Somos y la imagen a Lo Que Piensan de Nosotros. La imagen forma parte de la identidad, consiste en cómo nos proyectamos y es percibida externamente. La imagen cambia según sea la audiencia y el contexto de la comunicación, pero la construcción de identidad es interna y podemos mejorar el control que tenemos sobre ella estratégicamente. Por eso primero creamos la identidad y después se comunica para crear la imagen pública.

Con estudios periódicos, hoy se investiga qué modelos ayudan a superar las desigualdades socioeconómicas y cuáles no. Desarrollar proyectos comunitarios de manera estratégica supone un conjunto de procesos compartidos e inclusivos: una actividad común continua de construcción de identidad debe patrimonializar los esfuerzos realizados en la base. Para ejecutar de forma eficaz estrategias transformacionales que atraigan audiencias internas y externas es necesaria una construcción identitaria con amplios apoyos, con continuas innovaciones en diferentes áreas como la legislación, la economía, la política exterior, la cultura, la formación, etc. Para ello hay que establecer una coordinación efectiva de poderes públicos, empresas y sociedad civil especialmente en educación, cultura, turismo, diplomacia, exportaciones y atracción de talento.

Para poder aplicar una estrategia de Identidad Competitiva se necesita un enfoque que incluya la puesta en marcha de políticas públicas dirigidas a proyectar una imagen de la comunidad más fuerte y positiva. En el caso de establecerse una dinámica comunitaria que realmente funcione para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, sí tiene sentido desarrollar después estrategias de comunicación y promoción. La identidad se comunica en una etapa posterior a la de construcción de identidad para mejorar la imagen en el exterior. Aquí son importantes dos elementos:

• Comunicar acciones que tengan un gran significado simbólico. Pueden ser nuevas inversiones, construcciones emblemáticas, innovaciones técnicas, estructuras, leyes, reformas democráticas, instituciones o políticas que sean especialmente sugerentes, memorables, novedosas, tradicionales, sentimentales o sorprendentes. Las políticas públicas tienen un peso estratégico especial porque se convierten al mismo tiempo en parte importante de la historia nacional. Por ejemplo, hay lugares que han declarado el acceso a Internet como un derecho ciudadano. El reto es, a partir de los valores intangibles asociados a ese tipo de cambios, crear una narrativa común sobre cuál es el escenario futuro. Y así poder atraer la atención de un público indiferente (interno y externo) que pensaba que no estaba sucediendo nada interesante. Explicando cuál es la contribución individual que los miembros hacen en su comunidad, pero sobre todo la contribución más amplia que la comunidad como conjunto hace al mundo.

• El papel de las industrias culturales y turísticas. La formación y el mantenimiento de la imagen externa depende también en gran medida de cómo se comunique a una audiencia internacional lo suficientemente grande incluyendo los potenciales turistas, así como a instituciones educativas o culturales, agencias de viajes, tour-operadores y otros profesionales con influencia. Al mismo tiempo, un destino en una comunidad con una imagen fuerte y positiva necesita menores esfuerzos de promoción porque el mercado ya está preparado para aceptar lo que se proponga desde dicha comunidad. Al fin y al cabo, con los aspectos de comunicación, de lo que se trata finalmente es de atraer personas hacia una experiencia cultural positiva. Las plataformas digitales son un buen punto de partida pero no son una solución por sí mismas.

Los líderes son personas que participan activamente en la transformación de sus comunidades con una visión estratégica que comunican después de que surja en un trabajo desde la base. Hay que construir una identidad con unos consensos mínimos en torno a una determinada dirección y proyectarla con fuerza, produciendo así también una auto-imagen positiva. Pero esto es un proceso interactivo en la relación entre identidad, experiencias e imagen en el que resulta imprescindible monitorizar de forma sistemática cuál es la auto-percepción y la percepción exterior, prestado atención a cómo evoluciona el uso de estereotipos. Lo importante es establecer una visión compartida sobre el estado futuro que se desea alcanzar. Un ejemplo de formulación de visión utilizado en la literatura de gestión estratégica es el discurso “Yo Tengo un Sueño” de Martin Luther King y, como resultado de una correcta combinación de estrategia y acción, la comunidad afroamericana ha logrado construirse internamente y proyectarse hacia el exterior globalmente con una gran fuerza.

RESOLVIENDO PROBLEMAS DE IDENTIDAD COMUNITARIA

Al consultar a expertos y académicos, no se llega a un acuerdo sobre cómo los grupos humanos definen su identidad colectiva. Es un concepto que se mantiene en un plano subjetivo especialmente en comunidades recientemente conformadas, con problemas de desarrollo o con conflictos no resueltos, que son un terreno fértil para el fanatismo y los líderes carismáticos pero oportunistas, una especie de regreso a viejos hábitos tribales o ceremoniales. Por muy intensa que sea la pasión de los seguidores creyentes que tenga determinada persona o causa, en esa lógica imperan dinámicas que resultan antidemocráticas, con comportamientos por lo general egocéntricos y nepotistas que hoy suelen derivar en una carrera por obtener prebendas, intercambiar favores y competir por la atención del público en los medios de comunicación. Esto además de no trabajar en resolver los problemas existentes, acaba creando más desigualdades dentro de cada comunidad.

¿Cómo explicar entonces a audiencias potencialmente globales las ventajas de relacionarse con una determinada comunidad? En realidad, todos los grupos humanos tienen algún tipo de problema de identidad. Una de las pocas formas en las que resulta posible cambiar directamente la percepción interna es por medio del diálogo con sus miembros y la persuasión. Sin embargo, pese a que las reuniones son importantes, no existen foros para un diálogo directo del conjunto con otros grupos, por lo que hoy la imagen general de un grupo humano se crea principalmente a través de los medios de comunicación, las agencias de noticias e Internet (aunque en este último caso la comunicación suele estar muy fragmentada y polarizada). En una mayoría de lugares del mundo se escoge el enfoque de comunicación para ejecutar las estrategias de desarrollo comunitario, pero esto presenta dos grandes problemas:

• El primer problema que hay con esta vía es que ofrece una comunicación fundamentalmente unidireccional e introduce un sesgo en las informaciones. A pesar del potencial de Internet para establecer una comunicación en ambos sentidos, más que proporcionar un espacio para el encuentro y un diálogo entre la comunidad y la opinión pública, sumerge tal diálogo en una constelación de sitios web y cuentas en redes sociales que se ha polarizado entre espacios receptores de comunicaciones corporativas/institucionales y espacios críticos o alternativos. Incluso cuando los representantes de las instituciones públicas encuentran tiempo y energía para participar personalmente en las discusiones online, los efectos son muy limitados porque es imposible mantener debates con miles de personas a la vez de una forma consistente.

• El segundo problema es que no se pueden crear capacidades simplemente anunciando lo que se va a hacer. Han existido muchas iniciativas que antes que intentar estudiar las condiciones de vida de los ciudadanos y ofrecer recomendaciones sobre cómo mejorarlas, han creído ver una gran oportunidad de promocionar determinadas personas o proyectos “líderes” por medio de eventos y prensa. Por eso, tras el esfuerzo de formular una estrategia, muchas veces se plantean iniciativas sólo para ganar adjudicaciones de recursos, sin que sean posteriormente llevadas a cabo con eficiencia hasta el final o sin cumplir realmente con lo que se está comunicando a la audiencia.

Muchos lugares a menudo reciben la visita de agentes de ventas para organizar sus conferencias, relaciones públicas o comunicaciones especiales en prestigiosas revistas. Viajan por el mundo (especialmente por África) dejando a funcionarios inexpertos en el trato con los medios una oferta estándar de promoción que no tiene en cuenta las dificultades socioeconómicas o de prestación de servicios públicos en el país. Jamás se ha producido evidencia de que contratar algo así produzca resultados positivos a la hora de mejorar la imagen del país o la vida de sus ciudadanos, pero gobiernos y organizaciones de todo el mundo continúan invirtiendo grandes cantidades de dinero en esto con poco o ningún efecto.

La falta de gestión estratégica a veces incluso provoca lo contrario: por ejemplo, en Julio de 2014 fue publicado un reportaje sobre inversiones en Guinea Ecuatorial en un suplemento del diario El Mundo que irrumpió en la contienda política interna en España. Desató una oleada de críticas, que duró dos años, en las que se acusaba a este diario de utilizar informes de Amnistía Internacional de forma sesgada y de aplicar una doble vara de medir con respecto a la dura línea editorial que mantenía sobre Venezuela, país al que describía continuamente como una dictadura (que ponía en riesgo a las empresas) al tiempo que presentaba Guinea Ecuatorial como un destino fiable para las inversiones españolas. Este asunto hizo que se hablase mucho sobre Guinea Ecuatorial en los medios, pero no fue de forma positiva. Por tanto, el enfoque de comunicación puede tornarse contraproducente con facilidad porque la imagen puede volverse más fuerte pero no necesariamente mejor. Hasta en el supuesto caso de que un grupo humano grande pudiese hablar hacia el exterior con una única voz, la opinión pública internacional nunca hará lo mismo. Quizás la única excepción a esto ha sido el área de las Relaciones Culturales, que puede alcanzar un abanico más amplio de conversaciones entre los pueblos.

Por otra parte, proyectar la identidad es la parte fácil en la Identidad Competitiva. Con el suficiente entendimiento de economía, desarrollo, intercambios culturales, infraestructuras, exportaciones, relaciones internacionales y un poco de imaginación, se puede desarrollar una estrategia visionaria sobre el futuro de una región, un país o una comunidad. Hay que entender bien los objetivos, los desafíos y los activos que se tienen a disposición. Con la información sobre macrotendencias económicas, sociales y medioambientales disponible hoy en día, se puede empezar a diseñar un camino por el que poder transitar. Pero el reto clave es otro. El enfoque que proponemos se basa en coordinar las estrategias que son realmente puestas en práctica desde dentro de la comunidad con los poderes públicos y las empresas. Es un reto bastante mayor pero al mismo tiempo hace que estas estrategias sean mucho más efectivas, ya que este enfoque consiste en asegurar que se está cumpliendo la visión que se tiene de sí mismo, en lugar de principalmente esforzarse en comunicarla.

Es fácil reunir a pequeños subgrupos alrededor de una serie de acciones y comunicarlas como si fuese un trabajo relevante para la comunidad, pero si realmente se aspira a conseguir objetivos que tengan un impacto real en la sociedad, esto no puede conseguirse sin consensos y programas de acción más amplios. Para romper con las dinámicas improductivas del enfoque de comunicación, que consumen recursos y resultan desorientadoras, e intentar alcanzar un cierto acuerdo sobre lo que une a los miembros del grupo y lo que les hace diferentes a otros grupos, la investigación internacional sobre Identidad Competitiva demuestra que lo más productivo es desarrollar una visión de la identidad colectiva en dos pasos:

• El estudio de la historia y de las culturas de los grupos étnicos que han habitado el territorio, bajo la perspectiva del rigor académico y en coordinación con las instituciones educativas. Uno de los grandes beneficios de la globalización es que permite a comunidades grandes y pequeñas encontrar nichos donde destacarse sobre la base única de sus tradiciones, su historia y su cultura. En estos casos, el talento y la capacidad de reinvención son más importantes que el poder de mercado. Cada país africano y la diáspora en cada lugar tienen una historia única en el mundo y el potencial de convertirla en ventajas para construir su identidad en sus propios términos, como comunidades destacadas por sí mismas en el escenario global. Y eso impactará también en la imagen del conjunto de comunidades africanas y afrodescendientes.

• La creación de una narrativa compartida sobre el futuro del grupo, más allá de interpretaciones sobre el pasado o el presente. Para lo cual hay que tener en cuenta que los planes estratégicos ayudan, pero sobre todo conseguir representar qué lugar se desea llegar a ser, la dirección escogida y qué valores comunes pueden cohesionar a la sociedad para apoyarnos y trabajar hacia los objetivos marcados. Si se acuerda una visión sobre el futuro lo suficientemente consensuada se crea también un mayor compromiso de todos para poder alcanzarla, resultando entonces posible convertir las estrategias de construcción de identidad y proyección exterior en agentes de cambio altamente efectivos.

Quienes consigan probar con los nuevos modelos su viabilidad como comunidad en el siglo XXI tendrán una posición única y ganarán colectivamente tanto en reputación como en prosperidad socioeconómica y cultural. Los africanos y afrodescendientes deben identificar las ventajas en la particular situación de cada lugar que construyen su comunidad, en sus propios términos, como un grupo destacado globalmente por sí mismo en África o en la diáspora, sin necesidad de partir de autores o países con una historia diferente. Para ello es imprescindible entender su naturaleza esencial, su espíritu y qué es lo que les motiva a esforzarse. Así se pueden llevar a cabo interesantes proyectos de transformación real de la calidad de vida de los ciudadanos, lo que conduce a un cambio de cultura sustancial en las instituciones y a una mejora de la coordinación del trabajo entre los sectores público y privado.

CONCLUSIÓN

La realidad es que es tremendamente complicado producir un impacto medible y significativo sobre una comunidad, pero existe una tentación constante de intentar lograr esto por medio de eventos, campañas de publicidad o comunicaciones en prensa y televisión. No hay ninguna prueba de que esto pueda lograrse así pero sí se observa que ese enfoque deriva casi siempre en elitismo e ineficacia. Toda comunidad local o nacional, especialmente en países emergentes, necesita comprender mejor las dinámicas informacionales que se dan hoy en su entorno para ganar mayor control sobre sus relaciones externas. Para ello es necesario que gestione sus actividades de manera más estratégica y mejore su presencia en Internet para que funcione como una interfaz entre el Estado, los inversores, la prensa, las empresas y la sociedad civil. Pero esto no se consigue sumergiendo al público en múltiples flujos continuos de comunicaciones, sino con estrategias de acción a largo plazo y herramientas tecnológicas adecuadas que coordinen los esfuerzos hacia un estado futuro deseado.

Una identidad colectiva debe explicar un relato sobre hacia dónde se dirige el grupo, evitando interminables debates sobre de dónde viene o dónde está ahora. Concentrarse en aspiraciones sobre el futuro, sin olvidar los logros del pasado, es lo que hizo la comunidad afroamericana en la segunda mitad del siglo XX cuando formuló su proyecto de sociedad para los Estados Unidos de América y la comunicó a sus conciudadanos y al resto del mundo, atrayendo la admiración internacional. Y hoy, por primera vez en la historia, cualquier comunidad puede proyectarse globalmente gracias a la revolución digital, pero debe empezar a jugar con las nuevas reglas de este escenario y no seguir bailando al son de música ajena, con técnicas de propaganda diseñadas en la segunda mitad del siglo XX para dar salida a la producción en masa de grandes corporaciones occidentales. A partir de tal esfuerzo, se puede establecer el posicionamiento deseado en el mundo, proyectando una imagen potente y positiva hacia el exterior con un atractivo global. Entonces podrán conseguirse más fácilmente los apoyos para actuar en las áreas de acción que se consideren prioritarias.

Hay que hacer que diferentes actividades formen parte de una estrategia integral compartida, claramente definida y ejecutada con eficacia, o al menos de algunas estrategias comunes. Se puede tener un impacto mayor y beneficiar a más personas si existen mecanismos participativos que busquen un desarrollo comunitario cohesivo e inclusivo, fijen objetivos que coordinen mejor al grupo, pongan en marcha acciones claras y corrijan las desigualdades. Será necesario decidir qué acciones comunes se deciden apoyar de la manera más democrática posible para maximizar el consenso y los apoyos internos. Una responsabilidad de primer orden debería ser investigar qué mecanismos están teniendo éxito en otros lugares para crear capacidades y conseguir apoyos externos e inversiones. Pero simplemente intentar despertar el orgullo nacional, cultural o racial, o bien el instinto emprendedor de una minoría que puede permitírselo, resultará inefectivo porque para una transformación real debe existir asociado un proceso social amplio, respaldado con proyectos estratégicos y debates de envergadura.

GUEST POST: Líderes intolerantes como reflejo de nuestra parte oculta

Publicado originalmente por Fernando Ntutumu-Sanchis en su blog personal Humanitatis Locus

…hoy la intolerancia reina en casa y nadie nos la impone; es reflejo electoral de lo que ya había y nadie quería ver.

Que Donald J. Trump es representativo de un creciente grupo de líderes y ciudadanos que apuestan por romper el sistema tal y como lo conocemos es algo fácilmente constatable. De hecho, reconocidos líderes xenófobos como Marine Le Pen (Francia), Nigel Farage (Reino Unido), Viktor Orbán (Hungría), Geert Wilders (Holanda) y, desgraciadamente, muchos otros se han congratulado por la victoria del magnate. Concretamente, quienes más abiertamente lo han hecho han sido los representantes de la extrema derecha. Y esto no nos debería extrañar puesto que todos ellos son resultado de una misma dinámica de destape de sentimientos antiliberales que debería preocupar más allá incluso de que estén, o no, haciéndose con el poder. Los signos son estructurales; no hay nada de temporal en esto (quizá sí de generacional si seguimos dando acceso a educación superior a las nuevas generaciones de ciudadanos). Estábamos acostumbrados a que los dictadores contrarios a nuestros consensos morales de respeto de los Derechos Humanos sólo camparan a sus anchas por los pobres, subdesarrollados y bárbaros continentes africano, asiático, oceánico o subcontinente lationamericano. Por el contrario, hoy la intolerancia reina en casa y nadie nos la impone; es reflejo electoral de lo que ya había y nadie quería ver.

Todo esto me deja la amarga sensación de que, mientras algunos países no acaban de sumarse del todo a la ola de democratización tras las guerras mundiales, la caída del Muro de Berlín o la descolonización en África, otros estados parecen moverse voluntariamente desde valores de democracia liberal hacia lo que Rodríguez-Aguilera denominó recientemente, en relación con la Rusia de Putin, democracias nacionalistas no liberales. En este mismo sentido, el prestigioso profesor de Harvard Stephen M. Walt diagnosticó hace pocos meses, en Foreign Policy, lo que él ha denominado ‘El colapso del orden mundial liberal’. Al lector le parecerá un tanto exagerado, pero la realidad es que los síntomas no son nada despreciables y cada vez resulta más claro que el Brexit, la apatía de la UE ante actitudes fascistoides en Hungría, por ejemplo, o la victoria de Trump podrían haber acabado por fulminar la ‘espiral del silencio’ (Noelle-Neumann) que acallaba a los antiliberales, suponiendo, así, un trampolín para los que sueñan con democracias intolerantes con la diferencia. Hoy, amplias capas de la población han dejado de temer mostrar su preferencia por un modelo basado en la “sociedad del menosprecio” (Axel Honneth). Sólo hay que leer las informaciones referentes a los picos de odio tras el Brexit o tras la victoria de Trump. Los titulares son idénticos porque el fenómeno social responde a una misma raíz: el fin del silencio; la noche de los silencios rotos. Había más intolerancia tapada de la que nos atrevíamos a admitir. ¡Son sólo unos pocos!– decían. Hoy decantan elecciones y la deriva de Occidente.

Si no les respetamos, si les negamos su humanidad allí en sus propios países y a través de la explotación, ¿qué nos lleva a respetarles cuando están aquí en el nuestro?

Si este grupo de líderes gana adeptos, no parece deberse sólo a un momento de descontento, sino más bien a propuestas diferentes hasta ahora impopulares, acomodadas a demandas diferentes que se mantenían en silencio. No proclaman ‘democracia real ya’, mayor representatividad, voz en las instituciones, etc. (como sí hace la izquierda tachada de populista) y las propuestas no son proactivas, sino reactivas (muros, expulsiones, restricción de acceso, discriminación, primacía…). Priman el bienestar de sus compatriotas por encima del de las personas en general; se prima, por tanto, el chovinismo del bienestar (J. Habermas). Si para tener mejores empleos y bienestar para los compatriotas (nacionales) han de obviarse (y a futuro cambiarse) los consensos implícitos y legales de respeto e igualdad entre hombres y mujeres, así como de diálogo cultural y racial, se obvian. Eso no es problema. Total, la deslocalización de empresas viene haciéndolo desde hace tiempo con esas mismas personas que hoy –pensarán– asaltan Occidente. Si no les respetamos, si les negamos su humanidad allí en sus propios países y a través de la explotación, ¿qué nos lleva a respetarles cuando están aquí en el nuestro? La lógica es incuestionable.

…si cualquiera de estos líderes, tras ganar las elecciones, empezara a echar personas indocumentadas, musulmanes o cualquier representante de algún tipo de diversidad no estaría incumpliendo su programa, sino más bien lo contrario

Frente a las llamadas de atención ante la renqueante transición a la democracia liberal en algunos países (como Turquía o Rusia) o el retroceso producido por intervenciones de un sector social (como el ejército en Egipto), mi tesis es que, en los casos a los que aludo, no se podría hablar tanto de un viraje por parte de las élites hacia formas de gobierno menos democráticas, sino de algo cualitativamente distinto: sino una reafirmación de una minoría electoral movilizada que ya pensaba así y que ahora se atreve a manifestarlo. Quienes hemos vivido los micro-racismos, por ejemplo, sabemos cuál es la respuesta que debemos darle a quienes afirman aquello de “aquí no hay racismo”: “eso es falso”. Hoy la deriva global nos da la razón. ¿O es que España es excepcional en esto? Lo dudo. Hoy esto está más claro que nunca: por primera vez desde los consensos alcanzados el siglo pasado, los valores a primar por parte de los representantes electos y en cumplimiento de sus programas, no son los contenidos en las cartas y textos de derechos universales sino otros bien distintos que tienen que ver con la particularidad nacional, con concepciones de ciudadanía que considerábamos caducas y, en definitiva, con formas de entender ‘el mejor sistema de gobierno’ sustancialmente diferentes a la liberal-democrática. En definitiva, la diferencia sustancial es que si cualquiera de estos líderes, tras ganar las elecciones, empezara a echar personas indocumentadas, musulmanes o cualquier representante de algún tipo de diversidad no estaría incumpliendo su programa, sino más bien lo contrario. Y en este contexto, nuestra tarea de ciudadanía deberá ser de pedagogía y lucha argumentativa frente a un sector amplio pero silencioso que cree que la intolerancia debe imponerse como la norma. Por favor, no dejemos que se repitan las derivas del pasado; lo estábamos haciendo relativamente bien.

Inmigrantes: los estados europeos no
los quieren, pero su sociedad los necesita

Publicado originalmente por Fernando Ntutumu-Sanchis en su blog personal Humanitatis Locus

Son muchos los mitos en torno a la inmigración pese a la ingente cantidad de argumentos a favor de una mayor apertura de fronteras: ya sea por cuestiones de necesidad demográfica, para cubrir el déficit del mercado laboral y las necesidades de crecimiento, ya sea por tradición o por el imprescindible intercambio cultural para el progreso de una región en múltiples dimensiones. Aquí comento algunas de las aportaciones del experto en migraciones y presidente de la Global Migration Policy Associates Patrick Taran (ver documento en unesco.org).

Según Taran, la aparente crisis de refugiados no es tal puesto que «la llegada de refugiados y migrantes es una característica permanente de la historia europea». Además, a diferencia de lo que determinados sectores de las sociedades europeas (todavía no hay una única sociedad europea) pretenden hacer creer, la llegada de estos no solo no resulta perjudicial para Europa sino que es imprescindible para el sostenimiento social y económico del continente. «La inmigración –dice Taran– tiende a expandir el empleo y crear puestos de trabajo, reducir los índices de criminalidad, revitalizar los barrios y expandir la producción nacional y el crecimiento». En las próximas líneas trataré de comentar algunas de sus críticas y recomendaciones como experto.

Europa debería estar acostumbrada. Aunque sea cierto que los prolongados conflictos de Siria, Irak o Afganistán entre otros han provocado un incremento en los desplazamientos de personas hacia Europa, este experto considera que hay que poner estas cifras en contexto y tener en cuenta que éste no es un fenómeno nuevo. De hecho, según él las llegadas a países europeos han estado por encima de los 3 millones durante la última década, de los cuales dos tercios procedían de países extracomunitarios frente a un tercio de desplazamientos en el interior de la Unión.

Es un fenómeno nada extraordinario, aunque nadie pueda negar su impacto. Taran reconoce el enorme desafío que ha supuesto este elevado número de llegadas producido en los últimos años, pero señala que la carga ha sido soportada principalmente por las ciudades. En este sentido, cabe señalar lo paradójico que resulta que las ciudades, las más “perjudicadas” por el actual incremento, hayan sido, junto con las regiones, las que mayor insistencia han tenido a la hora de demandar el aumento de los cupos de acogida (éstas han secundado ampliamente la ya superada fase de Welcome Refugees, como señalé en un artículo publicado en Infolibre). Además, el presidente de la asociación critica el poco apoyo que generalmente han recibido por parte de sus respectivos estados ya que han sido estos los que mayores reticencias han mostrado frente a la llegada de personas procedentes del exterior de la Fortaleza Europea.

El auge de los movimientos políticos y sociales de carácter xenófobo, así como de los populismos, son algunos de los desafíos que las ciudades europeas afrontan en el contexto de recorte (austeridad) de los presupuestos públicos. Sin embargo, Taran hace un llamamiento a una mirada más positiva: como buenos desafíos, estos se pueden transformar en oportunidades para convertir las ciudades europeas en ciudades vibrantes. Son, según este, un gran terreno para la experimentación. «Cuando triunfen, el resultado puede ser una economía fuerte y vibrantes “cosmópolis”, cuando fracasen, el resultado puede ser la pobreza, la segregación y la tensión social». En mi opinión, son más los ejemplos de fracaso como París y sus banlieu que de triunfo. ¿Será Londres y su nuevo alcalde Sadik Khan un caso de triunfo? Habrá que esperar, pues el caso de París –uno de claro fracaso de gestión de la multiculturalidad– también cuenta con una alcaldesa que no destaca por ser de sangre francesa.

Según una encuesta de la Coalición de Ciudades Europeas contra el Racismo (ECCAR por sus siglas en inglés), la mayoría de las ciudades informaron de entre un 16 y un 40% de extranjeros residentes en ellas, llegando incluso al 50% (Viena, Rotterdam) o el 55% (Luxemburgo). El extranjero, el Otro, no está por llegar, sino que ya está aquí. La solución no será –considero– cerrar fronteras, sino abrirlas, flexibilizar mentalidades y profundizar en el estudio de gestión de la multiculturalidad. No habrá un modelo de gestión perfecto, pero en la lucha contra el terrorismo, el progreso social, político, económico y cultural de Europa o la paz social, será fundamental que los europeos y europeas aprendan a convivir consigo mismos y con el resto. Europa no está sola en la Tierra, ni lo estará. Con la creación de la UE, Europa pareció aprender a convivir en sus fronteras; ahora ha de demostrar que sabe tratar con dignidad al resto y, para ello, las ciudades –no lo Estados– y la sociedad civil serán fundamentales (como demuestran las conclusiones de Taran). ¿No es acaso llamativo que sea la sociedad civil mediante los movimientos de voluntarios/as y las ciudades a través de mecanismos de gestión de la solidaridad sean los que mayores y más genuinos esfuerzos estén haciendo por amortiguar el dolor en la frontera este de Europa?

Las llegadas de personas no nacidas en un territorio, puesto que han sido culturizadas en un ambiente –en ocasiones– radicalmente diferente, suponen un desafío para la gestión de “la normalidad” social. Todo contacto entre elementos diferentes lo supone. Además, la gestión urbanística –según Taran– o de servicios, aunque sea sencillamente por los necesarios tiempos de reacción, suponen retos importantes. Retos no solamente para la gestión de las ciudades, sino para el propio respeto de la dignidad de las personas. Los territorios de acogida deben propiciar las condiciones necesarias para el pleno desarrollo de las personas migrantes. «Como plenos ciudadanos» – señala. Combatir las discriminaciones, evitar la marginación social, el relegamiento a guetos y, entre otras dolencias sociales, la doble discriminación ejercida sobre la mujer (como migrante y como mujer).

Por último pero no menos importante, el informe afirma que «la inmigración será crucial para el sostenimiento del mundo del trabajo durante el siglo 21». Los trabajadores extranjeros comprenden en torno al 10-15% de la fuerza de trabajo en los países europeos, siendo esta proporción mucho mayor en algunas ciudades donde el efecto provocado ha sido el de rejuvenecimiento de la fuerza laboral. En este sentido –informa el artículo–, la fuerza laboral está en grave declive en la la mayoría de países (incluidos los europeos), ya que ningún país es capaz de formar en la gran variedad de habilidades y técnicas para las complejas tareas de la industria contemporánea. La llegada de extranjeros, complementos para “nuestros” mercados laborales, es necesaria. Y tanto es así que, según el McKinsey Global Institute, el déficit de trabajadores formados será de 85 millones en 2020, y los empleadores ya se quejan actualmente de que uno de cada tres vacantes no puede ser cubierta por falta de las habilidades necesarias en la fuerza laboral existente. Por tanto, si Europa sufre un déficit demográfico, sumado a un déficit del mercado laboral, ¿cuál es la respuesta lógica, el cierre de fronteras o la apertura y apuesta por la formación? La respuesta es clara.

Al fin y al cabo, ¿qué estadounidense o terráqueo despreciaría lo que un descendiente de inmigrantes como Steve Jobs hizo por la humanidad…?

La oportunidad económica de África (II)

El crecimiento económico de África aumentó durante la pasada década a un ritmo notable. En adelante, con las reformas estructurales y las inversiones adecuadas, las economías africanas podrían desarrollarse de acuerdo con su potencial, ser más atractivas para la inversión y sacar de la pobreza a amplias capas de población. La región ya ha dado grandes pasos y se encuentra a punto de convertirse en el próximo gran caso de éxito del mundo en desarrollo.

(Viene de la primera parte del análisis)

Existe un relato de la historia africana reciente, no muy conocido aún, que muestra un camino de progreso y que no se basa únicamente en exportar recursos naturales, sino sobre todo en crear capacidad y nuevos negocios. Muchas industrias, aunque incipientes, están emergiendo en toda la región como historias de éxito que evitan los errores que en el pasado han conducido a aumentar la pobreza. Cada país africano seguirá una estrategia diferente, pero todos deben superar las limitaciones que tienen en su competitividad planteando cada vez más mejoras en gestión, educación, infraestructuras y logística, mejorando las políticas e inversiones en sectores que alimentan los fundamentos subyacentes de cada economía. Aunque todavía hay muchos retos para la realización de este potencial que continuarán complicando el desarrollo futuro, como la adaptación al cambio climático, las opciones para actividades rentables son cada vez mayores y la imagen del continente está mejorando gradualmente.

Las economías africanas necesitan diversificarse. Una nueva realidad en la que el riesgo es más ubicuo y está más asociado que antes a diferentes regiones del planeta está surgiendo como consecuencia de la crisis financiera, el cambio climático, la continua demanda de materias primas, un control sobre los recursos más democrático, la evolución de la demografía y las formas de hacer negocios en el capitalismo global. La crisis financiera mundial ha demostrado que los países en desarrollo ya no tienen el monopolio del riesgo en el mundo de las inversiones internacionales. En esta nueva realidad, combinada con el apetito global por los recursos y otras tendencias que afectan al panorama económico como consecuencia de la crisis, es probable que se aceleren la expansión del comercio y la inversión en África, que está desempeñando un papel de peso en cada una de estas tendencias. Los fuertes cambios demográficos pronto tendrán implicaciones en la productividad y la demanda, aumentando la crucial importancia que tiene el sector del consumo en el crecimiento económico. El mundo busca mercados para una próxima ola de crecimiento y, en el nuevo contexto, el continente ofrece oportunidades para innovar en negocios e inversiones de todo tipo.

LA DEMANDA MUNDIAL DE RECURSOS NATURALES

A medida que los países en desarrollo continúan incrementando sus exportaciones e importaciones, el comercio y la inversión Sur-Sur van constituyendo una mayor proporción de la actividad económica mundial. Entre 1990 y 2010, África negra casi triplicó su nivel de exportaciones y ha diversificado sus socios comerciales y de inversión, pero el conjunto de sus exportaciones a la Unión Europea y a los Estados Unidos se redujo del 73% hasta el 49%. Durante este mismo periodo, las importaciones de China procedentes de África negra han pasado de unos 64 millones de dólares a más de 13 mil millones. La reciente caída de precios en las materias primas ofrece a los países africanos exportadores de recursos la oportunidad de diversificar sus economías y reducir los subsidios a la producción que han aumentado la desigualdad: desde 2014 economías como las de Angola, Guinea Ecuatorial o Zambia se están enfrentando a graves amenazas económicas por esta caída de precios, por lo que necesitarán encontrar fuentes de financiación alternativas y China va a seguir siendo un jugador clave en este sentido. Pero endeudarse cada vez más con préstamos chinos no puede convertirse en una solución a largo plazo para estos países ricos en recursos naturales.

La carrera por los recursos se centrará cada vez más en las fuentes de energía renovables y África está particularmente bien posicionada para desarrollar sistemas de energía solar e hidráulica, así como para la producción de biocombustibles. La crisis alimentaria de 2008 puso de relieve lo que podría salir mal si la producción de alimentos se sustituye sin más por la producción de biocombustibles. Entre 2003 y 2007, dos tercios del aumento global de la producción de maíz fueron a la fabricación de biocombustibles, sobre todo para satisfacer su demanda en los Estados Unidos. Sin embargo, África puede alimentarse a sí misma y el desarrollo de biocombustibles no tiene por qué competir con la producción de alimentos: los biocombustibles han contribuido a aumentar los precios de los alimentos, pero también representan una oportunidad para el mundo en desarrollo. La Agencia Internacional de Energía sugiere que la demanda de cereal para la producción de biocombustibles podría aumentar alrededor de un 8% anual hasta 2030. Países como Angola, Mozambique y Tanzania tienen potencial para producir biocombustibles de forma rentable en terrenos que no se utilizan para el cultivo.

La realidad es que el negocio de las materias primas seguirá siendo una fuente importante de ingresos de exportación para África gracias a una demanda mundial que continúa creciendo aunque se haya desacelerado durante la crisis. Por ejemplo, con las tasas de crecimiento anteriores a la crisis y el auge de los precios, las inversiones debidas a la demanda global de metales no ferrosos pasaron de 2 mil millones en el año 2002 a 9 mil millones de dólares en 2007. Durante ese periodo, la inversión extranjera directa en países de África negra creció durante ocho años consecutivos. La mayor parte de esta inversión tomó la forma de nuevos proyectos y expansión en las prospecciones de reservas de petróleo o metales. En una década, las exportaciones de combustibles fósiles de la región se elevaron desde 11 hasta 96 mil millones de dólares.

A medida que el crecimiento económico global se recupere, el continente africano podría beneficiarse de precios más altos y mayores volúmenes en las exportaciones. El Banco Mundial prevé que los precios de la energía y los alimentos, impulsados ​​principalmente por las necesidades de recursos de las economías emergentes, se mantendrán altos por lo menos hasta el año 2030. África no sólo es hoy en día un importante proveedor de recursos naturales para el mundo, sino también la región con mayor potencial para nuevos descubrimientos. Y el aumento de ingresos permitirá a aquellos países africanos que mantengan políticas públicas sensatas aumentar su inversión en infraestructuras y educación, lo que desarrollará sus economías con un crecimiento más inclusivo que les colocarán en una posición de cada vez mayor ventaja con respecto a los países con una estructura trasnochada de simple economía extractiva.

LA CREACIÓN DE CAPACIDAD EN LA AGRICULTURA COMO FACTOR DE MODERNIZACIÓN

Los recursos naturales en África proporcionan una fuerte ventaja competitiva para el desarrollo agrícola. La agricultura es el mayor sector económico de África, representando en los últimos años aproximadamente el 15% del PIB total de la región y más de 100 mil millones de dólares anuales. En el futuro, corregir las inversiones en infraestructuras y mejorar las técnicas agrícolas debería conducir a una revolución verde. Cincuenta años después del inicio de la Revolución Verde en Asia, África negra también está empezando a preparar la suya. Será una tarea compleja pero el continente parece estar en el camino correcto. Aunque también lo sean sus necesidades de alimentos, el potencial agroecológico es mucho mayor que el de la producción actual: mientras que más de una cuarta parte de la tierra cultivable del planeta se encuentra en el continente africano, sólo genera el 10% de la producción agrícola mundial. Así que hay un potencial enorme para crecer en los próximos años en un sector hasta ahora en moderada expansión (a un ritmo de entre el 2% y el 5% anual).

La región cuenta con suficientes recursos tanto para alimentar a su creciente población como para satisfacer la creciente demanda internacional de alimentos y de otros productos agrícolas. Sin embargo la fragmentación de la producción, la interdependencia de los actores en el sector y su complejidad, la falta de inversiones y las condiciones de las infraestructuras de transporte inhiben un crecimiento más rápido de la producción en la agricultura. Los desafíos de la adaptación al cambio climático hacen aún más complejo un crecimiento sostenible y seguirán planteando significativos riesgos para el crecimiento económico con más sequías, inundaciones, tormentas y olas de calor. Pero desde 2005, los esfuerzos para mejorar la agricultura africana se han redoblado y muchos países se han comprometido a aumentar la parte dedicada a la agricultura en sus presupuestos hasta el 10%. Los donantes de ayuda se están comprometiendo a apoyar estos esfuerzos más seriamente y el sector privado está invirtiendo más dinero junto con los fondos de inversión. Este aumento de las inversiones fluye principalmente hacia dos oportunidades:

  • Los avances tecnológicos. Muchas de las actividades para mitigar el cambio climático tienen importantes beneficios no sólo para la sostenibilidad del medio ambiente, sino también para la salud pública, la seguridad energética y la economía. El acceso a las materias primas y el desarrollo agrícola requieren de innovaciones tales como nuevas tecnologías para ahorrar energía o maíz tolerante a la sequía, que tengan elevados rendimientos de la inversión y saquen a los pequeños agricultores de la pobreza de manera sostenible. Los países en desarrollo, cuyo promedio de emisiones per cápita es un tercio del de los países de altos ingresos, necesitan grandes inversiones en generación de energía, transporte, infraestructuras urbanas y producción agrícola. Pero si se abordan estas cuestiones utilizando tecnologías tradicionales, se producirán más gases de efecto invernadero y, por lo tanto, se contribuirá a aumentar el cambio climático y a empeorar la delicada situación de la región, particularmente vulnerable debido a una agricultura de secano que genera el 30% del PIB y el 70% del empleo.
  • Las nuevas formas de organizar la cadena de valor. La agricultura es una industria que tiene la ventaja de crear empleo y oportunidades a lo largo de toda su cadena de valor en África y los nuevos enfoques de ejecución de proyectos están mostrándose muy prometedores en este área. Uno de estos enfoques consiste en dotar a la industria de una nueva estructura que acelere la productividad de las pequeñas granjas agrícolas, con granjas de 50 hectáreas operadas por responsables bien capacitados técnicamente que ayuden a los pequeños agricultores que haya también en su área a ser más productivos y a comercializar su producción a través de la granja central. Otro enfoque es agregar la capacidad de almacenamiento (empresas con almacenes utilizados para distribuir fertilizantes y semillas, o para almacenar las cosechas). Otro es el de proporcionar una mayor eficiencia en la gestión con cooperativas agrícolas que mejoren el acceso a los mercados y que aumenten la productividad de los agricultores. Existe también un gran potencial en las empresas procesadoras de alimentos y minoristas, que obtienen rendimientos de forma muy eficaz con cadenas de suministro de extremo a extremo.

Estos enfoques también son adecuados para aplicarse en zonas rurales de las Américas donde vive un alto porcentaje de población afrodescendiente y proporcionan un “triple dividendo” apoyando la adaptación al cambio climático, la mitigación de emisiones de carbono y la promoción de la seguridad alimentaria. Los recursos financieros generados a través de la mitigación de emisiones podrían ser muy importantes para la selección y desarrollo de grandes extensiones de terreno con alto potencial agrícola. Existen posibilidades de un mejor desarrollo rural mediante la agricultura intensiva y sostenible a través de la inversión en nuevas tecnologías y medidas de conservación de la vegetación, el suelo y el agua. En África hay además un gran potencial económico para la retención del carbono del suelo agrícola y la reducción de emisiones derivadas de la deforestación y la degradación forestal. Tiene también un enorme potencial para generar energías limpias como la solar, eólica y de biomasa, y las pequeñas explotaciones agrícolas pueden integrarse en los esquemas para reducir emisiones. Resumiendo, el potencial del continente para el crecimiento futuro de un sector agrícola ambientalmente sostenible y las oportunidades en la reducción de emisiones son inmensos.

EL CONSUMO Y EL IMPULSO DE LAS INDUSTRIAS LOCALES

Si los países africanos (que lideran la producción mundial de muchas materias primas) tuvieran sus propias industrias, estarían creciendo mucho más y no tendría sentido hablar de “subdesarrollo”. En lugar de haber niños y jóvenes trabajando para que las empresas occidentales consigan diamantes, coltán, etc. podrían estar formándose como gestores o técnicos para mejorar la productividad de las industrias africanas. Los adultos no estarían arriesgando su vida en el Mediterráneo para acabar en la precariedad laboral en Europa o detenidos en un Centro de Internamiento de Extranjeros. ¿Qué es lo que sucede en realidad? La idea de superioridad de la cultura occidental, políticas migratorias discriminatorias y leyes del comercio internacional contrarias a los intereses de los africanos, entre otros factores, restringen el potencial de África y su capacidad para desarrollar industrias.

El mantenimiento de la dependencia con respecto a industrias occidentales o chinas es uno de los mayores frenos al desarrollo africano o quizás el mayor. La noción del progreso establecida, centrada en reproducir el estilo de vida occidental, debe evolucionar si los países africanos quieren progresar de forma sostenida. Durante la fase de crecimiento económico de la década pasada 2000-2009, ha sido hegemónica una cultura de nouveau riche en el comportamiento de consumo (mostrar estatus mediante el turismo de compras en Europa o Estados Unidos, el uso de materiales de construcción extranjeros, las grandes marcas occidentales de moda o de automóviles, etc.) que no ayuda a las economías nacionales y que si no evoluciona conllevará una irreparable pérdida cultural. Para que los beneficios del crecimiento lleguen a las capas de población más humildes, ciertas categorías locales de productos y servicios deben actualizarse para dejar de ser consideradas como algo atrasado o sin gusto.

Las dinámicas en el sector del consumo nos colocan frente a una cuestión central en la reflexión sobre el desarrollo en países empobrecidos: es necesario hacer tanto una transformación económica como una revolución cultural en el continente. No obstante, siguen gozando de mucha popularidad las soluciones fáciles que se plantean en medio del ruido constante de los debates morales sobre el consumo occidental, cuando lo importante sería una mejor organización del sistema económico en su conjunto y especialmente de los intercambios comerciales con África. Una de las últimas tendencias ha sido la del consumo responsable, pero aunque todo el mundo industrializado compre productos de comercio justo, los países pobres seguirán siéndolo mientras un país venda materias primas a otro y éste le venda productos manufacturados al primero. Como los productos elaborados son más valiosos que la materia prima para elaborarlos, el país que realice la transformación saldrá ganando siempre porque el exportador de materias primas vende más barato de lo que después compra y acaba acumulando deuda.

Una industrialización de África centrada en los intereses de su población hasta ahora no ha sido posible, pero esto no se debe a ninguna inferioridad natural por parte de los africanos. Se ha impedido desde el exterior cualquier intento de proteccionismo, que no obstante fue principalmente la senda por la que se enriquecieron en un primer momento los países que hoy son ricos. Además los grandes préstamos financieros con frecuencia no han sido empleados correctamente y han estado condicionados a no utilizar las mismas medidas económicas que permitieron a los países ricos crear sus industrias. Se abre aquí un debate sobre el sistema económico mundial que tiene implicaciones muy profundas: si es mejor integrarse en la globalización buscando mejorar las relaciones comerciales, o por el contrario desconectar de ciertas exigencias externas y aplicar políticas que protejan las industrias y culturas locales. Nada de esto puede resolverse sólo apelando al comercio justo o a productos respetuosos con el medio ambiente, ni siguiendo ninguna estrategia o enfoque de comunicación dirigidos en realidad a hacer sentirse mejor a los occidentales y a las élites africanas con el sistema económico que les ha beneficiado a costa del empobrecimiento de la mayoría.

LA DIVERSIFICACIÓN ECONÓMICA Y LAS CAPACIDADES NACIONALES

Si bien las perspectivas económicas en su conjunto son bastante buenas a largo plazo si son correctamente aprovechadas, las estrategias de crecimiento serán diferentes en cada país. Aunque hasta ahora África no ha podido evolucionar con condiciones justas y en libertad ni por la vía del proteccionismo ni por la de una mayor apertura comercial, si los países africanos ganasen mayor control sobre sus recursos y su economía, no sería necesario importar los planes estratégicos ni los eventos de comunicación occidentales para conducir cambios, sino que se podrían modificar sustancialmente las condiciones estructurales para que beneficien a la mayoría de la población. Frente a las tesis que tratan de despolitizar el debate sobre el avance económico, la moda liberal de resolver todo con el emprendimiento de las élites y las clases dirigentes que creen poder liderar por sí solas el desarrollo, las soluciones pasan necesariamente por reformas hacia dos objetivos clave:

  • Invertir en diversificar la economía nacional. Con el paso de una economía agraria a una economía más urbana, múltiples sectores comienzan a contribuir a un crecimiento inclusivo. La proporción del PIB aportado por la agricultura y la extracción de recursos disminuye al tiempo que hay una expansión de los sectores de manufacturas y servicios, que crean más puestos de trabajo y elevan los ingresos, aumentando también la demanda interna. Como promedio, cada aumento de 15% en la industria manufacturera y de servicios como contribución al PIB está asociado con una duplicación del ingreso per cápita.
  • Impulsar las exportaciones para financiar la inversión. Los mercados emergentes requieren grandes inversiones para construir las infraestructuras de una economía moderna. Las exportaciones son el principal medio para poder importar bienes de capital, que en África ascienden a aproximadamente la mitad de la inversión total. Esto no quiere decir que los países africanos deban seguir el modelo asiático de crecimiento basado en excedentes comerciales y exportaciones, pero sí que necesitan exportaciones que financien las inversiones necesarias para poder diversificarse y los proyectos con alto valor estratégico.

Ambos objetivos se encuentran interrelacionados y la experiencia histórica demuestra que a medida que una economía se desarrolla se acerca más a alcanzarlos. Podemos clasificar a los países africanos en función de sus niveles de diversificación y exportaciones per cápita; aunque los países que hay en cada segmento difieran en muchos aspectos, sus estructuras económicas comparten grandes similitudes y esto es útil para la comprensión de cómo varían las oportunidades de crecimiento y los desafíos a través de un continente tan heterogéneo. Así, la mayoría de países africanos pertenecen a uno de estos grupos: economías diversificadas, economías en transición y exportadores de petróleo. Este enfoque puede ayudar en el diseño de mejores estrategias de emprendimiento y proporcionar nuevas perspectivas para la creación de capacidades mediante políticas públicas.

Las economías africanas diversificadas

Las cuatro economías más avanzadas del continente ya están ampliamente diversificadas y son motores de crecimiento de África: Egipto, Marruecos, Sudáfrica y Túnez. Manufactura y servicios suman en total alrededor del 80% de su PIB combinado. Se encuentran entre las economías más ricas del continente y también tienen el crecimiento del PIB menos volátil. El consumo interno es el mayor contribuyente al crecimiento de estos países. Sus grandes ciudades crecieron espectacularmente en la década pasada, el consumo ha crecido entre un 3 y un 5% al año desde 2000, y el 90% de los hogares cuenta con ingresos discrecionales (lo que queda después de pagar impuestos y gastos de primera necesidad). Como resultado, han crecido rápidamente los sectores orientados al consumidor tales como el comercio minorista, la banca y las telecomunicaciones. Y la urbanización ha provocado un auge de la construcción que creó entre el 20 y el 40% de los puestos de trabajo.

De cara al futuro, estas economías diversificadas se enfrentan al reto de seguir expandiendo sus exportaciones al tiempo que construyen unas economías nacionales más dinámicas. Estas exportaciones crecen mucho más lentamente que las de otros mercados emergentes, en parte porque tienen un coste laboral unitario (el salario dividido por la producción de cada trabajador) de dos a cuatro veces mayores que los de China o India. Al igual que los grandes países de ingresos medios, como Brasil, Malasia y México, estos países africanos pueden y deben avanzar hacia la producción de bienes con mayor valor añadido. Han comenzado a hacerlo (por ejemplo con las exportaciones de automóviles de Sudáfrica y Marruecos) pero deben seguir construyendo capacidades basándose en sus ventajas comparativas, que incluyen la proximidad a Europa y el uso de idiomas europeos. Junto a otros países de África que también tratan de dar este salto, estas economías diversificadas necesitan mejorar sus sistemas educativos. En términos generales ya tienen las tasas más altas de alfabetización y escolarización del continente; el siguiente paso es aumentar la educación secundaria y superior de la población, y mejorar la calidad general de la enseñanza.

Otra prioridad para las economías diversificadas es continuar impulsando el sector servicios, que será una importante fuente de empleo en el futuro. El sector servicios representa prácticamente toda la creación neta de empleo en los países de altos ingresos y el 85% del nuevo empleo neto en los de ingresos medianos. Las economías diversificadas africanas también pueden ampliar el sector manufacturero para abordar mercados locales y regionales, sobre todo de alimentos procesados y de materiales de construcción. Esto aumentará las exportaciones y reducirá la necesidad de importaciones, aliviando el déficit de cuenta corriente de estos países, que en su caso sí se beneficiarán claramente de aumentar los lazos con la economía global porque cuentan con todos los ingredientes necesarios para una mayor expansión comercial.

Las economías africanas en transición

Las principales economías en transición son Camerún, Ghana, Kenia, Mozambique, Senegal, Tanzania, Uganda y Zambia. Tienen un PIB per cápita inferior pero han comenzado un proceso de diversificación de sus fuentes de crecimiento sobre la base de sus ganancias actuales. Estos países son diversos: algunos dependen en gran medida de una sola mercancía, como el aluminio en Mozambique o el cobre en Zambia. Otros como Camerún, Kenia y Uganda están más diversificados. Los sectores de la agricultura y de la extracción de recursos en las economías en transición representan en conjunto el 35% del PIB y dos tercios de las exportaciones. Pero cada vez exportan un mayor número de manufacturas, en particular a otros países africanos. Los productos que tienen más éxito incluyen derivados del petróleo, alimentos procesados, productos químicos, ropa y cosméticos. A medida que sus economías se han diversificado, el crecimiento anual del PIB real se ha acelerado del 3,6% al año en la década de 1990 hasta el 5,5% después del año 2000.

Las economías en transición deben concentrarse en fortalecer los fundamentos de su crecimiento. La expansión del comercio entre países africanos será clave para un futuro crecimiento de estas economías en transición, porque son pequeñas pero su impulso para mejorar la integración regional crea mercados que son mayores. Si estos países han mejorado sus infraestructuras y sistemas regulatorios, también deberían poder competir globalmente con otras economías emergentes. Las fábricas en estos países en transición son tan productivas como las de China o India, pero los costes generales en África son más altos debido a las deficientes infraestructuras y regulación, por lo que son necesarias políticas públicas más correctas que arreglen estos problemas. Los sectores locales de servicios como telecomunicaciones, banca y comercio minorista en las economías en transición también tienen un gran potencial de crecimiento y se están expandiendo rápidamente, pero sus tasas de penetración siguen siendo muy bajas, lo cual crea oportunidades para los interesados en cubrir esta demanda insatisfecha.

Otro segmento incluye países que son todavía bastante pobres, como la República Democrática del Congo, Etiopía, Malí y Sierra Leona (con un PIB per cápita de sólo 353 dólares, una décima parte del de países ya diversificados). Algunos, como Etiopía y Mali, poseen escasas materias primas y unas poblaciones rurales numerosas. Otros, devastados por las guerras de la década de 1990, comenzaron a crecer de nuevo después de finalizar esos conflictos. La República Democrática del Congo controla la mitad de las reservas de cobalto del mundo, el 80% de las de coltán y una cuarta parte de las reservas mundiales de diamante; Sierra Leona tiene un 5% de las reservas mundiales de diamantes; y Etiopía y Malí tienen respectivamente 22 millones y 19 millones de hectáreas de tierra cultivable. Algunas de estas economías han crecido muy rápidamente y las tres mayores (República Democrática del Congo, Etiopía y Mali) lo hicieron en un promedio del 7% anual durante la década pasada con la apertura de muchos nuevos negocios locales, después de no haber crecido nada en la década anterior de 1990.

Con un entorno político y económico estable, estos países podrían aprovechar sus recursos naturales para financiar su crecimiento económico. Los desafíos clave para este grupo incluyen el mantenimiento de la paz, el impulso del Estado de derecho, una correcta gestión económica y la creación de un ambiente de negocios que reduzca las incertidumbres. Aunque las circunstancias particulares de cada economía en transición difieren en gran medida, el problema común suele ser la falta de fundamentos tales como un gobierno democrático estable, instituciones públicas fuertes y buenas condiciones macroeconómicas. Si estos países creasen empresas e inversión para ayudar a desarrollar un sector agrícola más productivo e industrias propias (especialmente en minería y servicios), podrían impulsar fuertemente sus economías hacia un camino de crecimiento estable. Este crecimiento ha sido en ocasiones errático y podría revertirse de nuevo, a pesar de las buenas perspectivas del continente en su conjunto.

La diversificación de los exportadores de petróleo

Los exportadores africanos de petróleo y gas deben mejorar su crecimiento a través de la diversificación. Tienen el mayor PIB per cápita del continente, pero son también las economías menos diversificadas y por tanto más vulnerables a los cambios del entorno económico global. En este grupo están Argelia, Angola, Chad, Congo-Brazzaville, Gabón, Guinea Ecuatorial, Libia y Nigeria. Manufacturas y servicios representan casi un tercio del PIB, menos de la mitad de la participación que tienen en las economías diversificadas. Su crecimiento económico sigue estando estrechamente vinculado a los precios internacionales del petróleo y del gas. El aumento de los precios del petróleo elevó significativamente sus ingresos de exportación durante la década pasada; así, los tres mayores productores (Angola, Argelia y Nigeria) ganaron anualmente un billón de dólares desde 2000 hasta 2008 con sus exportaciones de petróleo, en comparación con los sólo 300 mil millones de la década de 1990. Han utilizado estos ingresos en su mayor parte para reducir el déficit presupuestarios, financiar inversiones y crear reservas de divisas.

Nigeria es un caso especial, ejemplo de productor africano de petróleo y gas que ya ha comenzado con fuerza su transición hacia una economía más diversificada. No depende ya solamente de la exportación de recursos y se ha convertido en la primera economía del continente. Examinar cómo este país se esfuerza por estar a la altura de su potencial económico, con un crecimiento inclusivo que saque a sus ciudadanos de la pobreza, puede servir para inspirar cambios en otros países de África. La agricultura y el comercio son sectores más relevantes y tienen un crecimiento más rápido; los recursos naturales han representado sólo un tercio del crecimiento desde el año 2000, con la industria y los servicios creciendo rápidamente. Banca y telecomunicaciones, en particular, se están expandiendo mucho gracias a una serie de reformas económicas. La productividad de Nigeria ha mejorado bastante y hoy contribuye más al crecimiento del PIB que el crecimiento de la población. Con las políticas y las inversiones adecuadas, se estima que podría convertirse en una de las economías más importantes del mundo en 2030.

El ritmo de crecimiento de Nigeria probablemente continuará impulsando que el PIB crezca al 7% anual hasta 2030. Dada la expansión demográfica, el gasto de los consumidores podría triplicarse haciendo del comercio el mayor sector de la economía. Es un país bien posicionado para beneficiarse de tendencias positivas tales como el crecimiento de otras economías emergentes, la demanda mundial de materias primas y la expansión de la economía digital en el siglo XXI. Nigeria también tiene una población joven en rápido crecimiento y una ubicación geográfica ventajosa en África occidental, que permite el comercio con el resto del continente, con Europa y con las Américas. Sin embargo, la riqueza resultante del progreso en Nigeria está muy desigualmente repartida. Más del 40% de los nigerianos vive aún por debajo del umbral de la pobreza y un 74% (alrededor de 130 millones de personas) no alcanza un estándar de vida decente. Las principales razones para la persistencia de la pobreza son la baja productividad agrícola y un proceso de urbanización que en gran medida ha fracasado a la hora de aumentar el bienestar social y los ingresos. Aún se deben mejorar el tipo y la calidad del crecimiento, implementando mecanismos de distribución de la riqueza para no seguir dando lugar a una mayor desigualdad, que no crea una situación sostenible para el futuro.

Los exportadores de petróleo africanos tienen generalmente buenas perspectivas de crecimiento si utilizan su riqueza petrolera para financiar un desarrollo más amplio de su economía. La experiencia en otras regiones emergentes ilustra el potencial de una mayor diversificación. En Indonesia, manufacturas y servicios representan el 70% del PIB, en comparación con menos del 45% en Argelia y Nigeria, a pesar de que los tres países producen petróleo desde hace casi 50 años. Países como Dubai muestran que es esencial utilizar las rentas petroleras para hacer continuas inversiones en infraestructuras y educación, llevando a cabo reformas que estimulen un sector empresarial dinámico. Al igual que otros países petroleros, los exportadores africanos se enfrentan al reto de mantener el impulso de tales reformas, debiendo resistir la tentación de un exceso de inversión en determinados sectores en particular y evitando caer en la “maldición de los recursos” que ha afectado a tantas sociedades del continente.

CONCLUSIÓN

Las oportunidades de crecimiento en África se basan en la mejora continua de capacidades en la educación y en los cinco sectores principales de la economía: extracción de recursos, agricultura, manufacturas, infraestructuras y consumo. El continente tiene casi el 60% de las tierras cultivables del planeta aún sin cultivar y una gran parte de los recursos naturales, su consumo está creciendo tres veces más rápido que el de los países de la OCDE y la tasa de retorno de la inversión extranjera es mayor que en cualquier otra región en desarrollo. Modernizar ámbitos críticos de las relaciones internacionales, como la cooperación o los acuerdos migratorios, ayudará a construir el África del futuro si se impulsan procesos de integración regional democráticos e inclusivos con la creación de capacidades panafricanas colectivas en los sectores clave. La llegada de nuevos inversores de China, Brasil o India podría ser mucho más beneficiosa si se crean las condiciones para que no se repitan los errores cometidos en el pasado. En general, si nos fijamos en la trayectoria de crecimiento en el continente y en experiencias exitosas en otros mercados emergentes, las perspectivas son bastante optimistas.

La creación de una clase media en ascenso y las oportunidades que ofrece para el crecimiento en el futuro, impulsadas por el consumo interno, van a proporcionar un desarrollo económico sostenible en estos países. En el año 2040 África será el hogar de uno de cada cinco jóvenes en el mundo y el tamaño de su fuerza laboral superará a la de China. Por tanto hay que impulsar una mayor creación de puestos de trabajo para jóvenes, con inversiones que generen empleo en sectores de mayor valor añadido que equilibren a los sectores tradicionales. Lo más importante que los gobiernos pueden hacer es mejorar la ejecución de programas y servicios en sus políticas públicas de educación para, a continuación, adoptar las mejores prácticas económicas que se han probado efectivas en otras partes del mundo. Pero aquellos gobiernos que no defiendan el desarrollo social de su población local, su identidad cultural que históricamente ha sido menospreciada, su patrimonio natural y en definitiva la idiosincrasia particular de sus países, estarán condenándolos a fracasar social, ecológica y económicamente durante este siglo.

Las empresas y los inversores no pueden permitirse el lujo de ignorar estas tendencias y una estrategia para África debe ser parte de la planificación a largo plazo de sus operaciones globales. El momento para que empiecen a poner en marcha estos planes es ahora y las organizaciones que ya operan en África deberían considerar ampliar sus actividades. Otras que todavía no lo han hecho deben considerar que actuar primero en una economía emergente ofrece oportunidades para crear mercados, establecer marcas, dar forma a las estructuras de la industria, influenciar las preferencias de consumo y establecer relaciones a largo plazo. Si continúan las tendencias actuales, África va a jugar un papel cada vez más importante en la economía mundial. Pero sólo si la sociedad civil, las empresas y los gobiernos empiezan a trabajar mejor juntos en cada país africano podrán enfrentarse a los desafíos del mundo global y elevar el nivel de vida de los ciudadanos.

Fuentes: Banco Mundial, World Economic Forum, McKinsey Global Institute.

La oportunidad económica de África

El crecimiento económico de África aumentó durante la pasada década a un ritmo notable. En adelante, con las reformas estructurales y las inversiones adecuadas, las economías africanas podrían desarrollarse de acuerdo con su potencial, ser más atractivas para la inversión y sacar de la pobreza a amplias capas de población. La región ya ha dado grandes pasos y se encuentra a punto de convertirse en el próximo gran caso de éxito del mundo en desarrollo.

El reciente impulso económico africano es ampliamente reconocido, aunque su poder de transformación y sostenibilidad a largo plazo susciten más dudas. Los altos precios del petróleo y otras materias primas han ayudado desde el año 2000 a aumentar el PIB, sin embargo, los recursos representaron sólo alrededor de un tercio del crecimiento. El resto es resultado de cambios estructurales internos que estimularon las economías nacionales en cada país. Aunque nuevos cambios podrían detener o incluso revertir este crecimiento en determinados países, las tendencias a largo plazo tanto internas como externas indican que las perspectivas económicas de África son bastante buenas si se saben aprovechar. En realidad, cada país africano sigue su propia senda de crecimiento y el futuro del conjunto dependerá de los gobiernos, empresas y sociedad civil en cada lugar.

Como hemos examinado en anteriores análisis, las economías africanas sin duda aún siguen enfrentándose a graves problemas de pobreza, falta de água potable, enfermedades y mortalidad infantil. La aceleración del crecimiento económico no puede ocultar los significativos obstáculos al desarrollo que existen en el continente: inestabilidad política, deficientes sistemas educativos, excesiva burocracia gubernamental y corrupción generalizada. Los africanos deben además mejorar tanto la calidad y la accesibilidad de la atención a la salud y abordar una gestión de los recursos más sostenible. Sin embargo, África es una de las regiones con más rápido crecimiento económico del mundo y su PIB conjunto hoy está cerca del de Brasil o Rusia. La aceleración económica de la pasada década es una señal de progreso muy positiva, aunque aún queda pendiente hacer que este crecimiento sea más inclusivo garantizando un mejor reparto de la riqueza entre la población.

LAS CAUSAS DEL CRECIMIENTO ECONÓMICO

Después de 60 años de intervenciones, ningún país del mundo ha conseguido desarrollarse gracias a la Ayuda al Desarrollo. Se han solucionado temporalmente algunos problemas específicos con la Ayuda, pero el avance del continente africano sólo puede ser sostenible trabajando localmente desde la base en cada lugar y reformando progresivamente las estructuras económicas, sociales y políticas. Las principales causas estructurales detrás del crecimiento desde el año 2000 incluyen los procesos de paz para poner fin a los conflictos armados, la mejora de la estabilidad política, la mejora de las condiciones macroeconómicas, las reformas microeconómicas para crear un mejor clima de negocios, el refuerzo del sector privado, el mayor compromiso de los políticos y el aumento de la inversión en infraestructuras y en educación. Además se ha reducido la inflación hasta el 8% (del 22% en la década de 1990), se ha recortado la deuda externa en una cuarta parte y se ha reducido el déficit en dos tercios.

El impulso económico de África se aceleró en la pasada década 2000-2009, con un ritmo de crecimiento económico de más del doble que en los años 1980 y 1990, infundiendo al continente una actividad comercial nunca vista. Los directivos y los inversores internacionales deben prestar atención: las telecomunicaciones, la banca y la distribución están floreciendo, la construcción está en auge, los flujos de inversión privada están aumentando, el retorno de la inversión extranjera es mayor que en cualquier otra región del mundo en desarrollo y se han producido beneficios del aumento de los precios de las materias primas durante la pasada década. El precio del petróleo, de los minerales, cereales y otras materias primas se dispararon debido a un aumento de la demanda mundial, pero este auge explica sólo una parte de un crecimiento de África que es más amplio. Los recursos naturales y el gasto público relacionado que financian, generaron sólo el 32% del crecimiento del PIB de África entre 2000 y 2009. Los dos tercios restantes provienen de otros sectores en los que destacan los de distribución, transporte, telecomunicaciones y manufacturas. El crecimiento económico se aceleró en todo el continente, en 27 de sus 30 mayores economías. De hecho, países con y sin exportaciones de recursos significativas tuvieron similares tasas de crecimiento del PIB.

Los gobiernos africanos han adoptado políticas para intentar dinamizar sus economías: se abrieron determinados sectores a la competencia, se privatizaron algunas empresas públicas, aumentó la libertad de empresa, se fortalecieron los sistemas regulatorios y legales, y se mejoraron las infraestructuras. Aunque muchos países aún tienen un largo camino por recorrer, estas políticas son primeros pasos importantes que han permitido que emerja un sector empresarial privado. Muchos países africanos han liberalizado el comercio desde principios de 1980, y en todo el continente están aumentando la solidez fiscal y la disciplina monetaria. La deuda como porcentaje de las exportaciones ha disminuido drásticamente, a niveles comparables con los de otras regiones. Las calificaciones de crédito soberano (crédito de un país soberano apoyado por los recursos financieros de su Estado) disfrutan de buenas perspectivas y hay ahora más países africanos con mercados financieros relativamente desarrollados que ya son incluidos en el grupo de economías emergentes.

Hay cambios estructurales en África que están impulsando una revolución de la productividad ayudando a las empresas a lograr mayores economías de escala, aumentar la inversión y ser más competitivas. Después de disminuir en los años 1980 y 1990, la productividad del continente comenzó a crecer de nuevo en 2000 con un promedio del 2,7% anual. Y la aceleración del crecimiento ha comenzado a mejorar las condiciones de la población africana y a reducir la pobreza. Sin embargo, la salud y la educación no han mejorado tan rápidamente. Para elevar el nivel de vida de forma más general, el continente debe mantener o aumentar su reciente ritmo de crecimiento económico pero sobre todo hacerlo más inclusivo para que sus beneficios lleguen a toda la población. Hasta 2011, el crecimiento se aceleraba en la casi totalidad en las economías de la región, pero desde entonces sus caminos se han ido separando. Algunos países han seguido creciendo rápidamente, mientras que otros han experimentado una marcada desaceleración como consecuencia de los bajos precios de las materias primas y la mayor inestabilidad sociopolítica. A pesar de esto, los fundamentos del continente siguen siendo fuertes. Pero los gobiernos y las empresas que quieran seguir avanzando tendrán que trabajar más duro para sacar el máximo provecho de su potencial.

Lo más alentador es el hecho de que la región ha continuado haciendo reformas positivas durante la última crisis. Hay una convicción ampliamente compartida entre los líderes empresariales africanos de que un crecimiento aún mayor vendrá sostenido por el sector privado y por una más intensa integración con la economía mundial. Las economías africanas implementan reformas para facilitar el camino de los inversores que son tan significativas que algunos países reciben estatus de reformistas del “top 10” mundial. Por ejemplo Ruanda, que llegó a ser en 2010 el país número uno en todo el mundo en el famoso ranking Doing Business. Estos esfuerzos para reformar las políticas económicas se han complementado con una mayor inversión en infraestructuras (que ha alcanzado el 5% del PIB) y en mejorar el desarrollo humano. Los índices de escolarización se están homologando rápidamente con los del resto del mundo, después de aumentar más de cinco veces desde 1960.

En cuanto a Tecnologías de la Información, África ha hecho grandes progresos. Es la región con más rápido crecimiento en el mercado mundial de la telefonía móvil, habiendo pasado de menos de 2 millones de teléfonos móviles en 1998 a más de 400 millones en 2010. Cerca del 70% de la población tiene actualmente cobertura de alguna red de voz móvil, frente a menos del 1% de hace diez años. Los teléfonos móviles se han convertido en una de las mejores plataformas de prestación de servicios para los segmentos de población más pobres. Por otro lado, se han empleado 600 millones de dólares de inversión privada en el cable de fibra óptica de alta capacidad que conecta África meridional y oriental con la red troncal de Internet, para ampliar la conectividad del continente. Sin embargo, aunque se han hecho grandes progresos en la mejora del acceso a las infraestructuras de información y comunicaciones en muchos países, aún queda mucho trabajo por hacer aprovechando el potencial del sector de las Tecnologías de la Información para transformar otros sectores.

EL AUMENTO DEL CONSUMO Y EL NUEVO CONSUMIDOR AFRICANO

África representa una importante y creciente oportunidad para las empresas de bienes de consumo y minoristas que sepan moverse rápido. El consumo en África aumentó mucho durante la pasada década (entre 2005 y 2008, el gasto de los consumidores en el continente aumentó a una tasa conjunta anual del 16%, más del doble de la tasa de crecimiento del PIB). El PIB per cápita aumentó en todos los países excepto dos. En 2008, el PIB combinado de todos los países africanos era de casi 1,5 billones (mayor que el de la India o Brasil). El crecimiento del PIB real en África, alrededor del 5% anual entre 2002 y 2009, ha estado a la par con el de Rusia y es significativamente superior al de las economías desarrolladas. Aunque se considera lógico que el crecimiento económico sea mayor en países que parten de una situación económica más precaria (“vienen de muy atrás”, etc.), en realidad se obtiene una mejor comprensión de las oportunidades que presenta África examinando los factores de crecimiento económico: el potencial de crecimiento del PIB anual conjunto per cápita, los continuos cambios demográficos y la urbanización, que aumentan el poder adquisitivo y el gasto de los consumidores. Así se puede estimar el mercado para diferentes sectores.

En el caso del sector del consumo, las actuales tendencias crean muchas oportunidades para proveedores y distribuidores. En una región diversa y en rápido crecimiento que sigue siendo desconocida para muchas empresas, se puede diseñar una estrategia para cada categoría de productos a partir de los datos históricos y el conocimiento de los mercados locales. Si una categoría de productos ha alcanzado su máximo potencial y se acerca a la zona de declive, probablemente la estrategia adecuada sea orientar la inversión hacia otra categoría. Algunos de los patrones de gasto de los consumidores han cambiado en los últimos años como consecuencia de la aparición de la nueva clase media africana, las altas tasas de urbanización y la proliferación de comercios que aceptan pagos con tarjeta. Las empresas que consideren estos mercados deben evaluar los costes de entrar en el entorno competitivo africano para determinar si es posible suficiente rendimiento de la inversión. Muchas empresas locales y multinacionales del sector del consumo están prosperando hoy en África y entregando los correspondientes dividendos a sus accionistas.

África presenta una oportunidad sólida para los productores del sector del consumo pero se requieren estrategias específicas en cada país ejecutadas mercado a mercado para diferentes tasas de crecimiento económico, necesidades y preferencias locales. Es importante ser de los primeros en actuar en el mercado, de manera que las empresas que puedan establecerse o expandir su presencia rápidamente estarán mejor posicionadas, ya que los consumidores del continente seguirán aumentando su poder adquisitivo y el gasto por hogar en los años venideros. Sean fabricantes de bienes, bancos u operadoras de telecomunicaciones, para las empresas del sector del consumo esta evolución tiene una importancia crítica: cuando la población comienza a ganar dinero por encima del nivel de las necesidades básicas, empieza a comprar y consumir bienes y servicios. Además, cuando un país alcanza un nivel de ingresos básico, se aceleran de tres a cuatro veces sus tasas de crecimiento. Mientras que el punto de inflexión exacto difiere entre categorías de productos, muchas de ellas acaban de entrar en esta fase de crecimiento acelerado. Un ejemplo es la enorme expansión de la telefonía móvil en África, que ofrece clara evidencia de este fenómeno.

A pesar de la reciente desaceleración de la expansión económica, el PIB per cápita continúa con una trayectoria positiva de crecimiento anual y eso significa un gran aumento del gasto en consumo de las familias. Combinando esto con el fuerte crecimiento de la población y de la urbanización, esta dinámica lleva a millones de consumidores con necesidades básicas a entrar en el mercado cada año. Como resultado, el número de mercados nacionales que son atractivos se irá incrementando. Para tener éxito, las empresas del sector deben abordar cinco grandes retos, algunos de los cuales son ya familiares para las empresas que operan en otros mercados emergentes:

  • El mercado tiene una estructura heterogénea. África tiene 54 países, con grandes diferencias de poder adquisitivo y en el comportamiento del consumidor, por lo que unas mismas soluciones estándar para todos los países no funcionarán bien. En una segmentación de los mercados africanos de acuerdo con potencial de mercado y la dinámica competitiva, se encontró que los consumidores de segmentos con bajo poder adquisitivo e infraestructura deficiente eran mejor atendidos simplificando la producción, reduciendo al mínimo el número de variedades de productos, construyendo sólidas alianzas de distribución, concentrando gastos de marketing en el punto de venta, y utilizando paquetes de tamaños más pequeños para aumentar las compras de prueba. Sin embargo, los segmentos con mayor poder adquisitivo eran mejor atendidos con un enfoque totalmente diferente. En áreas relativamente ricas es más fácil llegar a los consumidores, por lo que se pueden utilizar la distribución y la venta directa, ofrecer una gama más completa de productos y centrar la comercialización en la construcción de marca a través de una amplia gama de enfoques publicitarios.
  • El bajo poder adquisitivo de la población en general. El 95% de la población y el 71% de los ingresos permanecen en la base de la pirámide socioeconómica. Los países africanos por lo tanto no serán capaces solamente a través de productos premium de crear empresas de tamaño considerable y éstas tendrán que reinventar su modelo de negocio para entregar los productos correctos a un precio correcto. Para satisfacer las necesidades del consumidor de manera efectiva, se debe adaptar la forma en que se fabrican los productos y se gestionan las carteras de productos. Las empresas locales africanas deben aprender a competir con las extranjeras aprovechando su estructura de costes, que es muy diferente de la de las empresas multinacionales.
  • El subdesarrollo en la distribución y salida al mercado de productos. Los sistemas comerciales modernos todavía son incipientes en la mayor parte de África. El comercio tradicional, la economía informal, los mercados al aire libre, los vendedores ambulantes y similares prácticas dominan la escena minorista, representando más del 85% del comercio del continente. Además, unas carreteras e infraestructuras deficientes hacen de la entrega de productos al consumidor una tarea muchas veces enormemente complicada, por lo que las empresas deben construir redes fuertes de distribución mediante un sistema combinado con terceras partes, agentes al por mayor y distribución directa.
  • Las nuevas categorías de productos. Muchas categorías de productos aún no están completamente desarrolladas en África. Por ejemplo, el uso de pasta de dientes por persona es menor que en las economías emergentes asiáticas. Los datos sobre las necesidades y el comportamiento del consumidor son escasos, por lo que es más difícil desarrollar un entendimiento sobre los mercados consumidores. Además, el nivel educativo y el estado de desarrollo de los medios de comunicación hacen más difícil diseñar los mensajes y llegar al consumidor. Competir en África no es ningún juego de niños. Por el contrario, las empresas tienen que funcionar con una cultura de desarrollar su mercado continuamente, invirtiendo mucho más en explicar el producto a sus clientes y en técnicas de marketing no convencionales.
  • La escasez de talento. A pesar de las abundantes oportunidades de trabajo, siguen escaseando los profesionales cualificados en todo el continente. Competir con seriedad y conseguir el éxito a largo plazo, sin embargo, requerirá tener conocimiento del mercado local y desarrollar el talento en las organizaciones. En una primera fase del despegue económico, las empresas han tenido que cerrar esta brecha mediante una combinación de empleados locales y extranjeros. Pero es necesario invertir paralelamente en desarrollo y retención del talento local. Será fundamental fomentar programas de creación de capacidad, planes de carrera atractivos y oportunidades de aprendizaje.
  • LOS CAMBIOS DEMOGRÁFICOS Y EL CONSUMO URBANO

    En las próximas décadas, uno de los puntos fuertes de África será tener una creciente población de jóvenes, que constituirán una fuente de mano de obra competitiva y un creciente mercado de consumo. Se estima que en 2050, casi el 20% de la población mundial vivirá en África, frente al 7% de 1950. Los países en desarrollo serán el hogar no sólo de una mayor proporción de la población mundial, sino también de una población más joven. En 2050, los jóvenes de 15 a 25 años representarán una de cada cinco personas de África negra. Además la región se está urbanizando rápidamente y lidera el mundo en desarrollo en este apartado: entre 2000 y 2008, la tasa de urbanización en África ha sido de más del doble del promedio mundial. Las proyecciones de las Naciones Unidas dicen que la proporción de africanos que viven en zonas urbanas casi se duplicará entre 2005 y 2050, desde el 35% (300 millones) hasta más del 67% (mil millones).

    El crecimiento económico reflejará cada vez más los diferentes cambios sociales y demográficos en África, que se encuentran relacionados entre sí, creando nuevos motores internos de crecimiento a largo plazo. Las tendencias más importantes son la urbanización, una fuerza laboral en expansión y el aumento del consumo de las clases medias africanas. Sólo el 28% de los africanos vivía en ciudades en 1980 y durante la pasada década pasaron a ser el 40% de los mil millones de personas del continente (una proporción más o menos comparable a la de China y mayor que la de India). Para 2030, se proyecta que esta proporción aumente hasta el 50% y que las mayores 18 ciudades africanas tengan un poder adquisitivo conjunto de 1,3 billones de dólares. Pero la urbanización podría engendrar más miseria si se van creando cada vez más barrios pobres y no se atienden las desigualdades en la distribución de la riqueza con mejores políticas públicas.

    Sin embargo, en muchos países africanos se identifican signos positivos en este proceso de urbanización que está aumentando la demanda, la inversión y la productividad, a medida que los trabajadores pasan del trabajo agrícola a puestos de trabajo urbanos. Muchas empresas han logrado mayores economías de escala repartiendo los costes fijos entre un mayor número de clientes. La urbanización está impulsando la construcción de más carreteras, edificios, infraestructuras para la gestión del agua y otros proyectos que mejoran las ciudades y activan la economía. Desde el año 2000, la inversión anual en infraestructuras privadas se ha triplicado en África, con un promedio de 19.000 millones de dólares entre 2006 y 2008. Sin embargo, se necesitan mayores inversiones si se pretende que las nuevas megaciudades que están formándose proporcionen una calidad de vida razonable para las crecientes clases urbanas.

    A diferencia de lo que ocurre en gran parte del resto del mundo, la población activa se está expandiendo en África. El continente tiene más de 500 millones de personas en edad de trabajar que seguirán impulsando el crecimiento de su PIB y se estima que en 2040 este número exceda los 1.100 millones, más que China o la India. Durante los últimos 20 años, tres cuartas partes del incremento del PIB per cápita en el continente proceden de esta fuerza de trabajo en expansión y el resto de la mayor productividad laboral. Si África consigue proporcionar a sus jóvenes la educación y las habilidades profesionales necesarias, creará una fuerza de trabajo enorme que podría ser un factor importante en el aumento de la producción y el consumo mundiales. La educación de esta fuerza de trabajo es el más importante de los desafíos porque contribuye a solucionar otros, por lo que la mejora del sistema educativo tiene que ser una de las principales prioridades en las políticas públicas africanas.

    La urbanización y la creciente población joven tendrán implicaciones significativas en la productividad, el crecimiento y la demanda. África tendrá un potencial cada vez más importante en industrias intensivas en mano de obra si continúa invirtiendo en la formación de sus profesionales e infraestructuras y mejorando el clima de negocios, sobre todo ahora que se espera que aumenten los salarios en Asia. Incluso si los salarios reales en China subieran sólo un 7% al año, lo que es modesto dado el crecimiento del PIB del país, es probable que se dupliquen en una década. Este aumento de costes de fabricación se traducirá en mayores oportunidades para África. Asia oriental comenzó a fabricar a gran escala para el mercado global sólo alrededor de 1980 y por aquella época la brecha de ingresos per cápita y de salarios entre China y los países de la OCDE aumentó de manera exponencial. En gran medida, la ventaja en costes de mano de obra permitió que China se hiciese más competitiva en manufacturas. Pero a medida que aumenten los costes laborales chinos, es probable que esta ventaja se desplace a África.

    Por lo tanto, los africanos tienen también la oportunidad de convertir a su población joven, que va a ser de las más grandes del mundo, en un dividendo demográfico y una ventaja competitiva. Pero si no hay opciones de empleo para los jóvenes, esto podría convertirse más bien en una situación inmanejable. Los países africanos deben poner en marcha medidas para que la productividad vaya aumentando, que consisten fundamentalmente en más inversiones en educación e infraestructuras. Así es como se podrán impulsar el tipo de empleos que pueden absorber la fuerza laboral de los jóvenes. El continente no puede permitirse el lujo de tener una población tan joven y no poder crear suficientes trabajos remunerados. Además hay que evitar la inestabilidad laboral, por lo que es interesante crear puestos de trabajo en sectores que generen una gran cantidad de mano de obra a lo largo de toda su cadena de valor. Se crean infraestructuras más adecuadas y se mejora la relación con las cadenas de valor, centrándose en la innovación y la capacitación que prepare a los jóvenes para trabajar en el mundo de hoy. Las Tecnologías de la Información y el acceso a Internet serán fundamentales: trabajando bien estas áreas se podrán evitar mejor los riesgos porque contribuyen a solucionar los desafíos estratégicos y mejorar la productividad en los demás sectores de la economía.

    Por último, los africanos están pasando rápidamente a ser vistos como un nuevo segmento de consumidores por empresas de todo el mundo. En el año 2000, aproximadamente 59 millones de hogares en el continente tenían ingresos de 5.000 dólares o más (a partir de los cuales se empieza a gastar aproximadamente la mitad en productos que no son de alimentación). En el año 2014, el número de estos hogares alcanzaba los 106 millones. África ya tiene más hogares de clase media (definidos como aquellos con ingresos de 20.000 dólares o más) que la India. Y el aumento del consumo creará una demanda cada vez mayor de productos locales, lo que debería alimentar el ciclo ascendente de crecimiento interno.

    EL CRECIMIENTO AFRICANO A LARGO PLAZO

    La cuestión clave es si el reciente crecimiento representa la ocurrencia de un evento de una sola vez o un despegue económico sostenido. La economía del continente también se aceleró durante el auge petrolero de la década de 1970, pero se desaceleró después bruscamente cuando el petróleo y otras materias primas se desplomaron durante las dos décadas siguientes. Persisten riesgos a corto plazo y las economías africanas de hoy podrían sufrir muchos contratiempos, pero existen sólidas perspectivas de crecimiento a largo plazo, impulsado tanto por las tendencias externas en la economía global como por los cambios estructurales internos en las sociedades y las economías del continente.

    Hay brillantes perspectivas de crecimiento futuro pero existen diferencias no sólo por país, sino también por sector. Tal vez la característica que más destaca en la historia de este crecimiento africano es que está limitado a los rendimientos de las industrias extractivas. Sin embargo, nada menos que 200 millones de africanos han entrado a formar parte de los consumidores de productos básicos entre los años 2010 y 2015. No es que el crecimiento de las industrias extractivas no sea lo bastante grande (once de los países africanos se encuentran entre los diez principales suministradores de al menos un mineral industrialmente importante). África ha producido aproximadamente el 13% del petróleo mundial en 2015, un aumento del 9% desde 1998. Pero hay otras posibilidades que pueden impulsar el crecimiento, por ejemplo que el continente tenga más de una cuarta parte de la tierra cultivable del planeta. Además, como ya hemos visto, la banca y las telecomunicaciones están creciendo rápidamente y la inversión en infraestructuras están aumentando significativamente más rápido en África que en el resto del mundo en su conjunto.

    África continuará pudiendo beneficiarse de la demanda mundial de petróleo, gas natural, minerales y alimentos pese a la caída en los precios de las materias primas. Se estima que el consumo de combustible en el mundo aumentará en un 25% en la presente década, que es el doble del ritmo de crecimiento que había durante la década de 1990, y las proyecciones de demanda de muchos minerales muestran un crecimiento similar. África cuenta con abundantes recursos: 10% de las reservas mundiales de petróleo, 40% de las reservas de oro y de 80 a 90% de los metales de transición (grupo de metales del cromo, platino, etc). Éstas son sólo las reservas conocidas y sin duda hay más por descubrir. A pesar de los lazos comerciales con Europa, África ahora lleva a cabo la mitad de su comercio con otras regiones económicas en intercambios “Sur-Sur”. La demanda de recursos está creciendo más rápidamente en las economías emergentes del mundo, especialmente en Asia y Oriente Medio. Desde 1990 hasta 2008, la participación del comercio africano en Asia se duplicó del 14% al 28% mientras que la participación de Europa Occidental se redujo del 51% al 28%. China, India, Brasil y Oriente Medio están forjando asociaciones de inversión a largo plazo con países africanos. La carrera mundial por las materias primas ha incrementado el poder de negociación de los gobiernos africanos, que han negociado mejores contratos para obtener más valor por sus recursos. Los compradores están más dispuestos actualmente a hacer pagos por adelantado (más las regalías de la extracción de recursos) y a compartir conocimientos de gestión y tecnología.

    Al mismo tiempo, África ha ganado un mayor acceso al capital internacional. El flujo anual de inversión extranjera directa aumentó de $9 mil millones en 2000 a $62 mil millones en 2008, que es casi tan grande como en China en proporción al PIB. El capital extranjero ha fluido hacia los sectores del turismo, textil, construcción, banca y telecomunicaciones en muchos países africanos. Además, investigaciones recientes en los mercados de capital privado revelan un desajuste entre la oferta y la demanda de financiación en los últimos años que podría señalar nuevas oportunidades de inversión. El capital privado está destinado a extenderse rápidamente a través del continente y la demanda de capital en conjunto debería aumentar un 8% anualmente hasta 2018. Este crecimiento podría alcanzar el 20% al año en Angola y al menos otros nueve países ricos en recursos naturales, y una inversión total de 50 mil millones de dólares durante la presente década.

    Sin embargo, existen grandes variaciones por país y por industria y la oferta de capital no parece coincidir con la creciente demanda. Al llegar a África, los grandes inversores internacionales a menudo prefieren gestores de inversiones de probada eficacia, hacer operaciones con sumas considerables y diversificar las inversiones a través del continente. Estas preferencias les conducen a pasar por encima de inversiones al alza muy atractivas en cada país y sector, de manera que hay desajustes entre la oferta y la demanda según el tipo de inversión. Están los segmentos con oportunidades de rápido crecimiento, pero a los que llega relativamente poco dinero de los inversores. Éstos incluyen los fondos de inversión para proyectos de infraestructura (que algunos inversores ven como demasiado arriesgados y con demasiada carga política) y los fondos de pequeña y mediana capitalización. En el otro extremo, están los fondos que probablemente recibirán más dinero pero también que enfrentan mayor competencia a la hora de poder hacer ofertas atractivas, a menudo con grandes empresas como objetivo. Las multinacionales que buscan adquirir negocios viables deberían fijarse más en las empresas africanas de tamaño medio.

    El continente africano ha superado los peores años de la reciente crisis global mejor que la mayoría de regiones del mundo, y a largo plazo espera también tener un crecimiento más rápido que el resto. En algunos momentos durante la crisis financiera, los mercados emergentes han supuesto más de la mitad del crecimiento mundial, que luego se ha ralentizado y ahora sigue un camino de crecimiento más lento. Impulsar avances en tecnología, agricultura y necesidades de infraestructura en África y el mundo en desarrollo es crucial para sostener el crecimiento económico global. Sin embargo, puede esperarse un rendimiento de los mercados emergentes mejor que el de los países desarrollados en los próximos años y, entre estos mercados emergentes, hay una serie de países africanos con ingresos medios que están haciendo las cosas bastante bien.

    Antes de la crisis, África ya estaba creciendo rápidamente. Y sabemos que el crecimiento económico mundial será cada vez más de los mercados emergentes y que, tras más de 20 años de reformas políticas y económicas, África será una parte importante de tal crecimiento. La imagen del continente está asociada con pobreza extrema, conflictos, mal gobierno, instituciones débiles, malestar social, falta de infraestructuras y otras dificultades. No se debe minimizar la extensión de estos problemas, y los gobiernos africanos y la sociedad civil tienen que seguir trabajando para solucionarlos. Pero una parte de la historia africana reciente muestra el camino del progreso y de los éxitos futuros, aunque el resto del mundo a menudo no se haya enterado. Los recursos no son el único motor de crecimiento de la región, que está en condiciones de demostrar que no sólo es receptiva a inversiones sino que también está generando nuevos negocios, dejando atrás la imagen negativa con la que ha sido asociada.

    Veremos cómo son las sendas más probables para el desarrollo africano futuro en la segunda parte de este análisis.

    Fuentes: Banco Mundial, World Economic Forum, McKinsey Global Institute.

    GUEST POST: A mismas obligaciones, mismos derechos

    Publicado originalmente en Levante El Mercantil Valenciano

    ¿Crees en la democracia para todos? En España los inmigrantes no viven en democracia puesto que, cumpliendo con las mismas obligaciones ante las instituciones, gozan de menos derechos. Exijo el derecho a voto.

    «La democracia es el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo», dejó dicho Abraham Lincoln. La capacidad por parte de un pueblo sometido a una autoridad de influir en ésta o, como mínimo, en su elección mediante el voto, es un rasgo imprescindible de los sistemas democráticos; aunque, en mi opinión, el voto sea una parte mínima de lo que este sistema debe suponer. No obstante, este requisito no se respeta cuando se trata de aplicarlo al inmigrante aunque sea «de lo básico, lo más básico» para considerar un sistema como democrático (e incluso entre los inmigrantes existen discriminaciones a causa de los diferentes convenios de reciprocidad que conceden derechos a unos extranjeros sobre otros). En España, los componentes del colectivo inmigrante no tienen derecho a influir en la elección de las instituciones que van a dictar en qué condiciones y bajo qué normas desarrollarán sus vidas. Como si de un menor, un delincuente o una mujer en los sistemas abiertamente patriarcales se tratase, el extranjero solo tiene derecho a guardar silencio, ya que es un excluido político.

    Deberíamos salir a la calle a reclamar. No hay derechos sin deberes; el inmigrante cumple los mismos deberes que un español, pero no goza de los mismos derechos (no los tenía políticos y se están restringiendo los sociales). Ante los posibles escépticos, recuerdo que éste cumple sus deberes cuando paga el IRPF que se aplica a la renta de cualquier persona física en España por el dinero obtenido de su trabajo; y también cumple sus deberes cuando paga el impuesto gravado a cualquier persona que realiza una compra (IVA). El deber se encuentra en cumplir con la legalidad como cualquier otro individuo, en respetar su parte del contrato social. ¿Qué hay de la parte del Estado? Éste no la respeta. «¡Oiga, que yo pago mis impuestos! ¡Soy ciudadano español!». Queremos votar; queremos decidir.

    Es complicado establecer el criterio por el cual se debería ampliar el derecho a voto, ahora restringido a las elecciones locales, a otros procesos electorales como los autonómicos y el estatal. El criterio que proponemos es que, a mismas obligaciones, mismos derechos. No obstante, se ha de abrir urgentemente un debate y trabajaré para que así sea. Pero ¿y tú, crees en una democracia para todos?

    Derechos culturales de la población negra en España

    Las situaciones de discriminación que la población negra sufre en España son estructurales y tienen causas que forman parte de un problema muy antiguo. Es su estudio y no su negación lo que conducirá a un mejor aprovechamiento del capital sociocultural en el país. Esto exige abrir espacios de diálogo entre movimientos sociales negros y poderes públicos, junto con otras minorías étnicas, para la puesta en marcha de políticas de igualdad racial y diversidad cultural.

    Este análisis sirvió como material de apoyo al informe sobre racismo en España aportado al
    Comité de Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD) – Abril 2016

      Descargar informe

    ACTUALIZACIÓN: conclusiones y recomendaciones del CERD sobre el racismo en España – Mayo 2016
      Descargar conclusiones

    Muchos fueron los que aplaudieron la salida de prisión de Nelson Mandela en febrero de 1990, y el mundo entero lloró su muerte en diciembre de 2013. Se había transformado en el vencedor moral de un largo conflicto en Sudáfrica como icono de la resistencia contra una de las formas más deshumanizadas de explotación de un grupo social sobre otro, contribuyendo a una reconciliación racial inimaginable años atrás y destruyendo de forma pacífica el sostén de un elaborado sistema de racismo institucionalizado, el apartheid. Su labor como Presidente marcó la lucha anti-racista en diferentes partes del mundo, promoviendo el Estado multiétnico y democracias que aseguren la igualdad de derechos a una variedad de culturas.

    Al funeral de Mandela asistió una representación de las autoridades españolas, encabezada por el entonces Príncipe de Asturias Felipe de Borbón, y el Presidente del Gobierno Mariano Rajoy. El Presidente Rajoy destacó el legado de concordia del expresidente sudafricano, expresando su deseo de que los ciudadanos estén unidos en temas esenciales (aplicándolo a España) como la unidad territorial del “país más viejo de Europa”, y prosiguió afirmando que nadie más tiene en el mundo una unidad nacional como la que ha conseguido España porque es la más antigua. Estos argumentos han sido utilizados por el Presidente en diferentes contextos. Preguntado en el funeral sobre las lesiones producidas por las concertinas (alambradas con cuchillas) de la valla en los límites de la ciudad española de Melilla con Marruecos, en suelo africano, respondió que no se trata de poner fronteras sino de que la gente entre legalmente como inmigrantes en los países.

    A pesar de no haber puesto en marcha en tiempos recientes un régimen de segregación explícita como el apartheid, en el Estado español se practica un racismo institucional que le hace todavía estar lejos de proporcionar derechos iguales a todos los ciudadanos. No se respetan los derechos humanos de muchas personas migrantes y no se permite que opten por vías de entrada legal en el país. Además se exige a los migrantes que hagan esfuerzos por integrarse socialmente, al tiempo que permanentemente se les excluye de la cultura nacional dentro de determinados grupos étnicos o raciales (considerados ajenos a la nación) mediante un sistema de estereotipos y mecanismos de discriminación, con la colaboración de los principales medios de comunicación y sin la puesta en marcha de las necesarias políticas de diversidad en el ámbito de la educación.

    EL EUROCENTRISMO

    El pensamiento y los sistemas educativos europeos en los últimos dos siglos se han visto enormemente influenciados por la obra del alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831) sobre filosofía de la historia y su promoción de la superioridad europea, concretamente la de los pueblos nórdicos, sobre las demás culturas del mundo. Para Hegel, no existe historia de la humanidad antes de que nazca en Asia y culmine en Europa con la Reforma Protestante en Alemania, la Revolución Francesa y la Ilustración en Francia e Inglaterra (que en realidad tienen un origen germánico según este autor), y finalmente con la misión que se autoasignan los pueblos germánicos de civilizar al resto del planeta según sus propios intereses.

    Escribe Hegel que, por ser el pueblo dominante portador del espíritu global del desarrollo, los germanos poseen un derecho justificado de extenderse sobre los otros pueblos del planeta que “son inferiores”. La periferia de Europa es un “espacio libre” que permite a los europeos del norte más pobres, expulsados por las desigualdades del capitalismo, volverse gobernantes y propietarios en las colonias o acceder a nuevas oportunidades de trabajo. Así según la visión eurocéntrica y imperialista Hegel, gradualmente se ha transformado un mundo de territorios “inútilmente desocupados” en nuevas versiones útiles de la sociedad norteuropea porque el espíritu de los pueblos colonizados “no tiene derechos”. Asia, África y las Américas son regiones “inmaduras” con un interés menor y los seres humanos negros están más cerca de las bestias.

    Casi al mismo tiempo el racismo era formalizado como ideología por el francés Joseph-Arthur de Gobineau (1816-1882), que basaba su doctrina en tres pilares principales: la existencia de varias razas humanas, la comprensión de las diferencias entre razas como factores explicativos del proceso histórico-social, y la existencia de unas razas superiores a otras. Éste es el punto de partida del mito de la superioridad de la raza aria, construido por el británico Houston Stewart Chamberlain (1825-1927). Con la fuerza moral de un completo sistema científico y filosófico a su servicio, una élite europea de iluminados describe, justifica y legitima el dominio de sus gobernantes y sus descendientes sobre los recursos de otros territorios. Esto da inicio a una tradición de pensamiento eurocéntrica que se extenderá culturalmente y acabará convirtiéndose en hegemónica en todo el mundo.

    A partir del siglo XIX, el imperialismo irá produciendo una multiplicación de “pequeñas europas” en África, las Américas y Asia, que son diferentes pero generalmente tienen un patrón común: subordinar o directamente eliminar toda cultura que se oponga a su manera particular de ver el mundo y la búsqueda del progreso. En el proceso, que continúa hasta hoy, se provocarán una multitud de conflictos violentos, incluyendo guerras de invasión y dos guerras mundiales por el dominio sobre ese imperialismo de recursos y la competencia global. Después de la Primera Guerra Mundial, el alemán Alfred Rosenberg (1893-1946) reinterpretó las anteriores teorías y elaboró la doctrina de la superioridad germánica para la ideología del nacional-socialismo o nazismo, en un intento de justificar con un barniz científico las ideas racistas de Adolf Hitler, con las consecuencias que todos conocemos. Esto provocó la persecución de grupos considerados inferiores como judíos, negros, gitanos, eslavos y homosexuales. El origen del “modelo ario” se encuentra relacionado con el mito fundacional de la civilización occidental, el llamado milagro griego o milagro ateniense.

    Karl Raimund Popper (1902-1994) es el autor de una de las críticas al pensamiento de Hegel más notables y es considerado por muchos el filósofo más influyente en la evolución del pensamiento político en el siglo XX. Publicó su teoría de la Sociedad Abierta en 1945, al final de la Segunda Guerra Mundial. Es una obra maestra como tratado de filosofía política para entender nuestro actual concepto de democracia. Era un judío austriaco y la escribe durante su exilio como respuesta al ascenso de los totalitarismos para buscar las fuentes del pensamiento político democrático y estudiar su evolución. Reelabora el mito ateniense explicando que la primitiva sociedad griega dio el primer paso del tribalismo al humanitarismo y a la civilización. Los griegos se asemejaban en muchos aspectos al pueblo maorí: pequeñas hordas de guerreros luchando entre sí, para los que la magia y la superstición dominaban rígidamente todos los aspectos de la vida. Esta sociedad cerrada constituye una unidad semiorgánica cuyos miembros se hallan ligados por vínculos de parentesco, convivencia y de participación en las tareas comunes, con instituciones sociales que son sacrosantas, incluyendo las castas.

    Popper atribuye la disolución parcial de esta forma de vida al surgimiento de nuevos contactos culturales en el Mediterráneo y al comercio, que se realizaban en gran medida con el Imperio egipcio que durante varios milenios había sido la potencia dominante en la región. Hacia el siglo IV a.c. el comercio de papiros escritos trajo como consecuencia la aparición en Grecia de la discusión crítica y, en consecuencia, del pensamiento libre de obsesiones mágico-religiosas. Surge la posibilidad de reflexión racional sobre los tabúes y las leyes políticas, y la toma de decisiones basadas en la estimación de las posibles consecuencias y en la preferencia consciente entre diferentes opciones. Nace aquí lo que este autor llama la “tensión de la civilización”, junto con la responsabilidad personal racional y la Sociedad Abierta: aquella en la que los individuos deben adoptar sus decisiones personalmente.

    La participación fundamental de los pueblos negros en todo el origen y desarrollo de la civilización occidental ha sido tan ignorada, mal conocida e incluso escondida, que debe ser subrayada. El mito del milagro ateniense que describe Popper no puede sostenerse al ser contrastado con el conocimiento desarrollado en la segunda mitad del siglo XX acerca de la historia de la región y especialmente de la relación de Grecia con el Egipto de los faraones. Miles de años antes de producirse el milagro griego, el Imperio Egipto había sido fundado por pueblos que eran sin ninguna duda negros y culturalmente africanos. Los filósofos griegos reconocían a los egipcios como sus maestros y a la civilización egipcia como la más avanzada, al tiempo que les describían como negros. Esta concepción es apoyada por investigaciones científicas basadas en textos de la época y otras evidencias. Por otra parte, resulta complicado creer que no hubiese egipcios que tomasen decisiones racionales en una civilización tan adelantada con respecto a la griega durante tantos siglos. Hoy sabemos que los antiguos egipcios hacían avanzados cálculos matemáticos, de ingeniería y de astronomía, o descubrimientos médicos como la circulación sanguínea (que Europa no conseguiría hacer hasta el siglo XVI). Sin embargo, el mito del milagro griego persiste y se mantiene la imagen de un Egipto blanco en el imaginario popular, gracias al compromiso que hasta la actualidad mantienen los sistemas educativos y las industrias culturales con el etnocentrismo europeo del que son herederos y rehenes.

    LA FALACIA DEL CONCEPTO DE RAZA

    En casi todas las características humanas estudiadas por la ciencias actuales, se observa que las diferencias entre individuos son más relevantes que las diferencias entre grupos de población. Y esto incluye las diferencias genéticas, que pueden ser mayores entre personas de un mismo grupo étnico-racial que entre personas de grupos diferentes. Por ejemplo, investigadores brasileños han encontrado que en la ciudad de São Paulo, hay personas con fenotipo negro sin marcadores genéticos típicamente africanos, y blancos que sin embargo sí tienen esos marcadores. O un centro de investigación genética suizo en Zurich, que ha concluido en un estudio que altos porcentajes de población en Europa occidental comparten un antecesor común del Cáucaso hace 9.500 años con el faraón egipcio Tutankamón (1336-1327 a.c.), que hoy en día incluyen un 70% de los varones españoles y británicos, frente a un 1% de los egipcios actuales. Es tanta la distancia entre el fenotipo de los individuos y la percepción social asociada con sus “orígenes”, que aquellos que realizan una prueba de ADN para conocer los áreas geográficos donde vivían sus ancestros, frecuentemente quedan sorprendidas por lo inesperado de los resultados, que señalan lugares en el globo que nunca en la vida hubieran imaginado por sí mismos.

    Como toda discusión sobre diferencias “raciales” dentro de la especie humana se circunscribe como máximo al 0,001% del genoma, la ciencia moderna considera que la “raza” no existe, desde un punto de vista biológico del término. Las ciencias sociales, por diferentes métodos y perspectivas, llegaron a las mismas conclusiones que la ciencia genética sobre la no existencia del concepto de “raza” que ha sido difundido en los cinco siglos anteriores y aún se maneja hoy en día. Se ha demostrado que los discursos raciales discriminatorios han manipulado ideológicamente las diferencias fenotípicas entre grupos humanos para legitimar la esclavitud, la explotación y la dominación de “razas” supuestamente superiores sobre otras consideradas inferiores.

    Aunque el estatus científico-teórico de “raza” haya sido refutado y desmontado en la segunda mitad del siglo XX, esto aún no se ha traducido en un cambio sustancial de la construcción social o la categoría analítica. El concepto permanece y continúa siendo usado para agregar individuos y colectividades que comparten aspectos físicos observables, como color de piel, textura capilar o complexión corporal, pero más como concepto político que como concepto de la biología o la antropología. El problema de interpretación del término en la sociedad española hoy en día, con un sistema educativo obsoleto en muchos aspectos, es que la consecuente concepción sobre las diferencias de fenotipo se encuentra más cerca de la concepción del nacional-catolicismo español o del esencialismo alemán que de la concepción de las ciencias sociales modernas.

    Ya no existe la antigua justificación de la esclavitud, pero pensar que hay diferentes “razas” es una de las formas de las que se vale el racismo actual para justificarse. Otra de las formas es considerar que el comportamiento de una persona o grupo viene determinado por su fenotipo por encima de otros factores. A este respecto, el analfabetismo científico sobre la propia naturaleza del ser humano sólo es superado por el analfabetismo histórico sobre las migraciones humanas desde la prehistoria. Todo ello influye en la cultura y en las relaciones sociales, principalmente a través de la inacción sobre el sistema educativo para corregir estos déficits de conocimiento, la consecuente reproducción de determinados estereotipos y la posterior amplificación del esquema en el mundo de la cultura y de los medios de comunicación.

    La aplicación actual del concepto de “raza” en los estudios y en los procesos relacionados con la identidad étnica, conquista de derechos y justicia social de grupos diferentes fenotípicamente, es no obstante una necesidad práctica y teórica. Es necesario mantener el término de raza y conceptos relacionados como fenotipo o color de piel para manejar categorías de análisis sociopolítico o en la recopilación de datos estadísticos, al menos mientras persistan las situaciones de desigualdad y exista necesidad de hacer estudios para poder diseñar políticas públicas con efectos correctores. Por tanto, la erradicación del racismo y la lucha contra los estereotipos como un criterio de segregación social limitador de las oportunidades requieren que el término sea mantenido para ciertos usos. Ese es el sentido que las Naciones Unidas dan a la utilización de raza en sus metodologías y que usaremos de aquí en adelante en nuestro trabajo. Sin embargo, las Naciones Unidas no reconocen ningún sistema de clasificación racial, por tanto la clasificación escogida a efectos de análisis es una convención particular para el caso de cada país. En el caso de España, hasta el momento no existe sistema de clasificación ni estadísticas ni estudios oficiales, aunque no parece que separar grupos raciales en diferentes categorías legales sea un modelo válido para afrontar los actuales problemas particulares de la población negra en el país.

    EL RACISMO HISPANO CONTRA LOS NEGROS

    Desde hace cinco siglos el racismo moderno ha construído una estructura de dominación basada en el presupuesto ideológico, completamente arbitrario, de la existencia de una jerarquía entre poblaciones humanas clasificadas y separadas según determinados rasgos fenotípicos. Sabemos que existe racismo en Europa desde la Antigüedad y que la esclavitud, practicada de forma extensiva en la civilización grecorromana, tuvo mucho que ver. Los griegos se consideraban racialmente superiores a sus esclavos (el término proviene de eslavo en latín), y superiores a los bárbaros extranjeros en general (pero no era una cuestión racial sino cultural). Con el paso al feudalismo medieval, la esclavitud se mantuvo como un fenómeno marginal y en cuanto a racismo los cristianos perseguían a los judíos por su religión, pero no particularmente por su condición étnica o racial. Durante la Edad Media, el mundo islámico fue la potencia dominante de la civilización occidental y los musulmanes de diferentes razas comerciaban con esclavos tanto europeos blancos como africanos negros.

    Se puede considerar Al-Andalus como uno de los desarrollos más exitosos de la diáspora africana en la historia. Durante muchos siglos la actual España estuvo conectada con Senegal y Malí en una gran región de intercambios poblacionales, culturales y comerciales que servía de puente entre África (el continente rico, que proveía de oro y otras materias primas) y Europa (el continente siempre en guerra que perfeccionaría la metalurgia y las armas de fuego). Europa en el siglo VII era un continente de analfabetos que llevaban siglos de atraso cultural con respecto al mundo islámico, salvo en ciudades ricas como Florencia. Castilla era una región de pastores, así que los musulmanes conquistaron fácilmente la península desde el sur extendiendo su civilización hasta Zaragoza y permaneciendo casi mil años. En la composición racial de los musulmanes españoles o moros, pese a la creencia o confusión popular, los árabes eran una minoría, sólo una pequeña élite venida desde la lejana península arábiga hasta el norte de África. No habitaban árabes en el Magreb antes de las invasiones del siglo VII, por lo que el grueso de la población musulmana que conquistó la península ibérica eran negroafricanos y bereberes (que hablaban y escribían en lengua árabe).

    Y aquí llegamos a un punto de inflexión por el cual ideas de “raza” y de jerarquía racial iban a seguir mucho tiempo después atravesando las relaciones sociales en el mundo, siendo vigentes hasta hoy después de que hayan terminado las administraciones coloniales. Si bien era frecuente que desde tiempos muy remotos unos pueblos manifestaran rechazo por otros, el racismo como tal es un concepto relativamente reciente que tiene sus primeras manifestaciones en Europa durante la Edad Moderna. Hasta ese momento, numerosos santos eran negros y las personas negras habían estado asociadas a la riqueza del mundo islámico. Desde la prehistoria, diferentes pueblos negroafricanos habían habitado la península ibérica (como el capsiense o los primeros íberos). El concepto moderno que hoy manejamos de “raza” surge y se desarrolla en España en el siglo XV con el proceso de conquista cristiana del sur de la península ibérica y de las colonias españolas en América. Los cristianos detuvieron finalmente en el sur de Francia el avance del Islam en Europa, comenzando un proceso inverso de expansión cristiana hacia el sur de la península. A partir de ahí, sería cada vez más fácil encontrar cada vez más apellidos españoles con origen franco-germánico y no árabe. Tampoco es extraño entonces que la nueva nación de España fuese a estar gobernada en los siglos siguientes por dos casas reales extranjeras (los Austrias alemanes y los Borbones franceses).

    Había esclavitud en diferentes reinos de la península ibérica, pero su utilización masiva se renueva en el siglo XV. Junto con Portugal, España empieza a secuestrar negros africanos y los introduce en territorio nacional para su explotación como esclavos. El mayor propietario era la Corona, que los utilizaba para sus minas y galeras. Pero el gran impulso se produce cuando Castilla se propone dominar y cristianizar el mundo comenzando un comercio de esclavos a gran escala, secuestrando personas en el Golfo de Guinea y llevándolas a las Américas como mano de obra gratuita para la colonización. Como consecuencia, otras potencias europeas siguen el mismo modelo de comercio trasatlántico y así se comete el llamado mayor crimen de la humanidad. El capitalismo moderno se levanta sobre esto, y las economías occidentales modernas son construídas durante varios siglos a costa del trabajo y los recursos de los africanos. A partir de entonces, el desarrollo económico de las metrópolis ha estado en estrecha dependencia con el proceso de subdesarrollo de las periferias y de África en particular. De modo que este aspecto de la globalización ha funcionado realmente de la forma contraria a como es concebido de forma habitual: es el crecimiento de la riqueza de las élites colonizadoras lo que se ha mantenido dependiente de la explotación de los colonizados y sus recursos.

    Paralelamente a este proceso, existía una numerosa población morisca (descendientes de los moros) que habitaba la península ibérica y fue convertida al catolicismo en el recién creado Reino de España, pero iría paulatinamente sufriendo una notable pérdida de derechos políticos y territoriales, con un hito importante en la expulsión de los moriscos a principios del siglo XVII. Desterrada la identidad musulmana, fueron instaurados mecanismos sociales y legislativos para someter a la población no blanca. La exclusión a la que han sido sometidos los españoles negros y otras minorías fue por tanto primero una consecuencia de la construcción ideológica del racismo que se hizo para expropiar a los musulmanes conversos, pero es la intensificación del comercio trasatlántico de esclavos lo que incidió notablemente en la aversión hacia las personas negras. A partir de finales del siglo XVII, esto vuelve a tomar la forma de racismo religioso difundiendo una interpretación de la Biblia según la cual los pueblos negros deben servir a todos los demás, para justificar la esclavización de negros españoles, africanos y americanos.

    El imperialismo español fue también pionero en mecanismos de discriminación legal: los mismos estatutos de limpieza de sangre que se utilizaron en un sentido étnico-religioso contra las minorías judía y musulmana convertidas al catolicismo en la península, se utilizan posteriormente en las Américas de manera más biologista creando escalas de capacidades humanas y roles sociales. Cuando se promulgó la Constitución de Cádiz de 1812, se condicionaron específicamente los plenos derechos como ciudadanos de los españoles negros. Sin embargo, en Sudáfrica el apartheid no tomaría forma jurídica hasta 1948, ya que las actitudes racistas no habían sido apoyadas por normas legales por Gran Bretaña desde la instauración de la Colonia del Cabo en 1814. Los esfuerzos de los abolicionistas en Europa y en las Américas durante el siglo XIX serían presentados por la prensa nacional española como intentos de destruir el Imperio hispánico, y los negros descritos como aliados de la Pérfida Albión (Gran Bretaña). España además fue la última potencia occidental en abolir la esclavitud, lo cual alimentó la persistencia en el tiempo del racismo anti-negro.

    Mientras que en los Estados Unidos y las colonias británicas el racismo se basaba en la ascendencia, era la herencia genética la que había definido la identificación racial en el Imperio español, lo que llevaba a una clasificación bipolar entre “razas” negra y blanca. A este respecto, en las colonias hispanolusas, el racismo se establecía según características fenotípicas como color de piel y textura del cabello. Era una especie de racismo de aspecto, no de origen. En las Américas, este racismo establecía la existencia de tres “razas” puras (blanca, negra e indígena) y elaboraba un sistema de clasificación racial con una complicada serie de cruces. En función de eso, el racismo hispano se manifiesta en una gradación, alcanzando en mayor medida a personas con fenotipo más próximo del negroafricano y matizando la discriminación según se aproxime al fenotipo blanco. Era una evolución de la doctrina de limpieza de sangre del siglo XV, usada en la península ibérica para segregar a la población convertida al cristianismo.

    La clasificación de las personas según su pertenencia racial conformó un sistema jerárquico de estratos sociales en el que el hombre blanco estaba en la cima y la mujer negra en la base, según la pureza o impureza de su sangre que se establecía según su raza o mestizaje. La gradación venía determinada por factores sociopolíticos coloniales, el principal de ellos la cantidad de colonos blancos procreando con mujeres indígenas y negras, pero con un menor número de mujeres blancas. Esto favoreció la multiculturalidad y sociedades más o menos multirraciales según el país, lo que explica la atenuación de una cultura del odio racial explícito en Iberoamérica. Aun así, algunos países desde el final del siglo XIX ponen en marcha políticas de “blanqueamiento” o de inmigración restrictiva en lo que se refiere a la entrada de africanos negros, como una clara señal del color de piel que se pretendía para “mejorar la sangre” o “mejorar la raza” de la población local. Cuando el Imperio español ya había perdido sus principales territorios en ultramar, se empiezan a suavizar las relaciones cotidianas por influencia de la creencia en un pasado colonial paternalista con relaciones benignas, pero persisten el racismo y la discriminación.

    El racismo español de ideología nacional-católica seguirá las líneas generales del pensamiento racista que se encuentran presentes en la filosofía nacionalista de la historia y las pseudociencias europeas de los siglos XVIII, XIX y primera mitad del siglo XX, que habían justificado la esclavitud y el dominio colonial. Pero tiene ciertos rasgos particulares. Al llegar al siglo XX las personas negras ya no son vistas como un peligro por los españoles. Su imagen durante el régimen franquista (1939-1975) casi siempre se ve asociada a estereotipos ridiculizantes que continúan hasta hoy en formas variadas. El general Francisco Franco utilizó muchos símbolos medievales para dotar de consistencia histórica a su ideología: se identificó con Fernán González, con el Cid, con las Cruzadas (junto con los obispos, para otorgarse una misión espiritual en la Guerra Civil) e incluso hablaba de su Cruzada y de su Reconquista considerando que fue él quien completó la obra de los Reyes Católicos. Lo cierto es que sí hubo recuperación de territorios en la Edad Media por parte de los cristianos, pero no se manejaba en aquella época una idea de nación asociada. Éste último es un concepto nacionalista legitimador moderno utilizado para describir la ideología de los cristianos al oponerse a unos musulmanes que, en realidad, tenían el mismo derecho a habitar la península ibérica que los cristianos. Por tanto es un concepto parcial, porque sólo tiene en cuenta el punto de vista de una de las partes en un conflicto. El mito fundacional de la nación española es la Reconquista pero resulta más correcto hablar de una conquista.

    La idea de Reconquista de los reinos cristianos no surgió durante la Edad Media ni en la conquista cristiana, ni tan siquiera en la Edad Moderna. Nunca se habló de Reconquista en aquella época, ni se conocía la palabra (que se empezó a usar a principios del siglo XIX). Durante el ascenso de los nacionalismos europeos, los románticos y liberales españoles dotan de contenido al término Reconquista para poco a poco identificarlo con la noción de recuperación de la unidad nacional, la idea de nación y la idea de patria, que resultan centrales en el nuevo modelo de Estado que se pretende crear en el siglo XIX. Como el Estado-nación es un concepto relativamente nuevo entonces, se intenta retrotraerlo a la Edad Media. De manera que la Reconquista se proyecta hacia atrás para recoger todo el sentido que no tenía anteriormente, y se la considera vigente desde la Edad Media para argumentar la idea de nación y de Estado español. Pero no existía entonces la noción de España como unidad política, y menos aún como la que existiría a partir del siglo XIX.

    El nacional-catolicismo ha tenido un carácter muy excluyente en España y conectó bien con la tradición hegeliana en la concepción racista de la nación durante el ascenso de los fascismos previo a la Segunda Guerra Mundial. La ideología autoritaria del régimen franquista pretendía configurar todas las facetas del comportamiento de la ciudadanía, incluyendo el comportamiento sexual. El Estado definía la patria en términos de raza hispana: el día de fiesta nacional se llama el Día de la Raza, la película de propaganda sobre la Guerra Civil guionizada por el propio Francisco Franco se llamó “El Espíritu de una Raza” (y después simplemente “Raza”). Hoy se llama el Día de la Hispanidad, pero durante el franquismo el 12 de octubre se celebraba el Día de la Raza debido a la superioridad conferida al haber conquistado militarmente y sometido a las otras “razas” en América Latina a partir de dicha fecha en 1492. El nacional-catolicismo se consideraba heredero del legado de los Reyes Católicos, que habían expulsado a judíos y musulmanes, establecido la Inquisición para que se preservara la ortodoxia católica de los esclavos además de reprimir a los herejes, y conquistado América.

    España a lo largo de su trayectoria histórica no ha gestionado bien su diversidad y los derechos culturales en diferentes territorios del Estado, ni ha articulado este democráticamente de manera que se garantice la continuidad de su unidad territorial en el futuro. Así, otra de las características de la ideología nacional-católica que continúa creando tensiones hoy es el énfasis en negar la existencia de otras nacionalidades dentro del territorio español (como la catalana, la vasca y la gallega), imponiendo una visión centralista y uniformizadora de las diferencias étnicas y culturales. La falta de diversidad en el país, por tanto, tiene una dimensión étnico-racial y otra político-cultural.

    LA OMISIÓN DEL LEGADO AFRICANO EN ESPAÑA Y SUS CONSECUENCIAS

    La evolución de las leyes y políticas en el Reino de España desde sus comienzos en el siglo XV han conducido a que la población negra (en adelante utilizaremos los términos “negra” o “africana y afrodescendiente” indistintamente) en la actualidad sufra lo que las ciencias sociales llaman hoy una invisibilización en la esfera pública. Esto se refleja en aspectos como la ausencia de negros o personas de ascendencia mixta en las producciones culturales, en los medios de comunicación o en cargos de responsabilidad en las organizaciones, y en el uso de estereotipos sobre su rol social. Varios siglos de explotación y discriminaciones todavía no completamente superados han colocado a esta parte de la población en una situación de desigualdad que influye en variados ámbitos de la vida pública y privada. El trabajo forzado de los africanos en el pasado enriqueció la economía española, pero supuso además una aportación cultural y humana sobre la que existe una doble omisión: una es científica por no estudiarse bien dicha aportación, y la otra es moral por no reconocerse lo suficiente. Esta doble omisión vuelve más grave la deuda histórica existente y supone un desaprovechamiento del potencial sociocultural dentro del país.

    No existen estudios al respecto en el mundo académico, ya que las universidades españolas generalmente mantienen un enfoque neocolonialista o asistencialista sobre lo africano, y las autoridades han mostrado una gran desconfianza hacia las entidades gestionadas por africanos y/o afrodescendientes. La principal cátedra universitaria de estudios africanos creada en 1994 ha funcionado prácticamente sin medios ni financiación, incluso habiendo sido la única de las cátedras UNESCO que es resultado de un mandato de la Asamblea General de las Naciones Unidas. No se atiende la demanda de la población afroespañola de un mayor reconocimiento en la educación del legado de raíz africana en la cultura hispana, que encontraría reciprocidad en África y las Américas. Los países con mayor desarrollo socioeconómico son también aquellos que se esfuerzan primero en gestionar su diversidad interna, de manera que en relación con el continente vecino esta omisión representa oportunidades perdidas para todos en las esferas cultural, comercial y diplomática.

    Hacia 1980 la población negra española estaba compuesta principalmente por familias vinculadas a Guinea Ecuatorial residentes en la península, las Islas Baleares o las Islas Canarias. La colonia en África Central había sido durante dos siglos un territorio español y las dos regiones administrativas en el Golfo de Guinea adquirieron estatus de provincias españolas en 1959 hasta la independencia en 1968. En Guinea Ecuatorial las autoridades coloniales habían mantenido una política de segregación racial sistemática, fundamentada en la idea de que la población negra era inferior, sólo apta para el trabajo manual y para servir a la sociedad blanca. Pese a esto, existía una élite negra adinerada debido a un decreto que dividía entre ecuatoguineanos no emancipados y emancipados (o plenos). Casi no se permitía a la población negra viajar a la península, pero sí a los miembros de esta élite y a algunos de ellos se les hizo diputados en las Cortes franquistas. Además había familias con personas venidas de las ex-colonias americanas (de Estados Unidos y principalmente Cuba, donde los afrocubanos también habían sufrido una gran segregación). Pero había también comunidades descendientes de antiguas poblaciones negras de la península (moros, moriscos, morenos y negros africanos) que habían sido tradicionalmente discriminadas hasta la miseria y subsistían aún en algunos pueblos de Andalucía, habiendo sido la mayoría asimilados dentro de la población blanca o bien mestizados con los gitanos. Por otro lado, desde que llegaron a España en el siglo XV, en contra de los gitanos figuraron leyes de persecución específicas que les excluyeron y les criminalizaron hasta el fin de la dictadura en 1978, por lo que la marginalidad y el rechazo social no fueron las causas sino las consecuencias de una situación de racismo anti-gitano y anti-negro.

    Tras la llegada de la democracia, la negrofobia en España resurge con el crecimiento de la inmigración que se empieza a producir en la década de los 90. Ninguna de las minorías raciales había sido muy numerosa debido a las causas históricas ya examinadas, por lo que la mayor parte de la población negra es bastante reciente en comparación con la de otras ex-metrópolis coloniales. Como reacción a las tesis del nazismo, en todo el mundo los negros y mestizos ya no son vistos como seres inferiores o biológicamente degenerados, de forma que su situación no viene determinada por la genética, sino más bien por factores sociales y económicos. De este modo, el presupuesto de superioridad blanca ha sido sutilmente preservado debido a una supuesta superioridad cultural. En España no ha existido una extrema derecha con representación electoral significativa pero sí existe una extrema derecha social que vincula su negrofobia a la desconfianza por parte de las clases trabajadoras hacia los colectivos de migrantes considerados más pobres, vistos como competidores en un contexto de alta tasa de paro.

    Por otro lado, la población negra en España ha sufrido ataques por parte de grupos violentos de ultraderecha asociados al fascismo y al nazismo, nostálgicos de las doctrinas oficiales de pureza de raza, sin que las autoridades pusieran en marcha medidas efectivas para frenar este fenómeno. El racismo es la primera causa en España de los delitos de odio, que es un categoría criminal con tendencia ascendente en los últimos años e incluye los discursos de odio, que han encontrado en Internet un terreno fértil para su difusión a través de las redes sociales, y que son formas de expresión que propagan, incitan, promueven o justifican el odio racial fundado en la intolerancia, incluida la que se expresa en forma de etnocentrismo agresivo y hostilidad contra las minorías. Estos casos afectan también a ciudadanos negros con nacionalidad española, sin embargo han sido tratados por las autoridades encargadas de políticas de inmigración. Al mismo tiempo, se ha convertido la persecución racial en el espacio público en algo habitual para controlar la identidad de los ciudadanos (migrantes o nacionales) por el mero hecho de ser negros, incluyendo las redadas en las calles y la retención en Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE).

    Debido al creciente racismo en la sociedad, en la década de los 90 comenzaron a establecerse fuertes lazos de solidaridad entre afrodescendientes nacidos en España que buscaban reafirmar su identidad y personas migrantes negras. Pese a su heterogeneidad, se enfrentaban a similares problemáticas y compartían comparten una cultura y conciencia de identidad comunes ligadas a la música, los deportes y la historia de la diáspora con sus mestizajes. La identidad y aportación social afroespañolas se intentaban folclorizar retirándoles toda su carga política, pero su unidad sociocultural en contra el racismo daría lugar a una serie de diferentes movimientos sociales negros. El activismo negro aún no ha conseguido convertirse en un movimiento de base amplia en España, ya que ha congregado a pocos activistas y no pocas veces ha estado adscrito a determinadas ideologías o formas de organización que han funcionado como barreras para involucrar a más participantes. No obstante, una mayor unidad de acción ha sido posible en ocasiones como la de colaborar en la preparación de la Proposición no de Ley sobre “Memoria de la esclavitud, reconocimiento y apoyo a la comunidad negra, africana y de afrodescendientes en España”, aprobada en 2010 por unanimidad en el Congreso de los Diputados. En los últimos años, se observa además una mayor feminización del movimiento reivindicativo negro que tiene presencia en Internet y especialmente en las redes sociales, acompañando el aumento de la participación de las minorías étnicas negra, árabe y gitana en el movimiento feminista. Todo esto contribuye a la construcción de un nuevo pensamiento social que reabre el debate sobre la discriminación y el racismo.

    Un papel central en la evolución de los derechos de la población negra lo ha jugado la discriminación institucional que sufren las personas migrantes africanas desde la entrada de España en la Unión Europea en 1986 en cuanto a la concesión de visados. Son los años en los que se culmina la “desafricanización” o borrado y negación del legado africano en España, desde un punto de vista político, mediático y cultural. Desde la firma del acuerdo europeo de política migratoria común de Schengen en 1995, el discurso de las autoridades y los medios de comunicación se pone al servicio de una política de control de fronteras instrumental que favorece la libre circulación de los comunitarios debido al Tratado de Maastricht pero sólo acepta extra comunitarios cuando se les necesita. Como referencia de lo que supone el fenómeno de la inmigración se comienza a proyectar la imagen de una supuesta avalancha de africanos que llegan en pateras, preparando el escenario para la política de repatriación. Todo esto amplía la brecha de derechos entre extranjeros residentes de países más ricos e inmigrantes a los que se presupone socioeconómicamente inferiores. Diferentes leyes de extranjería consolidan esta división, con el agravante telón de fondo de una larga tradición en el Estado de crear instrumentos legales restrictivos con los derechos de minorías étnico-raciales.

    La lucha de los “sin papeles” hizo en aquellos años que la identidad política común de las personas migrantes se volviese más sólida que la identidad política étnico-cultural de la población negra en general, que llevaba ya siglos siendo silenciada y asimilada. El Tribunal Constitucional, de mayoría conservadora, determinó además en 2001 que los rasgos fenotípicos constituyen “indicadores razonables de origen no nacional” en el caso del control de identidad y por tanto una “mayor probabilidad” de no ser español por razón exclusiva de que una persona sea negra. Tras un largo proceso, el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas sentenció en 2009 que el Estado español tenía obligación de pedir disculpas e indemnizar por la vulneración de los derechos humanos provocada por aquella decisión. España ha sido ya condenada más de veinte veces por vulnerar los derechos humanos, incluyendo ésta ocasión, pero el dictamen suele ser ignorado. De esta manera, se certifica la consideración social de las personas negras como inmigrantes y de los inmigrantes como personas permanentemente susceptibles de estar bajo sospecha o no ser merecedoras del mismo trato por parte de la policía y los jueces.

    La posición de los dos partidos políticos que han ocupado el Gobierno de la nación ha sido ambigua con respecto a las demandas de la comunidad negra. Cuando han gobernado, tanto Partido Socialista como Partido Popular han seguido una línea dura de cumplimiento de la política migratoria suscrita en la Unión Europea con el resultado de que el control de fronteras y los CIE han operado frecuentemente en vulneración de los derechos de las personas migrantes. En cuanto a políticas internas, desde la comunidad negra se ha acusado a ambos partidos de apoyar algunas reivindicaciones según el contexto político y los intereses de cada momento aunque sin tomar medidas de peso, de instalarse en el privilegio blanco (conjunto de ventajas explícitas e implícitas no disfrutadas en occidente por las personas no blancas) y de no involucrarse suficientemente en la erradicación del racismo. Mientras que han sido los partidos de izquierda los que han liderado las políticas de igualdad racial en todo el mundo, en el caso de España el activismo negro ha denunciado que la izquierda en general muchas veces no ha apoyado o directamente ha bloqueado las propuestas del asociacionismo negro, negando las razones de fondo de cada reivindicación. La consecuencia práctica en España del discurso progresista del tipo “yo creo en una sola raza” o “para mí no hay colores” es que no se atiende a la diferencia ni se aplica un enfoque de raza aunque sí se hayan incorporado el de clase, género, orientación sexual o discapacidad para corregir situaciones de desigualdad en una variedad de ámbitos y organizaciones. El racismo migratorio y la negación del enfoque de raza impiden la emergencia de una solidaridad con la particular situación de la población negra española, como sí ha existido en otros países.

    Una particularidad del silenciamiento del racismo contra los negros en España, heredada del colonialismo, es que se disfraza como broma. Otra es el racismo institucional y no hay prácticamente ninguna gran organización pública o privada que presente personas no blancas entre sus caras visibles. Otra es que en el mundo del fútbol, el mayor espectáculo de masas, con frecuencia se producen manifestaciones de odio racial en los estadios con absoluta impunidad, ante la indolencia de las autoridades y de los clubes. Otra particularidad, compartida con otros países iberoamericanos, es que en las producciones culturales y en los medios de comunicación (especialmente en la televisión, que es el que construye el discurso dominante en el imaginario social) se produce una situación constante de invisibilización, uso de estereotipos, exotización y chanza, excepcionalidad de lo que debería ser visto como normalización, destaque del origen de determinados delincuentes, publicidad excluyente (o directamente racista) y doblajes ridiculizantes. La falta de representación en la cultura tiene un profundo efecto en la autoestima, ya que si una persona desde una edad temprana no ve ningún personaje que se le parezca o éste aparece estereotipado, su concepto de sí misma y autovaloración están cuestionados y esto condiciona su desarrollo. Hasta en los ambientes supuestamente más progresistas encontramos racismo, que busca excusas constantemente para existir de maneras disimuladas que no avergüencen al que lo profesa. Todo contribuye a naturalizar la discriminación, perpetuar las desigualdades, racializar la nacionalidad (en el imaginario social no es normal ser negro y español al mismo tiempo) y ejerce por hábito un efecto desmovilizador en la sociedad. Esto exige un trabajo intelectual de deconstrucción por parte de los movimientos negros y de los académicos socialmente comprometidos, independientemente de la orientación ideológica, por la defensa de los derechos humanos y de ciudadanía.

    DERECHOS CULTURALES DE LA MINORÍA NEGRA HOY EN ESPAÑA

    Los derechos culturales se definen como aquellos derechos humanos relacionados con la cultura en un sentido amplio, que garantizan que las diferentes personas y comunidades tengan acceso y puedan participar en aquella cultura que sea de su elección en condiciones de igualdad, dignidad y no discriminación. Son derechos relativos a cuestiones como la producción cultural y artística, la participación en la vida cultural, el patrimonio, las minorías, la lengua, los derechos de autor y el acceso a la cultura, entre otros, y están en relación con la capacidad de un grupo poblacional para preservar sus formas de vida y la seguridad de su base económica dentro de la nación en la que se encuentre. Por eso estos derechos atienden a la preservación cultural de minorías étnicas, religiosas o pueblos que estén en peligro de desaparecer; pero además se plantea el concepto de justicia cultural, que se centra menos en la preservación como un fin en sí mismo y más en las interacciones equitativas y en el potencial para los intercambios culturales. El reconocimiento de los derechos culturales tiene además un valor económico por las posibilidades comerciales y de turismo.

    El estudio de sus diferentes culturas revelaría un mayor conocimiento sobre la historia del pueblo español y arrojaría más luz sobre su origen y desarrollo. Por tanto la educación, la investigación, las industrias creativas y el intercambio informacional o comercial en torno a aspectos culturales deben defender los derechos de las minorías dentro de políticas públicas de diversidad. Según los compromisos internacionales suscritos en esta materia: “Los Estados protegerán la existencia y la identidad nacional o étnica, cultural, religiosa y lingüística de las minorías dentro de sus territorios respectivos y fomentarán las condiciones para la promoción de esa identidad” […] “Las políticas y programas nacionales se planificarán y ejecutarán teniendo debidamente en cuenta los intereses legítimos de las personas pertenecientes a minorías” […] “Las personas pertenecientes a minorías tendrán derecho a disfrutar de su propia cultura” y a “participar efectivamente en la vida cultural, religiosa, social, económica y pública” […] “Las personas pertenecientes a minorías tendrán el derecho de participar efectivamente en las decisiones que se adopten a nivel nacional y, cuando proceda, a nivel regional respecto de la minoría a la que pertenezcan o de las regiones en que vivan, de toda manera que no sea incompatible con la legislación nacional” (Declaración sobre los derechos de las personas pertenecientes a minorías nacionales o étnicas, religiosas y lingüísticas, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas). En ese sentido, la Agenda 21 de las Naciones Unidas para la cultura apuesta por establecer un compromiso de las ciudades y los gobiernos locales para el desarrollo que incluya los derechos culturales como parte de sus principios centrales y establece que: “Los gobiernos locales reconocen que los derechos culturales son parte integrante de los derechos humanos, tomando como referencia la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948)”.

    La aproximación a los problemas de racismo y discriminación contra las personas negras, africanas o afrodescendientes que hacen los partidos políticos, las organizaciones no gubernamentales y las instituciones oficiales en España suele dirigirse a los síntomas y no atiende a las causas estructurales, cuando no consiste directamente en la negación o minimización de tales problemas por parte de los responsables de buscar soluciones. Mientras que hasta ahora la izquierda española no ha atendido seriamente las reivindicaciones de la comunidad negra, en las últimas cuatro décadas las izquierdas europea, estadounidense y latinoamericana han elaborado perspectivas innovadoras respecto a cómo combatir el racismo, y el impacto de tal contribución en el plano político ha sido la inclusión de la cuestión racial en las políticas de los partidos de izquierda y centro-izquierda. En el ámbito académico ha surgido una nueva producción teórica en el extranjero sobre los efectos de la segregación, la esclavitud y el dominio colonial que, gracias a una recopilación de datos empíricos, rebate la naturalización de la discriminación, la subordinación política y especialmente el silenciamiento del racismo. Pero España una vez más ha vuelto a quedarse atrás y ni siquiera se ha planteado oficialmente la necesidad o no de estadísticas que cuantifiquen la población negra (aunque según algunas estimaciones está entre un millón y dos millones de habitantes) y caractericen su situación, lo cual ha resultado imprescindible para el diseño de políticas públicas en otros países en cuanto a derechos económicos, sociales y culturales.

    En otros países los resultados de los estudios estadísticos sobre desigualdad con auto-clasificación de raza ayudaron a dar consistencia a las demandas de la comunidad negra, que habían surgido cuestionando la legitimidad de los comportamientos que crecen al abrigo de mitos. El mito local de que no hay racismo en España nos coloca en la perspectiva ya deslegitimada de la democracia racial o racismo a la brasileña: no hay un reconocimiento del problema para poder corregir la falta de igualdad de oportunidades y no se atiende a la diferencia ni a las desigualdades, negando la discriminación, por lo que con el tiempo dichas desigualdades persisten o empeoran. Resulta muy complicado proponer políticas correctoras para las situaciones de discriminación si no se pueden identificar y valorar las desigualdades. Así, la población negra en España ha venido sufriendo históricamente un racismo que es estructural e institucional con graves, amplias y persistentes consecuencias en forma de pobreza generalizada. Lo cual conduce a inferir que la actual situación de exclusión que gran parte de las personas negras tiene en diferentes ámbitos profesionales está provocada por una discriminación racial y una desigualdad que son sistémicas. A esto se une la dinámica de competencia en la base de la pirámide socioeconómica, entre la población trabajadora golpeada por el contexto de crisis desde 2008. Como desde la llegada de la democracia la situación no ha mejorado, significativamente por falta de apoyos por parte de la izquierda política, esto justifica la actual renovación de las reivindicaciones políticas por parte de los movimientos sociales negros. Las metodologías de trabajo del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en materia de igualdad racial y de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en cuanto a diversidad cultural pueden apoyar este esfuerzo.

    La forma en la que plantear políticas que atiendan las reivindicaciones en España no se ha decidido aún. Los críticos del método de políticas de igualdad racial de las Naciones Unidas defienden que la utilización del concepto de raza, aunque sea a efectos de análisis estadístico o de reparto de recursos, consolida el concepto de “razas” diferentes y hasta lo hace surgir entre aquellos que no creían en ellas. Tal procedimiento ha podido ir en contra de combatir la creencia en razas en sentido biológico y ha producido cierto conflicto social en algunos países, pero ha podido justificarse por: a) una correspondencia entre la población negra y los descendientes de personas que fueron esclavizadas y levantaron las economías de esos países, b) la preservación de culturas tradicionales dentro del territorio, y c) cierta uniformidad de las características socioeconómicas de ese grupo racial. Sin embargo estas circunstancias no se dan actualmente en una población negra española que tiene distintos orígenes, convive con el resto de la población hablando la misma lengua y comparte los mismos elementos culturales españoles de fondo. Pasar a considerarse una categoría social diferenciada a partir de la Proposición no de Ley de 2010 u otras iniciativas podría ser contraproducente si no se maneja con cuidado: introducir como presupuesto el concepto de raza en España puede tener el efecto de consolidar un país de “razas” y un pensamiento racializado en la esfera legal.

    Lo que no se justifica es dejar que crezca el racismo, no atender a la diferencia o no respetar los compromisos internacionales, por tanto resulta necesaria una elaboración específica de políticas de diversidad adaptada a la realidad española. Las desventajas que sufre la población negra en diferentes ámbitos no se corregirán si no se coloca la lucha contra el racismo como una prioridad de la sociedad, de forma similar a la lucha contra la homofobia o la violencia de género. Las políticas de promoción de la igualdad racial sólo tendrán éxito a partir de la construcción de una amplia coalición de intereses que den solidez a una voluntad común, pero no ha existido un verdadero intercambio con África sino imposición y unidireccionalidad. Esto debería involucrar la aportación de raíz africana en la historia de España, pero no ha sido posible en gran medida por la falta de estudio y reconocimiento. Pero el principal problema a resolver es que la población negra actual no posee un capital cultural común y la ausencia de políticas públicas de diversidad cultural al respecto produce más desigualdades cuando se produce alguna asignación de recursos a pequeños proyectos, de tal manera que los intereses de la comunidad negra en su conjunto nunca son atendidos. Un marxista diría que esta desigualdad se produce en el nivel de superestructura (ámbitos artísticos, filosóficos, políticos y en general culturales) en función de intereses oligárquicos, sumándose a una desigualdad que había crecido durante siglos en el nivel de infraestructura (factores productivos y relaciones de producción). Partiendo de lo anterior hay tres consideraciones iniciales a la hora de plantear objetivos en cuanto a la reivindicación de derechos:

  • La primera consideración surge examinando qué otras dinámicas históricas se producen desde la configuración del Reino de España además del racismo. Resulta fundamental entender que una parte del país considera que éste lleva más de cuatro siglos gobernado por unas clases dirigentes que se han comportado de forma claramente contraria a los intereses de la mayor parte de la población: dos dinastías monárquicas que han puesto sus propios intereses por delante de los de la nación o han supeditado estos en ocasiones a los de un poder extranjero, junto a una clase terrateniente y un poder eclesiástico opuesto a la Reforma en el siglo XVI, que separaron al país de las corrientes de modernización en Europa y lo sumieron en un atraso científico-cultural que condiciona la sociedad hasta el presente. Estas élites (denominadas “extractivas” por no crear riqueza y detraer rentas del Estado en beneficio propio a costa del resto de la población) han evolucionado hasta el siglo XX como la parte central de la clase dirigente en España, y su ala más conservadora reprimió brutalmente los movimientos de oposición al orden social establecido mediante una guerra civil. De manera que en España existen otros grupos sociales que se sienten víctimas de pérdida de derechos además de la minoría negra, por lo que hay diferentes reivindicaciones de recuperación de memoria histórica que exigen un tratamiento específico. La cuestión negra no debería olvidarse en las iniciativas de memoria histórica y debería tener una asignación diferenciada de recursos públicos.
  • La segunda consideración es que el debate de la deuda histórica se complicará si se establece sobre la temática racial del reparacionismo de las Américas, pues existe una correspondencia sólo parcial y muy pequeña entre el grupo de población negra que vive actualmente en territorio español y los descendientes de la población negra española del siglo XVI. La razón de ser de las iniciativas de empoderamiento de la población negra que se han puesto en marcha en los últimos años en América Latina puede ser la misma, pero en España es más necesario prestar atención a qué tipo de propuestas se pueden presentar como distintivas y específicas del colectivo africano y afrodescendiente, y cuáles pueden ser coordinadas con otros grupos étnicos. Destacadamente, pero no únicamente, con minorías como la gitana o la árabe que enfrentan problemáticas similares. Por eso, no parece recomendable trasladar a España un enfoque de políticas públicas como las diseñadas en América Latina sin hacer un análisis específico sobre la historia y la realidad particulares del país. Sin embargo las reivindicaciones específicas de la comunidad negra podrían ser sencillamente diluidas en otras de carácter más general que tienen las minorías raciales, por lo que resulta importante seleccionar bien los objetivos a plantear en la agenda política. Nuestro enfoque se fundamenta en el estudio histórico de cuestiones estructurales como el efecto en la sociedad de los instrumentos legales de discriminación, el reconocimiento de la responsabilidad española en los crímenes asociados a la esclavitud trasatlántica y al colonialismo, la no introducción de contenidos educativos sobre el legado africano, o la observación de que la producción cultural y los medios sean más inclusivos y transmitan una imagen digna de los diferentes grupos raciales.
  • La tercera consideración es que resulta importante erradicar los prejuicios raciales todavía existentes pero no es suficiente tratar la desigualdad racial si no se aborda también la desigualdad de las culturas. Se ha impuesto como “superior” la cultura de raíz europea cuando las consecuencias de la vertiente científico-tecnológica de esta opción es la destrucción del medio ambiente hasta el punto de que a largo plazo se pone en riesgo nuestra supervivencia. Aceptar esto no ha sido resultado de una decisión libre para los africanos sino más bien de la ausencia de elección tras alterarse otros modos de vida. Es indispensable disipar esa idea de superioridad para permitir una visión correcta del intercambio cultural: el progreso social siempre ha sido producto de la diversidad y la cooperación entre varias culturas, pero trae consigo al mismo tiempo la desaparición de rasgos diferenciales cuya originalidad hay que preservar. La erradicación del racismo debería basarse en el estudio de la verdad sobre nuestras raíces culturales para poner a la sociedad en paz con la historia (como ocurrió en el proceso de reconciliación en Sudáfrica), y no únicamente en el estudio o en la denuncia de sus efectos pese a que éstas sean labores imprescindibles. Conocer mejor la historia y la cultura propias produce un aumento de la autoestima, de tal manera que se produce un cambio de mentalidad positivo y la sociedad sale reforzada, alcanzándose mayores niveles de integración.
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    CONCLUSIÓN

    Las industrias culturales son posiblemente el único campo en el que conjuntamente España, junto con el resto de Iberoamérica, es una potencia mundial. No hay la suficiente conciencia sobre ello, ni tampoco sobre la capacidad para enriquecer el capital humano y cultural en común haciendo un mayor esfuerzo por estudiar y fomentar el estudio de la aportación de raíz africana en el mundo hispano. Como resultado de las dinámicas históricas y en el contexto de una Europa construida durante los últimos cinco siglos sobre la hipótesis de superioridad de la “raza” blanca sobre el resto, se produce una discriminación de determinadas minorías que se traduce en falta de reconocimiento en la cultura y la educación, y con frecuencia en desigualdad laboral al limitar las posibilidades de la persona o destinarla a trabajos menos cualificados por la reputación negativa resultante. Esto se suma a que España en los siglos anteriores no participó de la Reforma ni de la Ilustración europeas, lo hizo escasamente de la Revolución Industrial y reprimió el ideal republicano mediante una guerra civil así como los nacionalismos periféricos. De manera que no ha existido nunca una real igualdad de oportunidades para todos con derecho al pleno ejercicio de las identidades y los derechos culturales: el Estado se construyó para otros. Y teniendo en cuenta que el racismo institucional es tan antiguo como el Estado, todo esto ha condicionado y sigue condicionando alcanzar el pleno potencial sociocultural del país.

    La persistencia de actitudes o estereotipos racistas nos conduce a la conclusión de que existe un etnocentrismo dominante naturalizado por hábito que continúa provocando que negros, árabes o gitanos no sean considerados por todos como parte del mismo espacio institucional común. Lo que provoca esta falta de empatía en la cultura nacional hacia estas diferentes realidades es que se mantenga de facto dominante la antigua jerarquía racial y patriarcal institucionalizada por los anteriores regímenes políticos del Estado. El hecho de que gran parte de la población no perciba este racismo estructural, por no sufrir sus efectos o por no comprender que se manifiesta de formas variadas y no siempre explícitas, obviamente no significa que no exista o no impacte en las vidas de otras personas. No obstante, son todos los ciudadanos quienes financian con sus impuestos la educación pública, los medios de comunicación públicos y en gran medida la producción cultural. La identidad y la tradición de cada persona deben poder desarrollarse con plenos derechos de ciudadanía en un clima de respeto mutuo, sin que el colonialismo y la globalización eurocéntricos sigan condicionando las políticas educativas, culturales y de información del conjunto de la población continuando una tradición de homogeneización y doctrina de superioridad cultural. Los niños y jóvenes afrodescendientes deben poder crecer con dignidad disfrutando plenamente de sus derechos civiles, socioeconómicos y culturales; sin embargo las actuales políticas o la ausencia de políticas sólidas de diversidad tienen un efecto limitador sobre su formación y sus capacidades al omitir el papel de los pueblos africanos en el origen de la civilización ibérica en los planes de estudio y en la cultura, lo que invisibiliza a las minorías negra y árabe exacervando los estereotipos.

    La actual situación y su mantenimiento resultan antidemocráticos por definición: la política migratoria común europea determina que la población negra será siempre o durante mucho tiempo una minoría estructural dentro de España y por tanto nunca podrá llegar a ser mayoría para tomar decisiones sobre lo que le afecta. De ahí se concluye que, como otras minorías estructurales que reconoce la democracia (la comunidad gitana, la comunidad judía, la comunidad musulmana, los vascos, los catalanes, etc.), debería al menos tener una asignación de recursos diferenciada para su desarrollo cultural comunitario. Por tanto, la falta de suficiente apoyo social a sus demandas y la consecuente negativa de los partidos políticos funcionan como una tiranía de la mayoría. No se puede emprender bajo un mal liderazgo político y para resolver esta cuestión el diálogo de la comunidad negra con el Estado ha sido siempre un espacio importante para la lucha por los derechos en muchos países, por lo que es necesario incluir este diálogo en la agenda de los partidos españoles. Corresponde a la convergencia de movimientos sociales negros constituir una estrategia articulada capaz de promover una legislación correctora. La integración de sus propuestas específicas en las políticas públicas se justifica por estar destinadas a la plena inclusión de todos los ciudadanos en la sociedad, como se hace con género y otros enfoques sobre desigualdades estructurales. Esto potenciará el capital cultural común del país y lo preparará para afrontar mejor los retos de la economía global, formando ciudadanos de lo universal, ya que los países que mejor gestionan la diversidad son también los más prósperos. Según los mandatos de la UNESCO conseguir una igualdad efectiva exige combatir el racismo y prestar una atención especial a los derechos de las minorías étnico-raciales por lo que, para cumplir con los compromisos internacionales suscritos por España, el respeto a la diversidad debe colocarse en el centro de las estrategias de desarrollo social. Las autoridades deben aplicar principios de pluralismo en las políticas públicas para impulsar una nación moderna que respete y reconozca a sus minorías, con derechos culturales para todos los ciudadanos que favorezcan el avance cultural y científico, de forma que el conjunto de españoles disfrute de una verdadera igualdad de oportunidades.

    Examinaremos la dinámica puesta en marcha entre el Estado y el colectivo afrodescendiente en la segunda parte del análisis.

    Imagen de cabecera: El Triunfo de la Santa Cruz / Batalla de las Navas de Tolosa (1891-1895) por Marceliano Santa María

    GUEST POST: El Racismo estructural en una Sudáfrica sin Mandela

    Hay sociedades en el mundo que tienen “una estructura racista”, y Sudáfrica es una de ellas. Ya lo decía Franz Fanon cuando teorizaba en su libro “Piel negra, máscaras blancas” sobre la necesidad de reconocer que “todas las formas de explotación, de discriminación, se parecen, ya que todas ellas se aplican a un mismo objeto: el ser humano”.

    El caso de Sudáfrica es particularmente interesante a este respecto desde el punto de vista de los efectos que ha llegado a tener el colonialismo sobre la cultura política, no sólo en la etapa del apartheid, al que ahora haremos una breve referencia, sino también debido a otro tipo de fenómenos de corte racista que se han venido dando en este país, sobre todo, en las dos últimas décadas.

    EL APARTHEID O LA NEGROFOBIA A LA SUDAFRICANA

    Cuando digo que el país tiene una estructura racista, quizás no nos pille de sorpresa a muchos, pero me gustaría aclarar algunas cuestiones sobre la etapa del apartheid que no sólo tienen su origen en la estructura colonial establecida por los afrikaners, sino en una lógica de construcción social. En las elecciones generales blancas de 1948 (entendiendo ‘generales’ como aquellas en las que sólo la minoría blanca podía votar, mientras que la inmensa mayoría de la población: negros, mestizos e indios, quedaban excluidos) perdió el partido gobernante, United Party, cuyo líder era Jan Smuts, un general que había hecho participar a Sudáfrica del lado de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial. El partido ganador sería el National Party que, liderado por Daniel Malan, negaría el apoyo a Gran Bretaña y haría públicas sus simpatías por el régimen nazi alemán.

    La declaración formal de los principios políticos que alentaban el partido de Malan era conocida como apartheid, palabra que aunque nueva resumía la vieja segregación cuyo significado era básicamente la codificación en un sistema opresivo de todas las leyes y normas que habían mantenido a los africanos en una posición de inferioridad respecto a los blancos durante siglos. De este modo, y a este punto queríamos llegar, según Nelson Mandela (2014:121) “lo que hasta entonces había sido una realidad más o menos de facto iba a convertirse de una manera inexorable en una realidad de jure”. Es decir, el apartheid fue la conformación en leyes de una rutina de actos racistas que había sido implantada a lo largo de los anteriores 300 años. Ya existía, por ende, una estructura racista.

    Estos principios políticos, ya convertidos en una forma de segregación de jure, partían de la premisa de que los blancos eran superiores a los africanos, indios y mestizos (aunque luego las escalas de discriminación dependían de cada una de estas clasificaciones) y su objetivo principal era implantar de manera definitiva la supremacía blanca. Así lo expresaba el National Party: “Die wit man moet altyd baas wees” (el hombre blanco debe ser siempre el amo –baasskap-). La Iglesia holandesa, una vez reformada, apoyaba esta política, aportando así el apuntalamiento religioso del apartheid y llegando incluso a sugerir que los afrikaners eran el pueblo escogido por Dios, mientras que los negros (kafir – término despectivo en afrikaner) eran una especie subordinada a ellos (Mandela, 2014:122). De modo que religión y apartheid marchaban codo con codo: la estructura racista de la sociedad se empieza a consolidar, se aprueban sucesivas leyes y posteriormente la política de los batustantes, que no tenían más objetivo que éste.

    La lucha de Nelson Mandela contra el régimen racista que acabamos de enunciar, tras un largo y duro periodo de lucha (no sólo por parte de la población negra, sino en conjunto con la mestiza e india) culminaría con la independencia y el fin del apartheid en el año 1994. Situación que acabará produciendo la transformación de Sudáfrica en un símbolo de la lucha anticolonial y del movimiento “no racista” a nivel mundial. Algo que se vio como la superación de una estructura que, habiendo sido socialmente construida, quedaba ahora relegada a la oscuridad.

    Sin embargo, el pasado año 2015 ciertos acontecimientos de corte racista acaecidos han dejado en evidencia que Sudáfrica, no solo conserva esa estructura, sino que además, esta última se expresa de diferentes maneras. Veamos por qué afirmamos esto.

    Desde finales de la década de los 90 a los años 2000 se produjeron importantes cambios geográficos a nivel mundial que van a transformar el continente africano en la región más poblada del planeta. Según un Informe de Desarrollo Humano (2009) elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) bajo el nombre de “Superando barreras: movilidad y desarrollo humanos”, de la abrumadora cantidad de unos mil millones de migrantes que existían hasta la fecha, casi la mitad de todos los denominados migrantes internacionales se desplazan al interior de su región de origen y un 40% lo hace hacia un país vecino.

    Esto último es lo que ha pasado en Sudáfrica, país que, además de ser la potencia regional -a la que ahora se le suma Nigeria- ha llegado a convertirse en uno de los principales destinos para los migrantes de países colindantes como República Democrática del Congo, Zimbabue o Malawi. Debido a estos desplazamientos, además de producirse enormes retos para los dirigentes africanos, sobre todo en lo que se refiere a la absorción de la migración, tuvo lugar el estallido de una ola de violencia y rechazo por parte de la sociedad civil sudafricana negra contra los primeros. Una de las afirmaciones más sonadas vino de la mano del rey de los zulúes, Gowill Zwelithini, que llegaría a pedir a los migrantes que se volvieran a sus países; declaración que, entre otras, dio lugar a un proceso de persecución y asesinatos contra migrantes. Algo que aquí vamos a denominar como ataques negrofóbicos.

    ¿QUÉ ES LA NEGROFOBIA?

    Negrofobia y filantropía son insultos en Sudáfrica: “no es exagerado decir que la mayoría de los sudafricanos experimentan una repugnancia casi física ante un indígena o una persona de color a su mismo nivel” afirmaba Fanon (2009:96), ya lo hemos visto antes; pero aquí nos referimos al término que el mismo autor usaría para definir el racismo de negros contra personas de su propio color. Es decir, es el conjunto de comportamientos por el que los negros, después de identificarse e interiorizar el racismo de los blancos, se vuelven contra los propios negros (Francoise Héirier: 2002). El esclavo (una vez liberado de las cadenas a las que había sido atado con la estructura racista construida durante siglos y después con el apartheid) busca parecerse al colono, necesita su reconocimiento, su odio, esa maldad, “no son más que una adoración de lo que pasó un tiempo atrás, el esclavo es un conservador nato” (Shiva Naiupaul: 2011).

    El mensaje que se enuncia no se desvía mucho de lo que en el norte se usa para justificar la repulsión frente a las “avalanchas de migrantes”, de hecho se justifica en estereotipos de los que alguna vez hemos escuchado hablar en Europa: “son más oscuros que nosotros, nos roban nuestros empleos, no nos respetan o son utilizados por los blancos que prefieren explotarles a ellos antes que a nosotros, evitando así los principios de discriminación positiva”, nos dice el historiador camerunés Achille Mbembe. Sin embargo, un análisis del Consorcio de Migraciones y Trabajo de Investigación, que examina el impacto de los movimientos migratorios en Sudáfrica, afirma que lo que se había dicho o reproducido hasta el momento estaba basado en mitos, cosas dichas de oído o anécdotas, ya que la población sudafricana no tenía la información suficiente para poder realizar esas afirmaciones. De hecho, a pesar del 24% de paro existente hasta el año pasado, según los datos registrados de la población activa residente en Sudáfrica en una franja de edad que va de entre 15 a 64 años, sólo un 4% son “inmigrantes de origen internacional”, entre ellos, un 79% son africanos, un 17% blancos y casi un 4% indios o asiáticos.

    La estructura racista a la que Fanon hace referencia por aquel entonces, discurso que seguiría manteniendo ante estos acontecimientos; unida al proceso de seguritación y militarización de la migración a nivel internacional que se produjo tras los ataques a las Torres Gemelas el 11-S; y a la conversión de los migrantes en chivos expiatorios de los sudafricanos negros, puede en cierta medida, explicar este tipo de acontecimientos de corte racista. Y esto sucede en la medida que los migrantes ya no son vistos sólo como una amenaza a la seguridad nacional, sino también de la personal (“el amo es mío” o “si alguien tiene que ser explotado por el amo, ese debo ser yo”, si se me permite la ironía).

    OCTUBRE ROJO O LAS MARCHAS CONTRA EL RACISMO HACIA LA MINORÍA BLANCA

    Por supuesto las movilizaciones ante estas circunstancias fueron masivas, no solo por parte de aquella parte de la sociedad negra sudafricana que condenaba los ataques o de dirigentes políticos -que llegaron a introducir una aplicación para móviles para la denuncia de actos racistas contra migrantes-; sino también por parte de la (ahora en minoría) población blanca sudafricana, que critica a sus antiguos kafires, no entendiendo como ese tipo de actos que hasta hace poco eran expresión de su presencia en Sudáfrica, pueden no ser llevados ahora solo por el hombre blanco, “habrá que volver a civilizarlos”.

    Los asesinatos de personas blancas durante los últimos dos años, algo grave frente a cualquier ser humano, o el reemplazo de la figura de Louis Botha (padre de la Unión de Sudáfrica) por una escultura de Nelson Mandela, han sido los motivos por los que se han llegado a desarrollar, en los últimos meses, marchas bajo el apelativo de “Octubre Rojo”. Estas manifestaciones declaradas en guerra contra el que ahora la minoría afrikaner denomina “apartheid negro”, se presentan como una denuncia por la opresión y violencia que, dicen ellos, se produce contra la población blanca sudafricana. ¡Qué bueno sería ver la cara de Mandela y los suyos ante esto!, “la Sudáfrica de hoy es el apartheid a la inversa”, algo que no es más que el resultado de la marginación a la que les ha arrastrado la política de discriminación positiva, llegan a afirmar algunos.

    Es cierto que la frase “la Sudáfrica de hoy es el apartheid a la inversa” es hoy una realidad en dicho país, pero no por lo mencionado en el párrafo anterior, sino por los ataques que se dieron contra población negra migrante bajo una fórmula racista tan solo renovada en quienes la ejercían. Afirmar esto por ver que pierdes tus privilegios parece una aberración. Es cierto que ha habido enfrentamientos entre estudiantes universitarios blancos y negros durante los últimos meses por ciertas reformas que se quieren llevar a cabo a nivel educativo; sin embargo, no lo es que los asesinatos de personas blancas sean masivos.

    Según el Instituto Sudafricano de Relaciones Raciales, representado por Georgina Alexander, afirma no solo que los blancos ganan más que los negros y tienen mucho menos paro, sino también que solo en un 2% de los asesinatos que se producen en Sudáfrica son ellos las víctimas (lo que no quita, insistimos en ello, que pueda y deba ser denunciado como cualquier otro tipo de asesinato). Es definitiva, que Sudáfrica tiene una estructura racista es cierto, que esto es producto de una conformación social, tal y como afirmarían los constructivistas (aquella escuela de las Relaciones Internacionales que entiende que la estructura social es una construcción basada en consensos intersubjetivos dominantes y que estas estructuras conformadas por valores e ideas influyen en el comportamiento de los sujetos) , lo es también; pero que este régimen no se puede cambiar, no lo es tanto (dirían los constructivistas), ya que existe una capacidad constante de mejora del ser humano. Ya algunos ciudadanos afirmaban recientemente: “si hemos superado el apartheid, superaremos el racismo”; esperemos que así sea.

    Impulsando una sanidad panafricana (II)

    Los sistemas sanitarios están en un punto de inflexión en África. Existen obstáculos estructurales que impiden una correcta prestación de servicios, y las reformas que los gobiernos del continente lleven a cabo en la próxima década serán cruciales para reducir las tasas de mortalidad y mejorar la salud de la población. Es necesario cuanto antes un enfoque integral que fortalezca los elementos clave de los sistemas de salud en la región y que también los coordine entre sí. Un nuevo modelo para que la atención médica sea más accesible no sólo es posible, sino también asequible.

    (Viene de la primera parte del análisis)

    Una combinación de servicios podría dinamizar los sistemas de salud en África, aumentando el acceso a la salud a través de todo el continente. Mediante la coordinación de métodos y buenas prácticas comunes, mejoraría drásticamente la calidad de la atención y se crearía un sistema regional panafricano. Las claves son emplear agentes de salud comunitarios que proporcionen una atención primaria básica en las aldeas, introducir un sistema de telemedicina que conecte la atención especializada con el entorno rural, y crear redes de trabajo con clínicas móviles que transporten medicamentos y tecnología médica a los lugares remotos. Esto podría salvar muchas vidas de forma rápida a un coste relativamente bajo, en conjunto alrededor de entre 2 y 3 dólares por persona al año, en comparación con los aproximados 8 dólares que cuesta en las clínicas tradicionales.

    COORDINANDO EL NUEVO SISTEMA PANAFRICANO

    Los servicios de salud deben centrarse lo suficiente en ciertas especialidades como para ser manejables y accesibles, pero que sean las suficientes como para cubrir una serie de necesidades principales. Éstas incluirían primeros auxilios, servicios preventivos y de diagnóstico básicos, distribución de materiales (por ejemplo, suplementos nutricionales o anticonceptivos) y tratamiento de enfermedades crónicas. Si los servicios prestados son insuficientes, los pacientes pueden decidir ignorar los servicios de salud. Por otra parte, deben ser ofrecidos a bajo coste. Pequeños gastos para comprar medicamentos pueden ser soportables, pero cobrar sumas más altas por los servicios, medicamentos y otros suministros parece imposible para organizar la sanidad de forma privada a mayor escala, al menos en la actualidad.

    Si bien no existen soluciones mágicas, un modelo que combine la utilización de agentes locales de salud, telemedicina y clínicas móviles, podría ayudar a aprovechar los sistemas nacionales de salud ya existentes para ampliar el acceso a la atención primaria de salud por toda la región coordinándose con rapidez, eficacia y de forma económica. Los componentes individuales del modelo no son nuevos, pero juntos pueden revolucionar la asistencia sanitaria en zonas de bajos ingresos. Al estudiar la experiencia de países que sí han mejorado en más de uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas para la salud, se encontró que (independientemente del nivel de ingresos, la geografía o el sistema político) el denominador común era haber tenido éxito al ofrecer una atención primaria en el “último tramo” en las zonas rurales. A continuación examinaremos sus innovaciones más prometedoras, que podrían extender este éxito a otros países.

    Los agentes de salud locales. África sufre aproximadamente una cuarta parte de las enfermedades pero sólo tiene un 3% de los trabajadores de la salud del planeta. Al complementar el trabajo de los médicos con el de agentes de salud locales, en menor medida pero profesionalmente capacitados, se podría mejorar el acceso a la asistencia sanitaria de forma notable así:

  • Los programas más exitosos contratan a mujeres, siempre que sea posible, como agentes de salud locales. Las mujeres son percibidas como más confiables que los hombres por otras mujeres en el entorno rural, y además las mujeres son ya el centro de muchas iniciativas (como con la salud reproductiva). Un candidato ideal debería tener una formación especializada, pero basta con que los agentes de salud sepan leer y escribir, con una educación primaria. En los países que han tratado de reubicar a agentes urbanos más cualificados en zonas rurales, se ha perdido eficacia en el sistema por hacer demasiado esfuerzo tanto para contratarlos como para retenerlos.
  • La formación varía en función de las características específicas del programa en un país, pero debe incluir entre 9 y 12 meses de instrucción formal teórica y práctica, que se combine con contratos de aprendizaje remunerado para cimentar la comprensión, la confianza y los hábitos de trabajo independiente. La formación complementaria es esencial y complementa la formación básica con cursos de actualización mensuales para mantener a los trabajadores de la salud actual al corriente de las mejores prácticas de tratamiento y prevención, así como para enseñarles nuevas habilidades.
  • Los trabajadores de salud deben estar asignados a áreas manejables, un agente de salud por cada 1.000-1.500 personas. Esta relación asegura que puedan visitar a los pacientes para supervisar, verificar el cumplimiento de los tratamientos y hacerles el seguimiento a lo largo del tiempo. Áreas mayores pondrían en peligro la capacidad de atención y ganarse la confianza de los pacientes.
  • Los modelos de voluntariado sufren problemas de retención del personal y son poco sostenibles. Etiopía decidió pagar a sus agentes de salud después de contar inicialmente con ellos como voluntarios, lo cual ayudó a que 30.000 de ellos entrasen en el sistema en tan sólo cinco años. Los agentes de salud locales deben percibir una remuneración que vaya desde una sexta parte del salario medio de una enfermera hasta el 125% del salario medio en el país.
  • Los programas deben aspirar a tener una proporción de ocho agentes de salud por cada uno de los supervisores. A estos niveles, un supervisor puede realizar diferentes desplazamientos que a veces son bastante largos, y aún así visitar a los agentes al menos entre dos y cuatro veces al mes. Esta intensidad del contacto con los agentes es suficiente para ir mejorando sus habilidades e incluso empezar a ver su puesto dentro de una carrera profesional prometedora. El desarrollo de carrera puede ser más importante que las consideraciones financieras para los empleados de la salud. Los programas de mejores prácticas se centrarán en la gestión para crear oportunidades de crecimiento profesional. Mediante la aplicación de mejores prácticas y el empleo de grupos de agentes de salud locales, los países africanos podrían hacer frente a la mayor parte de las enfermedades más importantes a las que se enfrentan. Como el cumplimiento de los objetivos requeriría un solo agente de salud local por cada 1.000-1.500 personas, con un coste de alrededor un dólar al año por habitante, con este nivel de personal se proporcionarían a los pacientes más de tres interacciones significativas, lo cual es una mejora sustancial con respecto al enfoque convencional con médicos.

    La telemedicina. Una vez que los países africanos establezcan una masa crítica de agentes de salud locales para la atención primaria, podrían aprovechar el poder de la telefonía móvil para aumentar el alcance de los profesionales de la salud más capacitados, tales como médicos y enfermeras. Es una tecnología que ya está fácilmente disponible. La mayoría de personas en África negra ya tienen acceso a teléfonos móviles propios o a través de amigos, familiares y grupos de uso compartido. Un modelo de éxito conectaría las llamadas con enfermeras y doctores en centros de coordinación urbanos. En lugar de atenderse directamente llamadas de los pacientes, los profesionales especializados actuarían aumentando la capacidad e impacto de los agentes de salud locales, proporcionándoles soporte clínico avanzado y herramientas en los tratamientos sobre el terreno.

    Igualmente importante es que se pueda apoyar la formación personalizada y supervisión de los agentes de salud, dándoles acceso a conocimientos más especializados de los que podrían conseguir localmente. Los agentes podrían presentar datos clínicos de forma continua (mediante voz o mensajes de texto) y los profesionales que les supervisan podrían hacer el seguimiento con llamadas cada una o dos semanas. La combinación de unos mejores datos y una mejor interacción con los supervisores podría ayudar a los agentes a mejorar la calidad y la velocidad de sus intervenciones (por ejemplo, en la creación de esquemas de vacunación para una comunidad). Los supervisores podrían gestionar el rendimiento de los agentes de salud locales con mayor eficacia, un desafío común de los sistemas de salud para las zonas rurales de difícil acceso. Todo esto tiene un coste bastante bajo. Suponiendo que hay un control cada semana, un supervisor podría dar apoyo a 50-60 agentes de salud; y con controles quincenales se duplicaría el ámbito de actuación. Estos sistemas son asequibles y costarían alrededor de 0,75 dólares al año por persona.

    Si bien no existe aún un modelo de negocio para ofrecer telemedicina a gran escala en África, algunos experimentos prometedores sugieren que es posible. Los modelos privados que atiendan directamente a los pacientes serán también cada vez más viables. En otras partes del mundo ya se proporciona con éxito consejo médico y servicios de triaje por teléfono a millones de personas por 5 dólares al mes por hogar. Se utilizan protocolos desarrollados por instituciones médicas de prestigio para ayudar a los médicos a atender pacientes de forma rápida y eficaz. Muchos casos se resuelven por los médicos a través del teléfono y no requieren más consultas o atención de emergencia.

    Unidades móviles de salud. La tercera pieza del modelo es el uso de clínicas móviles para llevar herramientas de diagnóstico, medicamentos y suministros a las comunidades locales siempre que sea posible. Las unidades móviles han servido durante mucho tiempo esta función, pero varias organizaciones han empezado a emplearlas a gran escala en los últimos años. Esto sugiere que podrían desempeñar un papel importante en la maximización del alcance de los profesionales de la salud, al tiempo que reducir aún más las barreras en el transporte que impiden a muchos africanos recibir atención. El gobierno en Nigeria utiliza convoyes de camiones para el transporte de los hospitales temporales en todo el país. Experimentos comparables están llevando a cabo en Namibia y y otros países africanos.

    Si bien no hay un único modelo de mejores prácticas que funcione con cualquier presupuesto, limitación de infraestructura o geografía, un modelo de éxito tiene las siguientes características:

  • Más pequeño es generalmente mejor. Las furgonetas pueden cubrir terrenos y carreteras en mal estado más diversos que los vehículos mayores. Las furgonetas deben estar equipadas con refrigeración para el transporte de vacunas, medicamentos y muestras de laboratorio hacia y desde centros de salud lejanos. También deben tener una cama para tratar a los pacientes y para acomodar a un médico o enfermera en viajes de varios días.
  • Las furgonetas deben concentrarse en la atención de enfermedades crónicas e intervenciones con un seguimiento más complejo (por ejemplo, la atención prenatal). Deben desempeñar también un papel primordial en la prestación de apoyo directo a las actividades de los agentes de salud. Por lo tanto, los suministros de una furgoneta incluirán kits de pruebas médicas, medicamentos básicos y algunos equipamientos de gama alta como los de ultrasonidos. Los servicios prestados podrían incluir educación y sensibilización, detección, diagnóstico, tratamiento, entrega de suministros, y formación complementaria de los agentes de salud locales.
  • Las rutas deben ser elegidas cuidadosamente para que cada comunidad puede recibir una visita al menos una vez al mes. La clave es reducir al mínimo el tiempo de desplazamiento y maximizar el tiempo de tratamiento. Los centros de salud servirán como base de operaciones natural y de reabastecimiento. Los viajes podrían demorar dos o tres días, cubriendo una serie de pueblos. Siempre que sea posible, deben coordinarse de forma centralizada las visitas a los agentes de salud locales. Debe informarse bien sobre rutas y horarios, de modo que los pacientes sean evaluados adecuadamente y el papeleo no quite tiempo del tratamiento. Finalmente, no deben pasarse por alto mantenimiento y costes de funcionamiento. Cuando las unidades móviles no llegan a los pueblos debido a averías, los pacientes se desilusionan rápidamente y disminuye el potencial del programa de actuación.
  • A pesar de la versatilidad de las unidades móviles, sus costes de operación son bastante razonables cuando el programa está diseñado para complementar el trabajo de los agentes locales de salud (a través de visitas mensuales, por ejemplo). De hecho, se estima que una clínica móvil atendida por dos enfermeras costaría en la mayoría de países africanos menos de 0,75 dólares por persona al año.

    EL FUTURO DE LA SANIDAD EN ÁFRICA

    Un modelo como el descrito anteriormente desplegaría un nivel significativo de recursos de forma viable, en zonas que ahora están escasamente cubiertas. Una zona rural de un millón de personas, por ejemplo, requeriría unos 700-1.000 agentes de salud comunitarios, un centro de coordinación con 40-50 médicos (una combinación de responsables clínicos, técnicos de urgencias, enfermeras y médicos para llamadas de los agentes de salud de las aldeas y el público en general), 10-15 supervisores responsables de la planificación y seguimiento de los agentes de salud en los pueblos, y 20-25 unidades móviles integradas cada una por una o dos enfermeras. Este modelo requeriría entre una quinta y una décima parte del número de enfermeras y médicos que con clínicas tradicionales. Y puesto que las enfermeras y los médicos en los centros de coordinación estarían ubicados en las principales zonas urbanas, donde viven muchos de ellos, el enfoque es práctico dada la distribución actual de los recursos.

    Es importante remarcar que este modelo no debe sustituir a los actuales sistemas nacionales de salud en África y su infraestructura sino que debe ayudar a extender su alcance mediante una mejor utilización de sus médicos, enfermeras y otros trabajadores de la salud. Por otra parte, no es un modelo menor para el mundo en desarrollo. De hecho, algunos gobiernos y empresas privadas en países desarrollados no sólo están introduciendo la telemedicina y las unidades móviles, sino que también hacen experimentos en torno a la idea de externalizar una serie de tareas a agentes de salud.

    Para que funcione el modelo, los gobiernos africanos deben empezar por determinar el conjunto de servicios que pueden permitirse financiar y luego explorar formas prácticas para ofrecerlos. El sector privado puede desempeñar un papel importante, ya que es el proveedor natural de algunos elementos del sistema, en particular las tecnologías y su gestión. Con las inversiones adecuadas, el sector privado podría hacer aún más. La asistencia y las inversiones de los donantes serán vitales para hacer crecer el modelo, proporcionando fondos que apoyen la puesta en marcha de proyectos prometedores.

    LA ERRADICACIÓN DE ENFERMEDADES INFECCIOSAS

    A medida que en 2014 crecía la tragedia del brote de Ébola en África Occidental, se ha hecho cada vez más evidente que los sistemas de salud en África están muy mal preparados para manejar una crisis grave. Enfermedades como el ébola no discriminan entre ricos y pobres. África necesita sistemas de atención sanitaria de calidad para toda la población. El concepto ERU (Emergency Response Unit) Unidades de Respuesta a Emergencias surge para crear sistemas rápidos, eficaces y autónomos que coordinados a nivel internacional, den una respuesta efectiva, eficiente y ajustada a las distintas realidades de las emergencias humanitarias. Es un tipo concreto de unidades móviles para atender las consecuencias producidas por desastres o epidemias.

    El éxito de las ERU en Nigeria en la lucha contra la poliomielitis ofrece lecciones interesantes, especialmente en vista de los enfoques anteriores a los retos de salud pública en el país. Antes de establecer las ERU para la polio, el Gobierno Federal de Nigeria y las organizaciones internacionales determinaban presupuestos para hacer proyectos fragmentados, con financiación externa y con el objetivo de mejorar incrementalmente cada año. Pero el esfuerzo general carecía de orientación a largo plazo ni tampoco tenía eficacia a corto. La epidemia de la polio encontraba así múltiples oportunidades de aumentar el número de casos de poliovirus salvaje.

    Las ERU para la polio han cambiado esa dinámica en Nigeria. En primer lugar, el Ministerio de Sanidad, las administraciones sanitarias estatales y locales, y las organizaciones internacionales trajeron los mejores expertos y recursos para colaborar a través de las ERU en la resolución de los problemas de salud más críticos del país. En segundo lugar, el modelo de emergencias en lugar del tradicional modelo de proyectos incremental forzó la búsqueda de soluciones y resultados inmediatos. Los únicos objetivos eran aumentar el nivel de inmunidad, detener la transmisión de la poliomielitis, y eliminar nuevos casos de la enfermedad. Con metas anuales paso a paso no se podría haber completado este trabajo.

    Por último, la analítica de datos para evaluar el desempeño de los equipos de vacunación contra la poliomielitis y el apoyo de las administraciones locales de salud, permitió a los ERU prestar mayor atención a los lugares de mayor riesgo. Una mejor recopilación de datos en el terreno e imágenes de satélite para identificar en qué comunidades no ha habido actividades de inmunización permitieron a las ERU adaptarse rápidamente y experimentar con nuevas formas de intervención para resolver problemas complejos de vacunación y vigilancia.

    Otros países africanos pueden considerar la aplicación de las ERU para responder más eficazmente a otros problemas de salud, tanto en situaciones de emergencia como con problemas médicos habituales. Aplicándolas más rápida y completamente se podría mejorar la respuesta en África ante epidemias. La cuestión central es luchar directamente con los desafíos de manera inmediata. El uso de las ERU para mejorar la coordinación de los recursos, para aprovechar a los mejores especialistas, y para llevar a cabo un análisis de datos intensivo localmente podría ayudar a controlar futuros brotes de enfermedades y mejorar la salud de comunidades enteras.

    Si bien queda aún mucho trabajo que hacer en África, merecen todo el crédito los profesionales que han detenido la transmisión de la polio y han erradicado el ébola. Un uso eficaz de las ERU proporciona un excelente ejemplo de cómo los gobiernos y las organizaciones internacionales nacionales pueden combatir las enfermedades más peligrosas del mundo a través de un liderazgo fuerte, una intensa colaboración, el análisis de datos y la gestión del rendimiento centrada en resultados. Una cuestión pendiente importante es dónde y cómo los países y las organizaciones internacionales pueden implementar mejor las ERU para superar otras crisis de salud de emergencia.

    LOS DESAFÍOS DE UN SISTEMA DE I+D+i PANAFRICANO

    Otra cuestión a resolver es que los actuales esfuerzos en investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) destinadas al tratamiento de enfermedades en África en su mayoría dependen de organizaciones fuera de África. Éstas tratan de encontrar soluciones para las necesidades más urgentes de salud pero no para crear una estructura sostenible de investigación y desarrollo en el continente africano. La conclusión es que en África se necesita un sistema de investigación gobernado por africanos y una red de transferencia de conocimientos que involucre a los científicos africanos. Esto proporcionará mecanismos de financiación sostenibles que alienten a los investigadores africanos a colaborar para resolver las preocupaciones de salud más comunes, compartir conocimientos y crear capacidad. Hay que desarrollar un amplio programa panafricano de I+D+i para la investigación sanitaria.

    Que había problemas de salud en África negra ha sido algo ampliamente conocido durante muchos años. Durante la última década, sin embargo, las crisis sanitarias africanas han recibido una renovada atención debido a factores tales como la propagación del VIH/SIDA y una mayor comprensión de la relación entre la salud y el desarrollo económico. Estos esfuerzos han producido resultados importantes. En un creciente número de países, la tasa de infecciones por VIH en adultos parece estar cayendo en África, de acuerdo con ONUSIDA (Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA). Del mismo modo, las tasas de tuberculosis está disminuyendo lentamente en toda la región. La incidencia y la mortalidad por malaria están disminuyendo también en varias partes de África. Sin embargo, la región sigue padeciendo profundos problemas. Se han hecho progresos en relación con la mortalidad infantil, pero las tasas de mortalidad materna y mortalidad infantil siguen siendo persistentemente altas, a pesar de que casi tres cuartas partes de estas muertes son evitables.

    Hay convincentes argumentos a favor de impulsar un sistema panafricano de I+D+i para desarrollar medicamentos y la capacidad de diagnóstico para enfermedades con gran incidencia en África como el VIH/SIDA. A pesar de las prometedoras tendencias sobre el fomento de capacidades de I+D+i, países africanos responsables del mayor número de publicaciones en investigación biomédica como Egipto, Nigeria y Sudáfrica sólo generan entre 15 y 150 veces menos artículos que los países líderes en investigación. Y lo que es también alarmante, generan entre 1 y 8 veces menos publicaciones de investigación que otros países en desarrollo, como Argentina o Brasil. Estas cifras indican que, si bien hay investigación para el tratamiento de enfermedades que predominan en África que está siendo llevada a cabo, todavía hay retos fundamentales que impiden que estos esfuerzos de alcanzar la suficiente escala y la productividad: significativos atrasos en la transferencia de conocimiento, bajo grado de colaboración entre investigadores e insuficiente inversión en I+D+i.

    Las soluciones a estos problemas se encuentran dentro de África. El objetivo primordial debe ser desarrollar un sistema de I+D+i panafricano autosuficiente que podría abordar no sólo los problemas de hoy, sino también problemas de salud pública en evolución. La clave está en aprovechar el poder sin explotar de la colaboración entre los investigadores africanos mediante la formación y el apoyo a las redes y grupos de investigación en África. Este modelo, recientemente apoyado por la comunidad investigadora en el continente, convertiría aquellos laboratorios que se complementen mutuamente (técnica y funcionalmente) en redes altamente cohesionadas que desarrollen proyectos dirigidos específicamente a desarrollar nuevas herramientas para hacer frente a las enfermedades típicamente africanas.

    Este enfoque podría promover programas de investigación panafricanos con un control propio, ya que este tipo de redes estarían formadas por investigadores que trabajan en África y que cooperan para promover los intereses científicos locales. El apoyo financiero para estas redes desarrollaría también las capacidades de los científicos locales y mejoraría la infraestructura de I+D+i en salud. Para asegurar que tal sistema de I+D+i produce nuevos medicamentos, un modelo en red debe cumplir con estos principios:

  • Sólida coordinación y gestión de proyectos en cada red para asegurar un progreso correcto. Será necesaria una visión amplia de las carteras de proyectos de estas redes para evitar la duplicación de esfuerzos y garantizar el aprovechamiento de sinergias.
  • Suficiente financiación de los proyectos a través de fondos renovables (por ejemplo cada cinco años) que cambien la actual cultura de becas de investigación a corto plazo, y muchas veces sólo para las élites, que se ha extendido en África. Esta financiación no se puede proporcionar mediante las típicas campañas anuales de donación. Se requerirá una solución sostenible y probada en la práctica, como el establecimiento de un fondo independiente gestionado por profesionales. Fondos adicionales para mejorar las instalaciones y equipos necesarios para mejorar la forma en que funciona la red del proyecto.
  • Una mejor gestión de la propiedad intelectual que responda a las necesidades de la innovación y la población en África, a través de oficinas panafricanas de transferencia de tecnología análogas a las que establecen las principales universidades del mundo.
  • Mayor toma de responsabilidad por parte de los actores clave africanos, así como mayores esfuerzos de las organizaciones públicas y privadas para garantizar que las medicinas desarrolladas por estas redes se pondrán en producción.
  • En primer lugar, este enfoque se centra en hacer trabajar juntos a los investigadores en redes regionales panafricanas para aprovechar las capacidades existentes en la actualidad en el continente. En segundo lugar, involucra a los actores locales, mejorando las posibilidades de que las iniciativas específicas queden alineadas con las prioridades de salud en el continente. Una implementación exitosa requerirá un esfuerzo concertado, dirigido desde África y basado en el apoyo de la comunidad internacional. Debe establecerse como objetivo evitar la competencia entre las nuevas redes de investigación y los actores existentes, para crear asociaciones que impidan la duplicación de esfuerzos, y para hacer medicamentos más fáciles de desarrollar y de distribuir a los que los necesitan. Por último, es importante crear un flujo sostenible de proyectos que puedan aplicarse en los diferentes sistemas nacionales de salud.

    LA INNOVACIÓN EN SANIDAD

    La introducción de innovaciones tecnológicas y de gestión pueden desempeñar un papel fundamental en democratizar la sanidad mediante servicios asequibles para los segmentos de población peor atendidos y comunidades de bajos ingresos. Esto se consigue mediante la innovación en la prestación del servicio y en la optimización del rendimiento por paciente. Las organizaciones del sector privado están particularmente bien situadas para poner en marcha tales innovaciones, ya que son más ágiles y tienen más incentivos para escalar las soluciones y dotarlas de sostenibilidad.

    En África subsahariana, hay tres importantes tipos de innovaciones que pueden democratizar los sistemas de salud:

  • Mejora del mantenimiento e informatización de bases de datos sanitarias. El ciudadano medio no tiene cobertura médica, y con frecuencia depende de proveedores de medicamentos mal regulados, médicos dentro de su familia o medicina tradicional. Como resultado, no hay mecanismos para capturar información para el sistema sanitario, o quedarse con eficacia por delante de los brotes virales medida que se propagan. Los vendedores de medicamentos las y micro-farmacias están particularmente bien posicionados para empezar a cambiar esto. A menudo son el primer punto de contacto para los pacientes, y en muchos casos sus sistemas de inventario ya contienen suficiente información para construir historias clínicas sencillas. Mediante la vinculación de los sistemas de gestión de inventario con perfiles únicos de los consumidores, e incentivando al consumidor a actualizar periódicamente su estado de salud con aplicaciones móviles, estas empresas pueden mantener bases de datos con un mejor conocimiento sobre los clientes, al tiempo que permiten un mejor flujo de información sobre la salud de la comunidad.
  • Ampliar el acceso a los medicamentos con un nuevo modelo de farmacia de bajo coste. Podemos conseguir un acceso significativamente mejor a los medicamentos por parte de las comunidades desfavorecidas con farmacias que sólo vendan medicamentos genéricos baratos. Es un modelo que ya funciona en América Latina, empleando un modelo de franquicia que logra una penetración en todas las ciudades con al menos 5.000 habitantes. Hay oportunidades similares en África para crear nuevos canales de suministro de fármacos a gran escala. Un modelo de micro-franquicias ya se ha puesto en marcha en Kenia para ampliar el acceso a medicamentos en comunidades de bajos ingresos.
  • Construir confianza con el paciente. La baja confianza que tienen los pacientes es uno de los mayores obstáculos para la consecución de resultados de salud en todo el África subsahariana. Los disturbios violentos que estuvieron ligados al ébola en Liberia, Sierra Leona y Guinea demuestran los efectos de la falta de confianza en tiempos de crisis, pero ésto sucede de manera similar en ausencia de epidemias. Problemas en la atención y la aparición de medicamentos falsos (o de calidad inferior) contribuyen a la erosión de la confianza. La solución no siempre puede ser una ambiciosa reforma del sistema de arriba a abajo, ya que muchas veces las reformas están paralizadas o son ineficaces debido a la corrupción. Es más prometedor construir zonas de confianza para los pacientes desde abajo hacia arriba. Se puede eludir las falsificaciones si la comercialización de medicamentos genéricos baratos se apoya en empresas de distribución innovadoras con marcas fuertes. Para ello, se puede educar a los consumidores y trabajar con personas influyentes de la comunidad. De manera similar, las clínicas y farmacias deben buscar activamente construir marcas de confianza en comunidades insuficientemente atendidas mediante una participación más proactiva.
  • Los brotes virales y las crisis de salud seguirán siendo un reto en el futuro, y muchas países en desarrollo (especialmente aquellos con climas tropicales con alta densidad de población y sistemas de salud poco desarrollados) por desgracia van a sentir estos impactos. Pero podemos hacer un mejor trabajo de preparación de las mismas si desarrollamos innovaciones que democraticen la asistencia sanitaria.

    CONCLUSIÓN

    Las experiencias en el sector de la salud en países de África negra sugiere que muchos de ellos se enfrentan a similares problemas y las soluciones serán más eficientes si se trabajan de manera coordinada mediante la cooperación regional en el continente. Un enfoque como el descrito aquí permite identificar barreras específicas que impiden una prestación de servicios sanitarios efectiva, y qué iniciativas tendrán un mayor impacto en la superación de las barreras existentes. Los sistemas de salud podrían desarrollarse a lo largo de la próxima década de manera que pasen a centrarse en la prevención en lugar de la atención, que se transfiera la toma de decisiones de atención médica al nivel local, se coordine un sistema panafricano de I+D+i, y que las tecnologías de la información (la telemedicina con telefonía móvil) se conviertan en el principal medio por el cual se entrega asesoramiento y tratamiento para la salud.

    Durante la próxima década, algunos países africanos van a trabajar intensamente en encontrar maneras de repensar y reestructurar sus sistemas sanitarios, consiguiendo que los servicios estén disponibles para una mayor cantidad de ciudadanos y mejorando los índices de salud de la población. Es probable que estén presentes a la vez elementos de las cinco reformas fundamentales necesarias (mejorar atención preventiva, comunidades locales, Tecnologías de la Información, suministros y cobertura universal) en el panorama sanitario de África, en diversos grados. Sin embargo, será necesario superar una serie de obstáculos.

    El primer reto para los gobiernos africanos será el aumento de la inversión en sanidad, en particular en una mayoría de países que todavía no cumplen con los objetivos de gasto público. Esto es probable que implique difíciles decisiones políticas, así como una aceptación por parte de dichos gobiernos de que la asistencia sanitaria representa una inversión imprescindible en el desarrollo humano de su población y en el futuro de su país. Las instituciones democráticas están afianzándose cada vez más en África y esta evolución, junto con la creciente clase media, conducirá a elevar la exigencia de inversión debido a las mayores expectativas y la presión de la ciudadanía por recibir una mejor asistencia sanitaria.

    A continuación, los gobiernos tendrán que centrarse en la eliminación de las disparidades en el acceso a la salud. Esto requerirá una visión más amplia acerca de cómo el sector público y el privado pueden trabajar juntos, un mayor énfasis en reforzar los suministros y la financiación de los servicios de atención primaria, y estrategias para garantizar que todos los ciudadanos, incluyendo los más pobres, tengan métodos asequibles y fiables para pagar por ellos.

    Por último, los países africanos podrían tener que repensar sus relaciones con la comunidad de donantes de ayuda. Cierto reequilibrio vendrá por la evolución económica mundial que está más allá del control de los gobiernos africanos. Todavía, en particular para los países que han hecho más avances, la crisis financiera mundial ha supuesto una oportunidad de que los gobiernos planifiquen un futuro de mayor autosuficiencia sanitaria para acabar con la dependencia de ayuda exterior.

    Al adoptar un modelo que combina agentes de salud locales, telemedicina, y unidades móviles, África puede mejorar radicalmente el acceso a los servicios básicos de salud, que pueden prestar servicios esenciales con calidad a un coste bajo. Hacer el modelo escalable y sostenible requerirá importantes esfuerzos concertados y de los sectores público y privado. No obstante, el objetivo de mejorar radicalmente los resultados de salud en África está ahora firmemente a su alcance. Se podrán fortalecer los sistemas de salud, lograr avances significativos en la mejora de la prestación de servicios y, lo más importante, salvar muchas vidas.

    Fuentes: Organización Mundial de la Salud, Departamento de Información Pública de las Naciones Unidas, The Touch Foundation, Cruz Roja Internacional, The Economist Intelligence Unit, McKinsey Global Institute.