Un futuro digital y sostenible

La primera tarea para una comunidad o grupo humano, y su principal responsabilidad en el complicado escenario global de este siglo, es desarrollar algún tipo de estrategia para afrontar de forma efectiva su propio futuro como comunidad en lo económico, lo social y lo cultural. Es una de las mejores inversiones que puede hacer para proyectarse hacia el exterior y, a su vez, poder atraer proyectos e inversiones importantes que sean interesantes para sus miembros.

“Las retóricas solidarias no son necesarias y no aportan nada al progreso real”
– Cheikh Anta Diop

Una nueva disciplina llamada Identidad Competitiva se está encargando de investigar la evolución de las variables involucradas en el desarrollo socioeconómico en cada lugar del mundo y cómo afectan las diferentes estrategias puestas en marcha al progreso general de cada país. Expertos de Gran Bretaña lideran este subsector de la consultoría y, según demuestran los estudios globales que realizan periódicamente, hay un enfoque de desarrollo que está probando ser muy efectivo en todo el mundo (tanto en democracias como Reino Unido como en estados autoritarios como Singapur) y que se basa en la creación de capacidades por medio de políticas públicas. La Identidad Competitiva, llamada “marca país” en el caso de países, estudia las mejores estrategias nacionales y funciona muy bien además para el caso de islas, ciudades o barrios.

Sin embargo, aunque está demostrado estadísticamente que las estrategias que más mejoran la calidad de vida de los ciudadanos a largo plazo se basan en la creación de capacidades colectivas o comunitarias, el enfoque dominante en gobiernos y organizaciones de casi todo el mundo sigue centrado en estrategias de comunicación institucional. El enfoque de comunicación en realidad se utiliza de una u otra forma desde hace milenios, no para desarrollar una comunidad de manera democrática, sino solamente para influir en la percepción de los demás. La cuestión hoy es que esto, además de resultar antidemocrático como manera de comunicar los esfuerzos colectivos, en el contexto de saturación informacional del mundo digital hiperconectado en este siglo XXI se irá quedando cada vez más obsoleto como forma de coordinarlos. El resultado de este análisis ofrece un mensaje desde un punto de vista científico, positivo y no asistencialista, sobre lo que se ve en el horizonte de África.

EL ENFOQUE DE IDENTIDAD

Hoy en día es más importante que nunca tratar de construir una identidad y reputación positivas pero que al mismo tiempo sean realistas y equilibradas. Que reflejen honestamente el espíritu, los activos y el talento de los miembros de una comunidad local o nacional. Esta fundamental tarea se ha convertido en una de las principales capacidades a desarrollar en cualquier comunidad o grupo humano durante este siglo, siendo de especial relevancia para renovar el impulso de rescate de la tradición cultural de los pueblos africanos anhelada por intelectuales del s. XX como Cheikh Anta Diop y Joseph Ki-Zerbo. Si es conducida correctamente, una síntesis de la identidad tradicional africana podría unir a los pueblos negros en su imagen y auto-imagen colectivas para ser más positivas (positivas no es sinónimo de fuertes, ya que pueden ser fuertes y negativas) y esto tendría un impacto directo medible sobre muchos aspectos de las relaciones sociales en el mundo, jugando un importante papel en el progreso global.

Todos los lugares del planeta hacen algo para mejorar su reputación, pero lo habitual suele ser que estos esfuerzos estén muy lejos de un real entendimiento de lo que esto supone en realidad en la práctica. La mayoría de las iniciativas para el caso de estados nacionales o ciudades insisten en una interpretación ingenua y superficial de lo que llamamos marca o reputación territorial, que no suele ser más que promoción y relaciones públicas. Para lograr progresos efectivos es necesario un enfoque basado en las políticas reales y en la creación de capacidades añadidas a las que ya se poseen, lo cual permite poner en marcha proyectos de inversión que mejoran la reputación del lugar. Casos de éxito notables aplicando este enfoque son las ciudades de Londres, Dubai o Singapur (como Gardens by the Bay, apuesta de Singapur para un urbanismo sostenible). Además hay barrios de Londres que son casos de éxito por sí mismos. Un ejemplo de esto en la ficción es la conceptualización del país imaginario Wakanda recreado en la película de superhéroes Black Panther dentro del universo cinematográfico de la compañía Marvel Studios. Según los expertos consultados, una película de éxito una herramienta fundamental de Nation Branding.

La globalización seguirá complicando este escenario. El mundo entero es un único mercado donde todos los países y ciudades compiten con el resto por atraer inversores pero también consumidores, turistas, eventos internacionales, estudiantes y emprendedores. También compiten por la atención y el respeto de medios de comunicación, gobiernos y poblaciones de otros lugares. Aquellas comunidades con una reputación débil o negativa encuentran mayores dificultades para conseguir atraer la atención, mientras que a aquellas que tienen una buena reputación les resulta más fácil conseguir inversores o cualquier otra cuestión de su entorno exterior. En este entorno tan complejo, la mayor parte de personas y organizaciones no tiene tiempo ni interés suficiente para aprender cómo es realmente el resto. Se navega a través de esta complejidad utilizando simplificaciones y estereotipos: París es estilo, Japón es tecnología, China es producción en masa, Suiza es dinero, Río de Janeiro es carnaval.

Y aquí encontramos nuestro primer problema: las naciones de África se consideran pobreza e ineficacia, existiendo un “efecto contagio” por el cual todos los africanos y afrodescendientes son vistos de manera similar según ciertos estereotipos, a pesar de existir enormes diferencias entre ellos. Es muy difícil convencer a las personas para que vayan más allá de estas simplificaciones y visiten África o se esfuercen en entender parte de la rica complejidad del continente y su diáspora. Por eso, la reputación de lo africano sólo puede verse influenciada atendiendo a la raíz de sus causas. Al contrario de lo que se ha sostenido desde posiciones pseudocientíficas durante mucho tiempo, no se trata de una cuestión innata que tenga que ver con la genética, sino de una cuestión de identidad relativa al desarrollo cultural en cada lugar. En Estados Unidos existen comunidades negras pujantes como en Atlanta o Chicago, mientras que son pobres en otras ciudades del país. No por una cuestión de raza sino de desarrollo comunitario, que está en relación con la cultura local y los procesos socioeconómicos.

El enfoque de Identidad Competitiva es lo que hoy necesita poner en práctica una comunidad que desee desarrollarse y proyectarse en esta complejidad global. La imagen es poder: lo hemos podido ver en comunidades como las de Londres, Dubai o Singapur, lugares que han entrado a formar parte de la élite de un nuevo capitalismo cultural proyectando poderosas imágenes de sí mismos, como centros de turismo y negocios dotados de conexión a Internet de alta velocidad. La relación con la diáspora en el extranjero juega un papel clave (en Dubai, por ejemplo, el 80% de la población vive expatriada). Es un cambio de perspectiva: en lugar de centrarse en su propio mundo interior y en lo que significan para sí mismos, las comunidades de estos lugares se han centrado en su posición en el contexto mundial y en la construcción de una nueva visión sobre sí mismos compartida en el exterior. Una visión en la que sus propios valores, culturas y creencias inspiran sus objetivos, no definiéndose en función de pautas ajenas. Pero no se trata tanto de intentar imitar estos logros sino de aprender cómo funcionan esos procesos.

LA SOSTENIBILIDAD COMO GRAN OPORTUNIDAD EN EL SIGLO XXI

África y su diáspora tienen retos muy importantes para este siglo. Si existe realmente un sentimiento sincero de solidaridad entre los pueblos de raíz africana para apoyarse mutuamente, nadie puede seguir permitiéndose el lujo de ignorar los enfoques de desarrollo y técnicas de gestión que se utilizan actualmente con éxito en el mundo de hoy. En una serie de análisis especialmente dedicada a los retos de desarrollo en el continente africano y al importante significado que tiene su resolución para los afrodescendientes, hemos examinado aspectos que están funcionando:

• Primero, modernizar sectores industriales con la ayuda de los métodos modernos de ejecución de estrategias.
• Segundo, aprovechar mejor las tecnologías digitales en el desarrollo rural y para enfrentar el cambio climático.
• Tercero, abordar problemas de infraestructura como el agua o las telecomunicaciones con una gestión público-privada.
• Cuarto, crear capacidades panafricanas colectivas para atender importantes necesidades de la población como la sanidad.
• Quinto, transformar el crecimiento económico en la base de un bienestar más general de los ciudadanos.

La esencia de lo que proponemos para África y su diáspora es construir un futuro digital y sostenible con una selección de estrategias comunes locales, nacionales, regionales y panafricanas. Promocionarse en el exterior a la vez que motivar reformas internamente para crear polos de desarrollo que sean modelos de sostenibilidad para otros lugares del mundo. Y favoreciendo la adopción de conexiones a Internet de alta velocidad, energías limpias y arquitectura ecológica, así como intercambios en la educación, el turismo y los negocios. Para ello hay que acordar unos consensos mínimos inspirados desde la base en las comunidades negras para decidir objetivos comunes y acompañarlos de políticas públicas que regeneren las economías, tanto rurales como urbanas, preservando el enriquecimiento que ofrece cada tradición local.

Para poder crear capacidades colectivas e interés por la singularidad de una cultura local, cada comunidad debe trabajar tanto en la modernización de su educación como en el rescate o preservación de sus elementos tradicionales. La industrialización decimonónica de la Segunda Revolución entre 1870 y 1914 ha dado paso a una Tercera Revolución Industrial que estamos apenas comenzando. Es una transformación económica basada en la gestión del conocimiento, la tecnología digital y las energías renovables, y para subir a este tren no es necesario haber pasado por la fase de industrialización anterior ni poseer abundantes recursos. Los países africanos harían bien en apartarse de la carrera por reproducir el modelo anterior de desarrollo industrial, que en las economías más desarrolladas ya se está intentando cambiar. Es una carrera que sólo pueden ganar aquellos países con fuerte base industrial y grandes mercados consumidores. En lugar de esto, los africanos y su diáspora pueden desarrollar otras ventajas competitivas en sus territorios, precisamente por tener economías pequeñas y menos industrializadas:

• Mantener su entorno natural aún no explotado por las industrias y sin contaminar.

• Poder desplegar infraestructuras de última generación en ausencia de otras anteriores.

Aunque con gran éxito, la ciudad de Dubai sólo ha trabajado la mejora de esta segunda ventaja y no parece probable que, al ritmo que consume agua y energía, el modelo de desarrollo escogido sobreviva a este siglo en los probables escenarios de cambio climático y de fin del petróleo que se estiman para las próximas décadas. La base para un mayor progreso, cohesión social, propósito común e ilusión compartida que tenga sentido para mejorar la vida de los miembros de una comunidad, ya no puede ser en ningún lugar del mundo el crecimiento económico sin más. Las crisis financiera y medioambiental han servido para globalizar esta percepción porque ahora los riesgos son más ubicuos y están más asociados que antes a diferentes regiones del planeta. Hoy existen una preocupación y un dilema universales sobre cómo crecer sin arruinar el entorno o agotar sus recursos.

Todo esto genera riesgos, pero también la oportunidad de actuar de manera distinta: muchos de los valores típicamente africanos que estaban en proceso de ser descartados, porque no parecían relevantes para competir globalmente en modernización y crecimiento económico, son precisamente valores y activos que están empezando a ser más valorados por el mundo industrializado precisamente por ser auténticos y diferentes. Valores como el respeto por la naturaleza, el afán de progreso colectivo, la cercanía con las culturas tradicionales que originaron nuestra actual civilización, una fuerte cohesión familiar, el sentido de comunidad y el legado de la superación de doscientos mil años de dificultades, que en el camino han dado lugar a la actual diversidad humana. Activos como islas paradisíacas, el bosque tropical virgen y un aire más puro.

Las islas Jumeirah en Dubái, Emiratos Árabes Unidos

Las islas Jumeirah en Dubái, Emiratos Árabes Unidos

Los territorios pequeños tienen la ventaja adicional de poder desarrollar redes digitales de alta velocidad con mayor facilidad. La innovación digital supone el 50% de la innovación en las economías avanzadas y tiene un papel importante en una economía sostenible porque da eficiencia a las operaciones de negocios y facilita la coordinación en las cadenas de valor. Además, Internet facilita que cualquier persona pueda visitar cualquier lugar en el planeta virtualmente, y relacionarse con el mismo desde la pantalla de su ordenador. Por tanto, es clave para el florecimiento económico y los intercambios culturales.

Para colocarse en esta dirección, primeramente se requiere un ejercicio de diálogo con las administraciones públicas locales. Dubai consiguió transformarse en uno de los más importantes centros de negocios mundiales aprovechando su riqueza petrolera para mejorar la educación, la sanidad, la vivienda y en general la calidad de vida de la población. Y una de las claves importantes de su éxito fue el método consultivo utilizado para gestionar la transformación: en Dubai se aprovechó una de las instituciones socioculturales más antiguas, el majli. Es una zona junto a la casa en la que se reúnen las personas en torno a unas tazas de café para tomar decisiones sobre los asuntos de interés para la comunidad. Los habitantes de Dubai en sus casas modernas aún hoy abren sus majlis para la discusión en grupo. Este tipo de reuniones, en las que se pueden formular ciertos consensos desde la base social, han sido clave en la modernización de todos los estados del Golfo Pérsico: Dubai, Bahrain, Qatar y Omán (aunque quizás en ninguno de los demás se ha alcanzado la escala de transformación conseguida por Dubai). Esto no quiere decir que haya que seguir el mismo camino que estos países, pero sí da medida de la importancia que tiene la cultura del diálogo en la comunidad local para poner en marcha planes de desarrollo nacionales. En muchos lugares del mundo hay instituciones equivalentes al majli, por ejemplo la cultura tradicional de la nación Fang de África Central (en Gabón, Camerún y Guinea Ecuatorial) tiene el ágora Abá o “casa de la palabra” en cada pueblo.

QUÉ ES Y QUÉ NO ES LA CONSTRUCCIÓN DE IDENTIDAD

La Identidad Competitiva es una disciplina relativamente nueva en su formalización. En los diez últimos años, ha salido del ámbito académico y ha ganado la atención de un gran número de profesionales en las administraciones nacionales, regionales y municipales. Se basa en la idea de que la marca o reputación territorial es similar a la imagen de marca de las empresas y los productos. Sin embargo su gestión tiene más relación con la proyección de la identidad y con las políticas económicas para impulsar la competitividad, no con una sucesión de actividades de publicidad y relaciones públicas que sin embargo se ha vuelto habitual y que funciona más bien desviando la atención sobre la búsqueda de soluciones reales o efectivas.

Ninguna comunidad se ha desarrollado simplemente anunciando lo que quiere hacer, pero las estrategias centradas en la comunicación constituyen hoy el enfoque dominante en el mundo. Requieren un menor esfuerzo y consiguen instalarse en organizaciones cuyo papel debería ser el de agentes de cambio pero que frecuentemente acaban instrumentalizando el apoyo social en favor de intereses corporativos o particulares, con el único mérito de la notoriedad de los líderes o portavoces. Pese a su ineficacia para producir transformaciones sociales, se privilegian este tipo de organizaciones con prácticamente ningún impacto en mejorar la vida de los ciudadanos, sin otra actividad relevante más allá de la comunicación y las relaciones públicas. Con este enfoque cada proyecto se convierte en poco más que una sucesión de campañas de publicidad acompañadas de eventos.

Es muy difícil hacer evolucionar esta situación, ya que este enfoque suele requerir de la construcción de pocas capacidades organizacionales y es fácil de adoptar en entornos poco profesionalizados. Para conseguir un impacto social efectivo, debe existir interés en realizar los cambios que serían necesarios en los esquemas de trabajo establecidos y unos mayores esfuerzos en los programas de acción. Además es imprescindible tomar métricas del impacto social, cultural y económico de cada proyecto sobre un conjunto de población lo suficientemente amplio. Si no hay medida sobre el desempeño, se desconocerá el progreso real a la hora de estar mejorando la sociedad en algún aspecto. Simplemente se tendrá la percepción de que se está mejorando algo.

Por otra parte, el enfoque de Identidad Competitiva ha demostrado ser muy efectivo. No tiene una fórmula predeterminada, sino que sigue un proceso colaborativo que involucra diversos aspectos de psicología social, liderazgo, cohesión social y de gestión cultural. Jefes de estado y de gobierno, ministros, embajadores, emprendedores sociales, empresarios, alcaldes y organizaciones internacionales hoy tienen en sus agendas este tipo de gestión estratégica. Hasta ahora habían intentado promocionar sus relaciones con el exterior y manejar la reputación colectiva como podían pero a menudo de manera descoordinada:

• Las agencias de promoción de inversiones promocionan el país a empresas o inversores externos.

• Las oficinas de turismo promocionan el país como lugar de vacaciones o para los turistas de negocios.

• Las instituciones culturales construyen relaciones con otros países y promocionan la oferta cultural y educativa.

• Las oficinas de exportaciones promocionan los productos propios en el exterior.

• Los ministerios de asuntos exteriores presentan en el extranjero las políticas que se van a desarrollar.

• Otros organismos públicos, medios de comunicación, grupos de interés y ONG’s promocionan su propia versión del país.

Como la mayoría de instituciones (ya sean públicas o privadas, nacionales o locales, políticas o comerciales) no trabajan de manera suficientemente coordinada o lo hacen directamente de manera casi aislada, a menudo envían una imagen inconsistente al exterior de su comunidad o incluso mensajes contradictorios. Con un enfoque únicamente de comunicación y relaciones públicas se mejoran las opciones para un pequeño grupo, ya que se establece una dinámica en la que aquellos que consiguen mayor visibilidad social de forma elitista obtienen los beneficios que podrían socializarse o capitalizarse con estrategias de conjunto. Esta realidad suele disfrazarse con retóricas del tipo “lo que beneficia a x en realidad nos beneficia a todos” pero no soporta un análisis serio. Para acumular valor reputacional en la comunidad que beneficie realmente a todos sus miembros, pueden obtenerse unos resultados significativamente mejores si se ve coordinada señalando objetivos comunes claros y activando procesos más eficientes. Esto es algo que ninguna de las disciplinas convencionales de comunicación o promoción sectorial puede conseguir por sí sola.

La Identidad Competitiva ofrece una solución a este reto: una síntesis del marketing y la gestión de marcas con la promoción de inversiones, el comercio, el turismo y la diplomacia pública. La Identidad Competitiva no es publicidad, ni diseño gráfico, ni promoción personal, ni propaganda, ni relaciones públicas. La promoción, posicionamiento y gestión de la reputación a escala global utilizan algunas de las técnicas del marketing tradicional y la gestión de marcas, combinadas con las modernas tecnologías de la información y la comunicación digital, pero sólo si se aplican con habilidad se convierten en poderosas herramientas competitivas y estímulos para el avance socioeconómico que permiten un mayor control sobre la reputación colectiva. Ninguna comunidad ni gobierno del mundo puede esperar tener el control de la percepción de millones de personas extranjeras sobre sí, pero hay tres importantes actividades que puede llevar a cabo para influenciar su imagen en el exterior:

• Primeramente, debe monitorizar y comprender con detalle por medio de métodos estadísticos y analítica de datos cuál es su imagen internacional actualmente. Especialmente en aquellas áreas que se identifiquen como prioritarias. De una manera rigurosa y científica, entendiendo exactamente cómo esto afecta a los diferentes intereses en juego.

• En segundo lugar, debe colaborar de manera flexible y efectiva con inversores, sociedad civil y empresas ya presentes para proponer nuevas estrategias de desarrollo comunitario. Para construir la identidad comunitaria, es crucial que se comience por un completo estudio sobre la historia y la cultura tradicional, incluyendo una narrativa acerca de cómo ha evolucionado el lugar y que todo ello sea un reflejo fiel del talento, la creatividad y la visión de futuro para avanzar de una manera constructiva y positiva. Sin colocar el foco en debatir sobre el pasado o el presente, pero sin olvidar los logros conseguidos.

• En tercer lugar, debe proyectar esta identidad coordinando la labor con administraciones públicas y empresas, midiendo y evaluando los resultados. Hay que avanzar mediante un flujo constante de productos, servicios, políticas e iniciativas en sectores estratégicos que debería posicionarnos en el escenario global, aumentando la atención por los sucesivos logros y demostrando la realidad de una narrativa sobre la comunidad. Su imagen pública es uno de sus activos más preciados y debería ser responsabilidad de todos sus miembros, con ayuda de instituciones públicas y privadas, tratar de mejorarla.

Por tanto, la clave para demostrar la realidad de la reputación que un grupo humano cree tener es la ejecución eficaz y eficiente de las estrategias decididas. Pero no es simplemente una cuestión de hacer mayor promoción a través de más campañas de comunicación, ya que así se puede conseguir mejorar las posibilidades de un subgrupo al tiempo que no tener ningún efecto en el progreso de la imagen general del conjunto. Examinemos qué hay detrás de esto.

LA IDENTIDAD Y LA IMAGEN DE UNA COMUNIDAD

Los términos identidad e imagen crean cierta confusión. En cuanto a desarrollo comunitario y gestión de la reputación colectiva, en realidad son dos términos distintos que podríamos definir de la siguiente manera:

• Identidad es el conjunto de elementos característicos que nos construyen, que podemos crear y gestionar internamente.

• Imagen es la percepción que tiene de nosotros la audiencia sobre lo que proyectamos en el exterior.

Simplificando, la identidad es todo aquello que nos conforma y da sentido, que construye un valor único que nos diferencia del resto y sirve para que nos identifiquen diferentes audiencias. Mientras que la imagen es cada significado que somos capaces de provocar por nuestras actuaciones, expresiones y relaciones. La identidad hace referencia a Lo Que Somos y la imagen a Lo Que Piensan de Nosotros. La imagen forma parte de la identidad, consiste en cómo nos proyectamos y es percibida externamente. La imagen cambia según sea la audiencia y el contexto de la comunicación, pero la construcción de identidad es interna y podemos mejorar estratégicamente el control que tenemos sobre ella. Por eso primero creamos la identidad y después se comunica para crear la imagen pública.

Con estudios periódicos, hoy se investiga qué modelos ayudan a superar las desigualdades socioeconómicas y cuáles no. Desarrollar proyectos comunitarios de manera estratégica supone un conjunto de procesos compartidos e inclusivos: una continua actividad común de construcción de identidad debe patrimonializar los esfuerzos realizados en la base. Para ejecutar de forma eficaz estrategias transformacionales que atraigan audiencias internas y externas, es necesaria una construcción identitaria con amplios apoyos y con continuas innovaciones en diferentes áreas como la legislación, la economía, la política exterior, la cultura, la formación, etc. Para ello hay que establecer una coordinación efectiva de poderes públicos, empresas y sociedad civil especialmente en educación, cultura, turismo, diplomacia, exportaciones y atracción de talento.

Para poder aplicar una estrategia de Identidad Competitiva se necesita un enfoque que incluya la puesta en marcha de políticas públicas dirigidas a proyectar una imagen de la comunidad más fuerte y positiva. En el caso de establecerse una dinámica comunitaria que realmente funcione para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, sí tiene sentido desarrollar después estrategias de comunicación y promoción. La identidad se comunica en una etapa posterior a la de construcción de identidad para mejorar la imagen en el exterior. Aquí son importantes dos elementos:

• Comunicar acciones que tengan un gran significado simbólico. Pueden ser nuevas inversiones, construcciones emblemáticas, innovaciones técnicas, estructuras, leyes, reformas democráticas, instituciones o políticas que sean especialmente sugerentes, memorables, novedosas, tradicionales, sentimentales o sorprendentes. Las políticas públicas tienen un peso estratégico especial porque se convierten al mismo tiempo en parte importante de la historia nacional. Por ejemplo, hay lugares que han declarado el acceso a Internet como un derecho ciudadano. El reto es, a partir de los valores intangibles asociados a ese tipo de cambios, crear una narrativa común sobre cuál es el escenario futuro. Y así poder atraer la atención de un público indiferente (interno y externo) que pensaba que no estaba sucediendo nada interesante. Explicando cuál es la contribución individual que los miembros hacen en su comunidad, pero sobre todo la contribución más amplia que la comunidad como conjunto hace al mundo.

• El papel de las industrias culturales y turísticas. La formación y el mantenimiento de la imagen externa depende también en gran medida de cómo se comunique a una audiencia internacional lo suficientemente grande incluyendo los potenciales turistas, así como a instituciones educativas o culturales, agencias de viajes, tour-operadores y otros profesionales con influencia. Al mismo tiempo, un destino en una comunidad con una imagen fuerte y positiva necesita menores esfuerzos de promoción porque el mercado ya está preparado para aceptar lo que se proponga desde dicha comunidad. Al fin y al cabo, con los aspectos de comunicación, de lo que se trata finalmente es de atraer personas hacia una experiencia cultural positiva. Las plataformas digitales son un buen punto de partida pero no son una solución por sí mismas.

Los líderes son personas que participan activamente en la transformación de sus comunidades con una visión estratégica que comunican después de que surja en un trabajo desde la base. Hay que construir la identidad con al menos unos consensos mínimos en torno a una determinada dirección y proyectarla con fuerza, produciendo así también una auto-imagen positiva. Pero esto es un proceso interactivo en la relación entre identidad, experiencias e imagen en el que resulta imprescindible monitorizar de forma sistemática cuál es la auto-percepción y la percepción exterior, prestado atención a cómo evoluciona el uso de estereotipos. Lo importante es establecer una visión compartida sobre el estado futuro que se desea alcanzar. Un ejemplo de formulación de visión utilizado en la literatura de gestión estratégica es el discurso “Yo Tengo un Sueño” de Martin Luther King (como resultado de una correcta combinación de estrategia y acción, la comunidad afroamericana ha logrado construirse internamente y proyectarse hacia el exterior globalmente con una gran fuerza).

RESOLVIENDO PROBLEMAS DE IDENTIDAD

Al consultar a expertos y académicos, no se llega a un acuerdo sobre cómo los grupos humanos definen su identidad colectiva. Es un concepto que se mantiene en un plano subjetivo especialmente en comunidades recientemente conformadas, con problemas de desarrollo o con conflictos no resueltos, que son un terreno fértil para el fanatismo y los líderes carismáticos pero oportunistas, una especie de regreso a viejos hábitos tribales o ceremoniales. Por muy intensa que sea la pasión de los seguidores creyentes que tenga determinada persona o causa, en esa lógica imperan dinámicas que resultan contraproducentes, con comportamientos por lo general egocéntricos y nepotistas que hoy suelen derivar en una carrera por obtener prebendas, intercambiar favores y competir por la atención del público en los medios de comunicación. Esto además de no trabajar en resolver los problemas existentes, acaba creando más desigualdades dentro de cada comunidad.

¿Cómo explicar entonces a audiencias potencialmente globales las ventajas de relacionarse con nosotros? En realidad, todos los grupos humanos tienen problemas de identidad de algún tipo. Una de las pocas formas en las que resulta posible cambiar directamente la percepción interna es por medio del diálogo con sus miembros y la persuasión. Sin embargo, pese a que los eventos y reuniones son importantes, no existen foros para un diálogo directo del conjunto con otros grupos, por lo que hoy la imagen general se crea principalmente a través de los medios de comunicación, las agencias de noticias y en especial Internet (aunque en este último caso, es una comunicación que suele estar muy fragmentada y polarizada). En la mayoría de lugares del mundo se escoge un enfoque de comunicación para ejecutar estrategias de desarrollo comunitario, pero esto presenta dos grandes problemas:

• El primer problema que hay con esta vía es que ofrece una comunicación fundamentalmente unidireccional e introduce un sesgo en las informaciones. A pesar del potencial de Internet para establecer una comunicación en ambos sentidos, más que proporcionar un espacio para el encuentro y un diálogo entre la comunidad y la opinión pública, sumerge tal diálogo en una constelación de sitios web y cuentas en redes sociales que se ha polarizado entre espacios receptores de comunicaciones corporativas/institucionales y espacios críticos o alternativos. Incluso cuando los representantes de las instituciones públicas encuentran tiempo y energía para participar personalmente en las discusiones online, los efectos son muy limitados porque es imposible mantener debates con miles de personas a la vez de una forma consistente.

• El segundo problema es que no se pueden crear capacidades simplemente anunciando lo que se va a hacer. Han existido muchas iniciativas que antes que intentar estudiar las condiciones de vida de los ciudadanos y ofrecer recomendaciones sobre cómo mejorarlas, han creído ver una gran oportunidad de promocionar determinadas personas célebres o proyectos “líderes” por medio de eventos y prensa. Por eso, tras el esfuerzo de formular una estrategia, muchas veces se plantean iniciativas sólo para ganar adjudicaciones de recursos, sin que sean posteriormente llevadas a cabo con eficiencia hasta el final o sin cumplir realmente con lo que se está comunicando a la audiencia.

Muchos lugares a menudo reciben la visita de agentes de ventas para organizar sus conferencias, relaciones públicas o comunicaciones especiales en prestigiosas revistas. Viajan por el mundo (especialmente por África) dejando a funcionarios inexpertos en el trato con los medios una oferta estándar de promoción que no tiene en cuenta las dificultades socioeconómicas o de prestación de servicios públicos en el país. Jamás se ha producido evidencia de que contratar algo así produzca resultados positivos a la hora de mejorar la imagen del país o la vida de sus ciudadanos, pero gobiernos y organizaciones de todo el mundo continúan invirtiendo grandes cantidades de dinero en esto con poco o ningún efecto.

La falta de gestión estratégica a veces incluso provoca lo contrario: por ejemplo, en Julio de 2014 fue publicado un reportaje sobre inversiones en Guinea Ecuatorial en un suplemento del periódico español El Mundo, que irrumpió en la contienda política interna en España. El reportaje hizo que se hablase mucho sobre Guinea Ecuatorial en los medios, pero no fue de forma positiva puesto que desató una oleada de críticas que duró dos años. Se acusó al diario de utilizar informes de Amnistía Internacional de forma sesgada y de aplicar una doble vara de medir con respecto a la dura línea editorial que mantenía sobre Venezuela.

Por tanto, el enfoque de comunicación puede tornarse contraproducente con facilidad porque la imagen puede volverse más fuerte pero no necesariamente mejor. Hasta en el supuesto caso de que un país pudiese hablar hacia el exterior con una única voz fuerte, la opinión pública internacional nunca hará lo mismo. Quizás la única excepción a esto ha sido el área de las Relaciones Culturales, que abarca un amplio abanico de conversaciones entre los pueblos.

Por otra parte, proyectar la identidad es la parte fácil en la Identidad Competitiva. Con el suficiente entendimiento de economía, desarrollo, intercambios culturales, infraestructuras, exportaciones, relaciones internacionales y un poco de imaginación, se puede desarrollar una estrategia visionaria sobre el futuro de una región, un país o una comunidad. Hay que entender bien los objetivos, los desafíos y los activos que se tienen a disposición. Con la información sobre macrotendencias económicas, sociales y medioambientales disponible hoy en día, se puede empezar a diseñar un camino por el que poder transitar. Pero el reto clave es otro. El enfoque que proponemos se basa en coordinar las estrategias que son realmente puestas en práctica desde dentro de la comunidad con los poderes públicos y las empresas. Es un reto bastante mayor pero al mismo tiempo hace que estas estrategias sean mucho más efectivas, ya que este enfoque consiste en asegurar que se está cumpliendo la visión que se tiene de sí mismo, en lugar de principalmente esforzarse en comunicarla.

Es fácil reunir a pequeños subgrupos alrededor de una serie de acciones y comunicarlas como si fuese un trabajo relevante para la sociedad, pero si realmente se aspira a conseguir objetivos que tengan un impacto real en la sociedad, esto no puede conseguirse sin consensos y programas de acción más amplios. Para romper con las dinámicas improductivas del enfoque de comunicación, que consumen recursos y resultan desorientadoras, e intentar alcanzar un cierto acuerdo sobre lo que une a los miembros de una sociedad y lo que les hace diferentes de otras sociedades, la investigación internacional sobre Identidad Competitiva demuestra que lo más productivo es desarrollar una visión de la identidad colectiva de un lugar en dos pasos:

• El estudio de la historia y de las culturas de los grupos humanos que han habitado el territorio, bajo una perspectiva con rigor académico y en coordinación con instituciones científicas y educativas. Uno de los grandes beneficios de la globalización es que permite a comunidades grandes y pequeñas encontrar nichos donde destacarse sobre la base única de sus tradiciones, su historia y su cultura. En estos casos, el talento y la capacidad de reinvención son más importantes que el poder de mercado o la base industrial. Cada país africano y la diáspora en cada lugar tienen una historia única en el mundo y el potencial de convertirla en ventajas para construir su identidad en sus propios términos, como comunidades destacadas por sí mismas en el escenario global. Y eso impactará también en la imagen del conjunto de comunidades africanas y afrodescendientes. Por ejemplo, gracias a la ciencia genética en este siglo XXI, sabemos que los recursos de la Península ibérica han garantizado la posibilidad de vivir a los africanos desde hace más de 40.000 años y que los primeros descendientes europeos de los africanos que tuvieron piel blanca aparecen en torno a hace sólo 13.000 años en la cordillera del Cáucaso, lo cual debería hacer replanterse seriemente a más de una persona los conceptos de lo que supone, con el conocimiento de hoy, considerarse africano o considerarse europeo.

• La creación de una narrativa compartida sobre el futuro del lugar, más allá de interpretaciones sobre el pasado o el presente. Para lo cual hay que tener en cuenta que los planes estratégicos ayudan, pero sobre todo conseguir representar qué lugar se desea llegar a ser, la dirección escogida y qué valores comunes pueden cohesionar a la sociedad para apoyarnos y trabajar hacia los objetivos marcados. Si se acuerda una visión sobre el futuro lo suficientemente consensuada se crea también un mayor compromiso de todos para poder alcanzarla, resultando entonces posible convertir las estrategias de construcción de identidad y proyección exterior en agentes de cambio altamente efectivos.

Quienes consigan probar con los nuevos modelos su viabilidad como comunidad en el siglo XXI tendrán una posición única y ganarán colectivamente tanto en reputación como en prosperidad socioeconómica y cultural. Los africanos y afrodescendientes deben identificar las ventajas en la particular situación de cada lugar que construyen su comunidad, en sus propios términos, como un grupo destacado globalmente por sí mismo en África o en la diáspora, sin partir necesariamente de la experiencia de países con una historia diferente. Para ello es imprescindible entender su naturaleza esencial, su espíritu y qué es lo que les motiva a esforzarse. Así se pueden llevar a cabo interesantes proyectos de transformación real de la calidad de vida de los ciudadanos, lo que conduce a un cambio de cultura sustancial en las instituciones y a una mejora de la coordinación del trabajo entre los sectores público y privado.

CONCLUSIÓN

La realidad es que es tremendamente complicado producir un impacto medible y significativo sobre una gran comunidad humana, pero existe una tentación constante de intentar lograr esto por medio de eventos, campañas de publicidad o comunicaciones en prensa y televisión. No hay ninguna prueba de que esto pueda lograrse así pero sí se observa que ese enfoque deriva casi siempre en elitismo e ineficacia. Toda comunidad local o nacional, especialmente en países emergentes, necesita comprender mejor las dinámicas informacionales que se dan hoy en su entorno para ganar mayor control sobre sus relaciones externas. Para ello es necesario que gestione sus actividades de manera más estratégica y mejore su presencia en Internet para que funcione como una interfaz entre el Estado, los inversores, la prensa, las empresas y la sociedad civil. Pero esto no se consigue sumergiendo al público en múltiples flujos continuos de comunicaciones, sino con estrategias de acción a largo plazo y herramientas tecnológicas adecuadas que coordinen los esfuerzos hacia un estado futuro deseado.

Una identidad colectiva debe explicar un relato sobre hacia dónde se dirige el grupo, evitando interminables debates sobre de dónde viene o dónde está ahora. Concentrarse en aspiraciones sobre el futuro, sin olvidar los logros del pasado, es lo que hizo la comunidad afroamericana en la segunda mitad del siglo XX cuando formuló su proyecto de sociedad para los Estados Unidos de América y la comunicó a sus conciudadanos y al resto del mundo, atrayendo la admiración internacional. Y hoy, por primera vez en la historia, cualquier comunidad puede proyectarse globalmente gracias a la revolución digital, pero debe empezar a jugar con las nuevas reglas de este escenario y no seguir bailando al son de música ajena, con técnicas de propaganda diseñadas en el pasado siglo para dar salida a la producción en masa de grandes corporaciones industriales. A partir de tal esfuerzo, se puede establecer el posicionamiento deseado en el mundo, proyectando una imagen potente y positiva hacia el exterior con un atractivo global. Entonces podrán conseguirse apoyos más fácilmente para actuar en las áreas prioritarias.

Hay que hacer que diferentes actividades formen parte de una estrategia integral compartida, claramente definida y ejecutada con eficacia, o al menos de algunas estrategias comunes. Se puede tener un mayor impacto y beneficiar a más personas si existen mecanismos participativos que busquen un desarrollo comunitario cohesivo e inclusivo, fijen objetivos que coordinen mejor al grupo, pongan en marcha acciones claras y corrijan las desigualdades. Será necesario decidir qué acciones comunes se deciden apoyar de la manera más democrática que sea posible, para maximizar los consensos y apoyos internos. Una responsabilidad de primer orden debería ser investigar qué mecanismos están teniendo éxito en otros lugares para crear capacidades y conseguir el interés del exterior o inversiones. Pero intentar simplemente despertar el orgullo nacional, cultural o racial, o bien el instinto emprendedor o activista de una minoría que puede permitírselo, resultará inefectivo porque para una transformación real debe existir asociado un proceso social amplio, respaldado con proyectos estratégicos y debates económicos de envergadura que tengan el potencial de involucrar al conjunto de los miembros de una sociedad a la hora de trabajar por los objetivos fijados.

Derechos culturales de la población negra en España (II)

En muchos países del mundo, durante las últimas décadas, el debate sobre la discriminación racial ha acabado convertido en un debate sobre la introducción o no de políticas de acción positiva. Si bien en España podría ser legítimo exigir una asignación de recursos diferenciada, la incapacidad tradicional de la sociedad civil negra y del Estado para coordinarse en esto provoca que las políticas de la diferencia se gestionen de forma elitista y antidemocrática.

Este segundo análisis sirvió para completar el informe en cuanto al estado del Decenio Afrodescendiente en España aportado a la reunión en Noviembre de 2017 de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (OHCHR)

  Descargar informe principal para Naciones Unidas – Abril 2016

He colaborado con movimientos por la igualdad racial desde 2007 a partir de haberme involucrado profesionalmente en proyectos de Desarrollo Humano y TICs (Tecnologías de la Información y de la Comunicación) como Experto en Misión del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, con el proyecto de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODMs). Los ODMs trataban de coordinar las políticas de cooperación internacional en todo el mundo con 8 grandes objetivos de desarrollo a alcanzar en el año 2015. Había objetivos y programas sobre pobreza, educación, igualdad de género, salud y medio ambiente, pero no sobre racismo ni sobre discriminación étnica, y sigue sin haberlos en su versión actualizada de los Objetivos de Desarrollo Sostenible a alcanzar en 2030. Debido al empuje de los movimientos negros, algunos gobiernos latinoamericanos han aprobado leyes de igualdad racial con medidas de acción positiva a semejanza de Estados Unidos. Pero tal modelo ha entrado en crisis por un efecto no esperado de reactivar movimientos identitarios blancos y aumentar el racismo.

Me interesé por estas problemáticas no atendidas por los ODMs desde un enfoque estratégico que plantea la desigualdad racial fundamentalmente como un problema cultural y de educación, por tanto pedí que se me asignase como colaborador en la estructura de la UNESCO en España. Así, desde el año 2009 he colaborado como consultor de la red de la UNESCO para Estudios Afroiberoamericanos, que es una estructura de las Naciones Unidas fundada en 1994 para la Educación y la Cultura en el área de Estudios Africanos. Mi misión no ha sido solamente contribuir a impulsar estos estudios, sino también analizar el avance en Europa, África y Américas de las actividades, organizaciones y movimientos sociales relacionados con los afrodescendientes, e intentar contribuir al cumplimiento de los compromisos internacionales en materia de diversidad cultural y en la erradicación de prejuicios raciales y estereotipos. En este periodo he ganado experiencia también como consultor empresarial de estrategia, que he podido aplicar en las industrias culturales de raíz africana. Esto ha ayudado en el análisis de situación sobre los retos de África, ya que plantear proyectos de este tipo exige un amplio análisis de macroentorno.

Al intentar entender la desigualdad racial y el desarrollo comunitario de la población negra en España, es imperativo atender a los aspectos históricos y culturales involucrados. Con motivo de un informe sobre racismo para Naciones Unidas del año pasado, hicimos en un análisis anterior una retrospectiva sobre derechos culturales de la población negra. Vamos a examinar ahora cómo la dinámica puesta en marcha entre el Estado y el colectivo afrodescendiente está resultando improductiva y va en contra contra de los intereses generales de la sociedad civil negra, porque crea nuevas desigualdades a través de una cortoplacista e ineficiente cultura del empoderamiento que funciona apenas a través de la comunicación y las relaciones públicas. Pretendo aquí hacer una descripción del proceso por el que esto se ha producido desde el comienzo de la democracia hasta el momento actual, y de cómo se ha ido intensificando recientemente debido a unas políticas identitarias que ya han fracasado en otros países pero se siguen intentando importar a España. Los términos población negra y afrodescendiente son utilizados aquí indistintamente.

EL DECENIO INTERNACIONAL AFRODESCENDIENTE: ¿ALGO QUE CELEBRAR?

Reconocimiento, Justicia y Desarrollo. Sobre estos tres principios descansan la armonía de derechos y deberes internacionales en las celebraciones en 2011 del Año Internacional de los Afrodescendientes de la UNESCO y del Decenio Internacional para los Afrodescendientes que celebran las Naciones Unidas entre 2015 y 2024. Desde este evento del Decenio se insta a los Estados a adoptar medidas en la erradicación del “racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia”. El fundamento de las políticas correctoras que se pusieron en marcha en Estados Unidos fueron los estudios estadísticos en censos de población con categorías de grupo racial. El PNUD adaptó estas políticas en América Latina para suplir esta carencia de los ODMs, constatando que los afrolatinos sufren un atraso estructural en materias como igualdad, educación, empleo, ingresos, salud, esperanza de vida o exposición a la violencia como también sufren los afroamericanos estadounidenses.

En España no han existido estudios estadísticos de población o sobre Desarrollo Humano desglosados por grupo racial, por lo que el Estado desconoce las necesidades de intervención social en cuanto a minorías raciales. Debido a esta ausencia de datos y a la gran fragmentación sociopolítica de la población afrodescendiente en el país, resulta muy complejo articular sus demandas. El estereotipo dominante hasta el momento en la sociedad ha sido que no se puede ser negro y español, y cuando se puede siempre es con algún “pero” (“pero de dónde vienes”, “pero cuál es tu origen”, etc.) que discrimina a los individuos por su raza en contradicción con la letra y el espíritu de la Constitución Española de 1978. Como elemento coadyuvante, este discurso ha sido interiorizado por muchos migrantes que educan a sus hijos nacidos en España para crecer en su propio país considerándose extranjeros. Todo esto ha contribuido a una brecha de derechos y aquí es donde cobran importancia las reivindicaciones de los afrodescendientes españoles, que se han proyectado públicamente con escaso impacto hasta la fecha.

Falta un Reconocimiento de la población negra por parte de la sociedad y del Estado. Cuando se intenta caracterizar esta población, se hace a través de la autodenominada comunidad afroespañola, que es un eufemismo para describir una profusión de grupos de la diáspora africana presentes en la esfera pública del país por medio de algún proyecto o actividad. Las dificultades de esta representación estriban en que coexisten con profundas divergencias sobre su identidad cultural y sobre cómo aplicar conceptos básicos relacionados con la cuestión racial dentro del propio colectivo, además de una preocupante falta de acuerdo sobre qué estrategias y acciones concretas seguir contra el racismo que dicen combatir. Casi invariablemente, estos grupos toman direcciones muy rígidas a favor de una determinada visión ideológica de la política y la sociedad (típicamente la neoliberal, la neocomunista, la panafricanista o combinaciones entre estas) que no son acordadas ni compartidas con el resto de la población negra ni con la sociedad española en general. Tal comunidad en realidad es una comunidad de intereses que supone solamente una fracción minúscula de la población afrodescendiente total en España, estimada en el entorno de 1.200.000 personas pero que no es posible contabilizar oficialmente. Se denuncia la falta de un censo racial en el que anónima y voluntariamente pudiesen autodesignarse.

Falta Justicia, con un proceso de participación más inclusivo y equilibrado. El sistema de empoderamiento puesto en práctica en otros lugares es muy difícil de aplicar porque el contexto español no se presta a ello; las mayorías son importantes y los afrodescendientes con plenos derechos de ciudadanía son un grupo demasiado reducido de población como para visibilizar sus demandas por canales convencionales. Como consecuencia de la escasez de convocatorias públicas para proyectos o de la dificultad para superarlas, los grupos frecuentemente se organizan para conectarse a redes de influencia y superar estas carencias por medio de apoyos institucionales, lo cual genera clientelismo por parte de los que asignan los recursos. No se ponen en marcha proyectos nacionales, en parte por falta de políticas y en parte por falta de capacidad de estos grupos en el mundo del asociacionismo, la política, etc. Y a estos grupos les resulta más rentable no buscar alianzas entre sí, ya que en realidad están compitiendo por obtener apoyos externos y por llevarse el mérito de determinados logros, con lo que se generan parálisis a la hora de avanzar colectivamente y endogamia organizacional generalizadas. Toda la causa social por la igualdad pierde su sentido por un uso personalista que se hace de los recursos disponibles y porque no se cumple con una igualdad de oportunidades para todos los aspirantes.

Falta también Desarrollo por no obtenerse una distribución justa de los beneficios de las iniciativas sociales. Para cumplir con sus obligaciones internacionales, el Estado debería establecer una asignación de recursos diferenciada para el desarrollo de la población negra en España. Progresar en ello requeriría trabajar por unos objetivos concretos determinados, pero las organizaciones involucradas en afrodescendencia son poco o nada transparentes al respecto porque generalmente no saben utilizar marcos de estrategia ni indicadores de impacto social, y no saben ni pueden medir los resultados de sus acciones. Además esto empeora porque, como muchos de los grupos involucrados en la erradicación del racismo han aprendido a trabajar con un enfoque de comunicación (de sus propias actividades) y no de políticas públicas, no se tiene ninguna prueba de impacto efectivo en la base social pero sí de efectos contraproducentes en cuanto a lucha contra el racismo. El énfasis excesivo en la función de comunicación ha ido creando así un sector protegido de eventos y relaciones públicas abigarrados alrededor de las instituciones, que finalmente niega la financiación y los recursos públicos existentes a enfoques más correctos. Todo esto opera como un espejismo en contra de que, desde el Estado, se invierta seriamente en iniciativas para mejorar la calidad de vida del conjunto de la población negra.

Según las recomendaciones de Naciones Unidas y nuestro propio criterio, el Estado debería enfocar los apoyos públicos a buscar impactos positivos medibles sobre el conjunto de la población negra y la sociedad en general. El problema es que la base de la metodología del PNUD para el desarrollo de políticas de igualdad racial era el establecimiento de censos raciales, pero estos se plantearon en contextos sociales muy diferentes al español y falta aún un análisis específico sobre España con la suficiente profundidad. Primero habría que tomar la propia realidad de la población negra en el territorio como punto de partida, como examinamos con las estrategias comunitarias de construcción de identidad. Este enfoque nos explica por qué la mera comunicación no puede atender a los problemas si no hay previamente un diseño y aplicación de políticas públicas. Pero pese a que la historia y el rescate de la tradición local son la fuerza principal detrás del desarrollo comunitario en todo el mundo, apenas existen menciones a la raíz africana de la cultura española entre las iniciativas que se están impulsando. Y el legado cultural africano en nuestro país en el intercambio con África debería ser un activo a cuidar, puesto que el territorio español tiene una de las historias de diáspora más interesantes del mundo.

Son necesarios más apoyos y recursos, pero sería más importante aún colocarse en una dirección correcta de políticas públicas, reconociendo la diversidad racial del país en la cultura y la historia. Para ello, España debería hacer un mayor esfuerzo por reconocer su propia diversidad, reconociendo a los españoles negros como a otras minorías estructurales que nuestra democracia reconoce (la comunidad gitana, la comunidad judía, la comunidad musulmana, los vascos, los catalanes, etc.) y asignando nuevos recursos para educación y cultura en la lucha contra el racismo. Pero las desigualdades de raza siguen sin solucionarse y a la vez se ha creado un nuevo eje de desigualdad entre afrodescendientes subvencionados (“a dedo” en una carrera por visibilizarse) y no subvencionados. Por tanto, la dinámica actual resulta antidemocrática por definición y además perjudica los intereses colectivos porque crea nuevas desigualdades. Si el oportunismo y las soluciones demagógicas continúan proliferando, desaparecerá cualquier atisbo de posibilidad de avanzar durante los próximos años en la igualdad de oportunidades efectiva con el resto de la sociedad y también entre afrodescendientes.

DIFICULTADES PARA LA PLANIFICACIÓN DE POLÍTICAS PÚBLICAS

Hasta ahora no está en la agenda del Estado atender a la desigualdad racial como sí lo ha estado atender a las desigualdades de género, orientación sexual y discapacidad. Formar ciudadanos que sepan enfrentar de manera eficiente y democrática los retos de un mundo global implica saber manejar una creciente diversidad, pero los prejuicios y estereotipos siguen siendo una forma rápida y cómoda para el ser humano de economizar esfuerzos. En lugar de entender esta diversidad y tratarla como una riqueza en la cultura del país, los medios de comunicación y la producción cultural en los 40 años de democracia española han preferido retratar a los ciudadanos no blancos como extranjeros y de una manera estereotipada. Desde el propio Estado se ha difundido la idea de que la diversidad racial es ajena a la nación por naturaleza, cuando en realidad se trata del desconocimiento de la propia historia y de la larga tradición de falta de respeto a las minorías raciales por parte de las instituciones. El término afroespañolidad es una etiqueta para denominar el ser de la sociedad civil negra en España, que ha reaccionado ante estas situaciones de agravio comparativo con un proceso de reconstrucción de su identidad en unos nuevos términos.

Los problemas de racismo son de interés general y su erradicación una labor de toda la sociedad, pero hasta ahora en España no se han creado políticas públicas efectivas para combatir las desigualdades a las que se enfrentan las minorías raciales. Un censo por grupos raciales será muy difícil de aplicar porque el contexto no se presta a ello; por la forma de vida de los españoles, el pequeño tamaño de la población negra española y la tradición legislativa, el país probablemente se resistirá a aplicar una versión de los censos como se han aplicado en las Américas, pero también por los cuestionables resultados que recientemente han hecho entrar el modelo en crisis. En Europa no se debate sobre raza como en las Américas porque aún resuenan los efectos de las guerras del nacionalismo étnico y está por resolver el rompecabezas racial y religioso que ha dejado la entrada en crisis también de modelos como el de asimilación francés o el multicultural holandés. Junto a esto, un segmento de la población en España considera a las personas no blancas como una amenaza para la identidad y el bienestar nacionales; consideración frecuentemente disfrazada de bromas racistas, que hacen reír a mucha gente pero que tienen un efecto muy dañino en la vida cotidiana de las personas, sobre todo de niños y jóvenes, creando el caldo de cultivo de las versiones más radicales de la lucha anti-racista.

El lenguaje que se utiliza influye mucho en la forma que se percibe el mundo y manejarlo bien es sin duda parte de las soluciones en la erradicación del racismo. Sin embargo, aquellos grupos con mayor visibilidad social entre la minoría negra, en las pocas oportunidades reales que tienen de dirigirse a la opinión pública del país, no presentan un discurso que pueda conectar con un público más allá de su entorno y los ya convencidos. Sus mensajes son más bien concebidos para consumo interno en una profusión de eventos inconexos como charlas inspiracionales, conferencias, ceremonias, premios, homenajes, encuentros con personajes célebres, manifestaciones, etc. en los que el público suele dejarse llevar por la excitación que provoca la denuncia del racismo, la exaltación de la negritud o el sentimiento de pertenencia al grupo. Con los escasos apoyos oficiales que se conceden, que suelen ser gestionados por personas o entidades no afrodescendientes dentro del establishment institucional, se diseñan iniciativas según la particular manera que tengan algunas de estas personas de entender las necesidades vitales de la población negra.

La mayoría de iniciativas afrodescendientes necesitan encajarse en variopintas agendas institucionales con prioridades distintas a las de los programas aprobados en Naciones Unidas, generalmente las de organizaciones sociales o culturales, lo cual crea descoordinación y falta de alineamiento. De ahí la necesidad de espacios que intenten dirigir la atención sobre las cuestiones que afectan a la población negra. En lo personal, agradezco que me hayan llamado a algunos de estos foros en España y en el extranjero. Entre algunos asistentes nos hemos escuchado con atención conversando sobre determinadas cuestiones, y ha existido un intercambio de contactos que podría haber producido colaboraciones profesionales interesantes en otro contexto, pero la posibilidad de trabajar por objetivos estratégicos desaparece al soslayarse cualquier reivindicación de ámbito general en favor de enfoques excesivamente personalistas. No es mi intención descalificar a las personas que gestionan tales proyectos (yo mismo me puedo incluir en estas críticas) sino analizar el comportamiento de este sistema, describir cómo excluye otros enfoques más efectivos y denunciar la ausencia de mecanismos democráticos con la anti-política puesta en marcha en esta materia, que merece ser conocida por el conjunto de la sociedad porque es objeto de mucha controversia dentro de la propia sociedad civil negra.

El desarrollo de proyectos sin encaje en verdaderos planes estratégicos de las Administraciones provoca que el reparto de recursos públicos y oportunidades de representación sean monopolizados solamente por un pequeño grupo de personas escogidas arbitrariamente, que deciden actividades en áreas profesionales en las que pueden desenvolverse. Así, casi todas estas iniciativas se encuadran en el área de relaciones públicas y organización de eventos (que cuánto más lúdicos y folclóricos sean, más apoyos reciben). Se suelen dedicar los esfuerzos públicos para la afrodescendencia a contentar a una minoría con una serie de actividades de propaganda y encuentros, con escasos o nulos resultados en términos de objetivos reales para la erradicación del racismo. Esto funciona como propaganda porque no existe correspondencia entre gran parte de lo que se pretende comunicar y la realidad; como no se miden ni controlan índices socioeconómicos de la población negra y se desconoce el impacto social de los proyectos de empoderamiento sobre el conjunto de la misma, es posible justificar el apoyo de acciones que son irrelevantes al amparo de la arbitrariedad o de la disparidad de criterios sobre las que se sustentan de forma cambiante. La situación evoluciona de una manera ineficiente e ineficaz, en prácticamente todos los ámbitos donde se ponen en marcha este tipo de iniciativas.

La ineficiencia de la dinámica general está en que los grandes problemas siguen sin solución pero, al mismo tiempo, la aplicación al desarrollo comunitario de esquemas de trabajo más bien ideados para publicistas ha generado una carrera por la visibilización con un nuevo eje de desigualdad en función de si se obtienen apoyos públicos o no en tal carrera. Se ha perdido totalmente de vista la reivindicación de fondo y esta falsa prioridad de visibilizarse cada vez más se coloca continuamente como excusa para buscar notoriedad y por delante de las demás consideraciones, centrando la acción social en organizar encuentros sin ningún trabajo comunitario real ni objetivo en común de fondo. Se acaban convirtiendo en una especie de continuo concurso sin convocatoria pública entre proyectos o personas particulares, en detrimento del análisis en profundidad de los problemas sociales existentes y unas verdaderas propuestas de solución. Esto tiene un alto coste de oportunidad al no dedicarse el tiempo y los recursos a trabajar sobre soluciones reales. Es a la población blanca a la que también hay que interpelar, pero no hay un diseño de políticas en materia de igualdad racial que alcancen a la ciudadanía por parte del Estado ni se articulan propuestas seriamente desde la sociedad civil.

La ineficacia reside en que esta dinámica no ofrece respuestas sobre qué beneficios generales tiene sobre la población negra en el país o cómo ayuda a mejorar su calidad de vida. Se entiende así que muchos de los involucrados digan esperar la emergencia de un futuro líder, porque en general no perciben que el problema no es el carisma o los conocimientos personales sino la lógica de funcionamiento de la propia comunidad en la que se encuentran, cuya apuesta por el momento es continuar haciendo eventos, manifestaciones y campañas sin trascendencia social más allá de su propio ecosistema de grupos y algún público ocasional. Estos espacios no son un escenario adecuado para la reflexión y la planificación ni para debates sobre problemáticas complejas que afectan a las leyes, la acción social, la economía y muchas otras áreas de política pública. Quienes esperen ver avances sociales a raíz de este tipo de acciones se verán frustrados; por su lado, quienes acuden principalmente buscando beneficios psicológicos de pertenencia a un grupo se ven recompensados y esto actúa realimentando la situación.

PROBLEMAS DE IDENTIDAD, GUERRA CULTURAL Y EFECTOS NO DESEADOS

Con todo, una incipiente industria de eventos se ha abierto camino entre la falta de igualdad de oportunidades y una fiera competencia a lo largo de los años por dirigir la visibilización del colectivo y monopolizar los apoyos; esto se ha unido a la tradicional tendencia en España entre grupos de activistas afrodescendientes de importar diferentes corrientes del panafricanismo o el identitarismo de las Américas. El enfoque de gestión cultural dominante de este activismo es el de comunicación pública a través de retóricas identitarias, atrayendo para ello a un sector minoritario, hipersensible y exageradamente ideologizado, que se presenta como pueblo oprimido junto con los migrantes africanos y en ocasiones agita a la ultraderecha. Su discurso pretende comunicar a la sociedad conceptos que son ya hegemónicos dentro de su élite cultural, pero esto se transforma muchas veces en el discurso de los fácilmente ofendidos, disfrazados de luchadores por los derechos pero utilizando al resto de la población negra de forma instrumental para favorecer su visión particular o progresar personalmente. Los movimientos etnocentristas identitarios tienen también el problema de lo fácilmente que derivan hacia el racismo; de hecho el primer movimiento identitario que surgió en los Estados Unidos fue el Ku Klux Klan.

Estos movimientos se enfrentan entre sí con una dinámica de acción-reacción y más acción. Los eventos y manifestaciones están actuando en esta situación sobre el fuerte sentimiento de pertenencia a un grupo que tienen algunas personas por las de su misma raza a la hora de confraternizar, pero en un sentido tal que presiona para que confíen en hacer más de esos encuentros como manera de ir encontrando soluciones a sus problemas. En cuanto a los contenidos, en España gran parte de lo que se escucha sobre la lucha contra el racismo en este ambiente se queda en una pose porque no hay una metodología ni una continuidad en el trabajo colectivo por detrás de su discurso. Racionalmente no se entiende ninguna de las explicaciones sostenidas sobre cómo este enfoque de comunicación empodera a otros afrodescendientes que no lo practiquen también. Además, al intentar copiar el modelo americano, no se entiende cómo aplicarlo en una realidad histórica y sociológica totalmente diferente; para empeorar la situación, el identitarismo ha tenido un efecto muy contraproducente en los conflictos raciales por el aumento del supremacismo blanco y la xenofobia, según se desprende de los estudios sociológicos sobre el resultado electoral del Brexit en Reino Unido y de la victoria de Donald Trump en Estados Unidos. Cuando las políticas de acción positiva se han mezclado con el identitarismo han acabado favoreciendo la expresión electoral del racismo, que recientemente ha surgido como reacción en las redes sociales y en sitios web.

Una mayoría de personas, negras o de otras razas, que se aproxima al entorno del activismo negro no entiende ni comparte la ideología identitaria, que se pretende difundir en un contexto muy inadecuado como el español, por lo que acaban por no volver. Se va produciendo mayor endogamia y sectarismo dentro de un núcleo que, para mantenerse como tal, necesita una frenética actividad de publicidad sobre sí mismo. Como esto se pone además al servicio de un planteamiento ideológico determinado, suele haber un elitismo cultural que considera su deber lanzar constantes debates morales no sólo contra los racistas sino también en contra de los indiferentes o los ignorantes, a los que desprecia, y de los disidentes, a los que acusa de complicidad con la sociedad racista. Esta dinámica sólo consigue infantilizar aún más la imagen pública de los afrodescendientes en España. Como el país no tiene barrios negros en las ciudades ni una clase empresarial negra, la representación a través de líderes de la comunidad que intenta imitar a otros países no despega porque no funciona bien en la estructura de esta base social. En tal contexto se produce además una llamada a la guerra cultural, sobre todo en forma de cruzada mediática y semántica en Internet.

Como el lenguaje resulta demasiado ideológico y contraintuitivo para el resto de los españoles e incluso para los africanos (bastante gente percibe a algunos líderes o caras visibles del activismo como racistas negros por su retórica identitaria) necesita de un flujo continuo de campañas de explicaciones con debates y esta lógica acaba derivando en muchas ocasiones en un mayor sectarismo. Según los expertos consultados, es urgente salir del amateurismo y el cortoplacismo para adquirir experiencia en el mundo de la organización moderna y la gestión de proyectos, pero la mayoría de las iniciativas se gestan en entornos demasiado cerrados y poco profesionalizados, sin control ni coordinación con las metodologías para la ejecución de programas adecuados para la erradicación del racismo. Y el riesgo de lanzar guerras culturales sin tener en cuenta el contexto (con el surgimiento actualmente de la nueva derecha o del hombre blanco enfadado que ha ganado en el Brexit y después con Trump) es que pueden perderse simplemente con que el adversario, que es mucho más numeroso, difunda otro relato contrario; esto el activismo negro se lo está dejando muy fácil a los movimientos racistas y a los que critican todo aquello que pueda parecerles discriminación positiva.

Todo esto parece funcionar más como un gran ritual para conjurar miedos compartidos que como parte de un verdadero programa de acción contra el racismo. Para combatir la discriminación mediante la defensa de sus derechos culturales, los afrodescendientes españoles deberían establecer una estrategia eficaz para conseguir apoyos públicos y poder financiar un programa cultural propio. No debería ocurrir que, cada vez que un colectivo pretenda defender sus derechos, sea imperativo que organice más asociaciones y grupos de interés privados porque no existen unas vías convencionales para conseguirlo; lo prioritario deberían ser los compromisos reales en las políticas del Estado a largo plazo por parte de responsables de las Administraciones y sociedad civil. España ha tenido en el pasado una larga tradición de racismo institucional y fue el imperio que inició la trata de esclavos junto con Portugal, por lo que sería deseable que fuese un país que desarrollase mejores políticas públicas para combatir el racismo. Pero mientras el Estado no actúe y una comunidad que se considera clave en tal proceso siga discutiendo en círculo sobre una multitud de asuntos sin priorizar o celebrando debates identitarios, la problemática de discriminación no se solucionará y muy posiblemente empeorará debido a tendencias como el cambio climático, las migraciones de refugiados y el ascenso internacional del racismo.

La nación española ha sido hostil con sus minorías raciales y étnicas durante buena parte de su historia, pero también aparece consistentemente en las estadísticas de Eurostat como el país menos racista de Europa en la actualidad. Esto no quiere decir que no haya que trabajar en los graves problemas de racismo, pero tampoco tiene sentido definir hoy a los españoles como un pueblo opresor. En cualquier caso y debido a los muy diferentes contextos, no parece que el modelo de las Américas sea un modelo a importar y sería necesario un esfuerzo de estrategia totalmente renovado. En palabras de un histórico activista negro: “primero habría que desmantelarlo todo, para empezarlo otra vez desde cero de una manera democrática”. Mientras tanto, los tímidos avances en materia de igualdad racial en España, los que afectan en general a la población, se producen principalmente por la fuerza de los cambios demográficos, como cabía esperar. Por ejemplo, las empresas comienzan a incorporar mayor diversidad racial en su publicidad en España porque hijos de los migrantes llegados en los 90 de todas las razas empiezan a llegar a la edad adulta, pasando a formar parte de la clase consumidora. Pero el motor de este cambio no ha sido concienciar a todas esas empresas (lo cual puede ayudar puntualmente) sino los cambios en la base social, y es ahí donde reside también toda posibilidad de diseñar o aplicar políticas públicas de diversidad.

EL DESPLOME DE LA PRODUCTIVIDAD

La prioridad en la mayoría de proyectos afrodescendientes hasta hoy es conseguir justificar su acción y los apoyos que reciben mediante un continuo flujo de comunicaciones públicas. Sin embargo, existen estudios de ámbito global que demuestran que el impacto social efectivo de este tipo de prácticas resulta casi nulo o incluso negativo. Publicar en las redes sociales lo que ha sucedido o sucederá en un evento de relaciones públicas no va a aumentar los niveles generales de bienestar de la población negra no asistente al mismo. Pero la actividad principal de estas iniciativas afrodescendientes de empoderamiento que se están promoviendo es una sucesión de anuncios, premios, presentaciones, manifestaciones y charlas inspiracionales que visibilicen a personas negras como ponentes y entre el público. Como he conversado con personas que gestionan estas iniciativas conozco su versión, según la cual no ven ningún problema en trabajar con este improductivo enfoque de comunicación. O con el de líderes, que es un caso particular.

El sector general de la comunicación mediante eventos sufre en España enormes presiones para reformarse en los últimos años, sobre todo a raíz de la crisis, por lo que se está exigiendo cada vez más que incorpore determinados valores éticos y de sostenibilidad. Lo más importante que se pide hoy a las organizaciones modernas es que reuniones, incentivos, espectáculos, congresos, festivales, convenciones y ferias (junto con la identidad de la organización, la publicidad, las relaciones públicas, las relaciones con los medios de comunicación, el patrocinio y el merchandising) comuniquen fielmente qué estrategia hay por detrás. Como no existen estrategias comunes de los grupos llamados afroespañoles, porque no se sabe cómo avanzar más allá del análisis de la situación debido a la gran heterogeneidad de grupos e individuos, la sucesión de eventos y publicaciones de visibilización en la que centran sus esfuerzos sólo pueden sobrevivir en el actual escenario hipercompetitivo y de saturación informacional mediante el abaratamiento de costes y las ayudas públicas, típicamente mediante su inclusión en el portafolio lúdico-cultural de los ayuntamientos. No sería fácil financiar estos proyectos propagandísticos de otra forma, porque se necesita llegar con una cualificación profesional más alta que exige el mercado al resto de la sociedad en foros académicos o de emprendedores.

El hecho estadístico en todo el mundo, la situación real que se observa, es que invertir el grueso de los esfuerzos en comunicación y en elevar a unos pocos al rango de pseudo-líderes (que se prestan a esto, dentro de una búsqueda de portavoces a menudo desesperada, porque para ellos es una fuente de ventajas personales en forma de cargos, financiación, viajes, etc.) resulta totalmente ineficaz si tiene como contraprestación el olvido del diseño y puesta en funcionamiento de políticas públicas. En el caso que nos ocupa, colectivamente conduce a no trabajar por unas verdaderas políticas correctoras de la desigualdad racial e incluso, si no se maneja bien, acaba por conseguir todo lo contrario al aumentar de forma irresponsable conflictos raciales que pueden estar latentes en la sociedad y no son abordados correctamente. Una gestión más inclusiva y estratégica trabajando por metas concretas sería necesaria, evitando perderse en interminables discusiones identitarias o semánticas que sólo producen división en la sociedad y que en algunos casos agitan o hacen crecer a los movimientos racistas.

El primer error es la falta de alineación de los afrodescendientes para dialogar con las administraciones públicas. Esto exige una toma de decisiones sobre los asuntos de interés para la comunidad que nunca se ha producido debido a continuas batallas de egos entre y dentro de los grupos activistas, y además porque reúnen a una minoría que no puede ni debe hablar ni tomar decisiones por el resto. Cada miembro de esta minoría además ha adaptado a su manera el desembarco de los discursos identitarios importados de las Américas. Sería recomendable utilizar herramientas digitales de discusión y votación para formular consensos amplios desde la base social, lo cual está siendo clave en la modernización de la participación social en todo el mundo, pero por alguna razón estos grupos no se muestran interesados en estos mecanismos. Invertir esfuerzos en crear de forma redundante nuevas estructuras de representación que atomizan el movimiento es el segundo error, y el tercero es no coordinar eficazmente los diferentes proyectos que son creados para ponerlos en la dirección de objetivos comunes.

Estas críticas al enfoque de comunicación son generalmente ignoradas porque es muy difícil que lo abandonen aquellos que lo practican, especialmente cuando buscan convertirlo en un medio de vida y/o privilegios particulares como conferenciante profesional, líder o algo relacionado con proyectar su carisma personal. ¿Es la renuncia a formular políticas educativo-culturales (centradas en la historia del territorio propio) una consecuencia del fracaso de las políticas de la identidad en otros lugares de Europa y en las Américas? ¿Existe una intención deliberada de las autoridades en el ámbito nacional e internacional para infantilizar a las minorías raciales confinándolas en determinados foros como cobayas? ¿Por qué las personas al frente de esos proyectos no son afrodescendientes en la inmensa mayoría de ocasiones? ¿Es legítimo asignar recursos públicos para impulsar determinadas agendas ideológicas, con escaso o ningún respaldo científico? ¿O para premiar la “experiencia como activista” de desempleados sin currículum? ¿Por qué se apoyan iniciativas organizadas sobre la marcha por gente sin experiencia o dudosa profesionalidad, mientras que no existen apoyos para formar equipos solventes mediante convocatorias abiertas?

Cuando alguien se arma de una ideología de raza que le permite culpar a otros de sus propios problemas particulares, consigue resolver en su cabeza muchas frustraciones: puede difundir teorías sobre que si uno no prospera, no puede hacer ciertas cosas que le gustarían o no puede acceder a ciertos trabajos, es indudablemente por culpa de una sociedad injusta que le oprime por su raza siempre, vaya donde vaya y haga lo que haga. Esto proporciona a estos grupos la excusa perfecta para vender su causa en audiencias internas o externas, de manera que algunos escogidos progresen personalmente como líderes mientras que los demás se consuelan con la idea de que impulsando a unos pocos se consigue en parte hacer justicia histórica. Aspirar a beneficios personales únicamente sobre la base de una determinada pigmentación de la piel, en lugar de combatir realmente las situaciones de desigualdad y discriminación en nuestra sociedad, abre la puerta a nuevas desigualdades.

Encarar la problemática del racismo en España a partir de ideas importadas del extranjero, que no vienen al caso y suelen derivar en interminables debates desde los cuales no se pueden después abordar las soluciones adecuadas, no solamente falsea el análisis; tampoco ayuda en nada a las personas con verdaderos problemas de racismo o discriminación, además de agitar reacciones contra el conjunto de la población negra injustamente. Cuando los miembros de un movimiento político-cultural confunden sus sentimientos con la realidad y la esfera privada con la pública de una forma fanática y obsesiva, señalando a otro grupo social como enemigo (a menudo por nimiedades) no existen razonamientos que impidan considerar a cualquiera un aliado del fantasma contra el que han elegido luchar. Tal ideología de raza, supuestamente orientada por una causa emancipadora, en realidad es una forma más de separar a las personas que segrega sectores de la sociedad que podrían y deberían funcionar juntos, para poner en primer lugar una suma de intereses y agendas individuales.

Fomentar una élite de iluminados, espejo tardío del etnocentrismo blanco, que crea estar destinada a convertirse en cara visible de la población negra y en cierto sentido parte de la clase dirigente del país (como líderes de opinión, campeones por África, de la justicia contra el racismo o por la reparación de los crímenes de la esclavitud trasatlántica) genera guetos y nepotismo como primera consecuencia práctica. La segunda consecuencia se produce al no calcular los riesgos ni prevenir los efectos inesperados que pueden llegar a producirse por lanzar guerras culturales, que no pueden ganarse partiendo de la obsesión por exagerar el racismo de los españoles o de recordar del sufrimiento de la población negra en siglos recientes. Los más radicales van más allá y hablan de la necesidad de una comunidad negra separada socialmente y diferenciada legalmente del resto de la población, que afecte incluso a familias que son racialmente mixtas en una tentativa de ingeniería social.

El tono de los debates aleccionadores en las redes sociales, percibidos como victimismo versus racismo, sólo consigue dividir a la sociedad y aumentar el enfrentamiento racial. Como este antirracismo militante además se ve condicionado por afinidades personales e ideológicas, podría darse que una minoría progrese erigiéndose como salvadores de la causa al tiempo que la situación podría estar empeorando para el conjunto de la población negra: por un efecto combinado de la inacción en las políticas que serían necesarias y de la reacción en una parte de la sociedad blanca ante el agit-prop victimista/aleccionador de un sector minoritario de población negra que busca notoriedad. Con tal mezcla de impulsos primarios (gregarios por un lado y egoístas por otro) y sin ninguna consideración estratégica a más largo plazo, se prioriza lo que rinda mayor satisfacción particular en cada momento. Todo esto convierte la causa por la igualdad apenas en un relato accesorio.

El problema de este enfoque de comunicación no sólo es que la propaganda, por su naturaleza, siempre necesite estar renovándose. Es además que nunca produce el impacto que promete y fomenta una hipercompetitividad en la que los que consiguen más notoriedad mediante tal propaganda se colocan antes en el centro de ese ecosistema, entonces otros siguen su estela y se acaba dedicando todo el proceso de supuesto empoderamiento a la especialidad de esas personas: la comunicación y las relaciones públicas sin ningún objetivo concreto ni medible. La excusa es visibilizarse, eufemismo que en realidad quiere decir hablar continuamente sobre sí mismos. Por tanto, la cercanía a posiciones de poder en las esferas cultural, mediática o política se convierte en el principal factor que así se está exigiendo para participar del ecosistema; su única habilidad colectiva parece ser la organización de charlas o presentaciones para un público escaso y poco interesado. Se produce de este modo una endogamia en la organización de proyectos, con una minoría no representativa que entiende la participación pública como demagogia que debe ser dirigida desde su entorno particular y/o por medio de celebridades en foros y encuentros, que fomentan el intercambio de favores para aprovechar arbitrariamente el clientelismo como única estrategia de conjunto.

En realidad, en España no existen políticas ni iniciativas comunitarias para la igualdad racial, sino que se impulsa una selección elitista y antidemocrática de pseudo-líderes o supuestas figuras públicas de referencia por un lado, y por otro una ejecución ineficiente de proyectos que suelen depender de prejuicios ideológicos o agendas particulares de pequeños subgrupos. Como el tipo de proyectos resulta mal escogido y las personas involucradas no pueden hacer frente a una problemática tan compleja como la del racismo, todo esto acaba desplomando la productividad en cuanto a la consecución de un impacto social más amplio y supone una renuncia a objetivos estratégicos que se ajusten a lo específico de la realidad española. De esta forma se desvirtúa el sentido original de las políticas de igualdad, diversidad, inclusión y desarrollo. Son pocos quienes responden con claridad sobre si están equivocados o no estos ingenuos esfuerzos, que son dominantes dentro del activismo y el asociacionismo negro desde hace muchos años y no producen en la práctica impactos positivos para el conjunto de la población negra del país. Sin embargo, nadie quiere parar la música en medio del baile y probablemente seguiremos viendo en el futuro iniciativas de este tipo compitiendo entre sí, con unos subgrupos que intentan deshacer el trabajo de otros para imponer sus particulares puntos de vista y parasitar el presupuesto público u ocupar cargos sin tener que superar unas oposiciones previamente.

CONCLUSIONES

Bajo un mal liderazgo político en la lucha contra el racismo durante 40 años de democracia, no ha sido posible emprender proyectos sociales o culturales con una mínima envergadura para tener impactos medibles en la corrección de la desigualdad racial. El negacionismo de la sociedad española sobre la necesidad de políticas de igualdad racial ha ido produciendo como reacción un movimiento activista, atomizado en grupúsculos, que luchan por llamar la atención y conseguir prebendas por parte de los poderes del Estado. Aunque resulte una contradicción en los términos, el resultado es que la única política de igualdad racial en España para la población negra es un desigual reparto de ocasiones para darse a conocer entre sí y poner en común sus quejas. Los esfuerzos deberían enfocarse a poder debatir con el resto de los españoles acerca de las legítimas preocupaciones sobre raza o migración que existen y sus soluciones. Pero para esto las personas adultas no necesitan más tutelas ni más liderazgos, sino contar con unos responsables políticos y un funcionariado bien formados al respecto y que entiendan cómo aplicar medidas efectivas en las instancias correspondientes. La carencia de los mismos hace que los actores involucrados opten como solución por organizar un continuo espectáculo de propaganda que conjure el miedo a los resultados de un debate abierto.

La denuncia de los problemas es importante, pero los poderes públicos deben ponerse prioritariamente al servicio de las soluciones. Ante los importantes retos que tiene nuestro país en materia de igualdad racial y los riesgos que se plantean en el horizonte, es urgente y necesaria la participación ciudadana en una estrategia nacional que hasta hoy no existe para los derechos culturales de la población negra, junto a los de otras minorías raciales en España. Para poner en marcha iniciativas, los afrodescendientes necesitan unos cauces de participación más democráticos y no elitistas ni hipercompetitivos. En la construcción de una identidad multirracial se necesita un debate público con una participación amplia, dejando de discutir en círculos cerrados y debatiendo también en otros foros donde se discute la política nacional. Solo así pueden generarse los consensos necesarios para decidir qué es lo que el Estado debe hacer y qué no para rehabilitar los derechos culturales de las minorías, porque debe hacerse de una manera democrática o probablemente resultará mejor no intentar hacer cambios. Si en España hay que crear un modelo fundamentado en censos raciales o no, es algo que debería decidirse tras resolver el actual laberinto conceptual alrededor de la cultura y la raza.

La conclusión es que un programa nacional para combatir la desigualdad racial en España, y los proyectos bajo el mismo, deberían incluir al menos estos cinco objetivos: 1) una reforma educativa que utilice criterios de diversidad étnica con campañas públicas contra el racismo institucional y un programa cultural sobre las contribuciones de África a España a lo largo de la historia del territorio, 2) unos medios de comunicación públicos y unas ayudas a la producción cultural más inclusivos que transmitan una imagen digna de los diferentes grupos raciales, 3) acabar con el racismo migratorio hacia el continente vecino atendiendo a los africanos en sus proyectos mediante una coordinación de las políticas migratorias con las áreas de comercio, turismo y cooperación, 4) perseguir los delitos de odio racial efectivamente con medios preparados especialmente para ello y 5) solucionar la discriminación en la sanidad por la falta de atención en dolencias que afectan más a las personas negras, y especialmente en los problemas propios de la piel oscura. Para su consecución, sería necesaria una gestión estratégica por parte del Estado con la puesta en marcha de un programa que optimice las sinergias entre proyectos y el uso de recursos públicos. Junto a ello, se requiere un activismo y un tercer sector no doctrinarios que estén dispuestos a coordinarse con el Estado para la erradicación del racismo en torno a dicho programa sin renunciar a sus propias reivindicaciones.

Pero todo esto es sólo una aportación y debería ser integrada con otras propuestas en un proceso amplio de consulta y participación para los afrodescendientes, con un debate democrático abierto y no sólo con un asociacionismo anquilosado. La cercanía geográfica, la historia de su territorio y la cultura de España en relación con África posicionan para que su diáspora destaque con luz propia y sin tomar otros lugares del mundo como referencia absoluta. Pero si, desde los poderes públicos, se sigue considerando que conseguir reunir a una pequeña élite de activistas, emprendedores o artistas para intentar simplemente continuar visibilizando a la población negra actual no justifica ni compensa el olvido de la transferencia de conocimiento y las políticas educativas que deben activarse en la erradicación de un racismo fraguado durante siglos. Las instituciones deben corregir la dirección de los programas de igualdad a los que tienen derecho las minorías raciales, construyendo consensos desde la base social, sin excluir a nadie y sin privilegios. Con participación todas esas minorías, atendiendo a las especificidades de las nuevas generaciones en el contexto de una nueva España multirracial. Estas transformaciones podrían conseguirse mediante los derechos de la ciudadanía, por lo que resulta importante interpelar a una mayoría social para formular verdaderas iniciativas de diversidad e inclusión. Seguimos esperando alguna evolución en este sentido.

Imagen de cabecera: La cena de Emaús / La mulata (1618-1622) por Diego Velázquez

La oportunidad económica de África (II)

El crecimiento económico de África aumentó durante la pasada década a un ritmo notable. En adelante, con las reformas estructurales y las inversiones adecuadas, las economías africanas podrían desarrollarse de acuerdo con su potencial, ser más atractivas para la inversión y sacar de la pobreza a amplias capas de población. La región ya ha dado grandes pasos y se encuentra a punto de convertirse en el próximo gran caso de éxito del mundo en desarrollo.

(Viene de la primera parte del análisis)

Existe un relato de la historia africana reciente, no muy conocido aún, que muestra un camino de progreso y que no se basa únicamente en exportar recursos naturales, sino sobre todo en crear capacidad y nuevos negocios. Muchas industrias, aunque incipientes, están emergiendo en toda la región como historias de éxito que evitan los errores que en el pasado han conducido a aumentar la pobreza. Cada país africano seguirá una estrategia diferente, pero todos deben superar las limitaciones que tienen en su competitividad planteando cada vez más mejoras en gestión, educación, infraestructuras y logística, mejorando las políticas e inversiones en sectores que alimentan los fundamentos subyacentes de cada economía. Aunque todavía hay muchos retos para la realización de este potencial que continuarán complicando el desarrollo futuro, como la adaptación al cambio climático, las opciones para actividades rentables son cada vez mayores y la imagen del continente está mejorando gradualmente.

Las economías africanas necesitan diversificarse. Una nueva realidad en la que el riesgo es más ubicuo y está más asociado que antes a diferentes regiones del planeta está surgiendo como consecuencia de la crisis financiera, el cambio climático, la continua demanda de materias primas, un control sobre los recursos más democrático, la evolución de la demografía y las formas de hacer negocios en el capitalismo global. La crisis financiera mundial ha demostrado que los países en desarrollo ya no tienen el monopolio del riesgo en el mundo de las inversiones internacionales. En esta nueva realidad, combinada con el apetito global por los recursos y otras tendencias que afectan al panorama económico como consecuencia de la crisis, es probable que se aceleren la expansión del comercio y la inversión en África, que está desempeñando un papel de peso en cada una de estas tendencias. Los fuertes cambios demográficos pronto tendrán implicaciones en la productividad y la demanda, aumentando la crucial importancia que tiene el sector del consumo en el crecimiento económico. El mundo busca mercados para una próxima ola de crecimiento y, en el nuevo contexto, el continente ofrece oportunidades para innovar en negocios e inversiones de todo tipo.

LA DEMANDA MUNDIAL DE RECURSOS NATURALES

A medida que los países en desarrollo continúan incrementando sus exportaciones e importaciones, el comercio y la inversión Sur-Sur van constituyendo una mayor proporción de la actividad económica mundial. Entre 1990 y 2010, África negra casi triplicó su nivel de exportaciones y ha diversificado sus socios comerciales y de inversión, pero el conjunto de sus exportaciones a la Unión Europea y a los Estados Unidos se redujo del 73% hasta el 49%. Durante este mismo periodo, las importaciones de China procedentes de África negra han pasado de unos 64 millones de dólares a más de 13 mil millones. La reciente caída de precios en las materias primas ofrece a los países africanos exportadores de recursos la oportunidad de diversificar sus economías y reducir los subsidios a la producción que han aumentado la desigualdad: desde 2014 economías como las de Angola, Guinea Ecuatorial o Zambia se están enfrentando a graves amenazas económicas por esta caída de precios, por lo que necesitarán encontrar fuentes de financiación alternativas y China va a seguir siendo un jugador clave en este sentido. Pero endeudarse cada vez más con préstamos chinos no puede convertirse en una solución a largo plazo para estos países ricos en recursos naturales.

La carrera por los recursos se centrará cada vez más en las fuentes de energía renovables y África está particularmente bien posicionada para desarrollar sistemas de energía solar e hidráulica, así como para la producción de biocombustibles. La crisis alimentaria de 2008 puso de relieve lo que podría salir mal si la producción de alimentos se sustituye sin más por la producción de biocombustibles. Entre 2003 y 2007, dos tercios del aumento global de la producción de maíz fueron a la fabricación de biocombustibles, sobre todo para satisfacer su demanda en los Estados Unidos. Sin embargo, África puede alimentarse a sí misma y el desarrollo de biocombustibles no tiene por qué competir con la producción de alimentos: los biocombustibles han contribuido a aumentar los precios de los alimentos, pero también representan una oportunidad para el mundo en desarrollo. La Agencia Internacional de Energía sugiere que la demanda de cereal para la producción de biocombustibles podría aumentar alrededor de un 8% anual hasta 2030. Países como Angola, Mozambique y Tanzania tienen potencial para producir biocombustibles de forma rentable en terrenos que no se utilizan para el cultivo.

La realidad es que el negocio de las materias primas seguirá siendo una fuente importante de ingresos de exportación para África gracias a una demanda mundial que continúa creciendo aunque se haya desacelerado durante la crisis. Por ejemplo, con las tasas de crecimiento anteriores a la crisis y el auge de los precios, las inversiones debidas a la demanda global de metales no ferrosos pasaron de 2 mil millones en el año 2002 a 9 mil millones de dólares en 2007. Durante ese periodo, la inversión extranjera directa en países de África negra creció durante ocho años consecutivos. La mayor parte de esta inversión tomó la forma de nuevos proyectos y expansión en las prospecciones de reservas de petróleo o metales. En una década, las exportaciones de combustibles fósiles de la región se elevaron desde 11 hasta 96 mil millones de dólares.

A medida que el crecimiento económico global se recupere, el continente africano podría beneficiarse de precios más altos y mayores volúmenes en las exportaciones. El Banco Mundial prevé que los precios de la energía y los alimentos, impulsados ​​principalmente por las necesidades de recursos de las economías emergentes, se mantendrán altos por lo menos hasta el año 2030. África no sólo es hoy en día un importante proveedor de recursos naturales para el mundo, sino también la región con mayor potencial para nuevos descubrimientos. Y el aumento de ingresos permitirá a aquellos países africanos que mantengan políticas públicas sensatas aumentar su inversión en infraestructuras y educación, lo que desarrollará sus economías con un crecimiento más inclusivo que les colocarán en una posición de cada vez mayor ventaja con respecto a los países con una estructura trasnochada de simple economía extractiva.

LA CREACIÓN DE CAPACIDAD EN LA AGRICULTURA COMO FACTOR DE MODERNIZACIÓN

Los recursos naturales en África proporcionan una fuerte ventaja competitiva para el desarrollo agrícola. La agricultura es el mayor sector económico de África, representando en los últimos años aproximadamente el 15% del PIB total de la región y más de 100 mil millones de dólares anuales. En el futuro, corregir las inversiones en infraestructuras y mejorar las técnicas agrícolas debería conducir a una revolución verde. Cincuenta años después del inicio de la Revolución Verde en Asia, África negra también está empezando a preparar la suya. Será una tarea compleja pero el continente parece estar en el camino correcto. Aunque también lo sean sus necesidades de alimentos, el potencial agroecológico es mucho mayor que el de la producción actual: mientras que más de una cuarta parte de la tierra cultivable del planeta se encuentra en el continente africano, sólo genera el 10% de la producción agrícola mundial. Así que hay un potencial enorme para crecer en los próximos años en un sector hasta ahora en moderada expansión (a un ritmo de entre el 2% y el 5% anual).

La región cuenta con suficientes recursos tanto para alimentar a su creciente población como para satisfacer la creciente demanda internacional de alimentos y de otros productos agrícolas. Sin embargo la fragmentación de la producción, la interdependencia de los actores en el sector y su complejidad, la falta de inversiones y las condiciones de las infraestructuras de transporte inhiben un crecimiento más rápido de la producción en la agricultura. Los desafíos de la adaptación al cambio climático hacen aún más complejo un crecimiento sostenible y seguirán planteando significativos riesgos para el crecimiento económico con más sequías, inundaciones, tormentas y olas de calor. Pero desde 2005, los esfuerzos para mejorar la agricultura africana se han redoblado y muchos países se han comprometido a aumentar la parte dedicada a la agricultura en sus presupuestos hasta el 10%. Los donantes de ayuda se están comprometiendo a apoyar estos esfuerzos más seriamente y el sector privado está invirtiendo más dinero junto con los fondos de inversión. Este aumento de las inversiones fluye principalmente hacia dos oportunidades:

  • Los avances tecnológicos. Muchas de las actividades para mitigar el cambio climático tienen importantes beneficios no sólo para la sostenibilidad del medio ambiente, sino también para la salud pública, la seguridad energética y la economía. El acceso a las materias primas y el desarrollo agrícola requieren de innovaciones tales como nuevas tecnologías para ahorrar energía o maíz tolerante a la sequía, que tengan elevados rendimientos de la inversión y saquen a los pequeños agricultores de la pobreza de manera sostenible. Los países en desarrollo, cuyo promedio de emisiones per cápita es un tercio del de los países de altos ingresos, necesitan grandes inversiones en generación de energía, transporte, infraestructuras urbanas y producción agrícola. Pero si se abordan estas cuestiones utilizando tecnologías tradicionales, se producirán más gases de efecto invernadero y, por lo tanto, se contribuirá a aumentar el cambio climático y a empeorar la delicada situación de la región, particularmente vulnerable debido a una agricultura de secano que genera el 30% del PIB y el 70% del empleo.
  • Las nuevas formas de organizar la cadena de valor. La agricultura es una industria que tiene la ventaja de crear empleo y oportunidades a lo largo de toda su cadena de valor en África y los nuevos enfoques de ejecución de proyectos están mostrándose muy prometedores en este área. Uno de estos enfoques consiste en dotar a la industria de una nueva estructura que acelere la productividad de las pequeñas granjas agrícolas, con granjas de 50 hectáreas operadas por responsables bien capacitados técnicamente que ayuden a los pequeños agricultores que haya también en su área a ser más productivos y a comercializar su producción a través de la granja central. Otro enfoque es agregar la capacidad de almacenamiento (empresas con almacenes utilizados para distribuir fertilizantes y semillas, o para almacenar las cosechas). Otro es el de proporcionar una mayor eficiencia en la gestión con cooperativas agrícolas que mejoren el acceso a los mercados y que aumenten la productividad de los agricultores. Existe también un gran potencial en las empresas procesadoras de alimentos y minoristas, que obtienen rendimientos de forma muy eficaz con cadenas de suministro de extremo a extremo.

Estos enfoques también son adecuados para aplicarse en zonas rurales de las Américas donde vive un alto porcentaje de población afrodescendiente y proporcionan un “triple dividendo” apoyando la adaptación al cambio climático, la mitigación de emisiones de carbono y la promoción de la seguridad alimentaria. Los recursos financieros generados a través de la mitigación de emisiones podrían ser muy importantes para la selección y desarrollo de grandes extensiones de terreno con alto potencial agrícola. Existen posibilidades de un mejor desarrollo rural mediante la agricultura intensiva y sostenible a través de la inversión en nuevas tecnologías y medidas de conservación de la vegetación, el suelo y el agua. En África hay además un gran potencial económico para la retención del carbono del suelo agrícola y la reducción de emisiones derivadas de la deforestación y la degradación forestal. Tiene también un enorme potencial para generar energías limpias como la solar, eólica y de biomasa, y las pequeñas explotaciones agrícolas pueden integrarse en los esquemas para reducir emisiones. Resumiendo, el potencial del continente para el crecimiento futuro de un sector agrícola ambientalmente sostenible y las oportunidades en la reducción de emisiones son inmensos.

EL CONSUMO Y EL IMPULSO DE LAS INDUSTRIAS LOCALES

Si los países africanos (que lideran la producción mundial de muchas materias primas) tuvieran sus propias industrias, estarían creciendo mucho más y no tendría sentido hablar de “subdesarrollo”. En lugar de haber niños y jóvenes trabajando para que las empresas occidentales consigan diamantes, coltán, etc. podrían estar formándose como gestores o técnicos para mejorar la productividad de las industrias africanas. Los adultos no estarían arriesgando su vida en el Mediterráneo para acabar en la precariedad laboral en Europa o detenidos en un Centro de Internamiento de Extranjeros. ¿Qué es lo que sucede en realidad? La idea de superioridad de la cultura occidental, políticas migratorias discriminatorias y leyes del comercio internacional contrarias a los intereses de los africanos, entre otros factores, restringen el potencial de África y su capacidad para desarrollar industrias.

El mantenimiento de la dependencia con respecto a industrias occidentales o chinas es uno de los mayores frenos al desarrollo africano o quizás el mayor. La noción del progreso establecida, centrada en reproducir el estilo de vida occidental, debe evolucionar si los países africanos quieren progresar de forma sostenida. Durante la fase de crecimiento económico de la década pasada 2000-2009, ha sido hegemónica una cultura de nouveau riche en el comportamiento de consumo (mostrar estatus mediante el turismo de compras en Europa o Estados Unidos, el uso de materiales de construcción extranjeros, las grandes marcas occidentales de moda o de automóviles, etc.) que no ayuda a las economías nacionales y que si no evoluciona conllevará una irreparable pérdida cultural. Para que los beneficios del crecimiento lleguen a las capas de población más humildes, ciertas categorías locales de productos y servicios deben actualizarse para dejar de ser consideradas como algo atrasado o sin gusto.

Las dinámicas en el sector del consumo nos colocan frente a una cuestión central en la reflexión sobre el desarrollo en países empobrecidos: es necesario hacer tanto una transformación económica como una revolución cultural en el continente. No obstante, siguen gozando de mucha popularidad las soluciones fáciles que se plantean en medio del ruido constante de los debates morales sobre el consumo occidental, cuando lo importante sería una mejor organización del sistema económico en su conjunto y especialmente de los intercambios comerciales con África. Una de las últimas tendencias ha sido la del consumo responsable, pero aunque todo el mundo industrializado compre productos de comercio justo, los países pobres seguirán siéndolo mientras un país venda materias primas a otro y éste le venda productos manufacturados al primero. Como los productos elaborados son más valiosos que la materia prima para elaborarlos, el país que realice la transformación saldrá ganando siempre porque el exportador de materias primas vende más barato de lo que después compra y acaba acumulando deuda.

Una industrialización de África centrada en los intereses de su población hasta ahora no ha sido posible, pero esto no se debe a ninguna inferioridad natural por parte de los africanos. Se ha impedido desde el exterior cualquier intento de proteccionismo, que no obstante fue principalmente la senda por la que se enriquecieron en un primer momento los países que hoy son ricos. Además los grandes préstamos financieros con frecuencia no han sido empleados correctamente y han estado condicionados a no utilizar las mismas medidas económicas que permitieron a los países ricos crear sus industrias. Se abre aquí un debate sobre el sistema económico mundial que tiene implicaciones muy profundas: si es mejor integrarse en la globalización buscando mejorar las relaciones comerciales, o por el contrario desconectar de ciertas exigencias externas y aplicar políticas que protejan las industrias y culturas locales. Nada de esto puede resolverse sólo apelando al comercio justo o a productos respetuosos con el medio ambiente, ni siguiendo ninguna estrategia o enfoque de comunicación dirigidos en realidad a hacer sentirse mejor a los occidentales y a las élites africanas con el sistema económico que les ha beneficiado a costa del empobrecimiento de la mayoría.

LA DIVERSIFICACIÓN ECONÓMICA Y LAS CAPACIDADES NACIONALES

Si bien las perspectivas económicas en su conjunto son bastante buenas a largo plazo si son correctamente aprovechadas, las estrategias de crecimiento serán diferentes en cada país. Aunque hasta ahora África no ha podido evolucionar con condiciones justas y en libertad ni por la vía del proteccionismo ni por la de una mayor apertura comercial, si los países africanos ganasen mayor control sobre sus recursos y su economía, no sería necesario importar los planes estratégicos ni los eventos de comunicación occidentales para conducir cambios, sino que se podrían modificar sustancialmente las condiciones estructurales para que beneficien a la mayoría de la población. Frente a las tesis que tratan de despolitizar el debate sobre el avance económico, la moda liberal de resolver todo con el emprendimiento de las élites y las clases dirigentes que creen poder liderar por sí solas el desarrollo, las soluciones pasan necesariamente por reformas hacia dos objetivos clave:

  • Invertir en diversificar la economía nacional. Con el paso de una economía agraria a una economía más urbana, múltiples sectores comienzan a contribuir a un crecimiento inclusivo. La proporción del PIB aportado por la agricultura y la extracción de recursos disminuye al tiempo que hay una expansión de los sectores de manufacturas y servicios, que crean más puestos de trabajo y elevan los ingresos, aumentando también la demanda interna. Como promedio, cada aumento de 15% en la industria manufacturera y de servicios como contribución al PIB está asociado con una duplicación del ingreso per cápita.
  • Impulsar las exportaciones para financiar la inversión. Los mercados emergentes requieren grandes inversiones para construir las infraestructuras de una economía moderna. Las exportaciones son el principal medio para poder importar bienes de capital, que en África ascienden a aproximadamente la mitad de la inversión total. Esto no quiere decir que los países africanos deban seguir el modelo asiático de crecimiento basado en excedentes comerciales y exportaciones, pero sí que necesitan exportaciones que financien las inversiones necesarias para poder diversificarse y los proyectos con alto valor estratégico.

Ambos objetivos se encuentran interrelacionados y la experiencia histórica demuestra que a medida que una economía se desarrolla se acerca más a alcanzarlos. Podemos clasificar a los países africanos en función de sus niveles de diversificación y exportaciones per cápita; aunque los países que hay en cada segmento difieran en muchos aspectos, sus estructuras económicas comparten grandes similitudes y esto es útil para la comprensión de cómo varían las oportunidades de crecimiento y los desafíos a través de un continente tan heterogéneo. Así, la mayoría de países africanos pertenecen a uno de estos grupos: economías diversificadas, economías en transición y exportadores de petróleo. Este enfoque puede ayudar en el diseño de mejores estrategias de emprendimiento y proporcionar nuevas perspectivas para la creación de capacidades mediante políticas públicas.

Las economías africanas diversificadas

Las cuatro economías más avanzadas del continente ya están ampliamente diversificadas y son motores de crecimiento de África: Egipto, Marruecos, Sudáfrica y Túnez. Manufactura y servicios suman en total alrededor del 80% de su PIB combinado. Se encuentran entre las economías más ricas del continente y también tienen el crecimiento del PIB menos volátil. El consumo interno es el mayor contribuyente al crecimiento de estos países. Sus grandes ciudades crecieron espectacularmente en la década pasada, el consumo ha crecido entre un 3 y un 5% al año desde 2000, y el 90% de los hogares cuenta con ingresos discrecionales (lo que queda después de pagar impuestos y gastos de primera necesidad). Como resultado, han crecido rápidamente los sectores orientados al consumidor tales como el comercio minorista, la banca y las telecomunicaciones. Y la urbanización ha provocado un auge de la construcción que creó entre el 20 y el 40% de los puestos de trabajo.

De cara al futuro, estas economías diversificadas se enfrentan al reto de seguir expandiendo sus exportaciones al tiempo que construyen unas economías nacionales más dinámicas. Estas exportaciones crecen mucho más lentamente que las de otros mercados emergentes, en parte porque tienen un coste laboral unitario (el salario dividido por la producción de cada trabajador) de dos a cuatro veces mayores que los de China o India. Al igual que los grandes países de ingresos medios, como Brasil, Malasia y México, estos países africanos pueden y deben avanzar hacia la producción de bienes con mayor valor añadido. Han comenzado a hacerlo (por ejemplo con las exportaciones de automóviles de Sudáfrica y Marruecos) pero deben seguir construyendo capacidades basándose en sus ventajas comparativas, que incluyen la proximidad a Europa y el uso de idiomas europeos. Junto a otros países de África que también tratan de dar este salto, estas economías diversificadas necesitan mejorar sus sistemas educativos. En términos generales ya tienen las tasas más altas de alfabetización y escolarización del continente; el siguiente paso es aumentar la educación secundaria y superior de la población, y mejorar la calidad general de la enseñanza.

Otra prioridad para las economías diversificadas es continuar impulsando el sector servicios, que será una importante fuente de empleo en el futuro. El sector servicios representa prácticamente toda la creación neta de empleo en los países de altos ingresos y el 85% del nuevo empleo neto en los de ingresos medianos. Las economías diversificadas africanas también pueden ampliar el sector manufacturero para abordar mercados locales y regionales, sobre todo de alimentos procesados y de materiales de construcción. Esto aumentará las exportaciones y reducirá la necesidad de importaciones, aliviando el déficit de cuenta corriente de estos países, que en su caso sí se beneficiarán claramente de aumentar los lazos con la economía global porque cuentan con todos los ingredientes necesarios para una mayor expansión comercial.

Las economías africanas en transición

Las principales economías en transición son Camerún, Ghana, Kenia, Mozambique, Senegal, Tanzania, Uganda y Zambia. Tienen un PIB per cápita inferior pero han comenzado un proceso de diversificación de sus fuentes de crecimiento sobre la base de sus ganancias actuales. Estos países son diversos: algunos dependen en gran medida de una sola mercancía, como el aluminio en Mozambique o el cobre en Zambia. Otros como Camerún, Kenia y Uganda están más diversificados. Los sectores de la agricultura y de la extracción de recursos en las economías en transición representan en conjunto el 35% del PIB y dos tercios de las exportaciones. Pero cada vez exportan un mayor número de manufacturas, en particular a otros países africanos. Los productos que tienen más éxito incluyen derivados del petróleo, alimentos procesados, productos químicos, ropa y cosméticos. A medida que sus economías se han diversificado, el crecimiento anual del PIB real se ha acelerado del 3,6% al año en la década de 1990 hasta el 5,5% después del año 2000.

Las economías en transición deben concentrarse en fortalecer los fundamentos de su crecimiento. La expansión del comercio entre países africanos será clave para un futuro crecimiento de estas economías en transición, porque son pequeñas pero su impulso para mejorar la integración regional crea mercados que son mayores. Si estos países han mejorado sus infraestructuras y sistemas regulatorios, también deberían poder competir globalmente con otras economías emergentes. Las fábricas en estos países en transición son tan productivas como las de China o India, pero los costes generales en África son más altos debido a las deficientes infraestructuras y regulación, por lo que son necesarias políticas públicas más correctas que arreglen estos problemas. Los sectores locales de servicios como telecomunicaciones, banca y comercio minorista en las economías en transición también tienen un gran potencial de crecimiento y se están expandiendo rápidamente, pero sus tasas de penetración siguen siendo muy bajas, lo cual crea oportunidades para los interesados en cubrir esta demanda insatisfecha.

Otro segmento incluye países que son todavía bastante pobres, como la República Democrática del Congo, Etiopía, Malí y Sierra Leona (con un PIB per cápita de sólo 353 dólares, una décima parte del de países ya diversificados). Algunos, como Etiopía y Mali, poseen escasas materias primas y unas poblaciones rurales numerosas. Otros, devastados por las guerras de la década de 1990, comenzaron a crecer de nuevo después de finalizar esos conflictos. La República Democrática del Congo controla la mitad de las reservas de cobalto del mundo, el 80% de las de coltán y una cuarta parte de las reservas mundiales de diamante; Sierra Leona tiene un 5% de las reservas mundiales de diamantes; y Etiopía y Malí tienen respectivamente 22 millones y 19 millones de hectáreas de tierra cultivable. Algunas de estas economías han crecido muy rápidamente y las tres mayores (República Democrática del Congo, Etiopía y Mali) lo hicieron en un promedio del 7% anual durante la década pasada con la apertura de muchos nuevos negocios locales, después de no haber crecido nada en la década anterior de 1990.

Con un entorno político y económico estable, estos países podrían aprovechar sus recursos naturales para financiar su crecimiento económico. Los desafíos clave para este grupo incluyen el mantenimiento de la paz, el impulso del Estado de derecho, una correcta gestión económica y la creación de un ambiente de negocios que reduzca las incertidumbres. Aunque las circunstancias particulares de cada economía en transición difieren en gran medida, el problema común suele ser la falta de fundamentos tales como un gobierno democrático estable, instituciones públicas fuertes y buenas condiciones macroeconómicas. Si estos países creasen empresas e inversión para ayudar a desarrollar un sector agrícola más productivo e industrias propias (especialmente en minería y servicios), podrían impulsar fuertemente sus economías hacia un camino de crecimiento estable. Este crecimiento ha sido en ocasiones errático y podría revertirse de nuevo, a pesar de las buenas perspectivas del continente en su conjunto.

La diversificación de los exportadores de petróleo

Los exportadores africanos de petróleo y gas deben mejorar su crecimiento a través de la diversificación. Tienen el mayor PIB per cápita del continente, pero son también las economías menos diversificadas y por tanto más vulnerables a los cambios del entorno económico global. En este grupo están Argelia, Angola, Chad, Congo-Brazzaville, Gabón, Guinea Ecuatorial, Libia y Nigeria. Manufacturas y servicios representan casi un tercio del PIB, menos de la mitad de la participación que tienen en las economías diversificadas. Su crecimiento económico sigue estando estrechamente vinculado a los precios internacionales del petróleo y del gas. El aumento de los precios del petróleo elevó significativamente sus ingresos de exportación durante la década pasada; así, los tres mayores productores (Angola, Argelia y Nigeria) ganaron anualmente un billón de dólares desde 2000 hasta 2008 con sus exportaciones de petróleo, en comparación con los sólo 300 mil millones de la década de 1990. Han utilizado estos ingresos en su mayor parte para reducir el déficit presupuestarios, financiar inversiones y crear reservas de divisas.

Nigeria es un caso especial, ejemplo de productor africano de petróleo y gas que ya ha comenzado con fuerza su transición hacia una economía más diversificada. No depende ya solamente de la exportación de recursos y se ha convertido en la primera economía del continente. Examinar cómo este país se esfuerza por estar a la altura de su potencial económico, con un crecimiento inclusivo que saque a sus ciudadanos de la pobreza, puede servir para inspirar cambios en otros países de África. La agricultura y el comercio son sectores más relevantes y tienen un crecimiento más rápido; los recursos naturales han representado sólo un tercio del crecimiento desde el año 2000, con la industria y los servicios creciendo rápidamente. Banca y telecomunicaciones, en particular, se están expandiendo mucho gracias a una serie de reformas económicas. La productividad de Nigeria ha mejorado bastante y hoy contribuye más al crecimiento del PIB que el crecimiento de la población. Con las políticas y las inversiones adecuadas, se estima que podría convertirse en una de las economías más importantes del mundo en 2030.

El ritmo de crecimiento de Nigeria probablemente continuará impulsando que el PIB crezca al 7% anual hasta 2030. Dada la expansión demográfica, el gasto de los consumidores podría triplicarse haciendo del comercio el mayor sector de la economía. Es un país bien posicionado para beneficiarse de tendencias positivas tales como el crecimiento de otras economías emergentes, la demanda mundial de materias primas y la expansión de la economía digital en el siglo XXI. Nigeria también tiene una población joven en rápido crecimiento y una ubicación geográfica ventajosa en África occidental, que permite el comercio con el resto del continente, con Europa y con las Américas. Sin embargo, la riqueza resultante del progreso en Nigeria está muy desigualmente repartida. Más del 40% de los nigerianos vive aún por debajo del umbral de la pobreza y un 74% (alrededor de 130 millones de personas) no alcanza un estándar de vida decente. Las principales razones para la persistencia de la pobreza son la baja productividad agrícola y un proceso de urbanización que en gran medida ha fracasado a la hora de aumentar el bienestar social y los ingresos. Aún se deben mejorar el tipo y la calidad del crecimiento, implementando mecanismos de distribución de la riqueza para no seguir dando lugar a una mayor desigualdad, que no crea una situación sostenible para el futuro.

Los exportadores de petróleo africanos tienen generalmente buenas perspectivas de crecimiento si utilizan su riqueza petrolera para financiar un desarrollo más amplio de su economía. La experiencia en otras regiones emergentes ilustra el potencial de una mayor diversificación. En Indonesia, manufacturas y servicios representan el 70% del PIB, en comparación con menos del 45% en Argelia y Nigeria, a pesar de que los tres países producen petróleo desde hace casi 50 años. Países como Dubai muestran que es esencial utilizar las rentas petroleras para hacer continuas inversiones en infraestructuras y educación, llevando a cabo reformas que estimulen un sector empresarial dinámico. Al igual que otros países petroleros, los exportadores africanos se enfrentan al reto de mantener el impulso de tales reformas, debiendo resistir la tentación de un exceso de inversión en determinados sectores en particular y evitando caer en la “maldición de los recursos” que ha afectado a tantas sociedades del continente.

CONCLUSIÓN

Las oportunidades de crecimiento en África se basan en la mejora continua de capacidades en la educación y en los cinco sectores principales de la economía: extracción de recursos, agricultura, manufacturas, infraestructuras y consumo. El continente tiene casi el 60% de las tierras cultivables del planeta aún sin cultivar y una gran parte de los recursos naturales, su consumo está creciendo tres veces más rápido que el de los países de la OCDE y la tasa de retorno de la inversión extranjera es mayor que en cualquier otra región en desarrollo. Modernizar ámbitos críticos de las relaciones internacionales, como la cooperación o los acuerdos migratorios, ayudará a construir el África del futuro si se impulsan procesos de integración regional democráticos e inclusivos con la creación de capacidades panafricanas colectivas en los sectores clave. La llegada de nuevos inversores de China, Brasil o India podría ser mucho más beneficiosa si se crean las condiciones para que no se repitan los errores cometidos en el pasado. En general, si nos fijamos en la trayectoria de crecimiento en el continente y en experiencias exitosas en otros mercados emergentes, las perspectivas son bastante optimistas.

La creación de una clase media en ascenso y las oportunidades que ofrece para el crecimiento en el futuro, impulsadas por el consumo interno, van a proporcionar un desarrollo económico sostenible en estos países. En el año 2040 África será el hogar de uno de cada cinco jóvenes en el mundo y el tamaño de su fuerza laboral superará a la de China. Por tanto hay que impulsar una mayor creación de puestos de trabajo para jóvenes, con inversiones que generen empleo en sectores de mayor valor añadido que equilibren a los sectores tradicionales. Lo más importante que los gobiernos pueden hacer es mejorar la ejecución de programas y servicios en sus políticas públicas de educación para, a continuación, adoptar las mejores prácticas económicas que se han probado efectivas en otras partes del mundo. Pero aquellos gobiernos que no defiendan el desarrollo social de su población local, su identidad cultural que históricamente ha sido menospreciada, su patrimonio natural y en definitiva la idiosincrasia particular de sus países, estarán condenándolos a fracasar social, ecológica y económicamente durante este siglo.

Las empresas y los inversores no pueden permitirse el lujo de ignorar estas tendencias y una estrategia para África debe ser parte de la planificación a largo plazo de sus operaciones globales. El momento para que empiecen a poner en marcha estos planes es ahora y las organizaciones que ya operan en África deberían considerar ampliar sus actividades. Otras que todavía no lo han hecho deben considerar que actuar primero en una economía emergente ofrece oportunidades para crear mercados, establecer marcas, dar forma a las estructuras de la industria, influenciar las preferencias de consumo y establecer relaciones a largo plazo. Si continúan las tendencias actuales, África va a jugar un papel cada vez más importante en la economía mundial. Pero sólo si la sociedad civil, las empresas y los gobiernos empiezan a trabajar mejor juntos en cada país africano podrán enfrentarse a los desafíos del mundo global y elevar el nivel de vida de los ciudadanos.

Fuentes: Banco Mundial, World Economic Forum, McKinsey Global Institute.

La oportunidad económica de África

El crecimiento económico de África aumentó durante la pasada década a un ritmo notable. En adelante, con las reformas estructurales y las inversiones adecuadas, las economías africanas podrían desarrollarse de acuerdo con su potencial, ser más atractivas para la inversión y sacar de la pobreza a amplias capas de población. La región ya ha dado grandes pasos y se encuentra a punto de convertirse en el próximo gran caso de éxito del mundo en desarrollo.

El reciente impulso económico africano es ampliamente reconocido, aunque su poder de transformación y sostenibilidad a largo plazo susciten más dudas. Los altos precios del petróleo y otras materias primas han ayudado desde el año 2000 a aumentar el PIB, sin embargo, los recursos representaron sólo alrededor de un tercio del crecimiento. El resto es resultado de cambios estructurales internos que estimularon las economías nacionales en cada país. Aunque nuevos cambios podrían detener o incluso revertir este crecimiento en determinados países, las tendencias a largo plazo tanto internas como externas indican que las perspectivas económicas de África son bastante buenas si se saben aprovechar. En realidad, cada país africano sigue su propia senda de crecimiento y el futuro del conjunto dependerá de los gobiernos, empresas y sociedad civil en cada lugar.

Como hemos examinado en anteriores análisis, las economías africanas sin duda aún siguen enfrentándose a graves problemas de pobreza, falta de água potable, enfermedades y mortalidad infantil. La aceleración del crecimiento económico no puede ocultar los significativos obstáculos al desarrollo que existen en el continente: inestabilidad política, deficientes sistemas educativos, excesiva burocracia gubernamental y corrupción generalizada. Los africanos deben además mejorar tanto la calidad y la accesibilidad de la atención a la salud y abordar una gestión de los recursos más sostenible. Sin embargo, África es una de las regiones con más rápido crecimiento económico del mundo y su PIB conjunto hoy está cerca del de Brasil o Rusia. La aceleración económica de la pasada década es una señal de progreso muy positiva, aunque aún queda pendiente hacer que este crecimiento sea más inclusivo garantizando un mejor reparto de la riqueza entre la población.

LAS CAUSAS DEL CRECIMIENTO ECONÓMICO

Después de 60 años de intervenciones, ningún país del mundo ha conseguido desarrollarse gracias a la Ayuda al Desarrollo. Se han solucionado temporalmente algunos problemas específicos con la Ayuda, pero el avance del continente africano sólo puede ser sostenible trabajando localmente desde la base en cada lugar y reformando progresivamente las estructuras económicas, sociales y políticas. Las principales causas estructurales detrás del crecimiento desde el año 2000 incluyen los procesos de paz para poner fin a los conflictos armados, la mejora de la estabilidad política, la mejora de las condiciones macroeconómicas, las reformas microeconómicas para crear un mejor clima de negocios, el refuerzo del sector privado, el mayor compromiso de los políticos y el aumento de la inversión en infraestructuras y en educación. Además se ha reducido la inflación hasta el 8% (del 22% en la década de 1990), se ha recortado la deuda externa en una cuarta parte y se ha reducido el déficit en dos tercios.

El impulso económico de África se aceleró en la pasada década 2000-2009, con un ritmo de crecimiento económico de más del doble que en los años 1980 y 1990, infundiendo al continente una actividad comercial nunca vista. Los directivos y los inversores internacionales deben prestar atención: las telecomunicaciones, la banca y la distribución están floreciendo, la construcción está en auge, los flujos de inversión privada están aumentando, el retorno de la inversión extranjera es mayor que en cualquier otra región del mundo en desarrollo y se han producido beneficios del aumento de los precios de las materias primas durante la pasada década. El precio del petróleo, de los minerales, cereales y otras materias primas se dispararon debido a un aumento de la demanda mundial, pero este auge explica sólo una parte de un crecimiento de África que es más amplio. Los recursos naturales y el gasto público relacionado que financian, generaron sólo el 32% del crecimiento del PIB de África entre 2000 y 2009. Los dos tercios restantes provienen de otros sectores en los que destacan los de distribución, transporte, telecomunicaciones y manufacturas. El crecimiento económico se aceleró en todo el continente, en 27 de sus 30 mayores economías. De hecho, países con y sin exportaciones de recursos significativas tuvieron similares tasas de crecimiento del PIB.

Los gobiernos africanos han adoptado políticas para intentar dinamizar sus economías: se abrieron determinados sectores a la competencia, se privatizaron algunas empresas públicas, aumentó la libertad de empresa, se fortalecieron los sistemas regulatorios y legales, y se mejoraron las infraestructuras. Aunque muchos países aún tienen un largo camino por recorrer, estas políticas son primeros pasos importantes que han permitido que emerja un sector empresarial privado. Muchos países africanos han liberalizado el comercio desde principios de 1980, y en todo el continente están aumentando la solidez fiscal y la disciplina monetaria. La deuda como porcentaje de las exportaciones ha disminuido drásticamente, a niveles comparables con los de otras regiones. Las calificaciones de crédito soberano (crédito de un país soberano apoyado por los recursos financieros de su Estado) disfrutan de buenas perspectivas y hay ahora más países africanos con mercados financieros relativamente desarrollados que ya son incluidos en el grupo de economías emergentes.

Hay cambios estructurales en África que están impulsando una revolución de la productividad ayudando a las empresas a lograr mayores economías de escala, aumentar la inversión y ser más competitivas. Después de disminuir en los años 1980 y 1990, la productividad del continente comenzó a crecer de nuevo en 2000 con un promedio del 2,7% anual. Y la aceleración del crecimiento ha comenzado a mejorar las condiciones de la población africana y a reducir la pobreza. Sin embargo, la salud y la educación no han mejorado tan rápidamente. Para elevar el nivel de vida de forma más general, el continente debe mantener o aumentar su reciente ritmo de crecimiento económico pero sobre todo hacerlo más inclusivo para que sus beneficios lleguen a toda la población. Hasta 2011, el crecimiento se aceleraba en la casi totalidad en las economías de la región, pero desde entonces sus caminos se han ido separando. Algunos países han seguido creciendo rápidamente, mientras que otros han experimentado una marcada desaceleración como consecuencia de los bajos precios de las materias primas y la mayor inestabilidad sociopolítica. A pesar de esto, los fundamentos del continente siguen siendo fuertes. Pero los gobiernos y las empresas que quieran seguir avanzando tendrán que trabajar más duro para sacar el máximo provecho de su potencial.

Lo más alentador es el hecho de que la región ha continuado haciendo reformas positivas durante la última crisis. Hay una convicción ampliamente compartida entre los líderes empresariales africanos de que un crecimiento aún mayor vendrá sostenido por el sector privado y por una más intensa integración con la economía mundial. Las economías africanas implementan reformas para facilitar el camino de los inversores que son tan significativas que algunos países reciben estatus de reformistas del “top 10” mundial. Por ejemplo Ruanda, que llegó a ser en 2010 el país número uno en todo el mundo en el famoso ranking Doing Business. Estos esfuerzos para reformar las políticas económicas se han complementado con una mayor inversión en infraestructuras (que ha alcanzado el 5% del PIB) y en mejorar el desarrollo humano. Los índices de escolarización se están homologando rápidamente con los del resto del mundo, después de aumentar más de cinco veces desde 1960.

En cuanto a Tecnologías de la Información, África ha hecho grandes progresos. Es la región con más rápido crecimiento en el mercado mundial de la telefonía móvil, habiendo pasado de menos de 2 millones de teléfonos móviles en 1998 a más de 400 millones en 2010. Cerca del 70% de la población tiene actualmente cobertura de alguna red de voz móvil, frente a menos del 1% de hace diez años. Los teléfonos móviles se han convertido en una de las mejores plataformas de prestación de servicios para los segmentos de población más pobres. Por otro lado, se han empleado 600 millones de dólares de inversión privada en el cable de fibra óptica de alta capacidad que conecta África meridional y oriental con la red troncal de Internet, para ampliar la conectividad del continente. Sin embargo, aunque se han hecho grandes progresos en la mejora del acceso a las infraestructuras de información y comunicaciones en muchos países, aún queda mucho trabajo por hacer aprovechando el potencial del sector de las Tecnologías de la Información para transformar otros sectores.

EL AUMENTO DEL CONSUMO Y EL NUEVO CONSUMIDOR AFRICANO

África representa una importante y creciente oportunidad para las empresas de bienes de consumo y minoristas que sepan moverse rápido. El consumo en África aumentó mucho durante la pasada década (entre 2005 y 2008, el gasto de los consumidores en el continente aumentó a una tasa conjunta anual del 16%, más del doble de la tasa de crecimiento del PIB). El PIB per cápita aumentó en todos los países excepto dos. En 2008, el PIB combinado de todos los países africanos era de casi 1,5 billones (mayor que el de la India o Brasil). El crecimiento del PIB real en África, alrededor del 5% anual entre 2002 y 2009, ha estado a la par con el de Rusia y es significativamente superior al de las economías desarrolladas. Aunque se considera lógico que el crecimiento económico sea mayor en países que parten de una situación económica más precaria (“vienen de muy atrás”, etc.), en realidad se obtiene una mejor comprensión de las oportunidades que presenta África examinando los factores de crecimiento económico: el potencial de crecimiento del PIB anual conjunto per cápita, los continuos cambios demográficos y la urbanización, que aumentan el poder adquisitivo y el gasto de los consumidores. Así se puede estimar el mercado para diferentes sectores.

En el caso del sector del consumo, las actuales tendencias crean muchas oportunidades para proveedores y distribuidores. En una región diversa y en rápido crecimiento que sigue siendo desconocida para muchas empresas, se puede diseñar una estrategia para cada categoría de productos a partir de los datos históricos y el conocimiento de los mercados locales. Si una categoría de productos ha alcanzado su máximo potencial y se acerca a la zona de declive, probablemente la estrategia adecuada sea orientar la inversión hacia otra categoría. Algunos de los patrones de gasto de los consumidores han cambiado en los últimos años como consecuencia de la aparición de la nueva clase media africana, las altas tasas de urbanización y la proliferación de comercios que aceptan pagos con tarjeta. Las empresas que consideren estos mercados deben evaluar los costes de entrar en el entorno competitivo africano para determinar si es posible suficiente rendimiento de la inversión. Muchas empresas locales y multinacionales del sector del consumo están prosperando hoy en África y entregando los correspondientes dividendos a sus accionistas.

África presenta una oportunidad sólida para los productores del sector del consumo pero se requieren estrategias específicas en cada país ejecutadas mercado a mercado para diferentes tasas de crecimiento económico, necesidades y preferencias locales. Es importante ser de los primeros en actuar en el mercado, de manera que las empresas que puedan establecerse o expandir su presencia rápidamente estarán mejor posicionadas, ya que los consumidores del continente seguirán aumentando su poder adquisitivo y el gasto por hogar en los años venideros. Sean fabricantes de bienes, bancos u operadoras de telecomunicaciones, para las empresas del sector del consumo esta evolución tiene una importancia crítica: cuando la población comienza a ganar dinero por encima del nivel de las necesidades básicas, empieza a comprar y consumir bienes y servicios. Además, cuando un país alcanza un nivel de ingresos básico, se aceleran de tres a cuatro veces sus tasas de crecimiento. Mientras que el punto de inflexión exacto difiere entre categorías de productos, muchas de ellas acaban de entrar en esta fase de crecimiento acelerado. Un ejemplo es la enorme expansión de la telefonía móvil en África, que ofrece clara evidencia de este fenómeno.

A pesar de la reciente desaceleración de la expansión económica, el PIB per cápita continúa con una trayectoria positiva de crecimiento anual y eso significa un gran aumento del gasto en consumo de las familias. Combinando esto con el fuerte crecimiento de la población y de la urbanización, esta dinámica lleva a millones de consumidores con necesidades básicas a entrar en el mercado cada año. Como resultado, el número de mercados nacionales que son atractivos se irá incrementando. Para tener éxito, las empresas del sector deben abordar cinco grandes retos, algunos de los cuales son ya familiares para las empresas que operan en otros mercados emergentes:

  • El mercado tiene una estructura heterogénea. África tiene 54 países, con grandes diferencias de poder adquisitivo y en el comportamiento del consumidor, por lo que unas mismas soluciones estándar para todos los países no funcionarán bien. En una segmentación de los mercados africanos de acuerdo con potencial de mercado y la dinámica competitiva, se encontró que los consumidores de segmentos con bajo poder adquisitivo e infraestructura deficiente eran mejor atendidos simplificando la producción, reduciendo al mínimo el número de variedades de productos, construyendo sólidas alianzas de distribución, concentrando gastos de marketing en el punto de venta, y utilizando paquetes de tamaños más pequeños para aumentar las compras de prueba. Sin embargo, los segmentos con mayor poder adquisitivo eran mejor atendidos con un enfoque totalmente diferente. En áreas relativamente ricas es más fácil llegar a los consumidores, por lo que se pueden utilizar la distribución y la venta directa, ofrecer una gama más completa de productos y centrar la comercialización en la construcción de marca a través de una amplia gama de enfoques publicitarios.
  • El bajo poder adquisitivo de la población en general. El 95% de la población y el 71% de los ingresos permanecen en la base de la pirámide socioeconómica. Los países africanos por lo tanto no serán capaces solamente a través de productos premium de crear empresas de tamaño considerable y éstas tendrán que reinventar su modelo de negocio para entregar los productos correctos a un precio correcto. Para satisfacer las necesidades del consumidor de manera efectiva, se debe adaptar la forma en que se fabrican los productos y se gestionan las carteras de productos. Las empresas locales africanas deben aprender a competir con las extranjeras aprovechando su estructura de costes, que es muy diferente de la de las empresas multinacionales.
  • El subdesarrollo en la distribución y salida al mercado de productos. Los sistemas comerciales modernos todavía son incipientes en la mayor parte de África. El comercio tradicional, la economía informal, los mercados al aire libre, los vendedores ambulantes y similares prácticas dominan la escena minorista, representando más del 85% del comercio del continente. Además, unas carreteras e infraestructuras deficientes hacen de la entrega de productos al consumidor una tarea muchas veces enormemente complicada, por lo que las empresas deben construir redes fuertes de distribución mediante un sistema combinado con terceras partes, agentes al por mayor y distribución directa.
  • Las nuevas categorías de productos. Muchas categorías de productos aún no están completamente desarrolladas en África. Por ejemplo, el uso de pasta de dientes por persona es menor que en las economías emergentes asiáticas. Los datos sobre las necesidades y el comportamiento del consumidor son escasos, por lo que es más difícil desarrollar un entendimiento sobre los mercados consumidores. Además, el nivel educativo y el estado de desarrollo de los medios de comunicación hacen más difícil diseñar los mensajes y llegar al consumidor. Competir en África no es ningún juego de niños. Por el contrario, las empresas tienen que funcionar con una cultura de desarrollar su mercado continuamente, invirtiendo mucho más en explicar el producto a sus clientes y en técnicas de marketing no convencionales.
  • La escasez de talento. A pesar de las abundantes oportunidades de trabajo, siguen escaseando los profesionales cualificados en todo el continente. Competir con seriedad y conseguir el éxito a largo plazo, sin embargo, requerirá tener conocimiento del mercado local y desarrollar el talento en las organizaciones. En una primera fase del despegue económico, las empresas han tenido que cerrar esta brecha mediante una combinación de empleados locales y extranjeros. Pero es necesario invertir paralelamente en desarrollo y retención del talento local. Será fundamental fomentar programas de creación de capacidad, planes de carrera atractivos y oportunidades de aprendizaje.
  • LOS CAMBIOS DEMOGRÁFICOS Y EL CONSUMO URBANO

    En las próximas décadas, uno de los puntos fuertes de África será tener una creciente población de jóvenes, que constituirán una fuente de mano de obra competitiva y un creciente mercado de consumo. Se estima que en 2050, casi el 20% de la población mundial vivirá en África, frente al 7% de 1950. Los países en desarrollo serán el hogar no sólo de una mayor proporción de la población mundial, sino también de una población más joven. En 2050, los jóvenes de 15 a 25 años representarán una de cada cinco personas de África negra. Además la región se está urbanizando rápidamente y lidera el mundo en desarrollo en este apartado: entre 2000 y 2008, la tasa de urbanización en África ha sido de más del doble del promedio mundial. Las proyecciones de las Naciones Unidas dicen que la proporción de africanos que viven en zonas urbanas casi se duplicará entre 2005 y 2050, desde el 35% (300 millones) hasta más del 67% (mil millones).

    El crecimiento económico reflejará cada vez más los diferentes cambios sociales y demográficos en África, que se encuentran relacionados entre sí, creando nuevos motores internos de crecimiento a largo plazo. Las tendencias más importantes son la urbanización, una fuerza laboral en expansión y el aumento del consumo de las clases medias africanas. Sólo el 28% de los africanos vivía en ciudades en 1980 y durante la pasada década pasaron a ser el 40% de los mil millones de personas del continente (una proporción más o menos comparable a la de China y mayor que la de India). Para 2030, se proyecta que esta proporción aumente hasta el 50% y que las mayores 18 ciudades africanas tengan un poder adquisitivo conjunto de 1,3 billones de dólares. Pero la urbanización podría engendrar más miseria si se van creando cada vez más barrios pobres y no se atienden las desigualdades en la distribución de la riqueza con mejores políticas públicas.

    Sin embargo, en muchos países africanos se identifican signos positivos en este proceso de urbanización que está aumentando la demanda, la inversión y la productividad, a medida que los trabajadores pasan del trabajo agrícola a puestos de trabajo urbanos. Muchas empresas han logrado mayores economías de escala repartiendo los costes fijos entre un mayor número de clientes. La urbanización está impulsando la construcción de más carreteras, edificios, infraestructuras para la gestión del agua y otros proyectos que mejoran las ciudades y activan la economía. Desde el año 2000, la inversión anual en infraestructuras privadas se ha triplicado en África, con un promedio de 19.000 millones de dólares entre 2006 y 2008. Sin embargo, se necesitan mayores inversiones si se pretende que las nuevas megaciudades que están formándose proporcionen una calidad de vida razonable para las crecientes clases urbanas.

    A diferencia de lo que ocurre en gran parte del resto del mundo, la población activa se está expandiendo en África. El continente tiene más de 500 millones de personas en edad de trabajar que seguirán impulsando el crecimiento de su PIB y se estima que en 2040 este número exceda los 1.100 millones, más que China o la India. Durante los últimos 20 años, tres cuartas partes del incremento del PIB per cápita en el continente proceden de esta fuerza de trabajo en expansión y el resto de la mayor productividad laboral. Si África consigue proporcionar a sus jóvenes la educación y las habilidades profesionales necesarias, creará una fuerza de trabajo enorme que podría ser un factor importante en el aumento de la producción y el consumo mundiales. La educación de esta fuerza de trabajo es el más importante de los desafíos porque contribuye a solucionar otros, por lo que la mejora del sistema educativo tiene que ser una de las principales prioridades en las políticas públicas africanas.

    La urbanización y la creciente población joven tendrán implicaciones significativas en la productividad, el crecimiento y la demanda. África tendrá un potencial cada vez más importante en industrias intensivas en mano de obra si continúa invirtiendo en la formación de sus profesionales e infraestructuras y mejorando el clima de negocios, sobre todo ahora que se espera que aumenten los salarios en Asia. Incluso si los salarios reales en China subieran sólo un 7% al año, lo que es modesto dado el crecimiento del PIB del país, es probable que se dupliquen en una década. Este aumento de costes de fabricación se traducirá en mayores oportunidades para África. Asia oriental comenzó a fabricar a gran escala para el mercado global sólo alrededor de 1980 y por aquella época la brecha de ingresos per cápita y de salarios entre China y los países de la OCDE aumentó de manera exponencial. En gran medida, la ventaja en costes de mano de obra permitió que China se hiciese más competitiva en manufacturas. Pero a medida que aumenten los costes laborales chinos, es probable que esta ventaja se desplace a África.

    Por lo tanto, los africanos tienen también la oportunidad de convertir a su población joven, que va a ser de las más grandes del mundo, en un dividendo demográfico y una ventaja competitiva. Pero si no hay opciones de empleo para los jóvenes, esto podría convertirse más bien en una situación inmanejable. Los países africanos deben poner en marcha medidas para que la productividad vaya aumentando, que consisten fundamentalmente en más inversiones en educación e infraestructuras. Así es como se podrán impulsar el tipo de empleos que pueden absorber la fuerza laboral de los jóvenes. El continente no puede permitirse el lujo de tener una población tan joven y no poder crear suficientes trabajos remunerados. Además hay que evitar la inestabilidad laboral, por lo que es interesante crear puestos de trabajo en sectores que generen una gran cantidad de mano de obra a lo largo de toda su cadena de valor. Se crean infraestructuras más adecuadas y se mejora la relación con las cadenas de valor, centrándose en la innovación y la capacitación que prepare a los jóvenes para trabajar en el mundo de hoy. Las Tecnologías de la Información y el acceso a Internet serán fundamentales: trabajando bien estas áreas se podrán evitar mejor los riesgos porque contribuyen a solucionar los desafíos estratégicos y mejorar la productividad en los demás sectores de la economía.

    Por último, los africanos están pasando rápidamente a ser vistos como un nuevo segmento de consumidores por empresas de todo el mundo. En el año 2000, aproximadamente 59 millones de hogares en el continente tenían ingresos de 5.000 dólares o más (a partir de los cuales se empieza a gastar aproximadamente la mitad en productos que no son de alimentación). En el año 2014, el número de estos hogares alcanzaba los 106 millones. África ya tiene más hogares de clase media (definidos como aquellos con ingresos de 20.000 dólares o más) que la India. Y el aumento del consumo creará una demanda cada vez mayor de productos locales, lo que debería alimentar el ciclo ascendente de crecimiento interno.

    EL CRECIMIENTO AFRICANO A LARGO PLAZO

    La cuestión clave es si el reciente crecimiento representa la ocurrencia de un evento de una sola vez o un despegue económico sostenido. La economía del continente también se aceleró durante el auge petrolero de la década de 1970, pero se desaceleró después bruscamente cuando el petróleo y otras materias primas se desplomaron durante las dos décadas siguientes. Persisten riesgos a corto plazo y las economías africanas de hoy podrían sufrir muchos contratiempos, pero existen sólidas perspectivas de crecimiento a largo plazo, impulsado tanto por las tendencias externas en la economía global como por los cambios estructurales internos en las sociedades y las economías del continente.

    Hay brillantes perspectivas de crecimiento futuro pero existen diferencias no sólo por país, sino también por sector. Tal vez la característica que más destaca en la historia de este crecimiento africano es que está limitado a los rendimientos de las industrias extractivas. Sin embargo, nada menos que 200 millones de africanos han entrado a formar parte de los consumidores de productos básicos entre los años 2010 y 2015. No es que el crecimiento de las industrias extractivas no sea lo bastante grande (once de los países africanos se encuentran entre los diez principales suministradores de al menos un mineral industrialmente importante). África ha producido aproximadamente el 13% del petróleo mundial en 2015, un aumento del 9% desde 1998. Pero hay otras posibilidades que pueden impulsar el crecimiento, por ejemplo que el continente tenga más de una cuarta parte de la tierra cultivable del planeta. Además, como ya hemos visto, la banca y las telecomunicaciones están creciendo rápidamente y la inversión en infraestructuras están aumentando significativamente más rápido en África que en el resto del mundo en su conjunto.

    África continuará pudiendo beneficiarse de la demanda mundial de petróleo, gas natural, minerales y alimentos pese a la caída en los precios de las materias primas. Se estima que el consumo de combustible en el mundo aumentará en un 25% en la presente década, que es el doble del ritmo de crecimiento que había durante la década de 1990, y las proyecciones de demanda de muchos minerales muestran un crecimiento similar. África cuenta con abundantes recursos: 10% de las reservas mundiales de petróleo, 40% de las reservas de oro y de 80 a 90% de los metales de transición (grupo de metales del cromo, platino, etc). Éstas son sólo las reservas conocidas y sin duda hay más por descubrir. A pesar de los lazos comerciales con Europa, África ahora lleva a cabo la mitad de su comercio con otras regiones económicas en intercambios “Sur-Sur”. La demanda de recursos está creciendo más rápidamente en las economías emergentes del mundo, especialmente en Asia y Oriente Medio. Desde 1990 hasta 2008, la participación del comercio africano en Asia se duplicó del 14% al 28% mientras que la participación de Europa Occidental se redujo del 51% al 28%. China, India, Brasil y Oriente Medio están forjando asociaciones de inversión a largo plazo con países africanos. La carrera mundial por las materias primas ha incrementado el poder de negociación de los gobiernos africanos, que han negociado mejores contratos para obtener más valor por sus recursos. Los compradores están más dispuestos actualmente a hacer pagos por adelantado (más las regalías de la extracción de recursos) y a compartir conocimientos de gestión y tecnología.

    Al mismo tiempo, África ha ganado un mayor acceso al capital internacional. El flujo anual de inversión extranjera directa aumentó de $9 mil millones en 2000 a $62 mil millones en 2008, que es casi tan grande como en China en proporción al PIB. El capital extranjero ha fluido hacia los sectores del turismo, textil, construcción, banca y telecomunicaciones en muchos países africanos. Además, investigaciones recientes en los mercados de capital privado revelan un desajuste entre la oferta y la demanda de financiación en los últimos años que podría señalar nuevas oportunidades de inversión. El capital privado está destinado a extenderse rápidamente a través del continente y la demanda de capital en conjunto debería aumentar un 8% anualmente hasta 2018. Este crecimiento podría alcanzar el 20% al año en Angola y al menos otros nueve países ricos en recursos naturales, y una inversión total de 50 mil millones de dólares durante la presente década.

    Sin embargo, existen grandes variaciones por país y por industria y la oferta de capital no parece coincidir con la creciente demanda. Al llegar a África, los grandes inversores internacionales a menudo prefieren gestores de inversiones de probada eficacia, hacer operaciones con sumas considerables y diversificar las inversiones a través del continente. Estas preferencias les conducen a pasar por encima de inversiones al alza muy atractivas en cada país y sector, de manera que hay desajustes entre la oferta y la demanda según el tipo de inversión. Están los segmentos con oportunidades de rápido crecimiento, pero a los que llega relativamente poco dinero de los inversores. Éstos incluyen los fondos de inversión para proyectos de infraestructura (que algunos inversores ven como demasiado arriesgados y con demasiada carga política) y los fondos de pequeña y mediana capitalización. En el otro extremo, están los fondos que probablemente recibirán más dinero pero también que enfrentan mayor competencia a la hora de poder hacer ofertas atractivas, a menudo con grandes empresas como objetivo. Las multinacionales que buscan adquirir negocios viables deberían fijarse más en las empresas africanas de tamaño medio.

    El continente africano ha superado los peores años de la reciente crisis global mejor que la mayoría de regiones del mundo, y a largo plazo espera también tener un crecimiento más rápido que el resto. En algunos momentos durante la crisis financiera, los mercados emergentes han supuesto más de la mitad del crecimiento mundial, que luego se ha ralentizado y ahora sigue un camino de crecimiento más lento. Impulsar avances en tecnología, agricultura y necesidades de infraestructura en África y el mundo en desarrollo es crucial para sostener el crecimiento económico global. Sin embargo, puede esperarse un rendimiento de los mercados emergentes mejor que el de los países desarrollados en los próximos años y, entre estos mercados emergentes, hay una serie de países africanos con ingresos medios que están haciendo las cosas bastante bien.

    Antes de la crisis, África ya estaba creciendo rápidamente. Y sabemos que el crecimiento económico mundial será cada vez más de los mercados emergentes y que, tras más de 20 años de reformas políticas y económicas, África será una parte importante de tal crecimiento. La imagen del continente está asociada con pobreza extrema, conflictos, mal gobierno, instituciones débiles, malestar social, falta de infraestructuras y otras dificultades. No se debe minimizar la extensión de estos problemas, y los gobiernos africanos y la sociedad civil tienen que seguir trabajando para solucionarlos. Pero una parte de la historia africana reciente muestra el camino del progreso y de los éxitos futuros, aunque el resto del mundo a menudo no se haya enterado. Los recursos no son el único motor de crecimiento de la región, que está en condiciones de demostrar que no sólo es receptiva a inversiones sino que también está generando nuevos negocios, dejando atrás la imagen negativa con la que ha sido asociada.

    Veremos cómo son las sendas más probables para el desarrollo africano futuro en la segunda parte de este análisis.

    Fuentes: Banco Mundial, World Economic Forum, McKinsey Global Institute.

    AFRO-IDEAS: Jean-Arsène Yao

    Entrevista con el Doctor en Historia Jean Arsène Yao.
    Profesor de la Universidad de Abiyán (Costa de Marfil) y Profesor visitante de la Universidad de Alcalá. Experto en Estudios Africanos y relaciones de África con Iberoamérica. Periodista y articulista en El País.

    AFRO-IDEAS es una serie de entrevistas que explora tres diferentes puntos de vista sobre la sociedad y el mercado. Para comentar:  

    AFRO-IDEAS: Edith Mbella

    Entrevista con la galerista y marchante Edith Mbella, experta especializada en arte de África Central.
    Sitio web: Edith Mbella Gallery

    AFRO-IDEAS es una serie de entrevistas que buscan explorar diferentes puntos de vista sobre la sociedad y el mercado. Para comentar:  

    Derechos culturales de la población negra en España

    Las situaciones de discriminación que la población negra ha sufrido en España son estructurales y tienen causas que forman parte de un problema muy antiguo. Es su estudio y no su negación lo que conducirá a un mejor aprovechamiento del capital sociocultural en el país. Esto exigiría abrir un diálogo más democrático entre movimientos sociales negros y poderes públicos, junto con otras minorías étnicas, para la puesta en marcha de políticas de igualdad racial y diversidad cultural.

    Este análisis sirvió como material de apoyo al informe sobre racismo en España aportado al
    Comité de Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD) – Abril 2016

      Descargar informe

    ACTUALIZACIÓN: conclusiones y recomendaciones del CERD sobre el racismo en España – Mayo 2016
      Descargar conclusiones

    Muchos fueron los que aplaudieron la salida de prisión de Nelson Mandela en febrero de 1990, y el mundo entero lloró su muerte en diciembre de 2013. Se había transformado en el vencedor moral de un largo conflicto en Sudáfrica como icono de la resistencia contra una de las formas más deshumanizadas de explotación de un grupo social sobre otro, contribuyendo a una reconciliación racial inimaginable años atrás y destruyendo de forma pacífica el sostén de un elaborado sistema de racismo institucionalizado, el apartheid. Su labor como Presidente marcó la lucha anti-racista en diferentes partes del mundo, promoviendo el Estado multiétnico y democracias que aseguren la igualdad de derechos a una variedad de culturas.

    Al funeral de Mandela asistió una representación de las autoridades españolas, encabezada por el entonces Príncipe de Asturias Felipe de Borbón, y el Presidente del Gobierno Mariano Rajoy. El Presidente Rajoy destacó el legado de concordia del expresidente sudafricano, expresando su deseo de que los ciudadanos estén unidos en temas esenciales (aplicándolo a España) como la unidad territorial del “país más viejo de Europa”, y prosiguió afirmando que nadie más tiene en el mundo una unidad nacional como la que ha conseguido España porque es la más antigua. Estos argumentos han sido utilizados por el Presidente en diferentes contextos. Preguntado en el funeral sobre las lesiones producidas por las concertinas (alambradas con cuchillas) de la valla en los límites de la ciudad española de Melilla con Marruecos, en suelo africano, respondió sin comentarios sobre las lesiones que no se trata de poner barreras sino de que la gente entre legalmente en los países.

    A pesar de no haber puesto en marcha en tiempos recientes un régimen de segregación explícita como el apartheid, en el Estado español se practica un racismo institucional que le hace todavía estar lejos de proporcionar derechos iguales a todos los ciudadanos. No se respetan los derechos humanos de muchas personas migrantes y no se permite que opten por vías de entrada legal. Además se exige a los migrantes que hagan esfuerzos por integrarse socialmente al tiempo que permanentemente se les excluye de la cultura nacional mediante un sistema de estereotipos y mecanismos de discriminación, que considera sus grupos étnico-raciales ajenos a la nación aunque estén presente en el país desde tiempos inmemoriales. Con la colaboración de los principales medios de comunicación y sin la puesta en marcha de las necesarias políticas de diversidad educativa/cultural.

    EL ETNOCENTRISMO EUROPEO O EUROCENTRISMO

    El pensamiento y los sistemas educativos europeos en los últimos dos siglos se han visto enormemente influenciados por la obra del alemán Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1770-1831) sobre filosofía de la historia y su promoción de la superioridad europea, concretamente la de los pueblos nórdicos, sobre las demás culturas del mundo. Para Hegel, no existe historia de la humanidad antes de que nazca en Asia y culmine en Europa con la Reforma Protestante en Alemania, la Revolución Francesa y la Ilustración en Francia e Inglaterra (que en realidad tienen un origen germánico según este autor) finalmente con la misión que se autoasignan los pueblos anglo-germánicos de civilizar al resto del planeta según sus propios intereses.

    Escribe Hegel que, por ser el pueblo dominante portador del espíritu global del desarrollo, los germanos poseen un derecho justificado de extenderse sobre los otros pueblos del planeta que “son inferiores”. La periferia de Europa es un espacio libre que permite a los europeos del norte más pobres, expulsados por las desigualdades del capitalismo, volverse gobernantes y propietarios en las colonias o acceder a nuevas oportunidades de trabajo. Así según la visión eurocéntrica e imperialista Hegel, gradualmente se ha transformado un mundo de territorios inútilmente desocupados en nuevas versiones útiles de la sociedad norteuropea porque el espíritu de los pueblos colonizados “no tiene derechos”. Asia, África y las Américas son regiones inmaduras con un interés menor y las personas negras están más cerca de las bestias que del ser humano.

    Casi al mismo tiempo el racismo era formalizado como ideología por el francés Joseph-Arthur de Gobineau (1816-1882), que basaba su doctrina en tres pilares principales: la existencia de varias razas humanas, la comprensión de las diferencias entre razas como factores explicativos del proceso histórico-social, y la existencia de unas razas superiores a otras. Éste es el punto de partida del mito de la superioridad de la raza aria, construido por el británico Houston Stewart Chamberlain (1825-1927). Con la fuerza moral de un completo sistema científico y filosófico a su servicio, una élite europea de iluminados describe, justifica y legitima el dominio de sus gobernantes y sus descendientes sobre los recursos de otros territorios. Esto da inicio a una tradición de pensamiento eurocéntrica que se extenderá culturalmente y acabará convirtiéndose en hegemónica en todo el mundo.

    A partir del siglo XIX, el imperialismo irá produciendo una multiplicación de pequeñas europas en África, las Américas y Asia, que son diferentes pero generalmente tienen un patrón común: subordinar o directamente eliminar toda cultura que se oponga a su manera particular de ver el mundo y la búsqueda del progreso. En el proceso, que continúa hasta hoy, se han provocado multitud de conflictos violentos, incluyendo guerras de invasión y dos guerras mundiales por el dominio sobre ese imperialismo de recursos y la competencia global. Después de la Primera Guerra Mundial, el alemán Alfred Rosenberg (1893-1946) reinterpretó las anteriores teorías y elaboró la doctrina de la superioridad germánica para el nacional-socialismo o nazismo, en un intento de justificar con un barniz científico las ideas racistas de Adolf Hitler, con consecuencias de todos conocidas. Esto provocó la persecución de grupos considerados inferiores como judíos, negros, gitanos, eslavos y homosexuales. El origen del modelo ario se encuentra relacionado con el mito fundacional de la civilización occidental, el llamado milagro griego o milagro ateniense.

    Karl Raimund Popper (1902-1994) es el autor de una de las críticas al pensamiento de Hegel más notables y es considerado por muchos el filósofo más influyente en la evolución del pensamiento político en el siglo XX. Publicó su teoría de la Sociedad Abierta en 1945, al final de la Segunda Guerra Mundial. Es una obra maestra como tratado de filosofía política para entender nuestro actual concepto de democracia. Era un judío austriaco y la escribe durante su exilio como respuesta al ascenso de los totalitarismos para buscar las fuentes del pensamiento político democrático y estudiar su evolución. Reelabora el mito ateniense explicando que la primitiva sociedad griega dio el primer paso del tribalismo al humanitarismo y a la civilización. Los griegos se asemejaban en muchos aspectos al pueblo maorí: pequeñas hordas de guerreros luchando entre sí, para los que la magia y la superstición dominaban rígidamente todos los aspectos de la vida. Esta sociedad cerrada constituye una unidad semiorgánica cuyos miembros se hallan ligados por vínculos de parentesco, convivencia y de participación en las tareas comunes, con instituciones sociales que son sacrosantas, incluyendo las castas.

    Popper atribuye la disolución parcial de esta forma de vida al surgimiento de nuevos contactos culturales en el Mediterráneo y al comercio, que se realizaban en gran medida con el Imperio egipcio que durante varios milenios había sido la potencia dominante en la región. Hacia el siglo IV a.c. el comercio de papiros escritos trajo como consecuencia la aparición en Grecia de la discusión crítica y, en consecuencia, del pensamiento libre de obsesiones mágico-religiosas. Surge la posibilidad de reflexión racional sobre los tabúes y las leyes políticas, y la toma de decisiones basadas en la estimación de las posibles consecuencias y en la preferencia consciente entre diferentes opciones. Nace aquí lo que este autor llama la “tensión de la civilización”, junto con la responsabilidad personal racional y la Sociedad Abierta: aquella en la que los individuos deben adoptar sus decisiones personalmente.

    La participación fundamental de los pueblos negros en todo el origen y desarrollo de la civilización occidental ha sido tan ignorada, mal conocida e incluso escondida, que debe ser subrayada. El mito del milagro ateniense que describe Popper no puede sostenerse al ser contrastado con el conocimiento desarrollado en la segunda mitad del siglo XX acerca de la historia de la región y especialmente de la relación de Grecia con el Egipto de los faraones. Miles de años antes de producirse el milagro griego, el Imperio Egipto había sido fundado por pueblos que eran sin ninguna duda negros y culturalmente africanos. Los filósofos griegos reconocían a los egipcios como sus maestros y a la civilización egipcia como la más avanzada, al tiempo que les describían como negros. Esta concepción es apoyada por investigaciones científicas basadas en textos de la época y otras evidencias. Por otra parte, resulta complicado creer que no hubiese egipcios que tomasen decisiones racionales en una civilización tan adelantada con respecto a la griega durante tantos siglos. Hoy sabemos que los antiguos egipcios hacían avanzados cálculos matemáticos, de ingeniería y de astronomía, o descubrimientos médicos como la circulación sanguínea (que Europa no conseguiría hacer hasta el siglo XVI). Sin embargo, el mito del milagro griego persiste y se mantiene la imagen de un Egipto blanco en el imaginario popular, gracias al compromiso que hasta la actualidad mantienen los sistemas educativos y las industrias culturales con el etnocentrismo europeo del que son herederos y rehenes.

    LA FALACIA DEL CONCEPTO DE RAZA

    En casi todas las características humanas estudiadas por la ciencias actuales, se observa que las diferencias entre individuos son más relevantes que las diferencias entre grupos de población. Y esto incluye las diferencias genéticas, que pueden ser mayores entre personas de un mismo grupo étnico-racial que entre personas de grupos diferentes. Por ejemplo, investigadores brasileños han encontrado que en la ciudad de São Paulo, hay personas con fenotipo negro sin marcadores genéticos típicamente africanos, y blancos que sin embargo sí tienen esos marcadores. O un centro de investigación genética suizo en Zurich, que ha concluido en un estudio que altos porcentajes de población en Europa occidental comparten un antecesor común del Cáucaso hace 9.500 años con el faraón egipcio Tutankamón (1336-1327 a.c.), que hoy en día incluyen un 70% de los varones españoles y británicos, frente a un 1% de los egipcios actuales. Es tanta la distancia entre el fenotipo de los individuos y la percepción social asociada con sus “orígenes”, que aquellos que realizan una prueba de ADN para conocer los áreas geográficos donde vivían sus ancestros, frecuentemente quedan sorprendidas por lo inesperado de los resultados, que señalan lugares en el globo que nunca en la vida hubieran imaginado por sí mismos.

    Como toda discusión sobre diferencias raciales dentro de la especie humana se circunscribe como máximo al 0,001% del genoma, la ciencia moderna considera que la “raza” no existe, desde un punto de vista biológico del término. Las ciencias sociales, por diferentes métodos y perspectivas, llegaron a las mismas conclusiones que la ciencia genética sobre la no existencia del concepto de “raza” que ha sido difundido en los cinco siglos anteriores y aún se maneja hoy en día. Se ha demostrado que los discursos raciales discriminatorios han manipulado ideológicamente las diferencias fenotípicas entre grupos humanos para legitimar la esclavitud, la explotación y la dominación de “razas” supuestamente superiores sobre otras consideradas inferiores.

    Aunque el estatus científico-teórico de “raza” haya sido refutado y desmontado en la segunda mitad del siglo XX, esto aún no se ha traducido en un cambio sustancial de la construcción social o la categoría analítica. El concepto permanece y continúa siendo usado para agregar individuos y colectividades que comparten aspectos físicos observables, como color de piel, textura capilar o complexión corporal, pero más como concepto político que como concepto de la biología o la antropología. El problema de interpretación del término en la sociedad española hoy en día, con un sistema educativo obsoleto en muchos aspectos, es que la consecuente concepción sobre las diferencias de fenotipo se encuentra más cerca de la concepción del nacional-catolicismo español o del esencialismo alemán que de la concepción de las ciencias sociales modernas.

    Ya no existe la antigua justificación de la esclavitud, pero pensar que hay diferentes “razas” es una de las formas de las que se vale el racismo actual para justificarse. Otra de las formas es considerar que el comportamiento de una persona o grupo viene determinado por su fenotipo por encima de otros factores. A este respecto, el analfabetismo científico sobre la propia naturaleza del ser humano sólo es superado por el analfabetismo histórico sobre las migraciones humanas desde la prehistoria. Todo ello influye en la cultura y en las relaciones sociales, principalmente a través de la inacción sobre el sistema educativo para corregir estos déficits de conocimiento, la consecuente reproducción de determinados estereotipos y la posterior amplificación del esquema en el mundo de la cultura y de los medios de comunicación.

    La aplicación actual del concepto de “raza” en los estudios y en los procesos relacionados con la identidad étnica, conquista de derechos y justicia social de grupos diferentes fenotípicamente, es no obstante una necesidad práctica y teórica. Es necesario mantener el término de raza y conceptos relacionados como fenotipo o color de piel para manejar categorías de análisis sociopolítico o en la recopilación de datos estadísticos, al menos mientras persistan las situaciones de desigualdad y exista necesidad de hacer estudios para poder diseñar políticas públicas con efectos correctores. Por tanto, la erradicación del racismo y la lucha contra los estereotipos como un criterio de segregación social limitador de las oportunidades requieren que el término sea mantenido para ciertos usos. Ese es el sentido que las Naciones Unidas dan a la utilización de raza en sus metodologías y que usaremos de aquí en adelante en nuestro trabajo. Sin embargo, las Naciones Unidas no reconocen ningún sistema de clasificación racial, por tanto la clasificación escogida a efectos de análisis es una convención particular para el caso de cada país. En el caso de España, hasta el momento no existe sistema de clasificación ni estadísticas ni estudios oficiales, aunque no parece que separar grupos raciales en diferentes categorías legales sea un modelo válido para afrontar los actuales problemas particulares de la población negra en el país.

    EL RACISMO HISPANO CONTRA LOS NEGROS

    Desde hace cinco siglos el racismo moderno ha construído una estructura de dominación basada en el presupuesto ideológico, completamente arbitrario, de la existencia de una jerarquía entre poblaciones humanas clasificadas y separadas según determinados rasgos fenotípicos. Sabemos que existe racismo en Europa desde la Antigüedad y que la esclavitud, practicada de forma extensiva en la civilización grecorromana, tuvo mucho que ver. Los griegos se consideraban racialmente superiores a sus esclavos (el término proviene de eslavo en latín), y superiores a los bárbaros extranjeros en general (pero no era una cuestión racial sino cultural). Con el paso al feudalismo medieval, la esclavitud se mantuvo como un fenómeno marginal y en cuanto a racismo los cristianos perseguían a los judíos por su religión, pero no particularmente por su condición étnica o racial. Durante la Edad Media, el mundo islámico fue la potencia dominante en la región mediterránea y los musulmanes de diferentes razas comerciaban con esclavos tanto europeos blancos como africanos negros.

    Se puede considerar Al-Andalus como un desarrollo reciente de la diáspora africana en la historia europea. Durante muchos siglos la actual España estuvo conectada con la zona de las actuales Senegal y Malí en una gran región de intercambios poblacionales, culturales y comerciales que servía de puente entre África (el continente más rico, que proveía de oro y otras materias primas) y Europa (continente siempre en guerra que iría perfeccionando la metalurgia y después las armas de fuego). Europa en el siglo VII tenía un considerable atraso con respecto a la calidad de vida general de la población, salvo en ciudades ricas como Florencia. La península ibérica estaba dividida en diferentes reinos y Castilla era una región de pastores, así que los musulmanes conquistaron fácilmente la península desde el sur extendiendo su civilización hasta Zaragoza y permaneciendo casi mil años. En la composición racial de los musulmanes españoles o moros, pese a la creencia o confusión popular, los árabes eran una minoría, sólo una pequeña élite venida desde la lejana península arábiga hasta el norte de África. No habitaban árabes en el Magreb antes de las invasiones del siglo VII, por lo que el grueso de la población musulmana que conquistó la península ibérica era negroafricana y bereber (pero que hablaba y escribía en lengua árabe).

    Y aquí llegamos a un punto de inflexión por el cual ideas de “raza” y de jerarquía racial iban a seguir mucho tiempo después atravesando las relaciones sociales en el mundo, siendo vigentes hasta hoy después de que hayan terminado las administraciones coloniales. Si bien era frecuente que desde tiempos muy remotos unos pueblos manifestaran rechazo por otros, el racismo como lo entendemos hoy es un concepto relativamente reciente que tiene sus primeras manifestaciones en Europa durante la Edad Moderna. Hasta ese momento, numerosos santos de la cristiandad eran negros y las personas negras habían estado asociadas a la riqueza del mundo islámico. Desde la prehistoria, diferentes pueblos negroafricanos habían habitado la península ibérica (como el capsiense o los primeros íberos). Así, el concepto moderno que hoy manejamos de “raza” surge y se desarrolla en España en el siglo XV con el proceso de conquista cristiana del sur de la península ibérica y de las colonias españolas en América. Los cristianos detuvieron finalmente en el sur de Francia el avance del Islam en Europa, comenzando un proceso inverso de expansión cristiana hacia el sur de la península. A partir de ahí, sería cada vez más fácil encontrar cada vez más apellidos españoles con origen franco-germánico y la nueva nación sería gobernada en los siglos siguientes por dos casas reales extranjeras (los Austrias germanos y los Borbones franceses).

    Había esclavitud en diferentes reinos de la península ibérica, pero su utilización se comenzó a ampliar en el siglo XV hasta una escala industrial. Junto con Portugal, España empieza a secuestrar negros africanos y los introduce en territorio nacional para su explotación como esclavos. El mayor propietario era la Corona, que los utilizaba para sus minas y galeras. Pero el mayor impulso se produce cuando españoles y portugueses se proponen dominar y cristianizar el mundo comenzando el comercio trasatlántico triangular (armas europeas que consiguen esclavizar africanos con los que extraer riquezas americanas que llevar de vuelta a Europa) secuestrando personas en el Golfo de Guinea y llevándolas a las Américas como mano de obra gratuita para la colonización. Como consecuencia, otras potencias europeas siguen este mismo modelo y así se va cometiendo uno de los mayores crímenes de la historia de la humanidad, cuyas consecuencias persisten hoy. El capitalismo moderno se levanta sobre todo este esquema, y las economías occidentales son construídas durante varios siglos a costa del trabajo y los recursos de los africanos. A partir de entonces, el desarrollo económico de las metrópolis ha crecido en estrecha dependencia del proceso de subdesarrollo de las periferias y de África en particular. De modo que este aspecto de la globalización ha funcionado realmente de la forma contraria a como es concebido de forma habitual: es el crecimiento de la riqueza de las élites colonizadoras lo que se ha mantenido dependiente de la explotación de los colonizados y sus recursos.

    Paralelamente a este proceso, existía una numerosa población morisca (descendientes de los moros) que habitaba la península ibérica y fue convertida al catolicismo en el recién creado Reino de España, pero iría paulatinamente sufriendo una notable pérdida de derechos políticos y territoriales, con un hito importante en la expulsión de los moriscos a principios del siglo XVII. Desterrada la identidad musulmana, fueron instaurados mecanismos sociales y legislativos para someter a la población no blanca. La exclusión a la que han sido sometidos los españoles negros y otras minorías fue por tanto primero una consecuencia de la construcción ideológica del racismo que se hizo para expropiar a los musulmanes conversos, pero es la intensificación del comercio trasatlántico de esclavos lo que incidió notablemente en la aversión hacia las personas negras. A partir de finales del siglo XVII, esto se fusiona con el racismo religioso de tradición medieval, difundiendo una interpretación de la Biblia según la cual los pueblos negros deben servir a todos los demás para justificar la esclavización de los negros españoles, africanos o americanos.

    El imperialismo español fue también pionero en mecanismos de discriminación legal: los mismos estatutos de limpieza de sangre que se utilizaron en un sentido étnico-religioso contra las minorías judía y musulmana convertidas al catolicismo en la península, se utilizan posteriormente en las Américas de manera más biologista creando escalas de capacidades humanas y roles sociales. Cuando se promulgó la Constitución de Cádiz de 1812, se condicionaron específicamente los plenos derechos como ciudadanos de los españoles negros. Sin embargo, en Sudáfrica el apartheid no tomaría forma jurídica hasta 1948, ya que las actitudes racistas no habían sido apoyadas por normas legales por Gran Bretaña desde la instauración de la Colonia del Cabo en 1814. Los esfuerzos de los abolicionistas en Europa y en las Américas durante el siglo XIX serían presentados por la prensa nacional española como intentos de destruir el Imperio hispánico y los negros descritos como aliados de la Pérfida Albión (Gran Bretaña). España además fue la última potencia europea en abolir la esclavitud, lo cual alimentó la persistencia en el tiempo del racismo anti-negro. Sin embargo, probablemente estos mismos factores y el borrado de la relación con África en su memoria histórica por parte de los españoles, ha hecho que las relaciones entre razas en Hispanoamérica hayan sido diferentes a las del mundo angloparlante.

    Mientras que en los Estados Unidos y las colonias británicas el racismo se basaba en la ascendencia, llevando a una clasificación bipolar entre “razas” negra y blanca, lo que definió la identificación racial en el Imperio español y en las colonias hispanolusas fueron las características fenotípicas de la herencia como color de piel y textura del cabello. Era una especie de racismo de aspecto, no de origen. En las Américas, este racismo establecía la existencia de tres “razas” puras (blanca, negra e indígena) y elaboraba un sistema de clasificación racial con una complicada serie de cruces. En función de eso, el racismo hispano se manifiesta en una gradación, alcanzando en mayor medida a personas con fenotipo más próximo del negroafricano y matizando la discriminación según se aproxime al fenotipo blanco. Era una evolución de la doctrina y los estatutos de limpieza de sangre del siglo XV, usados en la península ibérica para segregar a la población convertida al cristianismo.

    La clasificación de las personas según su pertenencia racial conformó un sistema jerárquico de estratos sociales en el que el hombre blanco estaba en la cima y la mujer negra en la base, según la pureza o impureza de su sangre que establecían su raza y grado de mestizaje. La gradación venía determinada por factores sociopolíticos coloniales, el principal de ellos la mayor cantidad de colonos blancos procreando con mujeres indígenas y negras, pero con un menor número de mujeres blancas. Esto favoreció la multiculturalidad y sociedades más o menos multirraciales según el país, lo que explica la atenuación de una cultura del odio racial explícito dentro de Iberoamérica. Aun así, algunos países desde el final del siglo XIX pusieron en marcha políticas de blanqueamiento o de inmigración restrictiva en lo que se refiere a la entrada de africanos negros, y ello señala qué color de piel se pretendía para “mejorar la sangre” o “mejorar la raza” de la población local. Cuando el Imperio español ya había perdido sus principales territorios en ultramar, se empiezan a suavizar las relaciones cotidianas por la influencia de creer en un pasado colonial paternalista con relaciones benignas, aunque persistiesen el racismo y la discriminación.

    El racismo español de ideología nacional-católica seguiría las líneas generales del pensamiento racista que se encuentran presentes en la filosofía nacionalista de la historia y las pseudociencias europeas de los siglos XVIII, XIX y primera mitad del siglo XX, que habían justificado la esclavitud y el dominio colonial, pero tiene ciertos rasgos particulares. Al llegar al siglo XX las personas negras ya no son vistas como un peligro por parte de los españoles. Su imagen durante el régimen franquista (1939-1975) casi siempre se ve asociada a estereotipos ridiculizantes que continúan hoy en formas variadas. El general Franco utilizó muchos símbolos medievales para dotar de consistencia histórica a la ideología oficial, como la identifición con Fernán González, con el Cid, con las Cruzadas (junto con los obispos, para otorgarse una misión espiritual en la Guerra Civil) incluso hablando de su Cruzada y Reconquista al considerarse el continuador de la obra iniciada por los Reyes Católicos. Sí hubo recuperación de territorios en la Edad Media por parte de los cristianos, pero lo cierto es que no se manejaba asociada en la época la idea de nación. Éste último es un concepto nacionalista legitimador más reciente utilizado para describir la ideología de los cristianos al oponerse a unos musulmanes que, en realidad, tenían el mismo derecho a habitar la península ibérica que los cristianos. Por tanto es un concepto parcial, porque sólo tiene en cuenta el punto de vista de una de las partes en conflicto. El mito fundacional de la nación española es la Reconquista pero resulta más correcto hablar de conquista sin más.

    La idea de Reconquista de los reinos cristianos no surgió durante la Edad Media ni en la conquista cristiana, ni tan siquiera en la Edad Moderna. Nunca se habló de Reconquista en aquella época, ni se conocía la palabra (que se empezó a usar a principios del siglo XIX). Durante el ascenso de los nacionalismos europeos, los románticos y liberales españoles dotan de contenido al término Reconquista para poco a poco identificarlo con la noción de recuperación de la unidad nacional, la idea de nación y la idea de patria, que resultan centrales en el nuevo modelo de Estado que se pretende crear en el siglo XIX. Y como el Estado-nación era entonces un concepto relativamente nuevo, se intenta retrotraerlo a la Edad Media. De manera que la Reconquista se proyecta hacia atrás para recoger todo el sentido que no tenía anteriormente, y se la considera vigente desde la Edad Media para argumentar la idea de nación y de Estado españoles. Pero no había existido tal idea de España como unidad política de la forma en la que existiría a partir del siglo XIX.

    El nacional-catolicismo ha tenido un carácter muy excluyente en España y conectó con la tradición hegeliana, en su concepción racista de nación durante el ascenso de los fascismos previo a la Segunda Guerra Mundial. La ideología autoritaria del régimen franquista pretendía configurar todas las facetas del comportamiento de la ciudadanía, incluyendo el comportamiento sexual. El Estado definía la patria en términos de raza hispana: el día de fiesta nacional se llama el Día de la Raza, la película de propaganda sobre la Guerra Civil guionizada por el propio Francisco Franco se llamó “El Espíritu de una Raza” (y después simplemente “Raza”). Hoy se llama el Día de la Hispanidad, pero durante el franquismo el 12 de octubre se celebraba el Día de la Raza debido a la superioridad conferida al haber conquistado militarmente y sometido a las otras “razas” en América Latina a partir de dicha fecha en 1492. El nacional-catolicismo se consideraba heredero del legado de los Reyes Católicos que habían expulsado a judíos y musulmanes, establecido la Inquisición para que se preservara la ortodoxia católica de los esclavos, reprimido a los herejes y conquistado América.

    España por tanto a lo largo de su trayectoria histórica no ha gestionado bien su diversidad y los derechos culturales en diferentes territorios del Estado, ni se ha articulado democráticamente de manera que se garantice la continuidad de su unidad cultural y territorial en el futuro. Así, otra de las características de la ideología nacional-católica que desde entonces ha creado tensiones es un legado de negación de la existencia de otras nacionalidades dentro del territorio español (como la catalana, la vasca o la gallega) imponiendo una visión centralista y uniformizadora de las diferencias étnicas y culturales. La falta de respeto a la diversidad en el país, por tanto, tiene una dimensión étnico-racial y otra político-cultural.

    LA OMISIÓN DEL LEGADO AFRICANO EN ESPAÑA Y SUS CONSECUENCIAS

    La evolución de las leyes y políticas en el Reino de España desde el siglo XV ha conducido a que la población negra (en adelante utilizaremos los términos población negra o afrodescendiente indistintamente) en la actualidad sufra lo que las ciencias sociales llaman en la actualidad una invisibilización en la esfera pública. Esto se refleja en aspectos como la ausencia de negros o personas de ascendencia mixta en las producciones culturales, en los medios de comunicación o en cargos de responsabilidad en las organizaciones, y en el uso de estereotipos sobre su rol social. Varios siglos de explotación y discriminaciones todavía no completamente superados han colocado a esta parte de la población en una cierta situación de desigualdad, que influye en variados ámbitos de la vida pública y privada. El trabajo forzado de los africanos en el pasado enriqueció la economía española, pero supuso además una aportación cultural y humana sobre la que existe una doble omisión: una es científica por no estudiarse bien dicha aportación y la otra es moral por no reconocerse lo suficiente.

    Esta doble omisión vuelve más grave la deuda histórica existente y supone un desaprovechamiento del potencial sociocultural dentro del país. No existen estudios al respecto en el mundo académico, ya que las universidades europeas generalmente mantienen un enfoque neocolonialista o asistencialista sobre lo africano, y las autoridades han mostrado en España una gran desconfianza hacia las entidades gestionadas por personas de origen africano. No se atiende la demanda de la población negra española de mayor reconocimiento en la educación del legado de raíz africana en la cultura hispana, que encontraría reciprocidad en África y las Américas. Sin embargo, los países con mayor desarrollo socioeconómico son también aquellos que más se esfuerzan en gestionar su diversidad interna en primer lugar, de manera que en relación con el continente vecino esta omisión representa una serie de oportunidades perdidas para todos los actores involucrados en las esferas cultural, comercial y diplomática.

    Hacia 1980 la población negra española estaba compuesta principalmente por familias vinculadas a Guinea Ecuatorial residentes en la península, las Islas Baleares o las Islas Canarias. La colonia en África Central había sido durante dos siglos un territorio español y las dos regiones administrativas en el Golfo de Guinea adquirieron estatus de provincias españolas en 1959 hasta la independencia en 1968. En Guinea Ecuatorial las autoridades coloniales habían mantenido una política de segregación racial sistemática, fundamentada en la idea de que la población negra era inferior, sólo apta para el trabajo manual y para servir a la sociedad blanca. Pese a esto, existía una élite negra adinerada debido a un decreto que dividía a los ecuatoguineanos entre no emancipados y emancipados o plenos. Casi no se permitía a la población negra viajar a la península, pero sí a los miembros de esta élite y a algunos de ellos se les hizo diputados en las Cortes franquistas. Además estaban las familias de personas venidas de las ex-colonias americanas (de Estados Unidos y principalmente Cuba, donde los afrocubanos también habían sufrido una gran segregación). Pero también comunidades descendientes de antiguas poblaciones negras de la península (moros, moriscos, morenos y negros africanos) que habían sido tradicionalmente discriminadas hasta la miseria pero lograron subsistir como población negra sobre todo en algunos pueblos de Andalucía, habiendo sido la mayoría asimilados dentro de la población blanca o bien mestizados con los gitanos. Por otro lado, desde que llegaron a España en el siglo XV, en contra de los gitanos figuraron leyes de persecución específicas que les excluyeron y les criminalizaron hasta el fin de la dictadura en 1978, por lo que la marginalidad y el rechazo social no fueron las causas sino las consecuencias de una situación de racismo anti-gitano y anti-negro.

    Tras la llegada de la democracia, la negrofobia en España resurge con el crecimiento de la inmigración que se empieza a producir en la década de los 90. Ninguna de las minorías raciales había sido muy numerosa debido a las causas históricas ya examinadas, por lo que la mayor parte de la población negra es bastante reciente en comparación con la de otras ex-metrópolis coloniales. Como reacción a las tesis del nazismo, en todo el mundo los negros y mestizos ya no son vistos como seres inferiores o biológicamente degenerados, de forma que su situación no viene determinada por la genética, sino más bien por factores sociales y económicos. De este modo, el presupuesto de superioridad blanca ha sido sutilmente preservado debido a una supuesta superioridad cultural. En España no han existido movimientos racistas con representación electoral significativa pero sí existe cierto grado de racismo tanto en la izquierda como en la derecha social, que vincula especialmente su negrofobia a la desconfianza por parte de las clases trabajadoras hacia los colectivos de migrantes (considerados como competidores en un contexto de alta tasa de paro).

    Por otro lado, la población negra en España sí ha sufrido ataques por parte de grupos violentos de ultraderecha asociados al fascismo y al nazismo, nostálgicos de las doctrinas oficiales de pureza de raza, sin que las autoridades pusieran en marcha medidas efectivas para frenar este fenómeno. El racismo es la primera causa en España de los delitos de odio, que es un categoría criminal con tendencia ascendente en los últimos años e incluye los discursos de odio, que han encontrado en Internet un terreno fértil para su difusión a través de las redes sociales. Estos discursos son formas de expresión que propagan, incitan, promueven o justifican el odio racial fundado en la intolerancia, incluida la que se expresa en forma de etnocentrismo agresivo y hostilidad contra las minorías. Estos casos afectan también a ciudadanos negros con nacionalidad española, sin embargo han sido tratados por las autoridades encargadas de políticas de inmigración. Al mismo tiempo, se ha convertido la persecución racial en el espacio público en algo habitual para controlar la identidad de los ciudadanos (migrantes o nacionales) por el mero hecho de ser negros, incluyendo las redadas en las calles y la retención en Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE).

    Debido al creciente racismo en la sociedad, en la década de los 90 comenzaron a establecerse fuertes lazos de solidaridad entre afrodescendientes nacidos en España que buscaban reafirmar su identidad y personas migrantes negras. Pese a su heterogeneidad, se enfrentaban a similares problemáticas y compartían una cultura y conciencia de identidad comunes ligadas a la música, los deportes y la historia de la diáspora con sus mestizajes. La identidad y aportación social de la población negra se intentaban folclorizar retirándoles toda su carga política, pero cierta unidad sociocultural en contra del racismo daría lugar a una serie de diferentes movimientos sociales negros atomizados y poco articulados entre sí. No obstante, una mayor actividad ha sido posible en ocasiones como la de colaborar en la preparación de la Proposición no de Ley sobre “Memoria de la esclavitud, reconocimiento y apoyo a la comunidad negra, africana y de afrodescendientes en España”, aprobada en 2010 por unanimidad en el Congreso de los Diputados. En los últimos años, se observa además una mayor feminización del movimiento reivindicativo negro que tiene presencia en Internet especialmente en las redes sociales, acompañando el aumento de la participación de las minorías étnicas negra, árabe y gitana en el movimiento feminista. Todo esto contribuye a la construcción de un nuevo pensamiento social que reabre el debate sobre la discriminación y el racismo. Pero el activismo negro aún no ha conseguido convertirse en un movimiento de base amplia en España, ya que ha congregado a pocos activistas y no pocas veces está adscrito a ideologías y deficientes formas de organización que han funcionado como barreras para involucrar a más participantes. Examinaremos esto en la segunda parte del análisis.

    Un papel central en la evolución de los derechos de la población negra lo ha jugado la discriminación institucional que sufren las personas migrantes africanas desde la entrada de España en la Unión Europea en 1986 en cuanto a la concesión de visados. Son los años en los que se culmina la desafricanización o borrado y negación del legado africano en España, desde un punto de vista político, mediático y cultural. Desde la firma del acuerdo europeo de política migratoria común de Schengen en 1995, el discurso de las autoridades y los medios de comunicación se pone al servicio de una política de control de fronteras instrumental que favorece la libre circulación de los ciudadanos comunitarios debido al Tratado de Maastricht pero sólo acepta a los no comunitarios según el gobierno de turno considere o no que se necesita un acuerdo con el país de origen, con independencia del proyecto de vida de cada individuo. Como referencia mediática de lo que supone el fenómeno se comienza a proyectar una imagen de “avalancha” de africanos que llegan en pateras, preparando el escenario para justificar su repatriación. Todo esto tendrá sus pros y sus contras según el punto de vista que se mire, pero una consecuencia clara es que amplía la brecha de derechos entre extranjeros residentes de países más ricos e inmigrantes a los que se presupone socioeconómicamente inferiores. Diferentes leyes de extranjería consolidan esta división, con el agravante telón de fondo de una larga tradición en el Estado de crear instrumentos legales restrictivos hacia los derechos de minorías étnico-raciales.

    La lucha de los sin papeles hizo en aquellos años que la identidad política común de las personas migrantes se volviese más sólida que la identidad política étnico-cultural de la población negra en general, que llevaba ya siglos siendo discriminada o asimilada. El Tribunal Constitucional, de mayoría conservadora, determinó además en 2001 que los rasgos fenotípicos constituyen “indicadores razonables de origen no nacional” en el caso del control de identidad y por tanto una “mayor probabilidad” de no ser español por razón exclusiva de que una persona sea negra. Tras un largo proceso, el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas sentenció en 2009 que el Estado español tenía obligación de pedir disculpas e indemnizar por la vulneración de los derechos humanos provocada por aquella decisión. España ha sido ya condenada más de veinte veces por vulnerar los derechos humanos pero el dictamen suele ser ignorado. De esta manera, se certifica la consideración social de las personas negras como inmigrantes y de los inmigrantes como personas permanentemente susceptibles de estar bajo sospecha o no ser merecedoras del mismo trato por parte de la policía y los jueces.

    La posición de los dos partidos políticos que han ocupado el Gobierno de la nación ha sido ambigua con respecto a las demandas de la comunidad negra. Cuando han gobernado, tanto Partido Socialista como Partido Popular han seguido una línea dura de cumplimiento de la política migratoria suscrita en la Unión Europea conduciendo a que el control de fronteras y los CIE hayan operado frecuentemente vulnerando de los derechos de las personas migrantes. En cuanto a políticas internas, desde el asociacionismo negro se ha acusado a ambos partidos de apoyar sólo algunas reivindicaciones según el contexto político y los intereses de cada momento aunque sin tomar medidas de peso, de instalarse en el privilegio blanco (el conjunto de ventajas explícitas e implícitas no disfrutadas en occidente por las personas no blancas) y de no involucrarse suficientemente en la erradicación del racismo. Mientras que han sido los partidos de izquierda los que han liderado las políticas de igualdad racial en todo el mundo, en el caso de España el activismo negro ha denunciado que la izquierda en general muchas veces no ha apoyado o directamente ha bloqueado más que la derecha las propuestas del asociacionismo negro, negando las razones de fondo de cada reivindicación. La consecuencia práctica en España del supuestamente bienintencionado pero mal dirigido discurso progresista del tipo “yo creo en una sola raza” o “para mí no hay colores” es que no atiende a la diferencia y niega el enfoque de raza por principio (aunque sí se hayan incorporado el de clase, género, orientación sexual o discapacidad para corregir desigualdades sociales). Junto con este negacionismo, el miedo inducido en la sociedad sobre la inmigración africana y la invisibilización de la población negra española en general impiden la emergencia de una solidaridad con la particular situación de este sector de población como la que sí ha existido en otros países.

    Una particularidad del silenciamiento del racismo contra los negros en España, heredada del colonialismo, es que se disfraza como broma. Otra es el racismo institucional y no hay prácticamente ninguna gran organización pública o privada que presente personas no blancas entre sus caras visibles. Otra es que en el mundo del fútbol, el mayor espectáculo de masas, con frecuencia se producen manifestaciones de odio racial en los estadios con absoluta impunidad, ante la indolencia de las autoridades y de los clubes. Otra particularidad, compartida con otros países iberoamericanos, es que en las producciones culturales y en los medios de comunicación (especialmente en la televisión, que es el que construye el discurso dominante en el imaginario social) durante mucho tiempo se ha producido una situación de invisibilización, uso de estereotipos, exotización y chanza, excepcionalidad de lo que debería ser visto como normalización, destaque del origen de determinados delincuentes, publicidad excluyente (o directamente racista) y doblajes ridiculizantes. Las inercias de esta falta de representación en la cultura tiene un profundo efecto en la autoestima, ya que si una persona desde una edad temprana no ve ningún personaje que se le parezca o aparece pero estereotipado, su concepto de sí misma y autovaloración están cuestionados y esto condiciona su desarrollo. En los ambientes supuestamente más progresistas encontramos especialmente este racismo, que busca excusas constantemente para existir de maneras disimuladas que no avergüencen al que lo profesa. Todo contribuye a naturalizar la discriminación, perpetuar las desigualdades, racializar la nacionalidad (en el imaginario social no es normal ser negro y español al mismo tiempo) y ejerce por hábito un efecto desmovilizador en la sociedad. Esto exige un trabajo intelectual de deconstrucción por parte de los movimientos negros y de los académicos socialmente comprometidos, independientemente de su orientación ideológica, por la defensa de los derechos humanos y de ciudadanía.

    DERECHOS CULTURALES DE LA MINORÍA NEGRA HOY EN ESPAÑA

    Los derechos culturales se definen como aquellos derechos humanos relacionados con la cultura en un sentido amplio, que garantizan que las diferentes personas y comunidades tengan acceso y puedan participar en aquella cultura que sea de su elección en condiciones de igualdad, dignidad y no discriminación. Son derechos relativos a cuestiones como la producción cultural y artística, la participación en la vida cultural, el patrimonio, las minorías, la lengua, los derechos de autor y el acceso a la cultura, entre otros, y están en relación con la capacidad de un grupo poblacional para preservar sus formas de vida y la seguridad de su base económica dentro de la nación en la que se encuentre. Por eso estos derechos atienden a la preservación cultural de minorías étnicas, religiosas o pueblos que estén en peligro de desaparecer; pero además se plantea el concepto de justicia cultural, que se centra menos en la preservación como un fin en sí mismo y más en las interacciones equitativas y en el potencial para los intercambios culturales. El reconocimiento de los derechos culturales tiene además un valor económico por las posibilidades comerciales y de turismo.

    El estudio de sus diferentes culturas revelaría un mayor conocimiento sobre la historia del pueblo español y arrojaría más luz sobre su origen y desarrollo. Por tanto la educación, la investigación, las industrias creativas y el intercambio informacional o comercial en torno a aspectos culturales deben defender los derechos de las minorías dentro de políticas públicas de diversidad. Según los compromisos internacionales suscritos en esta materia: “Los Estados protegerán la existencia y la identidad nacional o étnica, cultural, religiosa y lingüística de las minorías dentro de sus territorios respectivos y fomentarán las condiciones para la promoción de esa identidad” […] “Las políticas y programas nacionales se planificarán y ejecutarán teniendo debidamente en cuenta los intereses legítimos de las personas pertenecientes a minorías” […] “Las personas pertenecientes a minorías tendrán derecho a disfrutar de su propia cultura” y a “participar efectivamente en la vida cultural, religiosa, social, económica y pública” […] “Las personas pertenecientes a minorías tendrán el derecho de participar efectivamente en las decisiones que se adopten a nivel nacional y, cuando proceda, a nivel regional respecto de la minoría a la que pertenezcan o de las regiones en que vivan, de toda manera que no sea incompatible con la legislación nacional” (Declaración sobre los derechos de las personas pertenecientes a minorías nacionales o étnicas, religiosas y lingüísticas, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas). En el mismo sentido, la Agenda 21 de las Naciones Unidas para la cultura apuesta por establecer un compromiso de las ciudades y los gobiernos locales para el desarrollo que incluya los derechos culturales como parte de sus principios centrales y establece que: “Los gobiernos locales reconocen que los derechos culturales son parte integrante de los derechos humanos, tomando como referencia la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948)”.

    Son importantes los compromisos internacionales con la ONU, pero más importante aún es el debate democrático del los Estados con sus minorías culturales puesto que el funcionamiento de las burocracias en las organizaciones internacionales no siempre es democrático en sí mismo. Pero la aproximación a los problemas de racismo y discriminación contra las personas negras que se ha hecho en los partidos políticos, las organizaciones no gubernamentales y las instituciones oficiales en España suele dirigirse a los síntomas y no atiende bien a sus causas estructurales, cuando no consiste directamente en la desconsideración o minimización de tales causas por parte de los responsables de buscar soluciones. Mientras que hasta ahora la izquierda española no ha atendido seriamente las reivindicaciones de la comunidad negra, en las últimas cuatro décadas las izquierdas europea, estadounidense y latinoamericana han elaborado perspectivas innovadoras respecto a cómo combatir el racismo. El impacto de esta contribución en el plano político ha sido la inclusión de la cuestión racial en las políticas de los partidos de izquierda y centro-izquierda. En el ámbito académico ha surgido una nueva producción teórica en el extranjero sobre los efectos de la segregación, la esclavitud y el dominio colonial que, gracias a una recopilación de datos empíricos, rebate la naturalización de la discriminación, la subordinación política y especialmente el silenciamiento del racismo. Pero España una vez más ha vuelto a quedarse atrás y ni siquiera se ha planteado oficialmente la necesidad o no de estadísticas que cuantifiquen la población negra (aunque según algunas estimaciones está entre un millón y dos millones de habitantes) y caractericen su situación, lo cual ha sido la vía escogida para el diseño de políticas públicas en otros países en cuanto a derechos económicos, sociales y culturales. La duda viene cuando se examinan las consecuencias prácticas de dichas políticas basadas en censos raciales, que ya sea por sus principios o por su ejecución con medidas llamadas de “discriminación positiva”, han estimulado la expresión y el ascenso electoral de un repunte del racismo en Europa y las Américas.

    En otros países los resultados de los estudios estadísticos sobre desigualdad con auto-clasificación de raza ayudaron inicialmente a dar consistencia a las demandas de la comunidad negra, que habían surgido cuestionando la legitimidad de los comportamientos que crecen al abrigo de los prejuicios raciales. El mito local de que no hay racismo en España nos coloca en la perspectiva ya deslegitimada de la democracia racial o “racismo a la brasileña”: no hay un reconocimiento del problema para poder corregir la falta de igualdad de oportunidades y no se atiende a la diferencia ni a las desigualdades, negando la discriminación, por lo que con el tiempo dichas desigualdades persisten o empeoran. Resulta muy complicado proponer políticas correctoras para las situaciones de discriminación si no se pueden identificar y valorar las desigualdades. Así, la población negra en España ha venido sufriendo históricamente un racismo que es estructural e institucional con graves, amplias y persistentes consecuencias en forma de discriminación migratoria/laboral y pobreza generalizada. Lo cual conduce a inferir que la actual situación de exclusión que gran parte de las personas negras tiene en diferentes ámbitos profesionales está provocada por una discriminación racial y una desigualdad que son sistémicas. A esto se une una dinámica de competencia en la base de la pirámide socioeconómica, entre la población trabajadora golpeada por el contexto de crisis desde 2008. Como desde la llegada de la democracia la situación no ha mejorado, significativamente por falta de apoyos por parte de la izquierda política, esto justifica la actual renovación de las reivindicaciones políticas por parte de los movimientos sociales negros. Las metodologías de trabajo del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en materia de igualdad racial y de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) en cuanto a diversidad cultural podrían haber apoyado este esfuerzo si se ejecutasen, de una forma que sea correcta y democrática.

    La forma en la que plantear políticas que atiendan las reivindicaciones en España no se ha decidido aún. Los críticos del método de políticas de igualdad racial de las Naciones Unidas defienden que la utilización del concepto de raza, aunque sea a efectos de análisis estadístico o de reparto de recursos, consolida el concepto de “razas” diferentes y hasta lo hace surgir entre aquellos que no creían en ellas. Tal procedimiento ha podido ir en contra de combatir la creencia en razas en sentido biológico y ha producido cierto conflicto social en algunos países, pero ha podido justificarse por: a) una correspondencia entre la población negra y los descendientes de personas que fueron esclavizadas y levantaron las economías de esos países, b) la preservación de culturas tradicionales dentro del territorio, y c) cierta uniformidad de las características socioeconómicas de ese grupo racial. Sin embargo estas circunstancias no se dan actualmente en una población negra española que tiene distintos orígenes, convive con el resto de la población hablando la misma lengua y comparte los mismos elementos culturales españoles de fondo. Pasar a considerarse una categoría social diferenciada a partir de la Proposición no de Ley de 2010 u otras iniciativas podría ser contraproducente si no se maneja con cuidado: introducir como presupuesto el concepto de raza en España podría tener el efecto de consolidar un país de “razas” y un pensamiento racializado en la esfera legal.

    Lo que no se justifica es dejar que crezca el racismo, no atender a la diferencia o no respetar los compromisos internacionales, por tanto resulta necesaria una elaboración específica de políticas de diversidad adaptada a la realidad española. Las desventajas que sufre la población negra en diferentes ámbitos no se corregirán si no se coloca la lucha contra el racismo como una prioridad de la sociedad, de forma similar a la lucha contra la homofobia o la violencia de género. Las políticas de promoción de la igualdad racial sólo tendrán éxito a partir de la construcción de una amplia coalición de intereses que den solidez a una voluntad común, pero no ha existido un verdadero intercambio con África sino imposición y unidireccionalidad. Esto debería involucrar la aportación de raíz africana en la historia de España, pero no ha sido posible en gran medida por la falta de estudio y reconocimiento. Un marxista diría que esta desigualdad se produce en el nivel de superestructura (ámbitos artísticos, filosóficos, políticos y en general culturales) en función de intereses oligárquicos, sumándose a una desigualdad que había crecido durante siglos en el nivel de infraestructura (factores productivos y relaciones de producción). Pero el principal problema a resolver es que la población negra actual no posee un capital cultural común y la ausencia de políticas públicas de diversidad cultural al respecto produce más desigualdades cuando se produce alguna asignación de recursos a pequeños proyectos, de tal manera que los intereses de la comunidad negra en su conjunto nunca son atendidos.

    Partiendo del análisis que hemos realizado hasta aquí, hay tres consideraciones que habría que plantearse para comenzar a establecer unos objetivos estratégicos en cuanto a la reivindicación de derechos:

  • La primera consideración surge examinando qué otras dinámicas históricas se producen desde la configuración del Reino de España además del racismo. Resulta fundamental entender que una parte del país considera que éste lleva más de cuatro siglos gobernado por unas clases dirigentes que se han comportado de forma claramente contraria a los intereses de la mayor parte de la población: dos dinastías monárquicas que han puesto sus propios intereses por delante de los de la nación o han supeditado estos en ocasiones a los de un poder extranjero, junto a una clase terrateniente y un poder eclesiástico opuesto a la Reforma en el siglo XVI, que separaron al país de las corrientes de modernización en Europa y lo sumieron en un atraso científico-cultural que condiciona la sociedad hasta el presente. Estas élites (denominadas extractivas por no crear riqueza y detraer rentas del Estado en beneficio propio a costa del resto de la población) han evolucionado hasta el siglo XX como la parte central de la clase dirigente en España, y su ala más conservadora reaccionó a los movimientos de oposición mediante una guerra civil. De manera que en España existen otros grupos sociales que se sienten víctimas de pérdida de derechos además de la minoría negra, por lo que hay diferentes reivindicaciones de recuperación de memoria histórica que están exigiendo tener un tratamiento específico y la cuestión se complica. No está claro si la cuestión negra debería incluirse en las iniciativas de memoria histórica, si decide buscar una asignación diferenciada de recursos públicos como objetivo estratégico.
  • La segunda consideración es que el debate de la deuda histórica se complicará aún más si se establece sobre la temática del reparacionismo de las Américas, pues existe una correspondencia sólo parcial y muy pequeña entre el grupo de población negra que vive actualmente en territorio español y los descendientes de la población negra española del siglo XVI. La razón de ser de las iniciativas de empoderamiento de la población negra que se han puesto en marcha en los últimos años en América Latina puede ser la misma, pero en España es más necesario prestar atención a qué tipo de propuestas se pueden presentar como distintivas y específicas del territorio, y cuáles deben ser coordinadas primero con las de otros grupos raciales. Destacadamente, pero no únicamente, con minorías como la gitana o la árabe que enfrentan problemáticas similares. Por eso, no parece recomendable trasladar a España un enfoque de políticas públicas como las diseñadas en América Latina sin hacer un análisis específico sobre la historia y la realidad particulares del país. Sin embargo las reivindicaciones que son propias de la población negra podrían diluirse dentro de otras de carácter más general que tienen las minorías raciales en conjunto, por lo que resulta importante seleccionar bien los objetivos a plantear en la agenda política. Hay enfoques que se fundamentan en el estudio histórico de cuestiones estructurales como el efecto en la sociedad de los instrumentos legales de discriminación, el reconocimiento de la responsabilidad española en los crímenes asociados a la esclavitud trasatlántica y al colonialismo, la no introducción de contenidos educativos sobre el legado africano, o la observación de que la producción cultural y los medios sean más inclusivos y transmitan una imagen digna de los diferentes grupos raciales. Se tendría que escoger entre cuáles elegir y también decidir cuáles son prioridad.
  • La tercera consideración es que resulta importante erradicar los prejuicios raciales todavía existentes pero no es suficiente tratar la desigualdad racial si no se aborda también la desigualdad de las culturas. Se ha impuesto como “superior” la cultura de raíz europea cuando las consecuencias de la vertiente científico-tecnológica de esta opción es la destrucción del medio ambiente hasta el punto de que a largo plazo se pone en riesgo nuestra supervivencia como especie humana. Aceptar esta vía civilizatoria no ha sido resultado de una decisión libre para los africanos sino más bien de la ausencia de elección tras alterarse otros modos de vida. Es indispensable disipar esa idea de superioridad para permitir una visión correcta del intercambio cultural: el progreso social siempre ha sido producto de la diversidad y la cooperación entre varias culturas, pero trae consigo al mismo tiempo la desaparición de rasgos diferenciales cuya originalidad hay que preservar. La erradicación del racismo debería basarse en el estudio de la verdad sobre nuestras raíces culturales para poner a la sociedad en paz con la historia (como ocurrió en el proceso de reconciliación en Sudáfrica), y no únicamente en el estudio o en la denuncia de sus efectos pese a que éstas se consideren también labores importantes. Conocer mejor la propia cultura produce un aumento de la autoestima, de tal manera que se produce un cambio de mentalidad positivo y la sociedad sale reforzada, alcanzándose mayores niveles de bienestar para todos.
  •  
     

    CONCLUSIÓN

    Las industrias culturales son posiblemente el único campo en el que conjuntamente España, junto con el resto de Iberoamérica, es una potencia mundial. No hay la suficiente conciencia sobre ello, ni tampoco sobre la capacidad para enriquecer el capital humano y cultural en común haciendo un mayor esfuerzo por estudiar y fomentar el estudio de la aportación de raíz africana en el mundo hispano. Como resultado de las dinámicas históricas y en el contexto de una Europa construida durante los últimos cinco siglos sobre la hipótesis de superioridad de la “raza” blanca sobre el resto, se produce una discriminación de determinadas minorías que se traduce en falta de reconocimiento en la cultura y desigualdad laboral al limitar las posibilidades de la persona o destinarla a determinados roles menos cualificados en la sociedad por la reputación negativa resultante. Esto se suma a que España en los siglos anteriores no participó de la Reforma ni de la Ilustración europeas, lo hizo escasamente de la Revolución Industrial y reprimió los ideales republicanos mediante una guerra civil así como los nacionalismos periféricos. De manera que no ha existido una real igualdad de oportunidades para todos con derecho al pleno ejercicio de las identidades y los derechos culturales; el Estado se construyó para otros. Y teniendo en cuenta que el racismo institucional es tan antiguo como el Estado español, toda sus inercias siguen condicionando poder alcanzar un mayor potencial sociocultural del país.

    La persistencia de actitudes o estereotipos racistas nos conduce a la conclusión de que existe un etnocentrismo dominante naturalizado por hábito que continúa provocando que negros, árabes o gitanos no sean considerados como parte del mismo espacio institucional común de la nación. Lo que provoca esta falta de empatía en la cultura nacional hacia estas diferentes realidades es que se mantenga de facto la antigua jerarquía racial y patriarcal dominante, institucionalizada por los distintos regímenes políticos del Estado. El hecho de que gran parte de la población no perciba este racismo estructural, por no sufrir sus efectos o por no comprender que se manifiesta de formas variadas y no siempre explícitas, obviamente no significa que no exista o no impacte en las vidas de otras personas. No obstante, son todos los ciudadanos quienes financian con sus impuestos la educación pública, los medios de comunicación públicos y en gran medida la producción cultural. La identidad y la tradición de cada persona deben poder desarrollarse con plenos derechos de ciudadanía en un clima de respeto mutuo, sin que el colonialismo y la globalización eurocéntricos sigan condicionando las políticas educativas, culturales y de información del conjunto, continuando así la tradición de homogeneización y las doctrinas de superioridad cultural. Todos los niños y jóvenes deben poder crecer con dignidad disfrutando plenamente de sus derechos civiles, socioeconómicos y culturales; sin embargo las actuales políticas o la ausencia de políticas sólidas de diversidad tienen un efecto limitador sobre su formación y sus capacidades al omitir el papel de nuestra raíz cultural de origen africano en los planes de estudio (por ejemplo sobre el origen e intercambios de la civilización ibérica) invisibilizando a las minorías negra y árabe o exacervando sus estereotipos.

    La actual situación y su mantenimiento resultan antidemocráticos por definición: la política migratoria común europea determina que la población negra será siempre o durante mucho tiempo una minoría estructural dentro de España y por tanto nunca podrá llegar a ser mayoría para tomar decisiones sobre lo que le afecta. De ahí se concluye que, como otras minorías culturales que reconoce la democracia (la comunidad gitana, la comunidad judía, la comunidad musulmana, los vascos, los catalanes, etc.) debería al menos tener una asignación de recursos diferenciada. Por tanto, la falta de suficiente apoyo social a sus demandas y la consecuente negativa de los partidos políticos funcionan como una tiranía de la mayoría. No se puede solucionar esto bajo un mal liderazgo político y para ello el diálogo de la comunidad negra con el Estado ha sido siempre un elemento importante para la lucha por los derechos en muchos países, por lo que es necesario incluir tal diálogo en la agenda de los partidos españoles. Corresponde a la convergencia de movimientos sociales negros constituir una estrategia articulada capaz de promover alguna propuesta común, pero la integración de sus propuestas específicas en las políticas públicas se justifica por estar destinadas a la plena inclusión de todos los ciudadanos en la sociedad, como se hace con género y otros enfoques sobre desigualdades estructurales. Esto potenciará el capital cultural común del país y lo preparará para afrontar mejor los retos sociales y de la economía, formando ciudadanos globales, ya que los países que mejor gestionan la diversidad son también los más prósperos. Conseguir una igualdad efectiva exige combatir el racismo y prestar una atención especial a los derechos de las minorías étnico-raciales por lo que, para cumplir con los compromisos internacionales suscritos por España, el respeto a la diversidad debe colocarse en el centro de las estrategias de desarrollo social. Las autoridades deben aplicar principios de pluralismo en las políticas públicas para impulsar una nación moderna que respete y reconozca a sus minorías, con derechos culturales para todos los ciudadanos que favorezcan el avance científico, de forma que el conjunto de españoles disfrute de una verdadera igualdad de oportunidades.

    Examinaremos la falta de mecanismos democráticos entre Estado y sociedad civil en la segunda parte del análisis.

    Imagen de cabecera: El Triunfo de la Santa Cruz / Batalla de las Navas de Tolosa (1891-1895) por Marceliano Santa María

    Impulsando una sanidad panafricana (II)

    Los sistemas sanitarios están en un punto de inflexión en África. Existen obstáculos estructurales que impiden una correcta prestación de servicios, y las reformas que los gobiernos del continente lleven a cabo en la próxima década serán cruciales para reducir las tasas de mortalidad y mejorar la salud de la población. Es necesario cuanto antes un enfoque integral que fortalezca los elementos clave de los sistemas de salud en la región y que también los coordine entre sí. Un nuevo modelo para que la atención médica sea más accesible no sólo es posible, sino también asequible.

    (Viene de la primera parte del análisis)

    Una combinación de servicios podría dinamizar los sistemas de salud en África, aumentando el acceso a la salud a través de todo el continente. Mediante la coordinación de métodos y buenas prácticas comunes, mejoraría drásticamente la calidad de la atención y se crearía un sistema regional panafricano. Las claves son emplear agentes de salud comunitarios que proporcionen una atención primaria básica en las aldeas, introducir un sistema de telemedicina que conecte la atención especializada con el entorno rural, y crear redes de trabajo con clínicas móviles que transporten medicamentos y tecnología médica a los lugares remotos. Esto podría salvar muchas vidas de forma rápida a un coste relativamente bajo, en conjunto alrededor de entre 2 y 3 dólares por persona al año, en comparación con los aproximados 8 dólares que cuesta en las clínicas tradicionales.

    COORDINANDO EL NUEVO SISTEMA PANAFRICANO

    Los servicios de salud deben centrarse lo suficiente en ciertas especialidades como para ser manejables y accesibles, pero que sean las suficientes como para cubrir una serie de necesidades principales. Éstas incluirían primeros auxilios, servicios preventivos y de diagnóstico básicos, distribución de materiales (por ejemplo, suplementos nutricionales o anticonceptivos) y tratamiento de enfermedades crónicas. Si los servicios prestados son insuficientes, los pacientes pueden decidir ignorar los servicios de salud. Por otra parte, deben ser ofrecidos a bajo coste. Pequeños gastos para comprar medicamentos pueden ser soportables, pero cobrar sumas más altas por los servicios, medicamentos y otros suministros parece imposible para organizar la sanidad de forma privada a mayor escala, al menos en la actualidad.

    Si bien no existen soluciones mágicas, un modelo que combine la utilización de agentes locales de salud, telemedicina y clínicas móviles, podría ayudar a aprovechar los sistemas nacionales de salud ya existentes para ampliar el acceso a la atención primaria de salud por toda la región coordinándose con rapidez, eficacia y de forma económica. Los componentes individuales del modelo no son nuevos, pero juntos pueden revolucionar la asistencia sanitaria en zonas de bajos ingresos. Al estudiar la experiencia de países que sí han mejorado en más de uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas para la salud, se encontró que (independientemente del nivel de ingresos, la geografía o el sistema político) el denominador común era haber tenido éxito al ofrecer una atención primaria en el “último tramo” en las zonas rurales. A continuación examinaremos sus innovaciones más prometedoras, que podrían extender este éxito a otros países.

    Los agentes de salud locales. África sufre aproximadamente una cuarta parte de las enfermedades pero sólo tiene un 3% de los trabajadores de la salud del planeta. Al complementar el trabajo de los médicos con el de agentes de salud locales, en menor medida pero profesionalmente capacitados, se podría mejorar el acceso a la asistencia sanitaria de forma notable así:

  • Los programas más exitosos contratan a mujeres, siempre que sea posible, como agentes de salud locales. Las mujeres son percibidas como más confiables que los hombres por otras mujeres en el entorno rural, y además las mujeres son ya el centro de muchas iniciativas (como con la salud reproductiva). Un candidato ideal debería tener una formación especializada, pero basta con que los agentes de salud sepan leer y escribir, con una educación primaria. En los países que han tratado de reubicar a agentes urbanos más cualificados en zonas rurales, se ha perdido eficacia en el sistema por hacer demasiado esfuerzo tanto para contratarlos como para retenerlos.
  • La formación varía en función de las características específicas del programa en un país, pero debe incluir entre 9 y 12 meses de instrucción formal teórica y práctica, que se combine con contratos de aprendizaje remunerado para cimentar la comprensión, la confianza y los hábitos de trabajo independiente. La formación complementaria es esencial y complementa la formación básica con cursos de actualización mensuales para mantener a los trabajadores de la salud actual al corriente de las mejores prácticas de tratamiento y prevención, así como para enseñarles nuevas habilidades.
  • Los trabajadores de salud deben estar asignados a áreas manejables, un agente de salud por cada 1.000-1.500 personas. Esta relación asegura que puedan visitar a los pacientes para supervisar, verificar el cumplimiento de los tratamientos y hacerles el seguimiento a lo largo del tiempo. Áreas mayores pondrían en peligro la capacidad de atención y ganarse la confianza de los pacientes.
  • Los modelos de voluntariado sufren problemas de retención del personal y son poco sostenibles. Etiopía decidió pagar a sus agentes de salud después de contar inicialmente con ellos como voluntarios, lo cual ayudó a que 30.000 de ellos entrasen en el sistema en tan sólo cinco años. Los agentes de salud locales deben percibir una remuneración que vaya desde una sexta parte del salario medio de una enfermera hasta el 125% del salario medio en el país.
  • Los programas deben aspirar a tener una proporción de ocho agentes de salud por cada uno de los supervisores. A estos niveles, un supervisor puede realizar diferentes desplazamientos que a veces son bastante largos, y aún así visitar a los agentes al menos entre dos y cuatro veces al mes. Esta intensidad del contacto con los agentes es suficiente para ir mejorando sus habilidades e incluso empezar a ver su puesto dentro de una carrera profesional prometedora. El desarrollo de carrera puede ser más importante que las consideraciones financieras para los empleados de la salud. Los programas de mejores prácticas se centrarán en la gestión para crear oportunidades de crecimiento profesional. Mediante la aplicación de mejores prácticas y el empleo de grupos de agentes de salud locales, los países africanos podrían hacer frente a la mayor parte de las enfermedades más importantes a las que se enfrentan. Como el cumplimiento de los objetivos requeriría un solo agente de salud local por cada 1.000-1.500 personas, con un coste de alrededor un dólar al año por habitante, con este nivel de personal se proporcionarían a los pacientes más de tres interacciones significativas, lo cual es una mejora sustancial con respecto al enfoque convencional con médicos.

    La telemedicina. Una vez que los países africanos establezcan una masa crítica de agentes de salud locales para la atención primaria, podrían aprovechar el poder de la telefonía móvil para aumentar el alcance de los profesionales de la salud más capacitados, tales como médicos y enfermeras. Es una tecnología que ya está fácilmente disponible. La mayoría de personas en África negra ya tienen acceso a teléfonos móviles propios o a través de amigos, familiares y grupos de uso compartido. Un modelo de éxito conectaría las llamadas con enfermeras y doctores en centros de coordinación urbanos. En lugar de atenderse directamente llamadas de los pacientes, los profesionales especializados actuarían aumentando la capacidad e impacto de los agentes de salud locales, proporcionándoles soporte clínico avanzado y herramientas en los tratamientos sobre el terreno.

    Igualmente importante es que se pueda apoyar la formación personalizada y supervisión de los agentes de salud, dándoles acceso a conocimientos más especializados de los que podrían conseguir localmente. Los agentes podrían presentar datos clínicos de forma continua (mediante voz o mensajes de texto) y los profesionales que les supervisan podrían hacer el seguimiento con llamadas cada una o dos semanas. La combinación de unos mejores datos y una mejor interacción con los supervisores podría ayudar a los agentes a mejorar la calidad y la velocidad de sus intervenciones (por ejemplo, en la creación de esquemas de vacunación para una comunidad). Los supervisores podrían gestionar el rendimiento de los agentes de salud locales con mayor eficacia, un desafío común de los sistemas de salud para las zonas rurales de difícil acceso. Todo esto tiene un coste bastante bajo. Suponiendo que hay un control cada semana, un supervisor podría dar apoyo a 50-60 agentes de salud; y con controles quincenales se duplicaría el ámbito de actuación. Estos sistemas son asequibles y costarían alrededor de 0,75 dólares al año por persona.

    Si bien no existe aún un modelo de negocio para ofrecer telemedicina a gran escala en África, algunos experimentos prometedores sugieren que es posible. Los modelos privados que atiendan directamente a los pacientes serán también cada vez más viables. En otras partes del mundo ya se proporciona con éxito consejo médico y servicios de triaje por teléfono a millones de personas por 5 dólares al mes por hogar. Se utilizan protocolos desarrollados por instituciones médicas de prestigio para ayudar a los médicos a atender pacientes de forma rápida y eficaz. Muchos casos se resuelven por los médicos a través del teléfono y no requieren más consultas o atención de emergencia.

    Unidades móviles de salud. La tercera pieza del modelo es el uso de clínicas móviles para llevar herramientas de diagnóstico, medicamentos y suministros a las comunidades locales siempre que sea posible. Las unidades móviles han servido durante mucho tiempo esta función, pero varias organizaciones han empezado a emplearlas a gran escala en los últimos años. Esto sugiere que podrían desempeñar un papel importante en la maximización del alcance de los profesionales de la salud, al tiempo que reducir aún más las barreras en el transporte que impiden a muchos africanos recibir atención. El gobierno en Nigeria utiliza convoyes de camiones para el transporte de los hospitales temporales en todo el país. Experimentos comparables están llevando a cabo en Namibia y y otros países africanos.

    Si bien no hay un único modelo de mejores prácticas que funcione con cualquier presupuesto, limitación de infraestructura o geografía, un modelo de éxito tiene las siguientes características:

  • Más pequeño es generalmente mejor. Las furgonetas pueden cubrir terrenos y carreteras en mal estado más diversos que los vehículos mayores. Las furgonetas deben estar equipadas con refrigeración para el transporte de vacunas, medicamentos y muestras de laboratorio hacia y desde centros de salud lejanos. También deben tener una cama para tratar a los pacientes y para acomodar a un médico o enfermera en viajes de varios días.
  • Las furgonetas deben concentrarse en la atención de enfermedades crónicas e intervenciones con un seguimiento más complejo (por ejemplo, la atención prenatal). Deben desempeñar también un papel primordial en la prestación de apoyo directo a las actividades de los agentes de salud. Por lo tanto, los suministros de una furgoneta incluirán kits de pruebas médicas, medicamentos básicos y algunos equipamientos de gama alta como los de ultrasonidos. Los servicios prestados podrían incluir educación y sensibilización, detección, diagnóstico, tratamiento, entrega de suministros, y formación complementaria de los agentes de salud locales.
  • Las rutas deben ser elegidas cuidadosamente para que cada comunidad puede recibir una visita al menos una vez al mes. La clave es reducir al mínimo el tiempo de desplazamiento y maximizar el tiempo de tratamiento. Los centros de salud servirán como base de operaciones natural y de reabastecimiento. Los viajes podrían demorar dos o tres días, cubriendo una serie de pueblos. Siempre que sea posible, deben coordinarse de forma centralizada las visitas a los agentes de salud locales. Debe informarse bien sobre rutas y horarios, de modo que los pacientes sean evaluados adecuadamente y el papeleo no quite tiempo del tratamiento. Finalmente, no deben pasarse por alto mantenimiento y costes de funcionamiento. Cuando las unidades móviles no llegan a los pueblos debido a averías, los pacientes se desilusionan rápidamente y disminuye el potencial del programa de actuación.
  • A pesar de la versatilidad de las unidades móviles, sus costes de operación son bastante razonables cuando el programa está diseñado para complementar el trabajo de los agentes locales de salud (a través de visitas mensuales, por ejemplo). De hecho, se estima que una clínica móvil atendida por dos enfermeras costaría en la mayoría de países africanos menos de 0,75 dólares por persona al año.

    EL FUTURO DE LA SANIDAD EN ÁFRICA

    Un modelo como el descrito anteriormente desplegaría un nivel significativo de recursos de forma viable, en zonas que ahora están escasamente cubiertas. Una zona rural de un millón de personas, por ejemplo, requeriría unos 700-1.000 agentes de salud comunitarios, un centro de coordinación con 40-50 médicos (una combinación de responsables clínicos, técnicos de urgencias, enfermeras y médicos para llamadas de los agentes de salud de las aldeas y el público en general), 10-15 supervisores responsables de la planificación y seguimiento de los agentes de salud en los pueblos, y 20-25 unidades móviles integradas cada una por una o dos enfermeras. Este modelo requeriría entre una quinta y una décima parte del número de enfermeras y médicos que con clínicas tradicionales. Y puesto que las enfermeras y los médicos en los centros de coordinación estarían ubicados en las principales zonas urbanas, donde viven muchos de ellos, el enfoque es práctico dada la distribución actual de los recursos.

    Es importante remarcar que este modelo no debe sustituir a los actuales sistemas nacionales de salud en África y su infraestructura sino que debe ayudar a extender su alcance mediante una mejor utilización de sus médicos, enfermeras y otros trabajadores de la salud. Por otra parte, no es un modelo menor para el mundo en desarrollo. De hecho, algunos gobiernos y empresas privadas en países desarrollados no sólo están introduciendo la telemedicina y las unidades móviles, sino que también hacen experimentos en torno a la idea de externalizar una serie de tareas a agentes de salud.

    Para que funcione el modelo, los gobiernos africanos deben empezar por determinar el conjunto de servicios que pueden permitirse financiar y luego explorar formas prácticas para ofrecerlos. El sector privado puede desempeñar un papel importante, ya que es el proveedor natural de algunos elementos del sistema, en particular las tecnologías y su gestión. Con las inversiones adecuadas, el sector privado podría hacer aún más. La asistencia y las inversiones de los donantes serán vitales para hacer crecer el modelo, proporcionando fondos que apoyen la puesta en marcha de proyectos prometedores.

    LA ERRADICACIÓN DE ENFERMEDADES INFECCIOSAS

    A medida que en 2014 crecía la tragedia del brote de Ébola en África Occidental, se ha hecho cada vez más evidente que los sistemas de salud en África están muy mal preparados para manejar una crisis grave. Enfermedades como el ébola no discriminan entre ricos y pobres. África necesita sistemas de atención sanitaria de calidad para toda la población. El concepto ERU (Emergency Response Unit) Unidades de Respuesta a Emergencias surge para crear sistemas rápidos, eficaces y autónomos que coordinados a nivel internacional, den una respuesta efectiva, eficiente y ajustada a las distintas realidades de las emergencias humanitarias. Es un tipo concreto de unidades móviles para atender las consecuencias producidas por desastres o epidemias.

    El éxito de las ERU en Nigeria en la lucha contra la poliomielitis ofrece lecciones interesantes, especialmente en vista de los enfoques anteriores a los retos de salud pública en el país. Antes de establecer las ERU para la polio, el Gobierno Federal de Nigeria y las organizaciones internacionales determinaban presupuestos para hacer proyectos fragmentados, con financiación externa y con el objetivo de mejorar incrementalmente cada año. Pero el esfuerzo general carecía de orientación a largo plazo ni tampoco tenía eficacia a corto. La epidemia de la polio encontraba así múltiples oportunidades de aumentar el número de casos de poliovirus salvaje.

    Las ERU para la polio han cambiado esa dinámica en Nigeria. En primer lugar, el Ministerio de Sanidad, las administraciones sanitarias estatales y locales, y las organizaciones internacionales trajeron los mejores expertos y recursos para colaborar a través de las ERU en la resolución de los problemas de salud más críticos del país. En segundo lugar, el modelo de emergencias en lugar del tradicional modelo de proyectos incremental forzó la búsqueda de soluciones y resultados inmediatos. Los únicos objetivos eran aumentar el nivel de inmunidad, detener la transmisión de la poliomielitis, y eliminar nuevos casos de la enfermedad. Con metas anuales paso a paso no se podría haber completado este trabajo.

    Por último, la analítica de datos para evaluar el desempeño de los equipos de vacunación contra la poliomielitis y el apoyo de las administraciones locales de salud, permitió a los ERU prestar mayor atención a los lugares de mayor riesgo. Una mejor recopilación de datos en el terreno e imágenes de satélite para identificar en qué comunidades no ha habido actividades de inmunización permitieron a las ERU adaptarse rápidamente y experimentar con nuevas formas de intervención para resolver problemas complejos de vacunación y vigilancia.

    Otros países africanos pueden considerar la aplicación de las ERU para responder más eficazmente a otros problemas de salud, tanto en situaciones de emergencia como con problemas médicos habituales. Aplicándolas más rápida y completamente se podría mejorar la respuesta en África ante epidemias. La cuestión central es luchar directamente con los desafíos de manera inmediata. El uso de las ERU para mejorar la coordinación de los recursos, para aprovechar a los mejores especialistas, y para llevar a cabo un análisis de datos intensivo localmente podría ayudar a controlar futuros brotes de enfermedades y mejorar la salud de comunidades enteras.

    Si bien queda aún mucho trabajo que hacer en África, merecen todo el crédito los profesionales que han detenido la transmisión de la polio y han erradicado el ébola. Un uso eficaz de las ERU proporciona un excelente ejemplo de cómo los gobiernos y las organizaciones internacionales nacionales pueden combatir las enfermedades más peligrosas del mundo a través de un liderazgo fuerte, una intensa colaboración, el análisis de datos y la gestión del rendimiento centrada en resultados. Una cuestión pendiente importante es dónde y cómo los países y las organizaciones internacionales pueden implementar mejor las ERU para superar otras crisis de salud de emergencia.

    LOS DESAFÍOS DE UN SISTEMA DE I+D+i PANAFRICANO

    Otra cuestión a resolver es que los actuales esfuerzos en investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) destinadas al tratamiento de enfermedades en África en su mayoría dependen de organizaciones fuera de África. Éstas tratan de encontrar soluciones para las necesidades más urgentes de salud pero no para crear una estructura sostenible de investigación y desarrollo en el continente africano. La conclusión es que en África se necesita un sistema de investigación gobernado por africanos y una red de transferencia de conocimientos que involucre a los científicos africanos. Esto proporcionará mecanismos de financiación sostenibles que alienten a los investigadores africanos a colaborar para resolver las preocupaciones de salud más comunes, compartir conocimientos y crear capacidad. Hay que desarrollar un amplio programa panafricano de I+D+i para la investigación sanitaria.

    Que había problemas de salud en África negra ha sido algo ampliamente conocido durante muchos años. Durante la última década, sin embargo, las crisis sanitarias africanas han recibido una renovada atención debido a factores tales como la propagación del VIH/SIDA y una mayor comprensión de la relación entre la salud y el desarrollo económico. Estos esfuerzos han producido resultados importantes. En un creciente número de países, la tasa de infecciones por VIH en adultos parece estar cayendo en África, de acuerdo con ONUSIDA (Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA). Del mismo modo, las tasas de tuberculosis está disminuyendo lentamente en toda la región. La incidencia y la mortalidad por malaria están disminuyendo también en varias partes de África. Sin embargo, la región sigue padeciendo profundos problemas. Se han hecho progresos en relación con la mortalidad infantil, pero las tasas de mortalidad materna y mortalidad infantil siguen siendo persistentemente altas, a pesar de que casi tres cuartas partes de estas muertes son evitables.

    Hay convincentes argumentos a favor de impulsar un sistema panafricano de I+D+i para desarrollar medicamentos y la capacidad de diagnóstico para enfermedades con gran incidencia en África como el VIH/SIDA. A pesar de las prometedoras tendencias sobre el fomento de capacidades de I+D+i, países africanos responsables del mayor número de publicaciones en investigación biomédica como Egipto, Nigeria y Sudáfrica sólo generan entre 15 y 150 veces menos artículos que los países líderes en investigación. Y lo que es también alarmante, generan entre 1 y 8 veces menos publicaciones de investigación que otros países en desarrollo, como Argentina o Brasil. Estas cifras indican que, si bien hay investigación para el tratamiento de enfermedades que predominan en África que está siendo llevada a cabo, todavía hay retos fundamentales que impiden que estos esfuerzos de alcanzar la suficiente escala y la productividad: significativos atrasos en la transferencia de conocimiento, bajo grado de colaboración entre investigadores e insuficiente inversión en I+D+i.

    Las soluciones a estos problemas se encuentran dentro de África. El objetivo primordial debe ser desarrollar un sistema de I+D+i panafricano autosuficiente que podría abordar no sólo los problemas de hoy, sino también problemas de salud pública en evolución. La clave está en aprovechar el poder sin explotar de la colaboración entre los investigadores africanos mediante la formación y el apoyo a las redes y grupos de investigación en África. Este modelo, recientemente apoyado por la comunidad investigadora en el continente, convertiría aquellos laboratorios que se complementen mutuamente (técnica y funcionalmente) en redes altamente cohesionadas que desarrollen proyectos dirigidos específicamente a desarrollar nuevas herramientas para hacer frente a las enfermedades típicamente africanas.

    Este enfoque podría promover programas de investigación panafricanos con un control propio, ya que este tipo de redes estarían formadas por investigadores que trabajan en África y que cooperan para promover los intereses científicos locales. El apoyo financiero para estas redes desarrollaría también las capacidades de los científicos locales y mejoraría la infraestructura de I+D+i en salud. Para asegurar que tal sistema de I+D+i produce nuevos medicamentos, un modelo en red debe cumplir con estos principios:

  • Sólida coordinación y gestión de proyectos en cada red para asegurar un progreso correcto. Será necesaria una visión amplia de las carteras de proyectos de estas redes para evitar la duplicación de esfuerzos y garantizar el aprovechamiento de sinergias.
  • Suficiente financiación de los proyectos a través de fondos renovables (por ejemplo cada cinco años) que cambien la actual cultura de becas de investigación a corto plazo, y muchas veces sólo para las élites, que se ha extendido en África. Esta financiación no se puede proporcionar mediante las típicas campañas anuales de donación. Se requerirá una solución sostenible y probada en la práctica, como el establecimiento de un fondo independiente gestionado por profesionales. Fondos adicionales para mejorar las instalaciones y equipos necesarios para mejorar la forma en que funciona la red del proyecto.
  • Una mejor gestión de la propiedad intelectual que responda a las necesidades de la innovación y la población en África, a través de oficinas panafricanas de transferencia de tecnología análogas a las que establecen las principales universidades del mundo.
  • Mayor toma de responsabilidad por parte de los actores clave africanos, así como mayores esfuerzos de las organizaciones públicas y privadas para garantizar que las medicinas desarrolladas por estas redes se pondrán en producción.
  • En primer lugar, este enfoque se centra en hacer trabajar juntos a los investigadores en redes regionales panafricanas para aprovechar las capacidades existentes en la actualidad en el continente. En segundo lugar, involucra a los actores locales, mejorando las posibilidades de que las iniciativas específicas queden alineadas con las prioridades de salud en el continente. Una implementación exitosa requerirá un esfuerzo concertado, dirigido desde África y basado en el apoyo de la comunidad internacional. Debe establecerse como objetivo evitar la competencia entre las nuevas redes de investigación y los actores existentes, para crear asociaciones que impidan la duplicación de esfuerzos, y para hacer medicamentos más fáciles de desarrollar y de distribuir a los que los necesitan. Por último, es importante crear un flujo sostenible de proyectos que puedan aplicarse en los diferentes sistemas nacionales de salud.

    LA INNOVACIÓN EN SANIDAD

    La introducción de innovaciones tecnológicas y de gestión pueden desempeñar un papel fundamental en democratizar la sanidad mediante servicios asequibles para los segmentos de población peor atendidos y comunidades de bajos ingresos. Esto se consigue mediante la innovación en la prestación del servicio y en la optimización del rendimiento por paciente. Las organizaciones del sector privado están particularmente bien situadas para poner en marcha tales innovaciones, ya que son más ágiles y tienen más incentivos para escalar las soluciones y dotarlas de sostenibilidad.

    En África subsahariana, hay tres importantes tipos de innovaciones que pueden democratizar los sistemas de salud:

  • Mejora del mantenimiento e informatización de bases de datos sanitarias. El ciudadano medio no tiene cobertura médica, y con frecuencia depende de proveedores de medicamentos mal regulados, médicos dentro de su familia o medicina tradicional. Como resultado, no hay mecanismos para capturar información para el sistema sanitario, o quedarse con eficacia por delante de los brotes virales medida que se propagan. Los vendedores de medicamentos las y micro-farmacias están particularmente bien posicionados para empezar a cambiar esto. A menudo son el primer punto de contacto para los pacientes, y en muchos casos sus sistemas de inventario ya contienen suficiente información para construir historias clínicas sencillas. Mediante la vinculación de los sistemas de gestión de inventario con perfiles únicos de los consumidores, e incentivando al consumidor a actualizar periódicamente su estado de salud con aplicaciones móviles, estas empresas pueden mantener bases de datos con un mejor conocimiento sobre los clientes, al tiempo que permiten un mejor flujo de información sobre la salud de la comunidad.
  • Ampliar el acceso a los medicamentos con un nuevo modelo de farmacia de bajo coste. Podemos conseguir un acceso significativamente mejor a los medicamentos por parte de las comunidades desfavorecidas con farmacias que sólo vendan medicamentos genéricos baratos. Es un modelo que ya funciona en América Latina, empleando un modelo de franquicia que logra una penetración en todas las ciudades con al menos 5.000 habitantes. Hay oportunidades similares en África para crear nuevos canales de suministro de fármacos a gran escala. Un modelo de micro-franquicias ya se ha puesto en marcha en Kenia para ampliar el acceso a medicamentos en comunidades de bajos ingresos.
  • Construir confianza con el paciente. La baja confianza que tienen los pacientes es uno de los mayores obstáculos para la consecución de resultados de salud en todo el África subsahariana. Los disturbios violentos que estuvieron ligados al ébola en Liberia, Sierra Leona y Guinea demuestran los efectos de la falta de confianza en tiempos de crisis, pero ésto sucede de manera similar en ausencia de epidemias. Problemas en la atención y la aparición de medicamentos falsos (o de calidad inferior) contribuyen a la erosión de la confianza. La solución no siempre puede ser una ambiciosa reforma del sistema de arriba a abajo, ya que muchas veces las reformas están paralizadas o son ineficaces debido a la corrupción. Es más prometedor construir zonas de confianza para los pacientes desde abajo hacia arriba. Se puede eludir las falsificaciones si la comercialización de medicamentos genéricos baratos se apoya en empresas de distribución innovadoras con marcas fuertes. Para ello, se puede educar a los consumidores y trabajar con personas influyentes de la comunidad. De manera similar, las clínicas y farmacias deben buscar activamente construir marcas de confianza en comunidades insuficientemente atendidas mediante una participación más proactiva.
  • Los brotes virales y las crisis de salud seguirán siendo un reto en el futuro, y muchas países en desarrollo (especialmente aquellos con climas tropicales con alta densidad de población y sistemas de salud poco desarrollados) por desgracia van a sentir estos impactos. Pero podemos hacer un mejor trabajo de preparación de las mismas si desarrollamos innovaciones que democraticen la asistencia sanitaria.

    CONCLUSIÓN

    Las experiencias en el sector de la salud en países de África negra sugiere que muchos de ellos se enfrentan a similares problemas y las soluciones serán más eficientes si se trabajan de manera coordinada mediante la cooperación regional en el continente. Un enfoque como el descrito aquí permite identificar barreras específicas que impiden una prestación de servicios sanitarios efectiva, y qué iniciativas tendrán un mayor impacto en la superación de las barreras existentes. Los sistemas de salud podrían desarrollarse a lo largo de la próxima década de manera que pasen a centrarse en la prevención en lugar de la atención, que se transfiera la toma de decisiones de atención médica al nivel local, se coordine un sistema panafricano de I+D+i, y que las tecnologías de la información (la telemedicina con telefonía móvil) se conviertan en el principal medio por el cual se entrega asesoramiento y tratamiento para la salud.

    Durante la próxima década, algunos países africanos van a trabajar intensamente en encontrar maneras de repensar y reestructurar sus sistemas sanitarios, consiguiendo que los servicios estén disponibles para una mayor cantidad de ciudadanos y mejorando los índices de salud de la población. Es probable que estén presentes a la vez elementos de las cinco reformas fundamentales necesarias (mejorar atención preventiva, comunidades locales, Tecnologías de la Información, suministros y cobertura universal) en el panorama sanitario de África, en diversos grados. Sin embargo, será necesario superar una serie de obstáculos.

    El primer reto para los gobiernos africanos será el aumento de la inversión en sanidad, en particular en una mayoría de países que todavía no cumplen con los objetivos de gasto público. Esto es probable que implique difíciles decisiones políticas, así como una aceptación por parte de dichos gobiernos de que la asistencia sanitaria representa una inversión imprescindible en el desarrollo humano de su población y en el futuro de su país. Las instituciones democráticas están afianzándose cada vez más en África y esta evolución, junto con la creciente clase media, conducirá a elevar la exigencia de inversión debido a las mayores expectativas y la presión de la ciudadanía por recibir una mejor asistencia sanitaria.

    A continuación, los gobiernos tendrán que centrarse en la eliminación de las disparidades en el acceso a la salud. Esto requerirá una visión más amplia acerca de cómo el sector público y el privado pueden trabajar juntos, un mayor énfasis en reforzar los suministros y la financiación de los servicios de atención primaria, y estrategias para garantizar que todos los ciudadanos, incluyendo los más pobres, tengan métodos asequibles y fiables para pagar por ellos.

    Por último, los países africanos podrían tener que repensar sus relaciones con la comunidad de donantes de ayuda. Cierto reequilibrio vendrá por la evolución económica mundial que está más allá del control de los gobiernos africanos. Todavía, en particular para los países que han hecho más avances, la crisis financiera mundial ha supuesto una oportunidad de que los gobiernos planifiquen un futuro de mayor autosuficiencia sanitaria para acabar con la dependencia de ayuda exterior.

    Al adoptar un modelo que combina agentes de salud locales, telemedicina, y unidades móviles, África puede mejorar radicalmente el acceso a los servicios básicos de salud, que pueden prestar servicios esenciales con calidad a un coste bajo. Hacer el modelo escalable y sostenible requerirá importantes esfuerzos concertados y de los sectores público y privado. No obstante, el objetivo de mejorar radicalmente los resultados de salud en África está ahora firmemente a su alcance. Se podrán fortalecer los sistemas de salud, lograr avances significativos en la mejora de la prestación de servicios y, lo más importante, salvar muchas vidas.

    Fuentes: Organización Mundial de la Salud, Departamento de Información Pública de las Naciones Unidas, The Touch Foundation, Cruz Roja Internacional, The Economist Intelligence Unit, McKinsey Global Institute.

    Impulsando una sanidad panafricana

    Los sistemas sanitarios están en un punto de inflexión en África. Existen obstáculos estructurales que impiden una correcta prestación de servicios, y las reformas que los gobiernos del continente lleven a cabo en la próxima década serán cruciales para reducir las tasas de mortalidad y mejorar la salud de la población. Es necesario cuanto antes un enfoque integral que fortalezca los elementos clave de los sistemas de salud en la región y que también los coordine entre sí. Un nuevo modelo para que la atención médica sea más accesible no sólo es posible, sino también asequible.

    A pesar de las mejoras en los últimos años y los progresos en los Objetivos de Desarrollo del Milenio de Naciones Unidas referidos a salud (objetivos 4, 5 y 6) con meta en 2015, los africanos y afrodescendientes siguen teniendo indicadores por debajo de los de otras capas de población. En África los indicadores de salud están por debajo de los de otras regiones en desarrollo y por supuesto muy por debajo de los de la población en Europa o Norteamérica. La salud de la gran mayoría de los habitantes de países de África negra se mantiene en peligro. Las cifras son alarmantes: uno de cada seis niños nacidos en la región hoy en día morirán antes de los cinco años, las mujeres africanas se enfrentan a más de 100 veces el riesgo de mortalidad materna que las mujeres en el mundo desarrollado, y la esperanza media de vida es apenas de aproximadamente 50 años.

    El problema fundamental de la sanidad africana es la falta generalizada de acceso a la atención primaria. Las estimaciones más conservadoras sugieren que 4 de cada 10 personas no tienen acceso a servicios o a profesionales médicos, aunque las cifras reales son a menudo mucho más altas. Por otra parte, debido a las largas distancias que hay que recorrer y a su gran población rural, una solución al problema del acceso a la salud que utilice solamente clínicas tradicionales con médicos y enfermeras sería prohibitivamente cara y requeriría décadas. Sin embargo, se sigue intentando copiar el modelo sanitario occidental sin éxito y sin tener en cuenta que la realidad africana tiene su propia idiosincrasia, mientras que millones de personas continúan padeciendo enfermedades que serían relativamente fáciles de prevenir y tratar.

    LA SALUD MATERNO-FILIAL COMO CASO PARADIGMÁTICO DE LOS PROBLEMAS

    Las complicaciones en el embarazo y el parto son de las principales causas de muerte en la mayoría de los países en desarrollo. Por término medio, las mujeres de países en desarrollo tienen muchos más embarazos que las de países desarrollados, por lo que corren un mayor riesgo de muerte relacionada con el embarazo a lo largo de sus vidas. En particular son las hemorragias graves (en su mayoría tras el parto), las infecciones (generalmente tras el parto), la hipertensión gestacional y los abortos peligrosos. Los principales obstáculos a una atención correcta son la falta de consultas prenatales y de atención especializada durante el parto debida a la inexistencia de servicios adecuados, la falta de información, determinadas prácticas religiosas o culturales, la distancia y la pobreza. Y la pobreza es lo que está en la raíz de todos los demás factores de mortalidad materna, es el factor clave que explica por qué las tasas de mortalidad son más altas en los países pobres que en los ricos.

    A pesar del progreso en algunos países africanos, la pobreza sigue provocando muchas muertes en el continente en su conjunto. En cuanto a mortalidad materna, por ejemplo, el 99% corresponde a países en desarrollo. Muchas mujeres y bebés mueren durante el parto en África, donde cada año tiene lugar gran parte de la mortalidad materna mundial. En 2015, alrededor de 300.000 mujeres murieron durante el embarazo o el parto en todo el mundo y de esas muertes más del 60% se produjeron en África negra, según un informe de la OMS. El informe añade que la tasa de mortalidad materna en el año 2015 en países en desarrollo fue de 239 mujeres por cada 100.000 nacimientos, frente a las 12 por cada 100.000 mujeres en países desarrollados. Hay grandes disparidades entre países pero también dentro de un mismo país, entre mujeres con altos y bajos ingresos, y entre población urbana y rural. En todo el planeta, 3 millones de recién nacidos mueren cada año y 2,6 millones de niños nacen muertos. Prácticamente todas estas muertes se producen en países con ingresos bajos, la mayoría de ellas podrían haberse evitado y más de la mitad de las muertes en ambas categorías se producen en África.

    Para las madres, así como para los niños, el riesgo de morir durante el parto o poco después es entre un 20% y un 50% más alto para el quintil más pobre que para el quintil más rico, según señala un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). Por ejemplo en Chad, sólo el 1% de mujeres embarazadas más pobres reciben atención prenatal, en comparación con el 48% de las mujeres más ricas. Para muchas mujeres no hay enfermeras ni médicos disponibles para ayudar en el parto; el mayor riesgo de mortalidad materna corresponde a las niñas menores de 15 años, mientras que las adolescentes de edades entre los 15 y los 19 años tienen un alto riesgo de complicaciones relacionadas con el embarazo y el parto. Esto no tiene por qué ser así. La prevención de la mortalidad materna no es tan complicada, dicen algunos expertos; todas las mujeres necesitan tener acceso a atención prenatal durante el embarazo, atención especializada durante el parto y recibir apoyo después del parto. Puede sonar simple pero no lo es. Por ejemplo, debido a la pobreza, la distancia y la falta de información, las mujeres en zonas remotas de África no tienen acceso a ningún servicio profesional de salud.

    Las altas tasas de mortalidad materna y mortalidad infantil, junto con el aumento de la violencia (sobre todo en zonas urbanas), están ejerciendo presión sobre unos sistemas nacionales de salud que son claramente insuficientes para los retos que se plantean. La pobreza, el analfabetismo y un sistema de salud deficiente son las razones que obstaculizan el progreso en esta materia. Las infraestructuras en la sanidad son precarias, los trabajadores cualificados y los medicamentos son escasos, y unos sistemas de suministro y distribución mal gestionados están dando lugar a desigualdades en el acceso a los tratamientos. Sin embargo, hay esperanzas de que la situación mejore y desde 1990, varios países han reducido la mortalidad materna a la mitad. Algunos factores de este progreso han sido resolver las desigualdades en la calidad y el acceso a los servicios de salud, lograr una cobertura universal para una atención integral, abordar todas las causas de mortalidad materna y de discapacidades infantiles relacionadas con el embarazo, reforzar los sistemas de salud para que puedan responder a las necesidades y prioridades de las mujeres y niñas, y garantizar la rendición de cuentas con el fin de mejorar la calidad.

    PRINCIPALES DEBILIDADES EN LOS SISTEMAS DE SALUD

    Al comparar la prestación real de servicios sanitarios con las directrices internacionales de mejores prácticas, quedan expuestas las brechas existentes e identificados los obstáculos que permiten que éstas persistan. Para identificar los principales obstáculos que frenan la prestación de servicios preventivos de salud, de diagnóstico y unos tratamientos más efectivos, hay que describir cómo funciona el sistema en su conjunto. Esto ofrece la ventaja de definir una visión global sobre cómo los pacientes experimentan en primera persona el sistema de salud y cómo es la atención médica en la práctica. Los principales obstáculos para una atención eficaz son tres, y son problemas que se refuerzan mutuamente: el acceso a la atención primaria es escaso, la fuerza de trabajo es sólo una fracción del tamaño necesario y varias debilidades operativas impiden que el sistema funcione bien.

    Acceso insuficiente a la atención primaria. Algunas de las más importantes deficiencias en la prestación de servicios suelen producirse en la atención primaria. Es proporcionada por el sistema de salud pública, organizaciones no lucrativas, empresas privadas o el sector informal (por ejemplo los curanderos, la medicina tradicional o los profesionales de la salud pluriempleados). La atención primaria prestada por el sector público suele ser gratuita, pero las organizaciones privadas y sin fines de lucro a menudo cobran a los usuarios. Además, los pacientes a menudo optan por pagar de su bolsillo servicios del sector informal. A pesar de los servicios que todos estos actores proveen, la atención primaria sigue siendo muy insuficiente en muchos lugares. Dos tipos de instalaciones ofrecen servicios de atención primaria: dispensarios y centros de salud. Los dispensarios son pequeñas clínicas que proporcionan consultas básicas, servicios de diagnóstico, tratamientos rutinarios y derivaciones para tratamientos más avanzados. Los centros de salud ofrecen estos servicios, así como algunos otros más avanzados. Los escasos recursos en ambos tipos de instalaciones hacen que sea difícil para las personas, especialmente las madres y los niños, obtener acceso a una atención primaria conveniente. Además, la eficacia de las instalaciones se ve comprometida por una significativa falta de suministros médicos y personal cualificado, y por los frecuentes cortes de electricidad y agua potable. Las mayores deficiencias en la prestación de servicios se producen en los dispensarios, con los centros de salud funcionando un poco mejor.

    Grave escasez de profesionales. En África negra los trabajadores de la salud son muy difíciles de conseguir. Por ejemplo, la OMS estimaba que Tanzania debería tener alrededor de 100.000 médicos y su gobierno aspira a tener aproximadamente 140.000 en 2019. Sin embargo, el país sólo tiene actualmente alrededor de 30.000 profesionales de la salud. Una de las razones de la escasez de programas de formación: Tanzania tiene menos de 100 instituciones formativas, que en conjunto producen menos de 4.000 graduados al año y hasta un 30% de los trabajadores sanitarios del país abandonan el primer año después de terminar la formación que reciben. Los que se gradúan suelen cambiar de empleo a otro sector, como resultado de un salario bajo (a menudo retrasando más de un año el pago), una ubicación remota y una mala calidad en la mayoría de centros de atención primaria, la falta de elección inicial del puesto, y la falta de acceso a formación adicional, entre otras razones. Los servicios sanitarios carecen a menudo de trabajadores con habilidades necesarias para cumplir con los estándares básicos de atención médica, los dispensarios y centros de salud están conformados por lo general por menos de la mitad de trabajadores de los que deberían tener. Con demasiada frecuencia, los trabajadores de la salud en estas instalaciones no tienen la formación adecuada y además la productividad es muy baja. El personal pasa sólo alrededor del 40% de su tiempo de trabajo atendiendo a los pacientes.

    Debilidades operativas. Además de los dos problemas anteriores, existen tres debilidades sistémicas en la organización y gestión de los los sistemas de salud que impiden que logren mejores resultados:

  • Falta de financiación. Para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, la comisión de la OMS sobre Macroeconomía y Salud ha estimado que la mayoría de las naciones en desarrollo necesitan gastar entre 30 y 40 dólares por persona al año. El gasto anual per cápita de Tanzania es de tan sólo 20 dólares.
  • Prácticas de gestión débiles. Son pocos los dispensarios, centros de salud u hospitales que utilizan herramientas eficaces de gestión del rendimiento. Por ejemplo, muchos de los incentivos para los trabajadores de la salud están mal alineados, los trabajadores son recompensados ​​por periodos y no por resultados con los pacientes. Además, se carece de sistemas de información para apoyar la prestación de la asistencia sanitaria. Otro problema es la escasez de suministros en dispensarios y centros de salud, y el sistema no hace un buen seguimiento de los niveles de existencias. La cadena de suministro también sufre por una supervisión débil y unos pobres procesos de gestión de compras y distribución.
  • Mentalidades y comportamientos. Muchos de los miembros del personal (especialmente los que trabajan en atención primaria) están desmoralizados por parecidos factores a los que hacen que haya escasez de profesionales en el sector. Los pacientes detectan esta desmoralización y perciben a los trabajadores de la salud como desmotivados, irresponsables y no cualificados. Muchos pacientes tienen una mala percepción del sistema de salud en general y retrasan la búsqueda de atención médica que necesitan, la buscan sólo en hospitales privados donde perciben que se proporciona una mejor atención, o la pagan de su bolsillo en el extranjero si tienen suficiente dinero para costeársela.
  • Estos problemas se refuerzan mutuamente: la falta de fondos se traduce en salarios y niveles de suministro bajos, que contribuyen a bajar la moral de los equipos de trabajo, lo que a su vez conduce a bajas tasas de productividad y retención de los empleados del sector. Para que la atención sanitaria sea efectiva, este círculo vicioso debe convertirse en un círculo virtuoso: mejores servicios y suministros disponibles podrían atraer más pacientes, lo que podría conducir a un aumento de los ingresos y los salarios, y finalmente a una moral, una productividad y una retención del personal más altas. Es necesario mejorar los modos de pensar y el comportamiento. La remuneración por desempeño y otros programas de incentivos podrían motivar mejor a los profesionales de la salud para proporcionar una atención de alta calidad y de manera más eficiente. Una mejor gestión de los suministros reduciría significativamente la cantidad de frustraciones por las que pasa el personal. Unas mejores capacidades de gestión del personal ayudarían a garantizar que los salarios se pagan a tiempo.

    LA MEJORA EN EL ACCESO A LA SALUD

    Empecemos por ver cómo mejorar el acceso a la atención primaria. Para extender el alcance de la atención primaria y mejorar su rendimiento es necesario actuar en varios frentes a la vez, incluyendo nuevos modelos de prestación de servicios que aumenten el acceso, una mayor participación de las organizaciones sin fines de lucro y privadas en la prestación de servicios, y la introducción de incentivos de desempeño para mejorarla. Hay tres modelos innovadores de prestación de servicios que algunos países están utilizando para proporcionar atención primaria de bajo coste.

    Aumentar el acceso a la salud. Impulsar el acceso a la atención primaria mejora drásticamente los indicadores de salud de la población. La calidad en el acceso facilita el tratamiento y la prevención, con el tratamiento y la prevención se fomenta la educación, y con la educación se produce una mayor demanda de atención. La mayor demanda de atención primaria, a su vez, crea más oportunidades para el éxito de los tratamientos, que aumentan la demanda aún más, en un círculo virtuoso que puede salvar muchas vidas. En gran parte de África negra, sin embargo, no se produce esta dinámica porque el acceso a la atención médica es escaso o inexistente. Sólo el 60% de la población de la región tiene acceso a los servicios de salud, pero el porcentaje real es a menudo mucho más bajo después de tener en cuenta el número de médicos, el acceso efectivo a equipos y medicamentos, y la productividad de los trabajadores de la salud. En Tanzania, por ejemplo, el 80% de la población no es atendida por un médico en toda su vida.

    Participación del sector privado. Una innovación que ha sido utilizada con éxito es alentar a las organizaciones no lucrativas o privadas a que ayuden a proporcionar una mejor atención primaria en algunos servicios. Esto no debe confundirse con privatizar servicios públicos, se trata de complementarlos allí donde hay dificultades para ofrecer un servicio público. En algunos países en desarrollo, los dispensarios y centros de salud de gestión privada o gestionados a través de un modelo de franquicias complementan con sus instalaciones las del sector público. En Kenia, más de 65 dispensarios franquiciados proporcionan atención médica a más de 350.000 pacientes al año. El coste de estas instalaciones está cubierto por una combinación de gasto público, fondos de ayuda al desarrollo y contribuciones de los pacientes. Mejores medios dan al personal médico incentivos para mejorar la prestación de atención. En Tanzania esto no es nuevo y ya se paga por algunos servicios de salud determinados. Esto no debe significar renunciar a una cobertura sanitaria universal y gratuita, sino simplemente suponer un paso para mejorar los sistemas de salud a partir de la situación actual. Para que funcionen correctamente, los incentivos deben apoyarse en datos detallados sobre el número de pacientes atendidos y enfermedades tratadas. Una continua recogida de datos es por lo tanto esencial, así como su análisis. La rápida expansión del uso de teléfonos móviles hace que esto sea posible, incluso en entornos con recursos limitados.

    Desempeño del personal. Los agentes de salud locales son trabajadores sanitarios con una formación más limitada, pero que llevan a cabo actividades de promoción de la salud en un conjunto amplio de comunidades locales y sirven de enlace con colegas más especializados. Debido a que casi cualquier localidad puede tener su propio agente de salud comunitario, una prestación básica de asistencia sanitaria está disponible así para todo el mundo. Las unidades móviles son una manera de ampliar el alcance de los dispensarios y centros de salud. Los agentes de salud viajan regularmente a pueblos vecinos no atendidos (un día al mes, por ejemplo), llevando suministros médicos básicos y herramientas de telemedicina. Las unidades móviles de salud son atendidas a distancia por personal de enfermería, supervisores y médicos, que apoyan a las comunidades a través de agentes de salud que utilizan la telemedicina para consultar con el personal más especializado.

    Aumentar el número de profesionales del sector de la salud es fundamental. Tanzania pretende duplicar la capacidad del país de formar trabajadores de la salud (pasar de 3.850 a 7.500 en un año). Aunque este plan podría haber aumentado en 2019 el número de profesionales del sistema de salud desde 25.000 hasta 48.000, la dotación de personal seguirá siendo demasiado baja. Cuatro medidas adicionales deben ser consideradas: introducir nuevos tipos de puestos de trabajo con menores requisitos de formación, así como mejorar la retención del personal, las capacidades de formación y la productividad:

  • La mayoría de los empleados del sector de la salud en Tanzania reciben al menos dos años de entrenamiento y un promedio de tres. Sin embargo, el periodo promedio de formación podría disminuir considerablemente si se introducen dos nuevos tipos de puestos de trabajo: uno dedicado a proporcionar atención primaria básica en los dispensarios y el otro a acercar los servicios a las comunidades mas remotas con Sanidad Móvil como se ha descrito anteriormente. La experiencia de otros países en desarrollo sugiere que estos trabajadores podrían ser formados en aproximadamente un año. De esta manera, Tanzania podría formar en diez años a otros 26.500 trabajadores.
  • Estos nuevos tipos de trabajadores de la salud no reducirán la necesidad de que siempre haya miembros del personal preparados para trabajar en zonas rurales. Para ayudar a atraer a los profesionales de la salud (especialmente médicos y enfermeras) al campo y animarles a permanecer allí, se necesitan préstamos para estudiantes y varias modalidades de incentivos, así como un mayor compromiso por parte de los poderes públicos para mantener la calidad de los centros de salud en las zonas rurales. Además, se podrían introducir nuevos programas de e-learning y mentorazgo para mejorar la formación continua.
  • Los hospitales jugarán un papel crucial en la expansión de los programas de formación, desplegando capacidades de e-learning y desarrollando programas de mentorazgo. Deberían mejorar sus capacidades de liderazgo en el sector, de gestión del rendimiento y de gestión del talento, formando redes de trabajo para establecer procedimientos de urgencia más eficaces de los proveedores de atención primaria o entre hospitales que atienden a unas zonas y a otras. Estas redes también pueden ofrecer educación para la salud de forma continua dentro de sus zonas de actuación e incrementar la colaboración entre hospitales, dispensarios y centros de salud. Los hospitales también pueden asociarse con instituciones educativas internacionales para acceder a informaciones sobre los últimos avances en atención médica.
  • No se puede resolver la falta de mano de obra cualificada en el sector sanitario en África sin mejorar la productividad de los trabajadores hasta llegar a aproximadamente el 55% del nivel de las mejores prácticas, que es un objetivo razonable para los estándares internacionales. Los hospitales podrían liderar la transformación mediante la mejora de su propia productividad y la formación de estudiantes en prácticas en métodos más eficientes, que podrían entonces utilizar como trabajadores en la atención primaria. Privatizar cada vez más la sanidad supone el grave riesgo de que los conocimientos no se transmitan entre instituciones. Un programa público estandarizado de mejora del desempeño dirigido específicamente a hospitales, dispensarios y centros de salud podría tener impacto significativo si el personal tiene incentivos apropiados y se encuentra abierto al cambio.
  • Para mejorar el rendimiento en los dispensarios y centros de salud del sector público, se deberían revisar la gestión de recursos humanos y los incentivos que se ofrecen al personal sanitario. En la actualidad, estas instalaciones son atendidas por empleados con muy poca motivación por mejorar la atención. Muchos países desarrollados enfrentan este problema basando una parte del salario en el número de personas cuya atención tienen asignada y/o algún tipo de modelo de remuneración por servicio o por rendimiento para equilibrar la necesidad de aumentar el servicio y las limitaciones presupuestarias. Tanzania por ejemplo ha comenzado a moverse en esta dirección, ahora ofrece bonus por desempeño en la paga para trabajadores de la salud que cumplen con ciertos objetivos en relación con salud materno-filial. Pero Tanzania podría ir más allá. Muchos países estimulan una mayor toma de responsabilidades sobre algunas partes de la prestación de servicios. Hay sistemas financiados con fondos públicos, como el Sistema Nacional de Salud del Reino Unido, en los que la mayoría de los médicos de cabecera tienen control sobre su práctica médica. Tanzania y los países africanos en general podrían utilizar un enfoque similar.

    Para incentivar aún más a los trabajadores, el sistema de salud debería darles formación en habilidades de gestión, oportunidades de desarrollo y un entorno de trabajo más amigable. Debe asegurarse de que las personas a la cabeza de la gestión del sistema son modelos de comportamiento para toda la práctica médica. Se necesita también un cambio de mentalidad en los pacientes, de modo que busquen el tratamiento que necesiten con mayor prontitud. La presencia de agentes de salud comunitarios en cada pueblo puede ayudar a cambiar las maneras de pensar, al hacer ver a los pacientes que el sistema sanitario está abordando sus necesidades inmediatas y en su localidad.

    LAS REFORMAS EN LAS POLÍTICAS PÚBLICAS Y SU FINANCIACIÓN

    Los sistemas de financiación son tan deficientes como las infraestructuras de salud a las que atienden. El gasto público en salud es insuficiente, y fondos de los donantes internacionales se han vuelto más inestables en el actual clima económico mundial. Como las élites adineradas pueden permitirse viajar a un país con una sanidad más avanzada y recibir atención médica de calidad, esto desincentiva la puesta en marcha de más políticas públicas. En ausencia de cobertura pública, los africanos más pobres tienen poco o ningún acceso a la atención sanitaria. Y a menudo también carecen de acceso a las condiciones básicas de salud: agua limpia, saneamientos y una nutrición adecuada.

    Una mirada a la relación entre el Producto Interior Bruto (PIB) per cápita de las economías en países africanos y su esperanza de vida ilustra la magnitud del problema. Mientras que el PIB de África en su conjunto ha crecido más de un 200% en los últimos 20 años, la esperanza de vida durante ese periodo sólo ha aumentado dos años más. Los países asiáticos, con un PIB per cápita comparable, suelen tener una esperanza de vida de 5 a 10 años mayor. Incluso países africanos con un alto PIB, que cuentan con cifras per cápita comparables a las de muchos países de Europa del Este y América del Sur, tienen una esperanza de vida de 10 a 20 años inferior que la de tales países comparables en otras regiones. La debilidad de los sistemas de salud nacionales y la epidemia de VIH/SIDA en África contribuyen a agravar el problema. No obstante, países con sistemas similarmente débiles o una incidencia igualmente grave de VIH/SIDA como Jamaica, tienen una esperanza de vida de 5 a 25 años mayor.

    Se debe aumentar la financiación de la sanidad. Aunque los sistemas de salud africanos deberían recibir más fondos, las condiciones económicas actuales tanto en África como en el mundo, hacen poco realista pensar en aumentos considerables. Por tanto, la solución es crear nuevos modelos de atención primaria e impulsar la Sanidad Móvil. Estos cambios podrían aumentar la cobertura de los sistemas de salud de manera significativa, de una manera eficiente y económica. Hoy en día, los sistemas de salud alcanzan sólo a una parte de la población de determinados países. Sin cambios en la forma en que el sistema funciona, la financiación podría tener que triplicarse para que se pueda proporcionar una atención sanitaria adecuada a toda la población. Por el contrario, siguiendo las recomendaciones anteriores puede duplicarse la cobertura con un aumento de la financiación de aproximadamente el 35%. Y la cobertura total puede alcanzarse con un aumento del 70%.

    Este enfoque será un gran desafío si se pretende implementar a corto plazo. Sin embargo, por ejemplo el PIB de Tanzania ha aumentado el doble que la tasa de crecimiento de la población (6% frente al 3%) de forma sólida en los últimos años. Y gracias a esta tendencia, el gasto per cápita de Tanzania en salud debería poder aumentar en un 70% en 18 años. Por otra parte, si el crecimiento del PIB sigue siendo fuerte, el gobierno podría ser capaz de aumentar la proporción de su presupuesto dedicado a la atención de salud al nivel que comprometió en la Declaración de Abuja, que Tanzania y otros 43 países africanos firmaron en 2001 para dedicar el 15% de su presupuesto a salud pública. Aunque para que esto suceda así, habría que mantener constante el porcentaje de la financiación total de la sanidad que es aportada por el sector privado. Tanto el gasto de los tanzanos como la ayuda al desarrollo tendrían que ir aumentando en línea con el crecimiento del PIB.

    Dada la actual recesión mundial, mantener el crecimiento a corto plazo será otro desafío. Sin embargo, los donantes pueden valorar la oportunidad de actuar como catalizadores del cambio que es necesario, especialmente si su dinero sirve para impulsar las transformaciones durante una década mientras el país receptor construye un modelo sostenible de financiación nacional. No está claro que el ciudadano pueda permitirse el lujo de pagar la atención médica de su bolsillo, pero ofreciendo modelos de atención innovadores y una mejor prestación de servicios, proveedores privados y organizaciones no lucrativas podrán atender con mejor calidad una parte de pacientes que actualmente acuden al sector informal (en donde se producen muchos de los problemas, como los de mortalidad materna anteriormente descritos).

    Garantizar el acceso a agua potable y los saneamientos, luchar contra las enfermedades infecciosas e impedir muertes fácilmente evitables siguen dominando la agenda de la sanidad en muchos países de África. Sin embargo, las necesidades están cambiando y la incidencia de enfermedades crónicas aumenta rápidamente, creando nuevos desafíos políticos y de cooperación. La creciente clase media urbana está dispuesta a pagar por mejores tratamientos y esto le ha abierto la puerta al sector privado, que está comenzando a desempeñar un papel diferente, a menudo trabajando en colaboración con donantes y gobiernos para proporcionar mejores centros de salud y un mayor acceso a los medicamentos a un precio asequible. Los gobiernos comienzan a reconocer la gran importancia de los métodos preventivos. Pero la gran mayoría de africanos no pueden pagar por la provisión de servicios de salud y se están empezando a diseñar nuevos modelos de atención. Esto, a su vez, está descentralizando la toma de decisiones sobre salud a las comunidades locales. Al mismo tiempo, algunos países experimentan con diferentes formas de cobertura universal.

    La implementación de estas reformas podrían influir fuertemente en una futura configuración de la asistencia sanitaria en África, y las consecuencias de las decisiones adoptadas hoy conducirán a escenarios posibles muy diferentes. Es posible reformar los sistemas de salud del continente para encarar estos grandes retos. En efecto, algunas pruebas de la reforma ya están presentes. Varios países están tratando de establecer o ampliar programas de seguridad social para dar cobertura médica a más de sus ciudadanos. Etiopía, por ejemplo, ha demostrado una fuerte voluntad política creando un servicio de atención primaria prácticamente desde cero. En las últimas décadas, la atención mundial sobre el estado angustioso de la salud en África negra ha aumentado de forma espectacular. Se han creado fondos de ayuda para combatir los principales problemas alcanzando niveles sin precedentes y mejoras significativas. En Zanzíbar (Tanzania), por ejemplo, las muertes por malaria se han reducido sustancialmente. Y en Uganda, la mortalidad materna se ha reducido en más de la mitad.

    A pesar de estas mejoras, la salud de la gran mayoría de personas en África negra sigue en peligro. La gran diversidad del continente significa que, en general el progreso ha sido en el mejor de los casos irregular. Teniendo en cuenta los grandes desafíos que enfrentan los sistemas de salud de África, serán necesarias varias reformas fundamentales en todo el continente para garantizar su viabilidad en el largo plazo: cambiar el enfoque de la asistencia sanitaria a la atención preventiva en personas sanas, dar a las comunidades locales mayor control sobre los recursos sanitarios, mejorar el acceso a la asistencia sanitaria mediante Tecnologías de la Información y telefonía móvil en especial, mejora de la distribución y controles más estrictos sobre los medicamentos y dispositivos médicos, reducir la dependencia de la ayuda internacional para fomentar el desarrollo de más suministros locales confiables, y crear una cobertura de salud universal para los pobres.

    SISTEMAS NACIONALES DE SALUD MÁS EFICIENTES

    Millones de africanos todavía sufren de enfermedades que son relativamente simples para prevenir o tratar. Los sistemas de salud de la región tienen dificultades para cumplir con lo más básico y se requiere un enfoque integral para superar los obstáculos al progreso. ¿Pero cómo se pueden producir cambios en todo el sistema de salud en países que aún están intentando proporcionar bien la atención más básica? Para hacer frente a estos problemas, hay que ir más allá del debate sobre si los países de África negra deberían aplicar programas “verticales” orientados a los resultados específicos sobre una enfermedad o esfuerzos “horizontales” para fortalecer todo el sistema de salud. Crear un sistema de salud panafricano coordinando los distintos sistemas de salud nacionales es importante, pero también lo es hacer eficiente el sistema de cada país. Hay tres cambios fundamentales que deben ocurrir para que los sistemas de salud mejoren la atención de manera real y sustancial. Nada de esto será fácil, pero todo es necesario. Cualquier sistema de salud, en África, en América Latina, o en otro lugar, podría adaptar este enfoque.

    Al igual que otras regiones, en África se deben reevaluar los sistemas de salud en la próxima década para asegurarse de que sean viables a largo plazo. Pero a diferencia de otras regiones, sin embargo, en África se debería llevar a cabo esta reestructuración para un abanico más amplio de retos de salud, políticos y económicos. En el continente, donde viven algunos de los segmentos de población más pobres del mundo, se confrontan múltiples crisis epidemiológicas de manera simultánea. Los altos niveles de incidencia de enfermedades infecciosas y parasitarias están empezando a ser alcanzados por las crecientes tasas de enfermedades crónicas. Aunque las enfermedades infecciosas (malaria, tuberculosis y sobre todo VIH/SIDA) son las más conocidas, las condiciones crónicas como la obesidad y las enfermedades coronarias se perfilan como la mayor amenaza en el futuro. Se calcula que éstas alcancen en el año 2030 a las enfermedades infecciosas como mayor reto sanitario en África.

    La falta de acceso a la asistencia sanitaria y las graves deficiencias en los sistemas de salud nacionales son importantes razones para el fenómeno de los deficientes indicadores de salud, pero hay otros elementos que lo agravan. Uno de ellos es la insuficiente investigación destinada a atender necesidades insatisfechas de salud de África. El resultado es una falta de terapias eficaces para muchas enfermedades que afectan al continente casi exclusivamente (que están, por tanto, fuera del alcance de la mayoría de los esfuerzos de investigación en el mundo desarrollado). En consecuencia, la mejora de la salud de los africanos implica no sólo hacer frente a las deficiencias de los sistemas de acceso y de salud, sino también estimular el desarrollo de medicamentos adecuados. Como existen patrones comunes en el continente con respecto a esta problemática, la solución puede también ser común.

    Otra gran parte del problema es la falta de coordinación de herramientas para diagnosticar y tratar las enfermedades. Algunos medicamentos disponibles para aquellas con mayor incidencia en África no son plenamente eficaces y presentan altos niveles de toxicidad. La resistencia adquirida a ciertas enfermedades ha hecho otras terapias menos eficaces. La falta de responsabilidad de los pacientes con sus propios tratamientos debido a la duración y la complejidad de algunos de éstos es otro problema. Lo que es más, las herramientas de diagnóstico de algunas enfermedades comunes en África son difíciles o imposibles de aplicar en el terreno y en entornos complicados podrían usarse más ampliamente. Algunas asociaciones público-privadas emergentes entre organizaciones internacionales y compañías farmacéuticas están haciendo proyectos pero son escasos y descoordinados. De hecho, sólo el 1% de nuevos medicamentos desarrollados entre 1975 y 2004 tratan las enfermedades de los pobres, a pesar de que estas enfermedades representan más del 10% mundial.

    Hay que mejorar las capacidades de gestión. La aplicación de estas ideas para mejorar la atención primaria y la formación del personal requerirá mucha supervisión de los ministerios de sanidad y los funcionarios locales. Por lo tanto, se tendrán que fortalecer sus capacidades de liderazgo, especialmente la capacidad para controlar la ejecución de iniciativas estratégicas ambiciosas y para proporcionar al sistema una administración eficaz. Las Tecnologías de la Información de nuevo pueden ayudar. Los funcionarios podrían, por ejemplo, aprovechar la capacidad de los teléfonos móviles para recopilar datos sobre el terreno y gestionar procesos del sistema sanitario. También podría mejorar significativamente la cadena de suministro del sistema para garantizar que cantidades adecuadas de medicamentos y equipos estén disponibles cuando sea necesario. Las organizaciones no gubernamentales y religiosas que trabajan en Tanzania tienen muchos menos problemas de desabastecimiento y menores costes en la cadena de suministro que los almacenes médicos administrados por el gobierno. Sus resultados sugieren que se podría mejorar el desempeño del organismo público correspondiente abriendo la gestión de suministros de material médico a la competencia privada, o con una gestión mixta.

    La recogida sistemática de datos permite la monitorización de la demanda de servicios y la productividad del personal. Una vez consolidados, estos datos podrían ser utilizados para estudiar tendencias en salud, detectar problemas emergentes y evaluar el rendimiento de todo el sistema sanitario. Proveedores fuera del sistema público podrían desempeñar un papel importante en la ampliación de su alcance, pero los ministerios de sanidad tendrían siempre que garantizar que se entrega una atención de calidad por un precio razonable. A pesar de que es necesaria una mayor supervisión de los proveedores privados y las organizaciones no lucrativas, las regulaciones deben ayudar a estos últimos a operar contribuyendo de forma sostenible y en toda la región, no sólo en zonas con altos ingresos.

    Veremos cómo crear un sistema panafricano de salud con bajo coste y de calidad en la segunda parte de este análisis.

    Fuentes: Organización Mundial de la Salud, Departamento de Información Pública de las Naciones Unidas, The Touch Foundation, Cruz Roja Internacional, The Economist Intelligence Unit, McKinsey Global Institute.

    Mejorando el acceso al agua en África

    La escasez de agua puede tener graves consecuencias para la estabilidad de muchos países africanos e impactar en la cadena de valor de las industrias globales. Solucionar esta escasez provendrá de la mejora de la gestión de los recursos a través de la colaboración entre servicios públicos y privados. La pregunta ahora en cada país es si ya se ha dilapidado en los últimos años la oportunidad de invertir en los pilares de un desarrollo sostenible o si aún no es demasiado tarde.

    La creciente competencia por los escasos recursos hídricos es un riesgo cada vez mayor para la sostenibilidad de los ecosistemas y las comunidades que dependen de tales recursos, además de una gran amenaza en la economía y los negocios. La explosión de crecimiento de la población mundial y el aumento de la producción agrícola e industrial están colocando una enorme presión sobre las reservas existentes en el planeta. En las próximas dos décadas, la demanda mundial de agua va camino de superar a la oferta hasta en un 40%. El cambio climático ha alterado los patrones pluviométricos en todo el planeta provocando mayor escasez de agua y más de la mitad de los humedales del mundo han desaparecido. Casi mil millones de personas no tienen acceso a agua limpia y segura, lo cual equivale a una de cada ocho personas en el planeta. Así, la gestión de los recursos hídricos se perfila como uno de los grandes desafíos globales del presente siglo.

    Una serie de razones identificadas hace tiempo explican la pobreza extrema que existe en determinadas zonas de África. Puede ser el resultado de diversos factores, como la inestabilidad política o los conflictos, pero una de las mayores causas es el de la falta de acceso al agua potable. El crecimiento de la población africana en los últimos años, junto con los efectos de la contaminación, ha intensificado muchos de los problemas en el suministro de agua, que es vital para la agricultura y por tanto para la alimentación. Como esto se ve agravado con los efectos del cambio climático, los riesgos son aún más altos. Sin embargo, aunque el acceso al agua potable sea un importante desafío, aún es posible en los próximos años cerrar la creciente brecha entre oferta y demanda. Para ello, debemos entender la magnitud del problema y cómo abordarlo de forma asequible y sostenible.

    LA SATISFACCIÓN DE NECESIDADES BÁSICAS

    Hasta hace pocos años, en multitud de zonas rurales de África, las familias (especialmente las mujeres y los niños) tenían que caminar kilómetros hasta un río para poder obtener agua para beber, cocinar, lavar y alimentar a sus animales. Hoy en día encontramos bombas de agua en los pueblos, que se han puesto en funcionamiento a veces en coordinación con los poderes públicos. Además en algunos lugares la comunidad contrata el mantenimiento de las mismas a un servicio técnico privado. Las bombas no sólo ahorran mucho tiempo y esfuerzo, sino que también han conseguido que el suministro de agua diario a los hogares tenga un coste menor de lo que supone pagar a los aguadores que van desde los ríos hasta los pueblos.

    Según los operarios de estas bombas, la conclusión es que las personas en general están dispuestas a pagar por un mejor servicio. Pero debido a la costumbre, algunos hogares no se interesan por este sistema y van todavía a por agua a los ríos. También hay quien no puede pagar el coste. Así que, para estos casos, algunos líderes de las comunidades hacen listas de hogares necesitados para que tengan un suministro mínimo gratuito garantizado. En estos casos, los aldeanos son relativamente afortunados. No sólo tienen acceso al agua, sino que también pueden elegir entre dos maneras de acceder y dos tipos de coste.

    Pero muchos no tienen estas opciones y deben confiar en fuentes del agua que podrían ser poco saludables. La situación mejora en zonas urbanas, donde se cubre el 80% de la población, pero la cuestión es que más de la mitad de los habitantes de las ciudades y los pueblos en todo el continente siguen sin contar con suministro de agua potable en sus hogares, según informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y El Fondo para la Infancia de las Naciones Unidas (UNICEF). Las Naciones Unidas estiman que en el África subsahariana se pierden 40.000 millones de horas por año en recoger y transportar agua, lo que equivale a toda la fuerza de trabajo de Francia en un año. Esto es un tiempo y un esfuerzo increíblemente valioso.

    Consumir gran parte del día en obtener agua para satisfacer las necesidades básicas supone un enorme coste de oportunidad, esto es, quita tiempo de muchas otras actividades. Basta pensar en todo lo que se deja de hacer al utilizar tres horas al día para conseguir agua. Las horas perdidas en llevar agua de un sitio a otro, pueden suponer a menudo la diferencia entre que tenga éxito o no un negocio con el que poder ganarse la vida. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha demostrado en términos económicos que por cada dólar invertido en agua y saneamientos, existe un retorno económico de entre 3 y 34 dólares. Por eso cuando se consigue una solución a este problema, son posibles una agricultura y un estilo de vida más sostenible.

    La escasez de agua potable, así como una feroz competencia por los alimentos y la energía, seguirán acosando a muchos africanos. El Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA) ha estimado que 650 millones de personas viven en áreas donde las inundaciones y las sequías pueden provocar picos muy grandes en los precios de los alimentos. Los gobiernos se enfrentan a enormes desafíos para satisfacer las necesidades básicas de la población: cambios demográficos, escasez de recursos, cambio climático y riesgos de brotes de enfermedades infecciosas. En algunas zonas de África, la sequía ha llevado a conflictos bélicos entre clanes por el acceso al agua. La escasez plantea también una amenaza a la seguridad que las agencias de inteligencia toman tan en serio como la proliferación de armas de destrucción masiva, el terrorismo y los ataques cibernéticos.

    EL OCASO DE LA ABUNDANCIA

    Los problemas de escasez de agua y contaminación no vienen solos, se plantean junto con otros desafíos. Después de un ciclo positivo de exportaciones de materias primas que ha durado una década, los países productores en África se encuentran frente a una tormenta perfecta: ingresos por exportación más bajos, depreciación de sus monedas, disminución de los flujos financieros que llegaban desde China, caída de la demanda interna y mayor coste de la deuda después de una subida de tipos de interés. Aunque la presión para los responsables políticos no tiene precedentes, buena parte de ellos siguen cometiendo graves errores. Pero en las circunstancias de hoy no existe mayor margen para el error y los países que adopten cualquier decisión incorrecta serán severamente castigados.

    El obstáculo más común de la mayoría de los países para ampliar el acceso al agua es su limitada disponibilidad de recursos, siendo una financiación inadecuada el factor más importante que afecta a la capacidad de gestión del agua dulce en el continente. Existe consenso en que es necesario movilizar recursos financieros nacionales contados en billones (millones de millones) de dólares, así como la ayuda internacional al desarrollo y financiación privada, para hacer que estos objetivos salgan del papel y se conviertan en políticas reales. Pero los planes estratégicos nacionales para fomentar la inversión y el crecimiento son ignorados en gran medida por sus propios autores. Todo este sombrío panorama económico pesará mucho sobre los esfuerzos para poner en práctica los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Para complicar aún más la situación, en realidad no hay una crisis del agua que sea igual a otra y en cada país, e incluso dentro de un mismo país, se enfrentan problemáticas diferentes.

    Para entender los problemas que actualmente enfrentan las empresas y los gobiernos en África y en gran parte del mundo, resulta útil observar lo que está sucediendo en el caso de Sudáfrica. La segunda mayor economía africana actualmente se encuentra en grandes apuros. El crecimiento anual del PIB en Sudáfrica se ha estancado en 2015. El desempleo, que se ha disparado hasta el 26% (el más alto desde 2003) es particularmente preocupante. Si tenemos en cuenta a los trabajadores “desanimados” que han renunciado a intentar encontrar un trabajo, se elevó hasta el 36% a principios de 2015. Además, muchos de los que tienen puestos de trabajo están descontentos y hacen huelgas. La falta de capacidad en el suministro de electricidad y los frecuentes cortes de luz afectan también a la producción. La sequía ha afectado a la agricultura. El turismo, una bendición en cualquier país africano, se ha visto obstaculizado por nuevos requisitos para los visados. Las agencias de calificación han advertido de que la deuda de Sudáfrica se está acercando peligrosamente a la categoría de bono basura. Como consecuencia de todo, entre los sudafricanos ha cundido el desánimo.

    La desigualdad socioeconómica es muy elevada. Un informe de la consultora Boston Consulting Group coloca a Sudáfrica en el puesto 138 de 149 países en cuanto a capacidad de convertir riqueza en bienestar para su población. La debilidad de la economía está avivando el descontento social y la violencia callejera en Sudáfrica. Los extranjeros, vistos como competencia en el contexto de escasez de puestos de trabajo, han sido objeto de una serie de ataques xenófobos con consecuencias mortales. Desde 2010, las manifestaciones casi se han duplicado. Y muchas de ellas están motivadas por la deficiente prestación de servicios básicos como agua y electricidad. Hasta el momento los poderes públicos han mostrado poca capacidad de poder mejorar la situación y el partido del gobierno está empantanado en luchas internas sobre si seguir una senda económica más capitalista o más socialista. Además de todo esto, Sudáfrica sufre desde hace años por la creciente brecha entre oferta y demanda de agua.

    EL COMPLICADO ESCENARIO DE AUMENTO EN LA DEMANDA DE AGUA

    En Sudáfrica, el reto es muy complejo: un país semiárido caracterizado por la escasez de precipitaciones, limitados acuíferos subterráneos y una significativa dependencia de los trasvases de agua desde naciones vecinas. Debido a la variedad de ecosistemas, las soluciones deben atender a diferentes necesidades agrícolas, industriales y domésticas específicas de cada zona del país. En la gestión del agua, Sudáfrica se enfrenta a decisiones económicas y sociales muy difíciles en cuanto a agricultura, actividades industriales clave como la minería y la generación de energía, y crecimiento de los grandes centros urbanos.

    La demanda de agua prevista en Sudáfrica llegará a ser de aproximadamente 18.000 millones de metros cúbicos en 2030 pero la disponibilidad actual es de unos 15.000 millones. La oferta está severamente limitada por bajos niveles de precipitaciones muy estacionales (alrededor de un 50% de la media mundial), acuíferos insuficientes, y la dependencia de trasvases de agua entre cuencas y desde otros países (por ejemplo, Sudáfrica compra casi el 25% de su suministro total de agua a su vecino Lesoto). Los efectos del cambio climático podrían agravar el problema de manera significativa: una pequeña disminución en las lluvias (y el correspondiente aumento de las necesidades de riego) puede dar lugar a un déficit de varios millones de metros cúbicos. Es necesario tener un entendimiento de los problemas de oferta y demanda a nivel sectorial. La demanda agrícola, industrial y urbana representan en Sudáfrica la mayor parte de la demanda total.

    Diferentes zonas del país se enfrentan a desafíos que son únicos para el conjunto de actividades económicas predominante en cada lugar. Se espera que las cuencas fluviales que abastecen a las principales ciudades del país sufran un grave déficit provocado por el aumento de la demanda doméstica e industrial. La demanda doméstica o de los hogares ha sido impulsada en gran medida por el aumento de los niveles de ingresos y el crecimiento de la población en años anteriores, así como por la mejora de las condiciones de vida básicas (por ejemplo, el uso más amplio de duchas, inodoros y jardinería en zonas residenciales). Las proyecciones para 2030 indican que la demanda de los hogares representará 3.600 millones de metros cúbicos, pero el 20% de la población más rico consume la mitad del suministro total.

    Por otra parte, la demanda de industrias como las de minería y energía será un factor cada vez más importante: en 2030, la demanda podría ascender a hasta 3.300 millones de metros cúbicos. La generación de energía representará el 12% de la demanda total, la minería el 18% y la industria manufacturera el 70% restante. Al mismo tiempo, satisfacer la demanda de generación de energía plantea otro desafío: la mayor parte de la capacidad adicional de generación prevista para 2025 provendrá de plantas eléctricas de carbón. Como los suministros locales de agua suelen ser insuficientes tanto para la minería del carbón como para la generación de energía, la dependencia de las transferencias de agua desde otras áreas es probable que aumente.

    En zonas que tienen demanda agrícola creciente, en contraste con lo anterior, la gestión del agua supone una presión adicional sobre los suministros, a pesar de los límites en los niveles de riego. La agricultura representa una parte fundamental de la economía sudafricana, aportando casi el 4% del PIB del país y empleando a casi el 14% de la población activa (casi 2 millones de personas). Sudáfrica utiliza tierras de secano para el 80% de sus necesidades agrícolas y es autosuficiente en alimentos al 90%. Los rendimientos son altos, y más del 50% de la superficie de regadío (que son el 10% de las tierras de cultivo) se cultivan utilizando riego por goteo y aspersores relativamente eficientes. Pero aún se espera un aumento significativo de la demanda de alimentos y piensos. Esto creará la necesidad de una mayor eficiencia y productividad en la producción de secano y otros cambios con el fin de evitar que se utilicen en la agricultura mayores cantidades de agua que las disponibles.

    La situación es muy complicada para atender todos estos aumentos de la demanda, por tanto. Además, aunque Sudáfrica ha logrado progresos sustanciales en el suministro en todo el país (el acceso aumentó del 60% al 96% entre 1994 y 2012), la falta de agua potable es todavía uno de los mayores problemas de la población en algunas áreas, y podría empeorar aún más como consecuencia del deterioro de la infraestructura de distribución. Para estas personas, la pobreza suele ser una constante en sus vidas. La buena noticia es que éste es un problema que tiene solución. A pesar de la profundidad y la amplitud del desafío, existen soluciones al alcance que no tienen que ser prohibitivamente caras si empiezan a ser desarrolladas cuanto antes.

    ¿PRIVATIZAR EL AGUA CÓMO SOLUCIÓN?

    Examinando su evolución a más largo plazo, Sudáfrica ha logrado notables avances en general en la ampliación del acceso al agua potable. Bajo el sistema de apartheid, alrededor de un tercio de la población no tenía acceso a agua potable, mayoritariamente en las comunidades negras del país, entonces segregadas. Pero cuando el Congreso Nacional Africano llegó al poder en 1994, la nueva Constitución proclamó el acceso al agua como un derecho humano fundamental. En el año 2004, aproximadamente el 88% de la población tenía ya acceso a agua potable y se estableció la política de que todos los que tuviesen agua corriente tenían derecho a recibir gratis 25 litros por día. Más allá de ese umbral, un usuario debía pagar según incrementase su consumo.

    En la década de 1980, en general el suministro de agua en África se amplió principalmente debido a la actividad del Estado, llevada a cabo por los gobiernos a través de los servicios públicos. Éstos fueron financiados a través de presupuestos públicos principalmente basados en impuestos y en el apoyo de donantes externos. Puesto que las infraestructuras no se llevaban a cabo con fines de lucro, las tasas para conectar una tubería a la red de distribución eran mínimas. Algunos de los que no tenían conexión en las ciudades o en las comunidades rurales, podían acceder a fuentes públicas con frecuencia de forma gratuita. Pero estos sistemas administrados públicamente dejaban fuera a millones de personas, de manera que existía un espacio de actuación bastante amplio que podía ser ocupado por la actividad de empresas privadas.

    En la década de 1990, se ofrecieron grandes incentivos a las empresas extranjeras, como exenciones fiscales y la repatriación completa de los beneficios, en un esfuerzo para atraerlas al sector. Pero incluso así, los inversores privados del sector generalmente prefirieron ir a Asia y América Latina. Consecuentemente, las zonas de África que más lo necesitaban han sufrido décadas de falta de inversión en las instalaciones de agua. Teniendo en cuenta esto, y la mala gestión de los servicios públicos en general en muchos países africanos, no se han podido mantener los niveles de servicio existentes y mucho menos ampliarlos.

    Una práctica que aplicaron de forma estricta y habitual las empresas de agua tanto privadas como públicas fue recuperar los costes de inversión trasladándolos al precio pagado por el usuario (los costes de invertir en ampliaciones y mejoras del servicio), afectando gravemente a los hogares más pobres. La Red de Servicios de Desarrollo Rural, una organización no gubernamental con sede en Johannesburgo, estimó en 2002 que unos 10 millones de personas habían tenido cortado el abastecimiento de agua en un momento u otro durante los ocho años anteriores por no pagar sus facturas. Dos años antes, un gran brote de cólera arrasó la provincia de KwaZulu-Natal, matando a unas 300 personas. Los funcionarios de salud encontraron que muchas personas en las zonas más afectadas habían recurrido al uso de agua de ríos y lagos cercanos contaminados, porque se les había cortado el suministro de agua por falta de pago de las facturas.

    El gobierno sudafricano respondió con la instalación de fuentes públicas en las comunidades con bajos ingresos y con la introducción de tarifas planas más asequibles. Sin embargo, las políticas de austeridad promovidas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) desde 2008 debido a la crisis económica obligaron a muchos países africanos a reducir el gasto en servicios públicos como el agua, y en algunos casos a privatizar algunas de las instalaciones públicas existentes. La expectativa era que el sector privado, principalmente las empresas de agua multinacionales funcionando como entidades con ánimo de lucro, podrían entrar a hacerse cargo de las empresas públicas en África al tiempo que invertirían y expandirían la red de suministro. Pero éste no ha sido el caso. Los inversores no encontraron atractivo el sector del agua en el continente porque los rendimientos no eran suficientes para justificar las grandes inversiones que eran necesarias.

    Como parte del esfuerzo para promover la participación privada en el sector del agua en África y otras regiones en desarrollo, la recuperación de los costes a través del precio del servicio se ha convertido con los años en una práctica cada vez más común. Para las empresas privadas, la aplicación de tarifas más altas y tasas a los usuarios era fundamental para obtener una ganancia. Y para las empresas de servicios públicos, el aumento de los precios también fue visto como una manera de compensar pérdidas financieras o de aumentar los recursos para nuevas inversiones. Para muchas personas que nunca habían tenido acceso al agua potable o que habían obtenido agua previamente de aguadores privados que cobran precios exorbitantes, las nuevas tarifas pueden haber merecido la pena. Sin embargo, para muchas personas pobres los precios han resultado prohibitivos.

    En la búsqueda de un equilibrio entre la ampliación del acceso y su coste, el correspondiente Informe del Desarrollo Humano del PNUD declara que “el desafío para todos los proveedores, públicos y privados, es ampliar el acceso y superar la desventaja de precios que enfrentan los hogares pobres”. La cuestión en la práctica es que, en términos generales, es imposible determinar en qué medida deben las organizaciones públicas, privadas o comunitarias participar en la prestación y gestión de servicios de agua. Cada circunstancia debe ser considerada de manera particular y la solución debe adaptarse a la población más necesitada, tener un coste asequible y ser sostenible en cada comunidad.

    SOLUCIONES SOSTENIBLES Y DIFERENTES PARA CADA SITUACIÓN

    La ironía en toda esta situación es que África tiene abundante agua dulce: grandes lagos, grandes ríos, enormes humedales y aguas subterráneas en muchas zonas. Y que pese a ello, se utiliza sólo un 5% del agua dulce disponible en el continente y es la única región del mundo donde la inseguridad del agua es cada vez mayor. Los riesgos por suministro de agua y saneamientos inadecuados en realidad han aumentado debido a que la demanda de la población está creciendo muy rápidamente y la oferta no consigue acompasarse. África se enfrenta a serias limitaciones en cuanto a un mayor acceso al agua potable, entre las que destacan el escaso personal cualificado y la ineficacia de las instituciones responsables. Esto está contribuyendo a desacelerar el crecimiento económico y su causa es también fundamentalmente económica. Según el El Fondo Fiduciario para Agua y Saneamiento del Banco Africano de Desarrollo (BAfD), el factor más importante que afecta a la capacidad de suministro de agua dulce en el continente es la falta de financiación. En la mayoría de países, la escasez de agua y la contaminación tienen como obstáculo más común los limitados recursos que se dedican a su solución o que hay disponibles.

    No hay una única solución para asegurar que todo el mundo tenga acceso al agua. Cerrar la brecha entre oferta y demanda implica una combinación sostenible y rentable de tres factores, dos de los cuales hacen uso de mejoras técnicas (aumentando la oferta y la productividad) mientras que el tercero se relaciona con decisiones que cambien el conjunto de actividades económicas subyacentes. En Sudáfrica y otros lugares, se encuentran disponibles medidas rentables que constituyen un enfoque equilibrado y tienen que ver con la oferta, la eficiencia agrícola y las mejoras de productividad, y factores dinamizadores en la industria y los hogares. Un análisis de los costes y del potencial de las medidas técnicas existentes para mantener las actividades que dependen del agua de manera sostenible, muestra que Sudáfrica puede implementar una solución equilibrada para cerrar esta brecha entre oferta y demanda. Una vez más, es la hora de aplicar estrategias de sostenibilidad, a largo plazo.

    Para hacer frente a las sequías y alimentar a una creciente población, son necesarios dos elementos: una revolución verde (como ya describimos en el análisis “Desarrollo rural africano sostenible”) y acumular agua de lluvia mediante algún sistema. La revolución verde que tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XX en Asia y América Latina se basó en variedades de cultivos de alto rendimiento como el arroz y en la mejora de los métodos de riego, de manera que se logró acompañar el aumento de la población. Pero si bien el crecimiento masivo de Asia en la producción agrícola de la década de 1960 hasta la década de 1990 se basaba en el riego, la revolución verde en África tendría que estar basada en la captación de agua de lluvia antes de que se evapore. Y las aguas subterráneas son clave para la producción de alimentos en el futuro en África, pudiéndose poner en marcha sistemas de riego en zonas secas gracias al aprovechamiento del agua del subsuelo.

    Una mejor captación y un mejor aprovechamiento del agua de lluvia son entonces esenciales para la gestión de los períodos de sequía. En gran parte del continente, el agua de lluvia se evapora antes de llegar a los ríos, y de todos modos muchos agricultores están lejos de los ríos o pantanos, quedando la recogida de agua de lluvia como única solución. La cuestión es también situar los cultivos de manera que se pueda conseguir que la lluvia que cae al terreno llegue bien a las raíces desde las que las plantas toman los nutrientes, éste será otro de los factores fundamentales. Además, la captación de agua de lluvia en las azoteas de las casas es cada vez más popular en lugares con precipitaciones irregulares o periodos de sequía de otras regiones como Asia, donde durante siglos el agua de lluvia ha sido recogida y almacenada en tanques para su uso en la estación seca.

    En éstos y otros aspectos, las soluciones deben incluir mejoras técnicas para aumentar la oferta, así como medidas para mejorar la productividad y la eficiencia, para equilibrar las demandas de recursos hídricos que son finitos. Será necesaria la instalación de nuevos pozos equipados con bombas, además de redes de tuberías. Las soluciones pasan también por tener en cuenta contraprestaciones entre las demandas de la agricultura, de las actividades industriales y de los crecientes centros urbanos. La gestión de las compensaciones entre diferentes sectores en base a sus costes comparativos ayudará a lograr el ahorro de agua requerido con desventajas mínimas para la economía.

    ¿De dónde saldrá el dinero para llevar a cabo estas transformaciones? La asistencia de donantes externos es una de las fuentes. Pero los donantes ofrecen sólo una parte de los miles de millones anuales necesarios para alcanzar los objetivos planteados, y la mayoría de las ayudas vienen con condiciones añadidas que obligan a los gobiernos africanos a contratar expertos (consultores, gestores, técnicos e ingenieros) de los países donantes para ejecutar los proyectos. Esto hace que sea difícil para estos países retener a sus profesionales nacionales. Dejar de lado la experiencia local en la implementación de este tipo de proyectos hace que el sector del agua sea poco atractivo para muchos profesionales. Para abordar este problema, la red de Água de Naciones Unidas en África ha creado un directorio de expertos en agua africanos. Como facilita que los expertos trabajen en otros países del continente, la iniciativa no sólo ayudará a fomentar la integración regional, sino también mejorará el mantenimiento a largo plazo de proyectos en el continente.

    Los gobiernos deben ser capaces de aumentar también las asignaciones presupuestarias. El Programa Ambiental de las Naciones Unidas (PNUMA) señala que muchos gobiernos africanos tienen aun pendiente la responsabilidad de llegar a más de 300 millones de personas actualmente están privados de agua potable. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estima que el gasto presupuestario total en los sectores de agua y saneamiento en África subsahariana está alrededor de 800 millones de dólares al año. Esta cantidad probablemente podría aumentar a 2.500 millones a través de medidas adoptadas por los proveedores de servicios para trasladar los costes al precio que pagan los usuarios en las comunidades locales.

    De forma similar a las medidas de adaptación al cambio climático, la gobernanza del agua tiene sentido económico simplemente desde una perspectiva de desarrollo. Según las Naciones Unidas, se prevé que la población mundial aumente de los 7.350 millones actuales a unos 9.700 millones en 2050 y 11.200 millones en 2100, teniendo lugar la mayor parte de tal crecimiento en regiones en desarrollo y particularmente en África. Los expertos en desarrollo están centrando sus esfuerzos en apoyar a los pequeños agricultores para iniciar la necesaria revolución verde que reduzca el hambre y la pobreza en África. Los países africanos que consigan realizar la gobernanza del agua de una forma correcta, verán llegar muchas más inversiones para otros sectores, y es importante tener inversores que quieran participar en la economía desde casi cualquier punto de vista.

    Es necesario asegurar que cada país sea capaz de cumplir con sus necesidades de agua tanto hoy como en el futuro. Algunas empresas públicas de gestión de aguas en África trabajan de una manera bastante eficiente en el nivel local, contrarrestando los comentarios negativos acerca de que los servicios públicos africanos son inherentemente ineficientes y sólo pueden mejorarse mediante la introducción de contratistas privados. Estos servicios públicos exitosos deben compartir su conocimiento de gestión con otras instituciones. Deben también ponerse en marcha políticas adecuadas para favorecer la participación del sector privado en la provisión de agua. Una serie de países, a instancias del Banco Mundial y del FMI, han tratado de atraer inversiones para ampliar las instalaciones. Con la ausencia de tales políticas, se hará muy difícil la resolución de estos problemas.

    Para muchos gobiernos africanos, el reto no sólo es encontrar más dinero para inversiones. También consiste en adquirir los conocimientos técnicos para utilizar los recursos de manera más eficaz y que las instituciones sean capaces de gestionarlos de manera adecuada. Para ello, los países necesitarán profesionales con las habilidades para planificar, presupuestar, diseñar, supervisar y construir las instalaciones, así como los equipos de ingeniería, perforación y construcción. En algunos países africanos, especialmente los que salen de un conflicto, dichas capacidades no están disponibles fácilmente. Pero alrededor de un tercio de los países africanos tienen capacidades para poner en práctica inversiones, si se puede asegurar la financiación. En el resto, las capacidades tienen que ser construidas como componentes (que también necesitan una financiación) de cada proyecto.

    Al buscar soluciones que amplíen el acceso al agua potable, las decisiones que se tomen sobre una adecuada combinación público-privada tienen que ser tomadas de forma descentralizada caso por caso, sobre la base de valores y condiciones locales de cada comunidad. Las soluciones deben atender a las necesidades económicas y sociales específicas de cada lugar en particular. Por ejemplo, en al menos siete zonas rurales de Sudáfrica consistirán casi en su totalidad en mejorar la eficiencia agrícola, mientras que en los centros urbanos tendrán que adoptarse soluciones para la industria y los hogares. En todos los ámbitos, una fuente importante de ahorro siempre vendrá del uso más productivo del agua y del aumento de la eficiencia en el suministro.

    LA COORDINACIÓN POLÍTICO-EMPRESARIAL

    La seguridad del acceso al agua se perfila como uno de los grandes desafíos del siglo XXI, que los responsables políticos y líderes empresariales deben enfrentar juntos. Los responsables políticos reconocen que ciertas tecnologías, que están siendo desarrolladas por empresas punteras, son herramientas críticas para la gestión eficaz de los escasos recursos hídricos. Y los líderes empresariales deben también ayudar a dar forma a políticas que hagan posible que sus tecnologías sean productivas. El sector público y las Organizaciones No Gubernamentales (ONG’s) han dominado el debate sobre las políticas del agua, pero en los últimos cinco años, un número creciente de empresas del sector privado también han comenzado a ofrecer respuestas sobre la mejor manera de gestionar el agua con eficacia. Estas empresas han comenzado prestando mucha más atención al medio ambiente. A medida que desarrollen una nueva generación de tecnologías relacionadas con el agua, también influirán cada vez más en una nueva generación de políticas públicas que estimulen el desarrollo y el uso de estas tecnologías.

    Así es cómo un grupo de empresas, principalmente del sector de las bebidas, la minería y la generación de energía, están participando en torno a estas dos dimensiones. Han llegado a la conclusión de que la creciente escasez de agua constituye una amenaza a su futuro en África. Además consideran que, si bien las empresas tienen que gestionar el agua de manera eficiente de puertas para dentro, necesitan también un entorno legal y regulatorio predecible que gobierne todos los usos del agua. Estas empresas creen que el sector privado tiene aportaciones útiles y legítimas que hacer en el proceso de formulación de políticas, y que las buenas prácticas en los negocios pueden guiar su aplicación efectiva.

    Un segundo grupo de empresas está desarrollando tecnologías que pueden permitir a la sociedad conseguir mayor productividad por cada gota de agua en una variedad de actividades. Hay tres segmentos. El primero comprende empresas que desarrollan semillas que mejoran la productividad y tecnologías agrícolas. Debido a que la agricultura representa más del 80% del consumo de agua en el mundo en desarrollo y a que las ganancias de productividad de dichas tecnologías han caído por debajo del 1% por año (eran alrededor del 3% al año en la revolución verde de la década de 1960), estas innovaciones son vitales para una mejor gestión del agua. Un segundo segmento de empresas está desarrollando nuevas tecnologías para procesos de desalación y para tratamiento de aguas residuales. Es teóricamente posible desalar el agua de mar mediante el uso de sólo un 25% de la energía que actualmente se requiere a través de las tecnologías existentes. Si nuevos desarrollos como la nanotecnología permiten que este potencial se haga realidad, el coste de la desalación se reducirá a un nivel que la mayoría de las ciudades y las industrias en las zonas costeras de todo el mundo podrá asumir.

    El tercer grupo comprende empresas que proporcionan información (como probabilidad de precipitaciones, humedad del suelo, requisitos sobre los fertilizantes o datos sobre el ciclo del agua en un país). Esto es esencial para el consumo de energía, el uso doméstico del agua, y, lo más importante, para la agricultura. Así se pueden producir muchos más cultivos que con los métodos tradicionales, y las industrias y las ciudades pueden utilizar mucha menos agua también. Los nuevas tecnologías de Smart City y Smart Rural incluyen sistemas con sensores para la gestión de todo el ciclo del agua desde su recogida hasta su consumo final, controlando los niveles de contaminación, que optimizan el suministro y detectan las pérdidas por filtración (que son altísimas en los países en desarrollo).

    Los ejecutivos de estas empresas líderes saben que el progreso en la gestión del agua depende del avance combinado en tecnologías y políticas. En algunos países, las deficiencias políticas se traducen en que muchas tecnologías existentes que hacen un uso más eficiente del agua no sean bien empleadas. Esto es lo que lleva a que un creciente número de empresas colaboren con responsables políticos, para garantizar la implementación de políticas de regulación. En conversaciones con estos responsables políticos, los líderes empresariales destacan ejemplos como el de la cuenca del Murray-Darling, en Australia, donde un entorno normativo propicio ha significado que una reducción del 70% en la disponibilidad de agua no haya tenido prácticamente ningún impacto en la producción agrícola. En situaciones como ésta, los políticos saben que lo que se necesita es una nueva generación de tecnologías que permitan a la sociedad hacer más con menos. Y saben también que la clave para lograrlo es un entorno de políticas jurídicas y empresariales que estimulen el desarrollo de la próxima generación de tecnologías de eficiencia hídrica.

    CONCLUSIÓN

    El acceso al agua puede romper el ciclo de la pobreza. Los niños van a la escuela en lugar de tener que emplear parte del día en recoger agua, y dejan de estar enfermos a causa de las muchas enfermedades transmitidas por el agua. El acceso al agua conduce a la seguridad alimentaria, y muchas escuelas pueden alimentar a los estudiantes con huertos ecológicos que reducen los costes y mejoran la nutrición. Los padres encuentran más tiempo para cuidar a sus familias, ampliar su producción agrícola hasta unos mínimos satisfactorios y poner en marcha negocios. Con agua potable y las manos limpias, se reduce el tiempo perdido con enfermedades y la gente puede volver antes al trabajo. Por eso, combatir los efectos sociales y económicos causados ​​por la falta de agua potable está entre las más altas prioridades de cada comunidad.

    La escasez de agua es de gran importancia para las empresas y las naciones del mundo entero. Dada la dificultad histórica de proporcionar suficiente agua para satisfacer las necesidades de las sociedades en todo el mundo, es evidente que los gobiernos y el sector privado deben asociarse para desarrollar políticas eficaces y soluciones sostenibles. En todo el mundo, las empresas y los responsables gubernamentales deben ir más allá de las políticas que han sido habituales hasta ahora, no sólo para aumentar la oferta y mejorar la productividad de los recursos, sino para reformular en consecuencia las actividades económicas en general. Si se pretende que las nuevas estrategias sean eficaces, los líderes empresariales y políticos tendrán que trabajar juntos y más estrechamente para ponerlas en práctica.

    Aunque el vaso sin duda pueda parecer medio vacío, también está medio lleno, sobre todo porque los líderes empresariales entienden que la escasez de agua es un problema que afectará a las industrias, proveedores y comunidades en las que trabajan. Por eso, deben entrar en el área de las políticas públicas para ayudar a dar forma a soluciones asequibles para toda la población. A su vez, los líderes políticos han comenzado a comprender mejor las contribuciones del sector privado. Pero más líderes de ambos entornos deben seguir este ejemplo. Aquellos lugares que consigan realizar una correcta gobernanza del agua, tendrán además una mayor atención de los inversores internacionales para impulsar sus economías. Es así como aseguraremos el despliegue de nuevas tecnologías y la formulación e implementación de una nueva generación de políticas de gestión del agua en África.

    Fuestes: Departamento de Información Pública de las Naciones Unidas, World Economic Forum, The Water Project, The Economist, The Guardian, McKinsey Global Institute, Boston Consulting Group.