Mejorando el acceso al agua en África

La escasez de agua puede tener graves consecuencias para la estabilidad de muchos países africanos e impactar en la cadena de valor de las industrias globales. Solucionar esta escasez provendrá de la mejora de la gestión de los recursos a través de la colaboración entre servicios públicos y privados. La pregunta ahora en cada país es si ya se ha dilapidado en los últimos años la oportunidad de invertir en los pilares de un desarrollo sostenible o si aún no es demasiado tarde.

La creciente competencia por los escasos recursos hídricos es un riesgo cada vez mayor para la sostenibilidad de los ecosistemas y las comunidades que dependen de tales recursos, además de una gran amenaza en la economía y los negocios. La explosión de crecimiento de la población mundial y el aumento de la producción agrícola e industrial están colocando una enorme presión sobre las reservas existentes en el planeta. En las próximas dos décadas, la demanda mundial de agua va camino de superar a la oferta hasta en un 40%. El cambio climático ha alterado los patrones pluviométricos en todo el planeta provocando mayor escasez de agua y más de la mitad de los humedales del mundo han desaparecido. Casi mil millones de personas no tienen acceso a agua limpia y segura, lo cual equivale a una de cada ocho personas en el planeta. Así, la gestión de los recursos hídricos se perfila como uno de los grandes desafíos globales del presente siglo.

Una serie de razones identificadas hace tiempo explican la pobreza extrema que existe en determinadas zonas de África. Puede ser el resultado de diversos factores, como la inestabilidad política o los conflictos, pero una de las mayores causas es el de la falta de acceso al agua potable. El crecimiento de la población africana en los últimos años, junto con los efectos de la contaminación, ha intensificado muchos de los problemas en el suministro de agua, que es vital para la agricultura y por tanto para la alimentación. Como esto se ve agravado con los efectos del cambio climático, los riesgos son aún más altos. Sin embargo, aunque el acceso al agua potable sea un importante desafío, aún es posible en los próximos años cerrar la creciente brecha entre oferta y demanda. Para ello, debemos entender la magnitud del problema y cómo abordarlo de forma asequible y sostenible.

LA SATISFACCIÓN DE NECESIDADES BÁSICAS

Hasta hace pocos años, en multitud de zonas rurales de África, las familias (especialmente las mujeres y los niños) tenían que caminar kilómetros hasta un río para poder obtener agua para beber, cocinar, lavar y alimentar a sus animales. Hoy en día encontramos bombas de agua en los pueblos, que se han puesto en funcionamiento a veces en coordinación con los poderes públicos. Además en algunos lugares la comunidad contrata el mantenimiento de las mismas a un servicio técnico privado. Las bombas no sólo ahorran mucho tiempo y esfuerzo, sino que también han conseguido que el suministro de agua diario a los hogares tenga un coste menor de lo que supone pagar a los aguadores que van desde los ríos hasta los pueblos.

Según los operarios de estas bombas, la conclusión es que las personas en general están dispuestas a pagar por un mejor servicio. Pero debido a la costumbre, algunos hogares no se interesan por este sistema y van todavía a por agua a los ríos. También hay quien no puede pagar el coste. Así que, para estos casos, algunos líderes de las comunidades hacen listas de hogares necesitados para que tengan un suministro mínimo gratuito garantizado. En estos casos, los aldeanos son relativamente afortunados. No sólo tienen acceso al agua, sino que también pueden elegir entre dos maneras de acceder y dos tipos de coste.

Pero muchos no tienen estas opciones y deben confiar en fuentes del agua que podrían ser poco saludables. La situación mejora en zonas urbanas, donde se cubre el 80% de la población, pero la cuestión es que más de la mitad de los habitantes de las ciudades y los pueblos en todo el continente siguen sin contar con suministro de agua potable en sus hogares, según informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y El Fondo para la Infancia de las Naciones Unidas (UNICEF). Las Naciones Unidas estiman que en el África subsahariana se pierden 40.000 millones de horas por año en recoger y transportar agua, lo que equivale a toda la fuerza de trabajo de Francia en un año. Esto es un tiempo y un esfuerzo increíblemente valioso.

Consumir gran parte del día en obtener agua para satisfacer las necesidades básicas supone un enorme coste de oportunidad, esto es, quita tiempo de muchas otras actividades. Basta pensar en todo lo que se deja de hacer al utilizar tres horas al día para conseguir agua. Las horas perdidas en llevar agua de un sitio a otro, pueden suponer a menudo la diferencia entre que tenga éxito o no un negocio con el que poder ganarse la vida. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha demostrado en términos económicos que por cada dólar invertido en agua y saneamientos, existe un retorno económico de entre 3 y 34 dólares. Por eso cuando se consigue una solución a este problema, son posibles una agricultura y un estilo de vida más sostenible.

La escasez de agua potable, así como una feroz competencia por los alimentos y la energía, seguirán acosando a muchos africanos. El Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA) ha estimado que 650 millones de personas viven en áreas donde las inundaciones y las sequías pueden provocar picos muy grandes en los precios de los alimentos. Los gobiernos se enfrentan a enormes desafíos para satisfacer las necesidades básicas de la población: cambios demográficos, escasez de recursos, cambio climático y riesgos de brotes de enfermedades infecciosas. En algunas zonas de África, la sequía ha llevado a conflictos bélicos entre clanes por el acceso al agua. La escasez plantea también una amenaza a la seguridad que las agencias de inteligencia toman tan en serio como la proliferación de armas de destrucción masiva, el terrorismo y los ataques cibernéticos.

EL OCASO DE LA ABUNDANCIA

Los problemas de escasez de agua y contaminación no vienen solos, se plantean junto con otros desafíos. Después de un ciclo positivo de exportaciones de materias primas que ha durado una década, los países productores en África se encuentran frente a una tormenta perfecta: ingresos por exportación más bajos, depreciación de sus monedas, disminución de los flujos financieros que llegaban desde China, caída de la demanda interna y mayor coste de la deuda después de una subida de tipos de interés. Aunque la presión para los responsables políticos no tiene precedentes, buena parte de ellos siguen cometiendo graves errores. Pero en las circunstancias de hoy no existe mayor margen para el error y los países que adopten cualquier decisión incorrecta serán severamente castigados.

El obstáculo más común de la mayoría de los países para ampliar el acceso al agua es su limitada disponibilidad de recursos, siendo una financiación inadecuada el factor más importante que afecta a la capacidad de gestión del agua dulce en el continente. Existe consenso en que es necesario movilizar recursos financieros nacionales contados en billones (millones de millones) de dólares, así como la ayuda internacional al desarrollo y financiación privada, para hacer que estos objetivos salgan del papel y se conviertan en políticas reales. Pero los planes estratégicos nacionales para fomentar la inversión y el crecimiento son ignorados en gran medida por sus propios autores. Todo este sombrío panorama económico pesará mucho sobre los esfuerzos para poner en práctica los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Para complicar aún más la situación, en realidad no hay una crisis del agua que sea igual a otra y en cada país, e incluso dentro de un mismo país, se enfrentan problemáticas diferentes.

Para entender los problemas que actualmente enfrentan las empresas y los gobiernos en África y en gran parte del mundo, resulta útil observar lo que está sucediendo en el caso de Sudáfrica. La segunda mayor economía africana actualmente se encuentra en grandes apuros. El crecimiento anual del PIB en Sudáfrica se ha estancado en 2015. El desempleo, que se ha disparado hasta el 26% (el más alto desde 2003) es particularmente preocupante. Si tenemos en cuenta a los trabajadores “desanimados” que han renunciado a intentar encontrar un trabajo, se elevó hasta el 36% a principios de 2015. Además, muchos de los que tienen puestos de trabajo están descontentos y hacen huelgas. La falta de capacidad en el suministro de electricidad y los frecuentes cortes de luz afectan también a la producción. La sequía ha afectado a la agricultura. El turismo, una bendición en cualquier país africano, se ha visto obstaculizado por nuevos requisitos para los visados. Las agencias de calificación han advertido de que la deuda de Sudáfrica se está acercando peligrosamente a la categoría de bono basura. Como consecuencia de todo, entre los sudafricanos ha cundido el desánimo.

La desigualdad socioeconómica es muy elevada. Un informe de la consultora Boston Consulting Group coloca a Sudáfrica en el puesto 138 de 149 países en cuanto a capacidad de convertir riqueza en bienestar para su población. La debilidad de la economía está avivando el descontento social y la violencia callejera en Sudáfrica. Los extranjeros, vistos como competencia en el contexto de escasez de puestos de trabajo, han sido objeto de una serie de ataques xenófobos con consecuencias mortales. Desde 2010, las manifestaciones casi se han duplicado. Y muchas de ellas están motivadas por la deficiente prestación de servicios básicos como agua y electricidad. Hasta el momento los poderes públicos han mostrado poca capacidad de poder mejorar la situación y el partido del gobierno está empantanado en luchas internas sobre si seguir una senda económica más capitalista o más socialista. Además de todo esto, Sudáfrica sufre desde hace años por la creciente brecha entre oferta y demanda de agua.

EL COMPLICADO ESCENARIO DE AUMENTO EN LA DEMANDA DE AGUA

En Sudáfrica, el reto es muy complejo: un país semiárido caracterizado por la escasez de precipitaciones, limitados acuíferos subterráneos y una significativa dependencia de los trasvases de agua desde naciones vecinas. Debido a la variedad de ecosistemas, las soluciones deben atender a diferentes necesidades agrícolas, industriales y domésticas específicas de cada zona del país. En la gestión del agua, Sudáfrica se enfrenta a decisiones económicas y sociales muy difíciles en cuanto a agricultura, actividades industriales clave como la minería y la generación de energía, y crecimiento de los grandes centros urbanos.

La demanda de agua prevista en Sudáfrica llegará a ser de aproximadamente 18.000 millones de metros cúbicos en 2030 pero la disponibilidad actual es de unos 15.000 millones. La oferta está severamente limitada por bajos niveles de precipitaciones muy estacionales (alrededor de un 50% de la media mundial), acuíferos insuficientes, y la dependencia de trasvases de agua entre cuencas y desde otros países (por ejemplo, Sudáfrica compra casi el 25% de su suministro total de agua a su vecino Lesoto). Los efectos del cambio climático podrían agravar el problema de manera significativa: una pequeña disminución en las lluvias (y el correspondiente aumento de las necesidades de riego) puede dar lugar a un déficit de varios millones de metros cúbicos. Es necesario tener un entendimiento de los problemas de oferta y demanda a nivel sectorial. La demanda agrícola, industrial y urbana representan en Sudáfrica la mayor parte de la demanda total.

Diferentes zonas del país se enfrentan a desafíos que son únicos para el conjunto de actividades económicas predominante en cada lugar. Se espera que las cuencas fluviales que abastecen a las principales ciudades del país sufran un grave déficit provocado por el aumento de la demanda doméstica e industrial. La demanda doméstica o de los hogares ha sido impulsada en gran medida por el aumento de los niveles de ingresos y el crecimiento de la población en años anteriores, así como por la mejora de las condiciones de vida básicas (por ejemplo, el uso más amplio de duchas, inodoros y jardinería en zonas residenciales). Las proyecciones para 2030 indican que la demanda de los hogares representará 3.600 millones de metros cúbicos, pero el 20% de la población más rico consume la mitad del suministro total.

Por otra parte, la demanda de industrias como las de minería y energía será un factor cada vez más importante: en 2030, la demanda podría ascender a hasta 3.300 millones de metros cúbicos. La generación de energía representará el 12% de la demanda total, la minería el 18% y la industria manufacturera el 70% restante. Al mismo tiempo, satisfacer la demanda de generación de energía plantea otro desafío: la mayor parte de la capacidad adicional de generación prevista para 2025 provendrá de plantas eléctricas de carbón. Como los suministros locales de agua suelen ser insuficientes tanto para la minería del carbón como para la generación de energía, la dependencia de las transferencias de agua desde otras áreas es probable que aumente.

En zonas que tienen demanda agrícola creciente, en contraste con lo anterior, la gestión del agua supone una presión adicional sobre los suministros, a pesar de los límites en los niveles de riego. La agricultura representa una parte fundamental de la economía sudafricana, aportando casi el 4% del PIB del país y empleando a casi el 14% de la población activa (casi 2 millones de personas). Sudáfrica utiliza tierras de secano para el 80% de sus necesidades agrícolas y es autosuficiente en alimentos al 90%. Los rendimientos son altos, y más del 50% de la superficie de regadío (que son el 10% de las tierras de cultivo) se cultivan utilizando riego por goteo y aspersores relativamente eficientes. Pero aún se espera un aumento significativo de la demanda de alimentos y piensos. Esto creará la necesidad de una mayor eficiencia y productividad en la producción de secano y otros cambios con el fin de evitar que se utilicen en la agricultura mayores cantidades de agua que las disponibles.

La situación es muy complicada para atender todos estos aumentos de la demanda, por tanto. Además, aunque Sudáfrica ha logrado progresos sustanciales en el suministro en todo el país (el acceso aumentó del 60% al 96% entre 1994 y 2012), la falta de agua potable es todavía uno de los mayores problemas de la población en algunas áreas, y podría empeorar aún más como consecuencia del deterioro de la infraestructura de distribución. Para estas personas, la pobreza suele ser una constante en sus vidas. La buena noticia es que éste es un problema que tiene solución. A pesar de la profundidad y la amplitud del desafío, existen soluciones al alcance que no tienen que ser prohibitivamente caras si empiezan a ser desarrolladas cuanto antes.

¿PRIVATIZAR EL AGUA CÓMO SOLUCIÓN?

Examinando su evolución a más largo plazo, Sudáfrica ha logrado notables avances en general en la ampliación del acceso al agua potable. Bajo el sistema de apartheid, alrededor de un tercio de la población no tenía acceso a agua potable, mayoritariamente en las comunidades negras del país, entonces segregadas. Pero cuando el Congreso Nacional Africano llegó al poder en 1994, la nueva Constitución proclamó el acceso al agua como un derecho humano fundamental. En el año 2004, aproximadamente el 88% de la población tenía ya acceso a agua potable y se estableció la política de que todos los que tuviesen agua corriente tenían derecho a recibir gratis 25 litros por día. Más allá de ese umbral, un usuario debía pagar según incrementase su consumo.

En la década de 1980, en general el suministro de agua en África se amplió principalmente debido a la actividad del Estado, llevada a cabo por los gobiernos a través de los servicios públicos. Éstos fueron financiados a través de presupuestos públicos principalmente basados en impuestos y en el apoyo de donantes externos. Puesto que las infraestructuras no se llevaban a cabo con fines de lucro, las tasas para conectar una tubería a la red de distribución eran mínimas. Algunos de los que no tenían conexión en las ciudades o en las comunidades rurales, podían acceder a fuentes públicas con frecuencia de forma gratuita. Pero estos sistemas administrados públicamente dejaban fuera a millones de personas, de manera que existía un espacio de actuación bastante amplio que podía ser ocupado por la actividad de empresas privadas.

En la década de 1990, se ofrecieron grandes incentivos a las empresas extranjeras, como exenciones fiscales y la repatriación completa de los beneficios, en un esfuerzo para atraerlas al sector. Pero incluso así, los inversores privados del sector generalmente prefirieron ir a Asia y América Latina. Consecuentemente, las zonas de África que más lo necesitaban han sufrido décadas de falta de inversión en las instalaciones de agua. Teniendo en cuenta esto, y la mala gestión de los servicios públicos en general en muchos países africanos, no se han podido mantener los niveles de servicio existentes y mucho menos ampliarlos.

Una práctica que aplicaron de forma estricta y habitual las empresas de agua tanto privadas como públicas fue recuperar los costes de inversión trasladándolos al precio pagado por el usuario (los costes de invertir en ampliaciones y mejoras del servicio), afectando gravemente a los hogares más pobres. La Red de Servicios de Desarrollo Rural, una organización no gubernamental con sede en Johannesburgo, estimó en 2002 que unos 10 millones de personas habían tenido cortado el abastecimiento de agua en un momento u otro durante los ocho años anteriores por no pagar sus facturas. Dos años antes, un gran brote de cólera arrasó la provincia de KwaZulu-Natal, matando a unas 300 personas. Los funcionarios de salud encontraron que muchas personas en las zonas más afectadas habían recurrido al uso de agua de ríos y lagos cercanos contaminados, porque se les había cortado el suministro de agua por falta de pago de las facturas.

El gobierno sudafricano respondió con la instalación de fuentes públicas en las comunidades con bajos ingresos y con la introducción de tarifas planas más asequibles. Sin embargo, las políticas de austeridad promovidas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) desde 2008 debido a la crisis económica obligaron a muchos países africanos a reducir el gasto en servicios públicos como el agua, y en algunos casos a privatizar algunas de las instalaciones públicas existentes. La expectativa era que el sector privado, principalmente las empresas de agua multinacionales funcionando como entidades con ánimo de lucro, podrían entrar a hacerse cargo de las empresas públicas en África al tiempo que invertirían y expandirían la red de suministro. Pero éste no ha sido el caso. Los inversores no encontraron atractivo el sector del agua en el continente porque los rendimientos no eran suficientes para justificar las grandes inversiones que eran necesarias.

Como parte del esfuerzo para promover la participación privada en el sector del agua en África y otras regiones en desarrollo, la recuperación de los costes a través del precio del servicio se ha convertido con los años en una práctica cada vez más común. Para las empresas privadas, la aplicación de tarifas más altas y tasas a los usuarios era fundamental para obtener una ganancia. Y para las empresas de servicios públicos, el aumento de los precios también fue visto como una manera de compensar pérdidas financieras o de aumentar los recursos para nuevas inversiones. Para muchas personas que nunca habían tenido acceso al agua potable o que habían obtenido agua previamente de aguadores privados que cobran precios exorbitantes, las nuevas tarifas pueden haber merecido la pena. Sin embargo, para muchas personas pobres los precios han resultado prohibitivos.

En la búsqueda de un equilibrio entre la ampliación del acceso y su coste, el correspondiente Informe del Desarrollo Humano del PNUD declara que “el desafío para todos los proveedores, públicos y privados, es ampliar el acceso y superar la desventaja de precios que enfrentan los hogares pobres”. La cuestión en la práctica es que, en términos generales, es imposible determinar en qué medida deben las organizaciones públicas, privadas o comunitarias participar en la prestación y gestión de servicios de agua. Cada circunstancia debe ser considerada de manera particular y la solución debe adaptarse a la población más necesitada, tener un coste asequible y ser sostenible en cada comunidad.

SOLUCIONES SOSTENIBLES Y DIFERENTES PARA CADA SITUACIÓN

La ironía en toda esta situación es que África tiene abundante agua dulce: grandes lagos, grandes ríos, enormes humedales y aguas subterráneas en muchas zonas. Y que pese a ello, se utiliza sólo un 5% del agua dulce disponible en el continente y es la única región del mundo donde la inseguridad del agua es cada vez mayor. Los riesgos por suministro de agua y saneamientos inadecuados en realidad han aumentado debido a que la demanda de la población está creciendo muy rápidamente y la oferta no consigue acompasarse. África se enfrenta a serias limitaciones en cuanto a un mayor acceso al agua potable, entre las que destacan el escaso personal cualificado y la ineficacia de las instituciones responsables. Esto está contribuyendo a desacelerar el crecimiento económico y su causa es también fundamentalmente económica. Según el El Fondo Fiduciario para Agua y Saneamiento del Banco Africano de Desarrollo (BAfD), el factor más importante que afecta a la capacidad de suministro de agua dulce en el continente es la falta de financiación. En la mayoría de países, la escasez de agua y la contaminación tienen como obstáculo más común los limitados recursos que se dedican a su solución o que hay disponibles.

No hay una única solución para asegurar que todo el mundo tenga acceso al agua. Cerrar la brecha entre oferta y demanda implica una combinación sostenible y rentable de tres factores, dos de los cuales hacen uso de mejoras técnicas (aumentando la oferta y la productividad) mientras que el tercero se relaciona con decisiones que cambien el conjunto de actividades económicas subyacentes. En Sudáfrica y otros lugares, se encuentran disponibles medidas rentables que constituyen un enfoque equilibrado y tienen que ver con la oferta, la eficiencia agrícola y las mejoras de productividad, y factores dinamizadores en la industria y los hogares. Un análisis de los costes y del potencial de las medidas técnicas existentes para mantener las actividades que dependen del agua de manera sostenible, muestra que Sudáfrica puede implementar una solución equilibrada para cerrar esta brecha entre oferta y demanda. Una vez más, es la hora de aplicar estrategias de sostenibilidad, a largo plazo.

Para hacer frente a las sequías y alimentar a una creciente población, son necesarios dos elementos: una revolución verde (como ya describimos en el análisis “Desarrollo rural africano sostenible”) y acumular agua de lluvia mediante algún sistema. La revolución verde que tuvo lugar en la segunda mitad del siglo XX en Asia y América Latina se basó en variedades de cultivos de alto rendimiento como el arroz y en la mejora de los métodos de riego, de manera que se logró acompañar el aumento de la población. Pero si bien el crecimiento masivo de Asia en la producción agrícola de la década de 1960 hasta la década de 1990 se basaba en el riego, la revolución verde en África tendría que estar basada en la captación de agua de lluvia antes de que se evapore. Y las aguas subterráneas son clave para la producción de alimentos en el futuro en África, pudiéndose poner en marcha sistemas de riego en zonas secas gracias al aprovechamiento del agua del subsuelo.

Una mejor captación y un mejor aprovechamiento del agua de lluvia son entonces esenciales para la gestión de los períodos de sequía. En gran parte del continente, el agua de lluvia se evapora antes de llegar a los ríos, y de todos modos muchos agricultores están lejos de los ríos o pantanos, quedando la recogida de agua de lluvia como única solución. La cuestión es también situar los cultivos de manera que se pueda conseguir que la lluvia que cae al terreno llegue bien a las raíces desde las que las plantas toman los nutrientes, éste será otro de los factores fundamentales. Además, la captación de agua de lluvia en las azoteas de las casas es cada vez más popular en lugares con precipitaciones irregulares o periodos de sequía de otras regiones como Asia, donde durante siglos el agua de lluvia ha sido recogida y almacenada en tanques para su uso en la estación seca.

En éstos y otros aspectos, las soluciones deben incluir mejoras técnicas para aumentar la oferta, así como medidas para mejorar la productividad y la eficiencia, para equilibrar las demandas de recursos hídricos que son finitos. Será necesaria la instalación de nuevos pozos equipados con bombas, además de redes de tuberías. Las soluciones pasan también por tener en cuenta contraprestaciones entre las demandas de la agricultura, de las actividades industriales y de los crecientes centros urbanos. La gestión de las compensaciones entre diferentes sectores en base a sus costes comparativos ayudará a lograr el ahorro de agua requerido con desventajas mínimas para la economía.

¿De dónde saldrá el dinero para llevar a cabo estas transformaciones? La asistencia de donantes externos es una de las fuentes. Pero los donantes ofrecen sólo una parte de los miles de millones anuales necesarios para alcanzar los objetivos planteados, y la mayoría de las ayudas vienen con condiciones añadidas que obligan a los gobiernos africanos a contratar expertos (consultores, gestores, técnicos e ingenieros) de los países donantes para ejecutar los proyectos. Esto hace que sea difícil para estos países retener a sus profesionales nacionales. Dejar de lado la experiencia local en la implementación de este tipo de proyectos hace que el sector del agua sea poco atractivo para muchos profesionales. Para abordar este problema, la red de Água de Naciones Unidas en África ha creado un directorio de expertos en agua africanos. Como facilita que los expertos trabajen en otros países del continente, la iniciativa no sólo ayudará a fomentar la integración regional, sino también mejorará el mantenimiento a largo plazo de proyectos en el continente.

Los gobiernos deben ser capaces de aumentar también las asignaciones presupuestarias. El Programa Ambiental de las Naciones Unidas (PNUMA) señala que muchos gobiernos africanos tienen aun pendiente la responsabilidad de llegar a más de 300 millones de personas actualmente están privados de agua potable. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estima que el gasto presupuestario total en los sectores de agua y saneamiento en África subsahariana está alrededor de 800 millones de dólares al año. Esta cantidad probablemente podría aumentar a 2.500 millones a través de medidas adoptadas por los proveedores de servicios para trasladar los costes al precio que pagan los usuarios en las comunidades locales.

De forma similar a las medidas de adaptación al cambio climático, la gobernanza del agua tiene sentido económico simplemente desde una perspectiva de desarrollo. Según las Naciones Unidas, se prevé que la población mundial aumente de los 7.350 millones actuales a unos 9.700 millones en 2050 y 11.200 millones en 2100, teniendo lugar la mayor parte de tal crecimiento en regiones en desarrollo y particularmente en África. Los expertos en desarrollo están centrando sus esfuerzos en apoyar a los pequeños agricultores para iniciar la necesaria revolución verde que reduzca el hambre y la pobreza en África. Los países africanos que consigan realizar la gobernanza del agua de una forma correcta, verán llegar muchas más inversiones para otros sectores, y es importante tener inversores que quieran participar en la economía desde casi cualquier punto de vista.

Es necesario asegurar que cada país sea capaz de cumplir con sus necesidades de agua tanto hoy como en el futuro. Algunas empresas públicas de gestión de aguas en África trabajan de una manera bastante eficiente en el nivel local, contrarrestando los comentarios negativos acerca de que los servicios públicos africanos son inherentemente ineficientes y sólo pueden mejorarse mediante la introducción de contratistas privados. Estos servicios públicos exitosos deben compartir su conocimiento de gestión con otras instituciones. Deben también ponerse en marcha políticas adecuadas para favorecer la participación del sector privado en la provisión de agua. Una serie de países, a instancias del Banco Mundial y del FMI, han tratado de atraer inversiones para ampliar las instalaciones. Con la ausencia de tales políticas, se hará muy difícil la resolución de estos problemas.

Para muchos gobiernos africanos, el reto no sólo es encontrar más dinero para inversiones. También consiste en adquirir los conocimientos técnicos para utilizar los recursos de manera más eficaz y que las instituciones sean capaces de gestionarlos de manera adecuada. Para ello, los países necesitarán profesionales con las habilidades para planificar, presupuestar, diseñar, supervisar y construir las instalaciones, así como los equipos de ingeniería, perforación y construcción. En algunos países africanos, especialmente los que salen de un conflicto, dichas capacidades no están disponibles fácilmente. Pero alrededor de un tercio de los países africanos tienen capacidades para poner en práctica inversiones, si se puede asegurar la financiación. En el resto, las capacidades tienen que ser construidas como componentes (que también necesitan una financiación) de cada proyecto.

Al buscar soluciones que amplíen el acceso al agua potable, las decisiones que se tomen sobre una adecuada combinación público-privada tienen que ser tomadas de forma descentralizada caso por caso, sobre la base de valores y condiciones locales de cada comunidad. Las soluciones deben atender a las necesidades económicas y sociales específicas de cada lugar en particular. Por ejemplo, en al menos siete zonas rurales de Sudáfrica consistirán casi en su totalidad en mejorar la eficiencia agrícola, mientras que en los centros urbanos tendrán que adoptarse soluciones para la industria y los hogares. En todos los ámbitos, una fuente importante de ahorro siempre vendrá del uso más productivo del agua y del aumento de la eficiencia en el suministro.

LA COORDINACIÓN POLÍTICO-EMPRESARIAL

La seguridad del acceso al agua se perfila como uno de los grandes desafíos del siglo XXI, que los responsables políticos y líderes empresariales deben enfrentar juntos. Los responsables políticos reconocen que ciertas tecnologías, que están siendo desarrolladas por empresas punteras, son herramientas críticas para la gestión eficaz de los escasos recursos hídricos. Y los líderes empresariales deben también ayudar a dar forma a políticas que hagan posible que sus tecnologías sean productivas. El sector público y las Organizaciones No Gubernamentales (ONG’s) han dominado el debate sobre las políticas del agua, pero en los últimos cinco años, un número creciente de empresas del sector privado también han comenzado a ofrecer respuestas sobre la mejor manera de gestionar el agua con eficacia. Estas empresas han comenzado prestando mucha más atención al medio ambiente. A medida que desarrollen una nueva generación de tecnologías relacionadas con el agua, también influirán cada vez más en una nueva generación de políticas públicas que estimulen el desarrollo y el uso de estas tecnologías.

Así es cómo un grupo de empresas, principalmente del sector de las bebidas, la minería y la generación de energía, están participando en torno a estas dos dimensiones. Han llegado a la conclusión de que la creciente escasez de agua constituye una amenaza a su futuro en África. Además consideran que, si bien las empresas tienen que gestionar el agua de manera eficiente de puertas para dentro, necesitan también un entorno legal y regulatorio predecible que gobierne todos los usos del agua. Estas empresas creen que el sector privado tiene aportaciones útiles y legítimas que hacer en el proceso de formulación de políticas, y que las buenas prácticas en los negocios pueden guiar su aplicación efectiva.

Un segundo grupo de empresas está desarrollando tecnologías que pueden permitir a la sociedad conseguir mayor productividad por cada gota de agua en una variedad de actividades. Hay tres segmentos. El primero comprende empresas que desarrollan semillas que mejoran la productividad y tecnologías agrícolas. Debido a que la agricultura representa más del 80% del consumo de agua en el mundo en desarrollo y a que las ganancias de productividad de dichas tecnologías han caído por debajo del 1% por año (eran alrededor del 3% al año en la revolución verde de la década de 1960), estas innovaciones son vitales para una mejor gestión del agua. Un segundo segmento de empresas está desarrollando nuevas tecnologías para procesos de desalación y para tratamiento de aguas residuales. Es teóricamente posible desalar el agua de mar mediante el uso de sólo un 25% de la energía que actualmente se requiere a través de las tecnologías existentes. Si nuevos desarrollos como la nanotecnología permiten que este potencial se haga realidad, el coste de la desalación se reducirá a un nivel que la mayoría de las ciudades y las industrias en las zonas costeras de todo el mundo podrá asumir.

El tercer grupo comprende empresas que proporcionan información (como probabilidad de precipitaciones, humedad del suelo, requisitos sobre los fertilizantes o datos sobre el ciclo del agua en un país). Esto es esencial para el consumo de energía, el uso doméstico del agua, y, lo más importante, para la agricultura. Así se pueden producir muchos más cultivos que con los métodos tradicionales, y las industrias y las ciudades pueden utilizar mucha menos agua también. Los nuevas tecnologías de Smart City y Smart Rural incluyen sistemas con sensores para la gestión de todo el ciclo del agua desde su recogida hasta su consumo final, controlando los niveles de contaminación, que optimizan el suministro y detectan las pérdidas por filtración (que son altísimas en los países en desarrollo).

Los ejecutivos de estas empresas líderes saben que el progreso en la gestión del agua depende del avance combinado en tecnologías y políticas. En algunos países, las deficiencias políticas se traducen en que muchas tecnologías existentes que hacen un uso más eficiente del agua no sean bien empleadas. Esto es lo que lleva a que un creciente número de empresas colaboren con responsables políticos, para garantizar la implementación de políticas de regulación. En conversaciones con estos responsables políticos, los líderes empresariales destacan ejemplos como el de la cuenca del Murray-Darling, en Australia, donde un entorno normativo propicio ha significado que una reducción del 70% en la disponibilidad de agua no haya tenido prácticamente ningún impacto en la producción agrícola. En situaciones como ésta, los políticos saben que lo que se necesita es una nueva generación de tecnologías que permitan a la sociedad hacer más con menos. Y saben también que la clave para lograrlo es un entorno de políticas jurídicas y empresariales que estimulen el desarrollo de la próxima generación de tecnologías de eficiencia hídrica.

CONCLUSIÓN

El acceso al agua puede romper el ciclo de la pobreza. Los niños van a la escuela en lugar de tener que emplear parte del día en recoger agua, y dejan de estar enfermos a causa de las muchas enfermedades transmitidas por el agua. El acceso al agua conduce a la seguridad alimentaria, y muchas escuelas pueden alimentar a los estudiantes con huertos ecológicos que reducen los costes y mejoran la nutrición. Los padres encuentran más tiempo para cuidar a sus familias, ampliar su producción agrícola hasta unos mínimos satisfactorios y poner en marcha negocios. Con agua potable y las manos limpias, se reduce el tiempo perdido con enfermedades y la gente puede volver antes al trabajo. Por eso, combatir los efectos sociales y económicos causados ​​por la falta de agua potable está entre las más altas prioridades de cada comunidad.

La escasez de agua es de gran importancia para las empresas y las naciones del mundo entero. Dada la dificultad histórica de proporcionar suficiente agua para satisfacer las necesidades de las sociedades en todo el mundo, es evidente que los gobiernos y el sector privado deben asociarse para desarrollar políticas eficaces y soluciones sostenibles. En todo el mundo, las empresas y los responsables gubernamentales deben ir más allá de las políticas que han sido habituales hasta ahora, no sólo para aumentar la oferta y mejorar la productividad de los recursos, sino para reformular en consecuencia las actividades económicas en general. Si se pretende que las nuevas estrategias sean eficaces, los líderes empresariales y políticos tendrán que trabajar juntos y más estrechamente para ponerlas en práctica.

Aunque el vaso sin duda pueda parecer medio vacío, también está medio lleno, sobre todo porque los líderes empresariales entienden que la escasez de agua es un problema que afectará a las industrias, proveedores y comunidades en las que trabajan. Por eso, deben entrar en el área de las políticas públicas para ayudar a dar forma a soluciones asequibles para toda la población. A su vez, los líderes políticos han comenzado a comprender mejor las contribuciones del sector privado. Pero más líderes de ambos entornos deben seguir este ejemplo. Aquellos lugares que consigan realizar una correcta gobernanza del agua, tendrán además una mayor atención de los inversores internacionales para impulsar sus economías. Es así como aseguraremos el despliegue de nuevas tecnologías y la formulación e implementación de una nueva generación de políticas de gestión del agua en África.

Fuestes: Departamento de Información Pública de las Naciones Unidas, World Economic Forum, The Water Project, The Economist, The Guardian, McKinsey Global Institute, Boston Consulting Group.

Desarrollo rural africano sostenible (II)

El atraso de la agricultura africana ha sido durante mucho tiempo un símbolo de su pobreza. A cientos de millones de pequeños agricultores se les ha considerado demasiado atrasados para prosperar: el futuro llegaría no por invertir en ellos, sino evitando contar con ellos. Esto está empezando a cambiar gracias a la interconexión digital de los pequeños productores. Pero ahora habrá que afrontar también los serios riesgos derivados del cambio climático.

(Viene de la primera parte del análisis)

Incluso antes de que el calentamiento global se identificase como un problema, las zonas en las que habitan comunidades africanas y afrodescendientes en África y América Latina eran ya especialmente vulnerables a las inundaciones, sequías y olas de calor. De hecho, si no llegase a haber más cambios en el clima, su estado actual presenta ya graves riesgos para la población y las economías de algunos países. El calentamiento global en estas zonas podría desencadenar desastres más frecuentes y severos con el tiempo, aumentar el nivel del mar, o cambiar los patrones pluviométricos y las zonas climáticas. Para los países más afectados, adaptarse a estas posibilidades es una necesidad urgente. Para ello, debemos responder a algunas preguntas difíciles. ¿Qué costes en relación con el clima podrían tener estas economías en las próximas décadas?. ¿Qué se puede evitar y a través de qué medidas?. ¿Qué inversiones se requerirán para financiarlas?. ¿Los beneficios serán mayores que los costes?. Estas preguntas pueden responderse estratégicamente a través de un enfoque de gestión del riesgo, que evalúe el posible impacto e indique las mejores formas de minimizar el coste para la economía y la sociedad. En la adaptación al cambio climático, las Tecnologías de la Información y el empoderamiento de la población rural de nuevo tienen un papel clave.

EL DESPLAZAMIENTO DE LAS ZONAS CLIMÁTICAS

El cambio climático es la más importante de las amenazas al desarrollo. En África y en la región mediterránea, uno de sus principales factores es el avance cada vez mayor del desierto del Sahara. El mayor desierto cálido del mundo, uno de los puntos más calientes del planeta, no existía en la extensión que ahora lo conocemos. En muchos de sus lugares hoy secos ha habido en el pasado espacios verdes donde abundaba el agua. Desde su formación hace 15.000 años no ha hecho más que crecer, desde hace entre 6.000 y 4.000 años cada vez más rápido, y una vez asentado no es posible lograr su retirada. En los últimos 50 años el Sahara ha consumido una superficie equivalente a dos veces la de España, país que sufre cada vez más los efectos de este avance. Tan sólo debido a la erosión, hay un 42% del territorio español que pierde más de 12 toneladas métricas de suelo fértil por hectárea y año, y otro 12% más pierde hasta 50 toneladas métricas. Para el conjunto del país se calcula una pérdida total anual de suelo de 1.156 millones de toneladas de suelo fértil. La desertización de la Península Ibérica se debe a causas naturales imposibles de evitar, pero no se debe confundir con la desertificación, que es provocada por el ser humano: los incendios forestales y la sustitución del paisaje natural por construcciones que además han acabado con gran parte de la naturaleza de la costa española. De acuerdo con un informe de la UNESCO (Nairobi, 1977), España es el único país europeo con un alto riesgo de desertificación como consecuencia principalmente de prácticas agrícolas y forestales inadecuadas, incendios forestales, construcción, obras públicas y actividades mineras. Sin embargo, y pese a los datos alarmantes de sucesivos informes posteriores, la población del país en los últimos años ha persistido en los mismos comportamientos y se ha agravado el problema.

Sin árboles, sin cultivos, sin pastos, sin agua, millones de personas de todo el planeta están pasando a convertirse en sedientos y hambrientos refugiados climáticos. Huyen del desierto como se huye de las guerras. En el noroeste de África se encuentra Mali, un país muy seco y con frecuentes sequías. El aumento de las temperaturas y la disminución de las precipitaciones está provocando un cambio de zona climática a medida que el desierto del Sahara se extiende hacia el sur sobre la tierra productiva. La población que depende de la agricultura y la ganadería enfrenta períodos de sequía con pocas opciones para superarlos. Muchos se mudan a las grandes ciudades y otros al sur del país, menos árido. Se espera que la sequía aumente en frecuencia y severidad, lo que debilitará la agricultura y el PIB del país. El cambio de zona climática, como efecto combinado del aumento de las temperaturas medias y la disminución de precipitaciones, ha ido empujando las zonas de cultivo hacia el sur en los últimos 50 años. La desertización y el cambio de zona climática tienen múltiples causas con complejas interacciones. Y de nuevo el impacto del cambio climático se agrava por ciertas prácticas que provocan desertificación, como la satisfacción de necesidades de leña (que deforesta y erosiona el terreno). La masa forestal de Mali se ha reducido en casi un 50% desde la década de 1980.

RESPUESTAS AL CAMBIO CLIMÁTICO

Considerando los posibles escenarios estimados de cambio climático en Mali, se podrían sufrir pérdidas importantes en todos. No obstante, algunas medidas de adaptación podrían eliminar una parte significativa de las pérdidas económicas debidas al cambio climático. Es importante reconocer que los agricultores ya han desarrollado ciertas técnicas que les ayudarán a hacer frente a las futuras crisis. Por ejemplo, se practica ya ampliamente la diversificación en los ciclos de las cosechas. La variedad genética de las semillas ayuda a que la agricultura en las zonas de mayor riesgo climático sea más resistente. Y si se facilita el acceso a la tierra, la tendencia de los agricultores a extenderse geográficamente para poder acceder a diferentes tipos de suelos y suministros de agua también será una ventaja, que provocará migraciones humanas asociadas a actividades productivas.

Determinadas medidas, como invertir en infraestructura y activos, podrían hacer las zonas semiáridas sustancialmente más resistentes. Medidas de adaptación basadas ​​en técnicas para el suelo, sistemas de riego o provisión de agua para ganado, ayudarían a producir resultados “a prueba de cambio climático”. Es probable que el valor de la producción agrícola aumente a través de la promoción de la agricultura en las regiones mejor adaptadas, con una combinación adecuada de cultivos. Las medidas para aumentar la productividad en las áreas más prometedoras podrían compensar las pérdidas económicas en otras áreas. Además, las migraciones humanas podrían aumentar la producción agrícola más que el crecimiento demográfico, de forma equilibrada entre regiones. Las pérdidas probablemente serán compensadas, en cierta medida, incluso en ausencia de medidas específicas de adaptación. En un escenario optimista, en 2030 Mali podría haber doblado el valor de su sector agrícola y ganadero (con un 4.6% de crecimiento medio anual).

De las medidas para revertir las posibles pérdidas, alrededor de tres cuartas partes tendrían beneficios superiores a los costes. Y otras generarían beneficios agrícolas adicionales como la ampliación del área cultivada en eco-villas para horticultura, que prevé dos cosechas al año en lugar de una, o el fomento de productos y prácticas adicionales (por ejemplo la mezcla de agricultura y silvicultura en los campos de cultivo). Los cultivos comerciales de una sola zona de Mali podrían cubrir gran parte, si no la totalidad, de las pérdidas económicas esperadas para todo el país. En otras palabras, estas medidas pueden ser consideradas esencialmente actividades para el desarrollo económico en general. Sin embargo, no cubrirían todos los problemas relacionados con el clima y también podrían promover conflictos y aumentar la competencia por los recursos.

Muchas de las medidas identificadas son intensivas en mano de obra, por lo que la falta de disponibilidad de trabajadores locales puede limitar el potencial y la velocidad de despliegue. Como la fuerza de trabajo es uno de los mayores costes, se deberían financiar las medidas de adaptación al cambio climático con créditos para las cooperativas de agricultores. Con maquinaria adicional se obtendría una mejor relación coste-beneficio, sin embargo debe prevalecer la capacitación de la fuerza de trabajo local frente a las ventajas de utilizar de máquinas más eficientes pero caras. La construcción de un pozo de agua para el ganado en la época seca, por ejemplo, puede suponer dos meses para un equipo humano mientras que una excavadora puede cavar uno en un día. Pero la mano de obra suele estar inactiva durante la estación seca, por lo que tomar la decisión correcta es más complejo de lo que parece a simple vista.

SEQUÍAS, EFECTOS SOBRE LA SALUD Y MEDIDAS DE ADAPTACIÓN

Tanzania ha experimentado seis grandes sequías en los últimos 30 años. La de 2006 se estima que provocó una reducción del 1% del PIB. Dos efectos específicos de la sequía son motivo de especial preocupación. El primero es la amenaza para la salud humana que representan la malnutrición y la propagación del cólera u otras enfermedades transmitidas por el agua, como resultado de la escasez de agua dulce. El segundo es que la generación de energía en Tanzania depende predominantemente de centrales hidroeléctricas, y durante la sequía de 2006 el país enfrentó severos cortes de energía debido al déficit de agua en los embalses.

Las zonas del centro del país son principalmente rurales, y la mayoría de sus cuatro millones y medio de habitantes son pobres y viven de la agricultura de subsistencia. Esta población se enfrenta a una serie de graves riesgos para la salud relacionados con la sequía. Por ejemplo, en 2003 un estudio informó de que el 19% de los niños menores de 5 años había sufrido diarrea durante las dos semanas anteriores a la encuesta. La generación de energía hidroeléctrica también es de importancia crítica en las zonas centrales: las presas ubicadas allí, contribuyen el 50% de la capacidad de producción de energía hidroeléctrica de Tanzania.

Tanzania prevé depender de la energía hidroeléctrica en más de la mitad de su consumo de electricidad en 2030. El 95% de esta energía hidroeléctrica provendrá de las zonas del centro, pero la sequía disminuirá el flujo de agua en los ríos y reducirá así la cantidad de electricidad generada. Se tendrá que hacer por tanto un mayor uso de gas natural, más costoso, y de carbón (con lo que también aumentarán las emisiones de gases de efecto invernadero), o cortar el suministro de electricidad con mayor frecuencia. En este último caso, las empresas con generadores diesel soportarán el coste adicional de utilizarlos, y la producción caerá otro 40%.

En el peor de los escenarios, las pérdidas estimadas supondrían una bajada del PIB nacional en un 1,7% hasta 2030. Incluso en un escenario de cambio climático moderado, el PIB caerá un 0,7% únicamente a causa de las sequías. Pero Tanzania podría compensar la mayor parte del déficit previsto en la producción de energía si implementase medidas de eficiencia energética que consigan ahorrar más de lo que cuestan. Como la reducción de la demanda, que fomenta un menor consumo en los sectores residencial y comercial. Además, la reducción de escapes en las estaciones hidroeléctricas podría aumentar significativamente el suministro de energía, de forma casi gratuita. Medidas de eficiencia energética como éstas podrían implementarse de forma inmediata.

Las enfermedades más importantes relacionadas con la sequía que prevalecen en la región central de Tanzania son el cólera, la diarrea, la disentería, la desnutrición y el tracoma (que causa ceguera). Para el año 2030, aunque la frecuencia o intensidad de las sequías no cambie, se estima que el 5% de la población pasará hambre debido a las malas cosechas, y el mismo porcentaje sufrirá de tracoma. El cólera y la disentería serán comunes y sufrirán diarrea casi 200.000 niños menores de 5 años. En un escenario moderado de cambio climático, una disminución del 10% en el promedio de precipitaciones hacia el año 2030 podría aumentar la proporción de la población con problemas para alimentarse en un 60%, con un aumento significativo en el número de casos de cólera y disentería. Y los casos de tracoma podrían duplicarse. Este pronóstico empeora en el peor escenario de cambio climático, en particular para el tracoma.

Algunas medidas que podrían proteger a la población contra los riesgos para la salud relacionados con la sequía son preventivas: programas educativos de higiene, saneamiento y lactancia; construcción de pozos cubiertos con tubos y letrinas ventiladas; y la recogida de agua de lluvia. Otros son tratamientos, como la terapia de rehidratación oral y la administración de antibióticos y suplementos de zinc. En materia de salud, no siempre será fácil distinguir los esfuerzos para la adaptación al cambio climático de los de desarrollo. Medidas de acceso al agua potable, por ejemplo, podrían evitar miles de casos de cólera, diarrea, disentería y tracoma, pero podrían también ser consideradas como buenas prácticas independientemente de cómo evolucione el clima de la región. El gasto en salud debe ser más preventivo que reactivo.

INFORMANDO A LA POBLACIÓN SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO

La agricultura comercial en Camerún ha recibido un enorme impulso durante los últimos 20 años. Gracias a la adopción de técnicas agroforestales o de silvicultura, se plantan árboles y arbustos junto a tierras de cultivo y pastos. Los pequeños agricultores han conseguido mejorar su seguridad alimentaria, nutrición, ingresos (entre 10 y 15 veces), salud, viviendas, cohesión social, recursos energéticos y sostenibilidad medioambiental. Los beneficios se obtienen especialmente de los árboles frutales, pero también se incentiva a los agricultores a la reforestación del bosque con árboles que crecen varios siglos hasta alcanzar su madurez. Y a mayor número de árboles en el ecosistema, mayor es la atenuación de los efectos del cambio climático.

La escasez de información sobre cambio climático es uno de los principales obstáculos que impiden a los agricultores africanos tomar medidas de adaptación para hacerle frente. Un estudio encargado por el Gobierno camerunés mostró que más del 80% de los agricultores no habían tomado ninguna medida para adaptarse a los cambios de temperatura y precipitaciones, culpando entre otros factores a la falta de información. La falta de información fácilmente accesible sobre cómo adaptarse al cambio climático ha hecho a comunidades en todo el mundo vulnerables a patrones climáticos cambiantes y extremos que impactan en su vida en el día a día. El gobierno de Camerún está abordando esta cuestión de una manera innovadora al trabajar con estaciones locales de radio para transmitir programas sobre la adaptación al cambio climático, incluyendo alertas meteorológicas, estrategias de preparación para desastres e información sobre otras cuestiones ambientales.

No sabemos cuánto o con qué rapidez cambiará el clima del planeta debido al aumento de las emisiones de gas de efecto invernadero, pero sí sabemos que la capacidad de un país para hacer frente al cambio climático dependerá de su situación socioeconómica. Las economías más pobres se enfrentan a especiales dificultades tanto para abordar los riesgos climáticos actuales como para adaptarse a los nuevos. Será de vital importancia la vinculación de las respuestas climáticas con las estrategias de desarrollo económico, una amplia difusión de las buenas prácticas en sostenibilidad y un enfoque de gestión de riesgos que considere tanto costes como posibles beneficios.

SOLUCIONES DIGITALES

Una buena noticia es que con la educación digital en técnicas básicas como la rotación de cultivos con legumbres, los abonos ecológicos y una buena gestión del agua, los pequeños agricultores pueden no sólo aumentar las cosechas a corto plazo, sino también restaurar la calidad del terreno a largo plazo. Esto en África es crucial, ya que su suelo es el que mayor agotamiento ha sufrido en cuanto a nutrientes en el mundo. La tecnología digital ayuda a avanzar en todos estos apartados al mismo tiempo conectando a las personas, transfiriendo información instantáneamente (mapas con análisis del terreno) y ayudando a construir comunidades virtuales, incluso entre individuos y comunidades muy distantes entre sí.

Las Tecnologías de la Información también pueden revolucionar las organizaciones de agricultores. La formación de cooperativas agrícolas siempre ha sido un tema complicado para africanos y afrodescendientes, ya que los pequeños agricultores están demasiado disgregados. Nuevas organizaciones impulsadas por plataformas digitales, sin embargo, pueden tener éxito en hacer lo que las cooperativas de agricultores se supone que deben hacer: comprar semillas y fertilizante en grandes cantidades trasladando ahorros en costes por volumen a sus miembros, servir como fuentes confiables de información sobre prácticas agrícolas, y almacenar lo suficiente como para poder negociar precios más justos.

La infraestructura digital para que los pequeños propietarios puedan interactuar se está empezando a poner en funcionamiento. Hay que asegurar que todos los agricultores estén incluidos desde el principio, sobre todo los más pobres o aislados. Las aplicaciones deben ejecutarse en plataformas digitales abiertas y neutrales para que cualquier agricultor pueda conectarse, en lugar de utilizar plataformas propietarias para unos pocos escogidos. Lo importante no es quién construye estas plataformas, ya sea gobierno, empresas agrícolas o empresas de tecnología o telecomunicaciones, con tal de que sean accesibles y tengan una participación abierta a todos los actores involucrados. Para sacar el máximo partido de estas plataformas, por otra parte, es necesario que los agricultores puedan recibir servicios personalizados adaptados a sus necesidades de suministro, producción y distribución. El mapa digital de terrenos de Etiopía, por ejemplo, como es público puede ser accesible por cualquiera que quiera utilizar los datos.

CONCLUSIÓN

La construcción de un nuevo sistema alimentario y las medidas de adaptación al cambio climático que se han analizado, que tienen sentido desde una perspectiva puramente de desarrollo, deben ser llevadas a cabo por los actores habituales. Se requerirá el impulso de empresas y cooperativas para crear las bases de un desarrollo afro-centrado. La keniata Ory Okolloh, una de las más importantes inversoras en negocios digitales en su país, explica que le resulta preocupante la reciente moda liberal en el mundo de los negocios de idolatrar el emprendimiento y la innovación en el continente africano. Según Okolloh, esto es algo que normalmente propugnan personas que sí pueden ir al médico con facilidad o llevan a sus hijos a lugares donde los profesores están bien pagados. Pero no se puede emprender alrededor de políticas deficientes y de un mal liderazgo. Hay crecimiento en África pero los africanos no están creciendo.

Es urgente revisar las políticas sociales, especialmente en sanidad y en educación. Hay que aprender a ejecutar las estrategias que ya se han definido en materia de diversificación y progreso de la economía. Será fundamental el compromiso de los gobiernos en aquellas medidas de infraestructura a gran escala como los sistemas de riego. Dada la complejidad y magnitud de los retos, la coordinación internacional será cada vez más importante. La cooperación internacional interuniversitaria puede proporcionar conocimientos fundamentales sobre temas como ingeniería agrícola y meteorología. Las ONG’s son probablemente más adecuadas para medidas específicas a pequeña escala. Una cartera efectiva de medidas se puede poner en marcha a un coste razonable, la clave es crear el entorno propicio para proporcionar la adaptación efectiva al cambio climático al tiempo que para un desarrollo económico endógeno.

Una de las grandes cuestiones sobre las teorías del desarrollo ha sido determinar si el mundo sería capaz de alimentarse a sí mismo. Desde hace tiempo son muchos los que han predicho hambrunas mundiales, así que simplemente evitar una hambruna masiva debería ser considerado un éxito significativo. Pero ya es hora de ir más allá de la simple provisión de calorías y pensar en la agricultura en economías emergentes de una manera más integral. Los pequeños agricultores africanos y afrodescendientes deben verse no como parte de un problema de desarrollo sino como parte de la solución. El uso de las tecnologías digitales para llegar a ellos, escucharles, apoyarles y ayudarles a organizar sus operaciones es algo que abre la posibilidad de una nueva revolución verde. Asegurarnos de que se aprovecha la oportunidad requerirá cambios en las políticas tradicionales de cooperación e inversión. Es necesario un gran esfuerzo por parte de todos: funcionarios gubernamentales, empresarios, agricultores, técnicos e ingenieros, con la necesaria visión de futuro para proyectar unas comunidades transformadas.

Fuentes: OIT (Organización Internacional del Trabajo), Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de Naciones unidas, CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas), McKinsey Global Institute, Foreign Affairs, The Global Call for Climate Action.

Desarrollo rural africano sostenible

El atraso de la agricultura africana ha sido durante mucho tiempo un símbolo de su pobreza. A cientos de millones de pequeños agricultores se les ha considerado demasiado atrasados para prosperar: el futuro llegaría no por invertir en ellos, sino evitando contar con ellos. Esto está empezando a cambiar gracias a la interconexión digital de los pequeños productores. Pero ahora habrá que afrontar también los serios riesgos derivados del cambio climático.

En los últimos años, las políticas agrícolas que afectan a las comunidades africanas y afrodescendientes han sido inconsistentes. Algunos países han dejado de lado a los pequeños productores en favor de los grandes agronegocios. Otros les han prestado atención, pero se han centrado casi exclusivamente en el aumento de la productividad. Las cosechas de los pequeños agricultores de estas comunidades son de hecho mucho más reducidas que las cosechas de otro tipo de agricultores, por lo que el aumento de la productividad es importante. Pero la agricultura es algo más que el rendimiento que se saca de ella. El sistema alimentario va más allá de la producción y el consumo de comida, porque impacta en casi todos los aspectos de la vida en cada sociedad. Hacer que el sistema alimentario sea más consistente no sólo evitará el hambre. También ayudará a luchar contra la pobreza, las enfermedades y la malnutrición, creando empresas y puestos de trabajo, e impulsando las economías emergentes y mejorando sus balanzas comerciales.

Nuevos sistemas alimentarios deben ser construidos, alrededor de la idea de que la agricultura es algo más que la producción de calorías y que es también un sector estratégico con potencial para cambiar la sociedad. Los cinco componentes principales de un sistema moderno y con enfoque de sostenibilidad deberían ser: empoderar a los pequeños agricultores, empoderar a las mujeres, centrarse en la calidad y no sólo en la cantidad de los alimentos, crear una economía rural próspera, y evitar la degradación del medio ambiente.

UN NUEVO MODELO SOSTENIBLE PARA LOS PEQUEÑOS PRODUCTORES

En África, más del 80% de la producción agrícola proviene de pequeños propietarios. Por tanto, cualquier sistema alimentario racional para el continente debe poner en primer lugar a los pequeños agricultores. Con los años, muchos gobiernos africanos han preferido invertir en el desarrollo de explotaciones a gran escala, pensando que iban a ser más eficientes. Pero la asignación de grandes áreas de terreno a inversores (normalmente extranjeros), la reserva de agua para grandes operaciones industriales, y la concentración de I+D (Investigación y Desarrollo) en unos pocos cultivos más comerciales, no ayudan al desarrollo de la mayor parte de las áreas rurales. Y tampoco se han generado los suficientes productos para alimentar a una población urbana del continente en rápido crecimiento, por lo que las importaciones de alimentos se disparan, y los habitantes de las ciudades gastan en comida mucho más de lo que deberían. Pero los sistemas alimentarios no se pueden crear rápidamente desde la nada, sino que evolucionan gradualmente con el tiempo.

Las Tecnologías de la Información proporcionan herramientas que pueden ayudar a despejar el principal obstáculo para el progreso en el medio rural, que es el aislamiento de la mayoría de pequeños agricultores. Hasta ahora, había sido muy difícil enviar información desde o hacia los pequeños agricultores, impidiendo su integración eficiente en cadenas de valor y en la economía en general. Pero las comunicaciones móviles pueden romper este aislamiento y permitir la creación de nuevos sistemas de alimentación adecuados a las necesidades actuales. Si surgen más líderes con visión para aprovechar estas oportunidades, podemos transformar la agricultura en un poderoso motor del desarrollo económico y social. Estaríamos así en los inicios de una gran revolución verde para África y las comunidades afrodescendientes de América Latina.

Los pequeños agricultores africanos y afrodescendientes son más que capaces de alimentar a sus comunidades, siempre que aumenten su rendimiento mediante el uso de prácticas agrícolas sostenibles, semillas adaptadas y fertilizantes adecuados. Sin embargo, la mayoría no han puesto en marcha estas mejoras debido al desconocimiento, por no tener acceso a un lugar donde comprar suministros, o por falta de capacidad financiera. Y las infraestructuras para conectar a la mayor parte de estos pequeños productores con los mercados sencillamente no existe, lo que significa que muchos agricultores tienen pocos incentivos para aumentar su productividad con el fin de generar excedentes que poner a la venta. Habilitar a los agricultores para que cultiven más alimentos y los puedan vender en mercados formales por un precio justo, es lo que puede suponer un cambio significativo en la vida de gran cantidad de personas que viven en el campo.

La clave para solucionar estos problemas es hacer llegar semillas y fertilizantes adecuados a los pequeños productores, proporcionar educación y formación, y garantizar un fácil acceso al mercado y a mayores redes económicas. La tecnología móvil puede ayudar en todos estos frentes. Los teléfonos celulares con vídeo digital, por ejemplo, están revolucionando la educación y la formación en el entorno rural. Los agricultores tienden a confiar en compañeros de su entorno local más que en los expertos externos, de manera que compartir consejos sobre técnicas agrícolas mediante vídeos en las redes sociales está demostrando ser una buena práctica muy exitosa.

EL EMPODERAMIENTO DE LAS MUJERES EN EL ENTORNO RURAL

Las mujeres constituyen la mayor parte de la mano de obra en el campo. Pero, de acuerdo con un informe publicado en 2014 por el Banco Mundial y la campaña ONE, son en promedio entre un 13 y un 25% menos productivas que los hombres. Las razones para esto son complicadas y van desde discriminación sexual en programas de desarrollo rural hasta normas culturales que complican la contratación de mujeres o la gestión de personal durante la cosecha. Esto necesita ser arreglado cuanto antes. Las mujeres no sólo forman una parte importante de la fuerza de trabajo agrícola, también gastan mucho más que los hombres en educación, nutrición y cuidado de la salud, lo que tiene efectos multiplicadores positivos en el resto de la población. Cuando las mujeres tienen dinero, y poder para decidir cómo gastarlo, toda la comunidad se beneficia.

Una vez más, las comunicaciones móviles pueden ser muy útiles. Mediante el teléfono móvil, las mujeres pueden realizar transacciones de negocios directamente sin mediadores, abrir cuentas bancarias a las que sólo ellas puedan acceder, recibir información y formación que los hombres del lugar podrían no apoyar, y obtener datos sobre el mercado en tiempo real con el fin de negociar precios eficazmente con los compradores potenciales.

LA CALIDAD DE LOS ALIMENTOS

Sólo recientemente se ha comenzado a entender el verdadero impacto de una deficiente calidad de los alimentos sobre la desnutrición de las personas pobres. Es la causa subyacente de casi la mitad de muertes de niños menores de cinco años en todo el mundo y deja a decenas de millones de niños incapacitados cognitiva o físicamente para el resto de su vida. El resumen del problema es que la comida en muchos lugares del mundo es menos nutritiva de lo que debería ser. Por ejemplo, el sistema alimentario en Estados Unidos está diseñado para proporcionar a las personas con tantas calorías como sea posible, que la comida tenga un sabor tan bueno como sea posible, por tan poco dinero como sea posible. Como resultado, la agricultura estadounidense se centra en producir muchos alimentos con maíz y azúcar, crea variedades de maíz de alto rendimiento comercial en lugar de variedades con alto valor nutricional, y además se procesa el maíz de manera que cualquier nutriente que aún pudiese permanecer es eliminado. Consecuentemente, los estadounidenses por ejemplo consumen una cantidad de cereales baratos en el desayuno que son sabrosos pero no muy saludables.

El actual sistema alimentario en África ha importado algunos de estos aspectos negativos. Las semillas disponibles son seleccionadas para un alto rendimiento comercial, excluyendo otros géneros de características. Estas semillas se desarrollaron principalmente para el maíz y el trigo, por lo que cultivos como la yuca y el sorgo siguen sin prosperar. Al haber seguido el sistema utilizado en América del Norte, los molinos que utiliza quitan al cereal su valor nutricional. Pero hay algunas razones para ser optimistas. Por ejemplo, el enriquecimiento de alimentos que se ha implantado en países desarrollados ha comenzado también a hacerse en África. El arroz en Ghana, el maíz en Zambia y la batata en varios países africanos están siendo enriquecidos con vitamina A. Existen más oportunidades de este tipo, ya que los avances en genética han hecho más fácil criar semillas con características nutricionales específicas, como el trigo con alto contenido en zinc y el mijo con alto contenido en hierro.

LA DIVERSIFICACIÓN DE LA ECONOMÍA RURAL

En un sistema alimentario desarrollado, la actividad de las granjas da lugar a una gran variedad de negocios. Los agricultores necesitan servicios financieros, semillas y fertilizantes antes de comenzar la siembra. Después de la cosecha necesitan almacenamiento, transporte, procesamiento y comercialización. Cada paso en estos procesos puede ser una oportunidad de actividad empresarial, por lo que un sistema alimentario saludable en teoría podría soportar una economía rural al completo, creando riqueza y ofreciendo oportunidades de empleo a muy diferentes actores. La diversificación de las economías rurales pasa por impulsar dos ejes fundamentales:

  • Hay que fortalecer las pequeñas explotaciones agrícolas familiares, que emplean a la mayor parte de la fuerza de trabajo, representan a la mayor parte de la producción, y generan la mayor parte de los ingresos rurales. Un desarrollo dinámico de las explotaciones agrícolas familiares puede impulsar el desarrollo de una economía local próspera y diversificada. Al mismo tiempo, estas pequeñas explotaciones dependen de suministros y servicios locales, y tienen como mercado para sus productos a la economía local. Por otra parte, las grandes explotaciones comerciales o plantaciones, a menudo caracterizadas por su falta de puestos de trabajo estables, tal vez nunca han necesitado una economía local diversificada para prosperar, ya que pueden vincularse directamente con mercados urbanos más lejanos.
  • Desarrollar mercados para la producción de alimentos (principalmente cereales y frutas), superando el riesgo de que los productores se decanten por los monocultivos para la exportación. El acceso a mercados internacionales, normalmente tiene lugar a través de los tradicionales cultivos de exportación (algodón, cacahuetes y café). Generalmente, las exportaciones con mayor valor añadido conllevan un alto grado de especialización, y constituyen únicamente una pequeña parte de la agricultura de un país. El mercado nacional/subregional es el más accesible y se puede beneficiar de una demanda fuerte y sostenible. Es fundamental para la innovación y la diversificación rural desarrollar este mercado de productos alimenticios y reducir así los riesgos potenciales para el pequeño agricultor.
  • La adopción de los dos puntos anteriores debe tener lugar en el marco de políticas territoriales encaminadas a fortalecer los vínculos de las zonas rurales con las urbanas, a través de la promoción y el desarrollo del sector servicios en aldeas y ciudades pequeñas, a las que suele desatenderse porque los servicios se concentran en las grandes ciudades y sus áreas metropolitanas.

    EL CUIDADO DEL MEDIO AMBIENTE Y EL CAMBIO CLIMÁTICO

    La revolución verde de los años 1950 y 1960 introdujo tecnologías y métodos agrícolas nuevos y altamente productivos que alimentaron a cientos de millones de personas en Asia y América Latina. Pero también terminó haciendo un daño significativo al medio ambiente de esas regiones, agotando los nutrientes del suelo y reduciendo la biodiversidad. Ahora sabemos que asegurar la sostenibilidad a largo plazo del trabajo agrícola y del medio ambiente es más importante que nunca, debido a los problemas que ya está causando el cambio climático en la actualidad.

    El conocimiento sobre las tendencias futuras del clima -y en particular sobre su impacto local- es muy incompleto. Por lo que las decisiones sobre políticas e inversiones deben realizarse en condiciones de enorme incertidumbre. Sin embargo, se sabe lo suficiente sobre el cambio climático como para plantear escenarios plausibles, y optar por determinados caminos y no otros. Estos escenarios pueden ayudar a identificar medidas de adaptación útiles: según el país estudiado, entre un 40 y un 70% de las pérdidas esperadas para el año 2030 podrían ser evitadas -incluso en escenarios de cambio climático severo- a través de medidas de adaptación cuyos beneficios económicos serían en cualquier caso superiores a los costes. En casi todos esos escenarios, sin embargo, existen riesgos que no pueden ser evitados a través de medidas conocidas a día de hoy. Y confiar en que el avance tecnológico por sí mismo podrá solucionar la crisis climática en el futuro es más la expresión de un deseo que una realidad.

    Un enfoque de gestión estratégica puede proporcionar una valiosa aportación al proceso de toma de decisiones sobre dónde y cómo invertir. Entre otras cosas, reconoce la importancia de las consideraciones de coste-beneficio, que permite poner “etiquetas de precios” a los riesgos climáticos actuales y futuros, y deja a los tomadores de decisiones desarrollar planes que ayuden a adaptarse a los mismos. Un desarrollo agrícola resistente al cambio climático podría generar millones de dólares anuales en ingresos adicionales, atraer inversiones y poner en marcha valiosas innovaciones. Bien orientadas, una serie de inversiones a priori para mejorar la resistencia al cambio climático a través de infraestructuras, avances tecnológicos, mejoras de capacidad, nuevos sistemas y cambios de comportamiento, probablemente serán más baratas y eficaces para las comunidades africanas y afrodescendientes que los esfuerzos de respuesta a desastres a posteriori.

    Fuentes: OIT (Organización Internacional del Trabajo), Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de Naciones unidas, CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas), McKinsey Global Institute, Foreign Affairs, The Global Call for Climate Action.

    Profundizaremos sobre la adaptación al cambio climático en la segunda parte de este análisis.

    Lean Startup para las industrias africanas

    La iniciativa privada es la fuerza que está rompiendo el círculo de la pobreza, impulsando nuevos negocios en las economías emergentes. Una nueva forma de ver la solución de problemas complejos en África es con el método Lean Startup, que favorece una experimentación basada en hipótesis. Por medio de la intuición y la sabiduría convencionales frente a la planificación anticipada, con este enfoque se desarrollan proyectos de forma iterativa al tiempo que se recoge feedback de los usuarios.

    Alrededor del 90% de nuevas empresas no logran despegar. El método habitual ha sido empezar formulando un plan estratégico, conseguir inversores que lo respalden, formar un equipo de trabajo, crear un producto o servicio y lanzarse a la búsqueda de clientes. Y lo mismo puede decirse de los proyectos para aliviar la pobreza en mercados emergentes (tres de cada cuatro iniciativas de desarrollo en África fracasan). Esta forma de gestión a menudo nos expone a grandes riesgos ya que se trabaja muchas veces como si se manejasen grandes proyectos de infraestructura cuando no se hace tal cosa (con un plan predeterminado, con componentes fijos e intentando alcanzar resultados previamente calculados). Pero podría haber un enfoque alternativo: antes de acometer una inversión a largo plazo, resulta rentable experimentar previamente en diferentes partes de la cadena de valor, analizando la industria en la que queremos participar para seleccionar en qué tramo de la misma nos interesa desarrollar nuestra actividad.

    LA SITUACIÓN DE LA INDUSTRIA CÁRNICA

    Al llenar la cesta de la compra en un país africano, es chocante ver la gran cantidad de productos importados desde Europa que se encuentran en el supermercado. ¿Y por qué los grandes distribuidores son de Oriente Medio? Resulta especialmente extraño al comprar carne. ¿Por qué se importa tanta carne congelada desde países como Holanda? ¿Por qué son las peores piezas, siendo difícil encontrar carne de calidad?. Históricamente, en el continente africano no han existido los principales animales domésticos que hay en otras zonas del planeta, y para satisfacer la demanda de carne no es suficiente con la cría local. Por tanto se importan grandes cantidades de carne congelada de baja calidad y bajo coste.

    ¿Pero es necesaria tanta importación? El incremento del consumo de carne es una característica de los países en desarrollo o grupos sociales en los que crece la capacidad adquisitiva, que tienden a emular los hábitos de consumo de segmentos sociales con mayor poder de compra y de las economías industriales, lo que hace que incluyan en la dieta cantidades crecientes de carne que no puede ser producida localmente. Sin embargo, este aumento del consumo pone en un serio riesgo la sostenibilidad de muchos ecosistemas por la enorme cantidad de agua y tierras de cultivo para cereal dedicados a alimentar al ganado en diferentes partes del planeta. El caso paradigmático es la destrucción de amplias áreas de selva amazónica en Brasil para plantar soja que después alimenta a los animales cuya carne es consumida en China, Estados Unidos, Europa y África. La selva es transformada en carne, casi literalmente.

    La solución pasa por cambiar los hábitos de consumo globales para disminuir el exceso de carne (especialmente la importada) y no tanto por elevar la producción para satisfacer una demanda siempre creciente. Por otra parte, tradicionalmente se han criado aves domésticas en África, desde hace varios siglos. Los huevos y la carne de pollo o gallina son vistos por la FAO como una fuente más eficaz de proteínas para cubrir la demanda en las economías en desarrollo. Las aves se adaptan fácilmente al clima, su precio es relativamente bajo, se reproducen rápidamente y su cría tiene una alta productividad.

    EL ANÁLISIS DE LA CADENA DE VALOR

    Veamos como Mozambique hizo despegar su sector avícola en la última década, consiguiendo a la vez ayudar a los productores locales de pienso y a otros actores en la cadena de valor. Se llaman gallinas ponedoras a las eficientes productoras de huevos, mientras que el término “broiler” es aplicado a los pollos y gallinas que han sido seleccionados especialmente para un rápido crecimiento. La proporción de pollos “broiler” a la venta en Mozambique importados desde Brasil era del 65% en 2004. Eran congelados y trasportados a través de Oriente Medio pero, aunque cueste creerlo, el pollo traído así de Brasil seguía resultando más barato que el pollo local de Mozambique. ¿Cómo era esto posible? La productividad y la eficiencia del agronegocio brasileño son envidiadas en todo el mundo, por tanto si el sector avícola mozambiqueño pretendía ser competitivo, debía ser capaz de vender carne de pollo en el mercado local a un precio más barato.

    Cada industria africana (ya sea en el sector primario, secundario o terciario) debe desarrollar una estrategia basada en un enfoque de orientación al mercado. Es imprescindible partir de un análisis riguroso de la cadena de valor por parte de las empresas y los poderes públicos, adaptado a la industria en cuestión y dirigido a ayudar a que los empresarios y sus trabajadores obtengan un mayor beneficio. Aunque el éxito dependa fundamentalmente de los incentivos y la viabilidad comerciales, esta estrategia requerirá inversiones (y puede que subsidios en algunos casos) para estimular el mercado, así como la coordinación de diferentes actores para intervenir a lo largo de la cadena de valor.

    En el caso de la industria avícola en Mozambique, se comenzó por realizar un análisis completo comenzando en el extremo de la demanda y analizando después la provisión de pienso para aves, la producción de huevos, la alimentación y el engorde de los pollos, el procesado, el marketing y finalmente la venta minorista. Se entrevistó a los principales participantes de logística, distribución, industria avícola y producción de piensos. Finalmente se sintetizó una estrategia y se formuló un plan que identificaba y cuantificaba la demanda potencial, los principales constreñimientos en la cadena, los puntos de mejora y un programa de desarrollo específico para la industria.

    Como suele ser el caso en el sector primario africano, los problemas que se plantean en la cadena de valor del pollo son múltiples e interrelacionados: dificultad para acceder localmente a suministros de pienso, modelos de crecimiento deficientes para contratar con un número suficiente de pequeños productores avícolas locales, escasez de propietarios de mataderos operativos, ausencia de estándares para asegurar calidad y medidas sanitarias, falta de una asociación de la industria, no existencia de “retail marketing” en el punto de venta por parte de los minoristas, y deficiente regulación arancelaria. Pero si estas dificultades son superadas, existe un gran atractivo económico general en el sector. La cuestión es que ninguno de los actores comerciales involucrados suele poder acometer las inversiones y la coordinación sectorial por sí mismo. Y aquí es donde tiene sentido la aplicación de la metodología Lean Startup.

    LEAN STARTUP EN EL SECTOR AVÍCOLA

    En Mozambique se pudo poner en marcha una estrategia con Lean Startup en base a proyectos piloto, aprendizaje y posterior expansión por múltiples puntos a lo largo de la cadena de valor, al tiempo que se iba coordinando la participación e integración de las diferentes partes involucradas. Fue un esfuerzo colectivo en fases, que consiguió que el negocio de miles de pequeños agricultores que proporcionaban pienso creciese desde 15 hasta 60 millones de dólares, en cinco años. Se proporcionó formación técnica y de negocios a los granjeros para que mejorasen su producción. Se les ayudó a modernizar la maquinaria de procesamiento, expandir la capacidad de producción, mejorar la calidad y reforzar a los productores que tenían menores capacidades. Las cantidades excedentes de estiércol avícola tienen un efecto negativo sobre suelo, agua y aire, por lo que requieren de procesamiento.

    Se creó la Associação Moçambicana de Avicultores para representar los intereses de la industria nacional y lanzar una campaña multimedia en el país, promocionando el consumo de carne de pollo local. Los productores pasaron a utilizar el sello de la asociación en sus productos, de manera que los consumidores pudiesen asociarlo con un producto de calidad y que cumple los estándares oficiales. El gobierno de Mozambique jugó un papel muy importante al regular las importaciones e introducir controles fitosanitarios, con ayuda de la cooperación interuniversitaria con países extranjeros.

    El desarrollo económico había llegado al sector, como sucede casi siempre, a través del aumento de la productividad. Entre 2004 y 2009 la industria avícola mozambiqueña creció más de cuatro veces, de manera que el consumo de carne de pollo local pasó a convertirse en el 76% del mercado total. Se crearon 1.200 nuevos puestos de trabajo y más de 2.500 pequeños granjeros fueron formados y comenzaron a participar coordinadamente en operaciones de crecimiento, de manera que los ingresos de los hogares de dichos granjeros crecieron entre 2 y 10 veces. El beneficio para los procesadores pasó de 20 a 80 millones de dólares anuales. Y en los años siguientes la industria ha continuado su crecimiento. Además se ha conseguido aliviar la presión cinegética sobre la fauna salvaje local.

    Los desarrollos posteriores de esta estrategia se centraron en la soja para pienso, expandiendo sus posibilidades de comercialización (upstream o aguas arriba en la cadena de valor) y en el potencial para desarrollar una cadena de restaurantes de pollo como franquicia (downstream o aguas abajo en la cadena). De manera similar, este tipo de estrategia se implementó en los últimos diez años en otras industrias como las de la fruta, los frutos secos, la silvicultura o el turismo. Cada intervención ha sido diferente y adaptada a las oportunidades y problemas concretos de cada sector. El impacto total en Mozambique ha sido la creación de 8.000 nuevos empleos, la integración de 100.000 granjeros en cadenas de valor viables comercialmente, y más de 50 millones de capital movilizado para nuevas oportunidades en otros proyectos. Por supuesto, esta situación no se limita a Mozambique ni al sector avícola. Existen multitud de posibilidades para crear valor en diferentes sectores industriales en comunidades africanas y afrodescendientes, que irán creciendo en el futuro con tiempo y esfuerzo.

    UNA SOLUCIÓN A LA FALTA DE ELECTRICIDAD

    Conseguir elevar la productividad en el sector avícola, al igual que en otros sectores, depende en gran medida de un suministro eléctrico económico y fiable. Las aves en confinamiento deben tener condiciones óptimas de temperatura e iluminación para manipular el fotoperíodo, con el fin de maximizar la producción. Sin embargo, en África y en muchas zonas en las Américas, son frecuentes los cortes en el suministro de energía eléctrica.

    Dos mil millones de personas en todo el mundo no tienen acceso a electricidad. Muchas personas pobres gastan alrededor de 37 mil millones de dólares americanos anuales en queroseno u otras soluciones de iluminación de baja calidad. El queroseno es caro y un grave peligro de incendio y para la salud, de hecho más personas mueren a causa de la contaminación que produce el queroseno que por malaria. Una alternativa con energías renovables requiere grandes inversiones que están fuera del alcance de poblaciones que viven con de 1 a 2 dólares al día.

    En Ruanda, una empresa social ha empezado a ofrecer unas lámparas LED portátiles muy asequibles a través de un modelo de negocio de micro-pagos. Se han convertido en el producto de iluminación no conectado a la red más popular en el país, con baterías que se recargan en bicicletas estáticas. Pero antes de llegar a esa solución tuvieron que hacerse bastantes experimentos, incluyendo el uso de un panel solar (caro y con un ciclo de carga muy lento) y una manivela manual (que requería demasiado esfuerzo físico). Al principio poca gente estaba dispuesta a pagar y hubo que bajar el precio, estrechándose demasiado los márgenes, y tratar con problemas en el cobro. Para reducir el coste del proceso de cobro, se recurrió a una tecnología con SMS que desbloqueaba las bicicletas estáticas. Con enfoque Lean Startup, se hicieron diferentes intentos con varias instituciones de micro-finanzas, para que la población rural pobre pudiese comprar la solución a la vez que los precios permitían un margen de beneficios para la empresa.

    CONCLUSIÓN

    Los segmentos de población con menores ingresos no son un espacio fácil para hacer negocios, pero a lo largo de los años ha quedado claro que la aplicación de modelos de negocio convencionales no es la respuesta. Es imposible entender lo que funciona y lo que no funciona sin la experimentación y mejora continuas. En lugar de proyectos complicados con grandes presupuestos y enfoques estandarizados de planificación, la experiencia parece demostrar que los organismos financieros y las agencias de desarrollo deberían asignar recursos a experimentos a pequeña escala y rápidamente estudiar los resultados, para poder extraer el máximo provecho de los fondos disponibles, que son siempre bastante limitados.

    Lo que tienen en común algunas estrategias exitosas es el uso inteligente de la financiación disponible con un análisis riguroso de la cadena de valor e intervenciones integrales a lo largo de la misma, bien dirigidas y con un plazo limitado, capaces de impulsar el crecimiento a largo plazo de cada industria. No es un trabajo sencillo, pero si se hace correctamente, éste es un modelo de crecimiento económico inclusivo que los países africanos y las comunidades afrodescendientes pueden aplicar para reducir los niveles de pobreza e impulsar sus industrias de manera sustancial, como base de la diversificación económica en el siglo XXI.

    Fuentes: FAO (Food and Agriculture Organization), INSEAD Knowledge, McKinsey Global Institute.

    Orígenes africanos de la Administración

    En la Antigüedad clásica, Egipto fue la potencia dominante en el Mediterráneo durante miles de años y estaba mucho más avanzada administrativa, tecnológica y culturalmente que los pueblos europeos. Para entender la superioridad de su organización, la figura del escriba es fundamental: era una profesión creada específicamente para ayudar a manejar la complejidad del sistema de producción. Los escribas eran capaces de resolver los más complicados retos de gestión.

    Los antecedentes de la industria de Management Consulting suelen explicarse en relación con la de auditoría, que tiene sus raíces en la ingeniería industrial y la ciencia contable estadounidenses de la segunda mitad del siglo XIX. La práctica de contratar estos servicios para optimizar el desempeño de las grandes corporaciones empresariales se generalizó con un taylorismo (método de organización industrial postulado por Frederick Winslow Taylor, economista e ingeniero estadounidense) que revolucionaba los enfoques de gestión a principios del siglo XX: lo que se llamó “el estudio científico del trabajo”. Pero esta función social que los ingenieros y consultores desempeñaban en la economía no era nueva. Examinar el origen histórico de la disciplina de Administración en Occidente nos conduce hasta el desarrollo espectacular que tuvo durante la época faraónica en el Antiguo Egipto. Su influencia civilizatoria revolucionó para siempre la difusión del conocimiento a través de los fenicios, intermediarios que abrieron un mercado internacional de papiros egipcios que tuvo un gran impacto en Grecia.

    Los antiguos griegos describían a los egipcios como sus maestros. Durante miles de años, el Imperio Egipcio había tenido una hegemonía incuestionable frente a otros pueblos mediterráneos gracias a su superioridad organizativa. Encontramos invariablemente la figura del escriba en todas las esferas de actividad importantes (granjas, talleres, ejército, templos o departamentos administrativos). Sus capacidades para leer y escribir eran sólo un aspecto de una profesión que era considerada un privilegio sólo al servicio de la clase dirigente y de los dioses. Eran consejeros del emperador, de los dignatarios y de los sacerdotes. Los escribas eran poderosos y respetados, de manera que los altos funcionarios egipcios a menudo elegían ser representados en las estatuas con una humilde pose de escriba. Era un cuerpo profesional capacitado para el pensamiento analítico, la planificación, las matemáticas, la crónica histórica, la comunicación institucional y la toma de decisiones de gestión.

    En Egipto, como sociedad más avanzada en la Antigüedad, surgió la necesidad de escribas para que ayudasen a manejar la complejidad del Estado en la organización de proyectos cada vez mayores. Para los escribas, la suya era la más gloriosa de las profesiones puesto que organizaban la monumental construcción, las inscripciones y los jeroglíficos, la producción, la logística, las unidades del ejército y las políticas fiscales. Un escriba de elevado rango se podía convertir en una de las personalidades más poderosas e influyentes del Imperio o incluso en la primera autoridad del Estado tras el faraón. Acceder a la profesión de escriba era muy complicado y primero era necesario costear unos estudios (no al alcance de cualquiera) en la escuela de escribas.

    Las grandes consultoras crecieron durante el siglo XX reclutando en las mejores universidades y escuelas de negocios de los Estados Unidos y Europa. En sus periodos de apogeo durante el siglo XX, los líderes de la industria de la consultoría consideraban también que su trabajo era el mejor del mundo ya que eran los arquitectos de la globalización empresarial. Tenían asignaciones de gran prestigio como organizar la expansión de las compañías multinacionales, asesorar en la creación de la NASA, reorganizar la Casa Blanca y la Administración Federal de los Estados Unidos, reconstruir la Europa corporativa tras la Segunda Guerra Mundial, o guiar la transición de Rusia hacia una economía de mercado tras la caída de la URSS.

    En el Antiguo Egipto se confiaba en los escribas para mejorar la organización de todos los procesos de producción. Los registros que mantenían los escribas permitían mejorar la eficiencia asegurando la continuidad y la mejora de las actividades económicas, del mismo modo que posteriormente harían los contables y los ingenieros en la industria de la consultoría para las corporaciones. Al fin y al cabo, la expansión del capitalismo estadounidense en el siglo XX ha sido frecuentemente comparada con una expansión imperial, y las grandes consultoras han tenido un papel muy importante en su articulación global. Junto con los ingenieros, los sumos sacerdotes y los dignatarios más cualificados, los escribas constituían la “intelligentsia” del Antiguo Egipto y ocupaban un lugar destacado en la escala social, gozando de gran reconocimiento. Liberados del trabajo físico, los escribas cuidaban mucho su aspecto exterior y su indumentaria.

    Los escribas eran muy conscientes de su alto estatus profesional y guardaban celosamente sus secretos. Eran consejeros que daban las mejores recomendaciones, controlaban los resultados y registraban datos relevantes. La historia de la humanidad está en deuda con ellos por haber contribuido a dejar abundante documentación, desde informes rutinarios hasta textos de gran poder explicativo. El resto de trabajadores solían acudir a ellos para obtener ayuda de todo tipo, desde negociar contratos legales hasta simplemente redactar cartas. Finalmente, el trabajo de los escribas tenía las mismas características con las que se forjó la profesión de consultor de gestión: eran reconocidos por ser trabajadores incansables, pacientes y organizadores eficientes de complejas operaciones en el día a día de la sociedad. Constituían una red de profesionales muy bien formados, que contribuyeron al avance de su cultura y a civilizar el área mediterránea durante la Antigüedad clásica.