La oportunidad económica de África (II)

El crecimiento económico de África aumentó durante la pasada década a un ritmo notable. En adelante, con las reformas estructurales y las inversiones adecuadas, las economías africanas podrían desarrollarse de acuerdo con su potencial, ser más atractivas para la inversión y sacar de la pobreza a amplias capas de población. La región ya ha dado grandes pasos y se encuentra a punto de convertirse en el próximo gran caso de éxito del mundo en desarrollo.

(Viene de la primera parte del análisis)

Existe un relato de la historia africana reciente, no muy conocido aún, que muestra un camino de progreso y que no se basa únicamente en exportar recursos naturales, sino sobre todo en crear capacidad y nuevos negocios. Muchas industrias, aunque incipientes, están emergiendo en toda la región como historias de éxito que evitan los errores que en el pasado han conducido a aumentar la pobreza. Cada país africano seguirá una estrategia diferente, pero todos deben superar las limitaciones que tienen en su competitividad planteando cada vez más mejoras en gestión, educación, infraestructuras y logística, mejorando las políticas e inversiones en sectores que alimentan los fundamentos subyacentes de cada economía. Aunque todavía hay muchos retos para la realización de este potencial que continuarán complicando el desarrollo futuro, como la adaptación al cambio climático, las opciones para actividades rentables son cada vez mayores y la imagen del continente está mejorando gradualmente.

Las economías africanas necesitan diversificarse. Una nueva realidad en la que el riesgo es más ubicuo y está más asociado que antes a diferentes regiones del planeta está surgiendo como consecuencia de la crisis financiera, el cambio climático, la continua demanda de materias primas, un control sobre los recursos más democrático, la evolución de la demografía y las formas de hacer negocios en el capitalismo global. La crisis financiera mundial ha demostrado que los países en desarrollo ya no tienen el monopolio del riesgo en el mundo de las inversiones internacionales. En esta nueva realidad, combinada con el apetito global por los recursos y otras tendencias que afectan al panorama económico como consecuencia de la crisis, es probable que se aceleren la expansión del comercio y la inversión en África, que está desempeñando un papel de peso en cada una de estas tendencias. Los fuertes cambios demográficos pronto tendrán implicaciones en la productividad y la demanda, aumentando la crucial importancia que tiene el sector del consumo en el crecimiento económico. El mundo busca mercados para una próxima ola de crecimiento y, en el nuevo contexto, el continente ofrece oportunidades para innovar en negocios e inversiones de todo tipo.

LA DEMANDA MUNDIAL DE RECURSOS NATURALES

A medida que los países en desarrollo continúan incrementando sus exportaciones e importaciones, el comercio y la inversión Sur-Sur van constituyendo una mayor proporción de la actividad económica mundial. Entre 1990 y 2010, África negra casi triplicó su nivel de exportaciones y ha diversificado sus socios comerciales y de inversión, pero el conjunto de sus exportaciones a la Unión Europea y a los Estados Unidos se redujo del 73% hasta el 49%. Durante este mismo periodo, las importaciones de China procedentes de África negra han pasado de unos 64 millones de dólares a más de 13 mil millones. La reciente caída de precios en las materias primas ofrece a los países africanos exportadores de recursos la oportunidad de diversificar sus economías y reducir los subsidios a la producción que han aumentado la desigualdad: desde 2014 economías como las de Angola, Guinea Ecuatorial o Zambia se están enfrentando a graves amenazas económicas por esta caída de precios, por lo que necesitarán encontrar fuentes de financiación alternativas y China va a seguir siendo un jugador clave en este sentido. Pero endeudarse cada vez más con préstamos chinos no puede convertirse en una solución a largo plazo para estos países ricos en recursos naturales.

La carrera por los recursos se centrará cada vez más en las fuentes de energía renovables y África está particularmente bien posicionada para desarrollar sistemas de energía solar e hidráulica, así como para la producción de biocombustibles. La crisis alimentaria de 2008 puso de relieve lo que podría salir mal si la producción de alimentos se sustituye sin más por la producción de biocombustibles. Entre 2003 y 2007, dos tercios del aumento global de la producción de maíz fueron a la fabricación de biocombustibles, sobre todo para satisfacer su demanda en los Estados Unidos. Sin embargo, África puede alimentarse a sí misma y el desarrollo de biocombustibles no tiene por qué competir con la producción de alimentos: los biocombustibles han contribuido a aumentar los precios de los alimentos, pero también representan una oportunidad para el mundo en desarrollo. La Agencia Internacional de Energía sugiere que la demanda de cereal para la producción de biocombustibles podría aumentar alrededor de un 8% anual hasta 2030. Países como Angola, Mozambique y Tanzania tienen potencial para producir biocombustibles de forma rentable en terrenos que no se utilizan para el cultivo.

La realidad es que el negocio de las materias primas seguirá siendo una fuente importante de ingresos de exportación para África gracias a una demanda mundial que continúa creciendo aunque se haya desacelerado durante la crisis. Por ejemplo, con las tasas de crecimiento anteriores a la crisis y el auge de los precios, las inversiones debidas a la demanda global de metales no ferrosos pasaron de 2 mil millones en el año 2002 a 9 mil millones de dólares en 2007. Durante ese periodo, la inversión extranjera directa en países de África negra creció durante ocho años consecutivos. La mayor parte de esta inversión tomó la forma de nuevos proyectos y expansión en las prospecciones de reservas de petróleo o metales. En una década, las exportaciones de combustibles fósiles de la región se elevaron desde 11 hasta 96 mil millones de dólares.

A medida que el crecimiento económico global se recupere, el continente africano podría beneficiarse de precios más altos y mayores volúmenes en las exportaciones. El Banco Mundial prevé que los precios de la energía y los alimentos, impulsados ​​principalmente por las necesidades de recursos de las economías emergentes, se mantendrán altos por lo menos hasta el año 2030. África no sólo es hoy en día un importante proveedor de recursos naturales para el mundo, sino también la región con mayor potencial para nuevos descubrimientos. Y el aumento de ingresos permitirá a aquellos países africanos que mantengan políticas públicas sensatas aumentar su inversión en infraestructuras y educación, lo que desarrollará sus economías con un crecimiento más inclusivo que les colocarán en una posición de cada vez mayor ventaja con respecto a los países con una estructura trasnochada de simple economía extractiva.

LA CREACIÓN DE CAPACIDAD EN LA AGRICULTURA COMO FACTOR DE MODERNIZACIÓN

Los recursos naturales en África proporcionan una fuerte ventaja competitiva para el desarrollo agrícola. La agricultura es el mayor sector económico de África, representando en los últimos años aproximadamente el 15% del PIB total de la región y más de 100 mil millones de dólares anuales. En el futuro, corregir las inversiones en infraestructuras y mejorar las técnicas agrícolas debería conducir a una revolución verde. Cincuenta años después del inicio de la Revolución Verde en Asia, África negra también está empezando a preparar la suya. Será una tarea compleja pero el continente parece estar en el camino correcto. Aunque también lo sean sus necesidades de alimentos, el potencial agroecológico es mucho mayor que el de la producción actual: mientras que más de una cuarta parte de la tierra cultivable del planeta se encuentra en el continente africano, sólo genera el 10% de la producción agrícola mundial. Así que hay un potencial enorme para crecer en los próximos años en un sector hasta ahora en moderada expansión (a un ritmo de entre el 2% y el 5% anual).

La región cuenta con suficientes recursos tanto para alimentar a su creciente población como para satisfacer la creciente demanda internacional de alimentos y de otros productos agrícolas. Sin embargo la fragmentación de la producción, la interdependencia de los actores en el sector y su complejidad, la falta de inversiones y las condiciones de las infraestructuras de transporte inhiben un crecimiento más rápido de la producción en la agricultura. Los desafíos de la adaptación al cambio climático hacen aún más complejo un crecimiento sostenible y seguirán planteando significativos riesgos para el crecimiento económico con más sequías, inundaciones, tormentas y olas de calor. Pero desde 2005, los esfuerzos para mejorar la agricultura africana se han redoblado y muchos países se han comprometido a aumentar la parte dedicada a la agricultura en sus presupuestos hasta el 10%. Los donantes de ayuda se están comprometiendo a apoyar estos esfuerzos más seriamente y el sector privado está invirtiendo más dinero junto con los fondos de inversión. Este aumento de las inversiones fluye principalmente hacia dos oportunidades:

  • Los avances tecnológicos. Muchas de las actividades para mitigar el cambio climático tienen importantes beneficios no sólo para la sostenibilidad del medio ambiente, sino también para la salud pública, la seguridad energética y la economía. El acceso a las materias primas y el desarrollo agrícola requieren de innovaciones tales como nuevas tecnologías para ahorrar energía o maíz tolerante a la sequía, que tengan elevados rendimientos de la inversión y saquen a los pequeños agricultores de la pobreza de manera sostenible. Los países en desarrollo, cuyo promedio de emisiones per cápita es un tercio del de los países de altos ingresos, necesitan grandes inversiones en generación de energía, transporte, infraestructuras urbanas y producción agrícola. Pero si se abordan estas cuestiones utilizando tecnologías tradicionales, se producirán más gases de efecto invernadero y, por lo tanto, se contribuirá a aumentar el cambio climático y a empeorar la delicada situación de la región, particularmente vulnerable debido a una agricultura de secano que genera el 30% del PIB y el 70% del empleo.
  • Las nuevas formas de organizar la cadena de valor. La agricultura es una industria que tiene la ventaja de crear empleo y oportunidades a lo largo de toda su cadena de valor en África y los nuevos enfoques de ejecución de proyectos están mostrándose muy prometedores en este área. Uno de estos enfoques consiste en dotar a la industria de una nueva estructura que acelere la productividad de las pequeñas granjas agrícolas, con granjas de 50 hectáreas operadas por responsables bien capacitados técnicamente que ayuden a los pequeños agricultores que haya también en su área a ser más productivos y a comercializar su producción a través de la granja central. Otro enfoque es agregar la capacidad de almacenamiento (empresas con almacenes utilizados para distribuir fertilizantes y semillas, o para almacenar las cosechas). Otro es el de proporcionar una mayor eficiencia en la gestión con cooperativas agrícolas que mejoren el acceso a los mercados y que aumenten la productividad de los agricultores. Existe también un gran potencial en las empresas procesadoras de alimentos y minoristas, que obtienen rendimientos de forma muy eficaz con cadenas de suministro de extremo a extremo.

Estos enfoques también son adecuados para aplicarse en zonas rurales de las Américas donde vive un alto porcentaje de población afrodescendiente y proporcionan un “triple dividendo” apoyando la adaptación al cambio climático, la mitigación de emisiones de carbono y la promoción de la seguridad alimentaria. Los recursos financieros generados a través de la mitigación de emisiones podrían ser muy importantes para la selección y desarrollo de grandes extensiones de terreno con alto potencial agrícola. Existen posibilidades de un mejor desarrollo rural mediante la agricultura intensiva y sostenible a través de la inversión en nuevas tecnologías y medidas de conservación de la vegetación, el suelo y el agua. En África hay además un gran potencial económico para la retención del carbono del suelo agrícola y la reducción de emisiones derivadas de la deforestación y la degradación forestal. Tiene también un enorme potencial para generar energías limpias como la solar, eólica y de biomasa, y las pequeñas explotaciones agrícolas pueden integrarse en los esquemas para reducir emisiones. Resumiendo, el potencial del continente para el crecimiento futuro de un sector agrícola ambientalmente sostenible y las oportunidades en la reducción de emisiones son inmensos.

EL CONSUMO Y EL IMPULSO DE LAS INDUSTRIAS LOCALES

Si los países africanos (que lideran la producción mundial de muchas materias primas) tuvieran sus propias industrias, estarían creciendo mucho más y no tendría sentido hablar de “subdesarrollo”. En lugar de haber niños y jóvenes trabajando para que las empresas occidentales consigan diamantes, coltán, etc. podrían estar formándose como gestores o técnicos para mejorar la productividad de las industrias africanas. Los adultos no estarían arriesgando su vida en el Mediterráneo para acabar en la precariedad laboral en Europa o detenidos en un Centro de Internamiento de Extranjeros. ¿Qué es lo que sucede en realidad? La idea de superioridad de la cultura occidental, políticas migratorias discriminatorias y leyes del comercio internacional contrarias a los intereses de los africanos, entre otros factores, restringen el potencial de África y su capacidad para desarrollar industrias.

El mantenimiento de la dependencia con respecto a industrias occidentales o chinas es uno de los mayores frenos al desarrollo africano o quizás el mayor. La noción del progreso establecida, centrada en reproducir el estilo de vida occidental, debe evolucionar si los países africanos quieren progresar de forma sostenida. Durante la fase de crecimiento económico de la década pasada 2000-2009, ha sido hegemónica una cultura de nouveau riche en el comportamiento de consumo (mostrar estatus mediante el turismo de compras en Europa o Estados Unidos, el uso de materiales de construcción extranjeros, las grandes marcas occidentales de moda o de automóviles, etc.) que no ayuda a las economías nacionales y que si no evoluciona conllevará una irreparable pérdida cultural. Para que los beneficios del crecimiento lleguen a las capas de población más humildes, ciertas categorías locales de productos y servicios deben actualizarse para dejar de ser consideradas como algo atrasado o sin gusto.

Las dinámicas en el sector del consumo nos colocan frente a una cuestión central en la reflexión sobre el desarrollo en países empobrecidos: es necesario hacer tanto una transformación económica como una revolución cultural en el continente. No obstante, siguen gozando de mucha popularidad las soluciones fáciles que se plantean en medio del ruido constante de los debates morales sobre el consumo occidental, cuando lo importante sería una mejor organización del sistema económico en su conjunto y especialmente de los intercambios comerciales con África. Una de las últimas tendencias ha sido la del consumo responsable, pero aunque todo el mundo industrializado compre productos de comercio justo, los países pobres seguirán siéndolo mientras un país venda materias primas a otro y éste le venda productos manufacturados al primero. Como los productos elaborados son más valiosos que la materia prima para elaborarlos, el país que realice la transformación saldrá ganando siempre porque el exportador de materias primas vende más barato de lo que después compra y acaba acumulando deuda.

Una industrialización de África centrada en los intereses de su población hasta ahora no ha sido posible, pero esto no se debe a ninguna inferioridad natural por parte de los africanos. Se ha impedido desde el exterior cualquier intento de proteccionismo, que no obstante fue principalmente la senda por la que se enriquecieron en un primer momento los países que hoy son ricos. Además los grandes préstamos financieros con frecuencia no han sido empleados correctamente y han estado condicionados a no utilizar las mismas medidas económicas que permitieron a los países ricos crear sus industrias. Se abre aquí un debate sobre el sistema económico mundial que tiene implicaciones muy profundas: si es mejor integrarse en la globalización buscando mejorar las relaciones comerciales, o por el contrario desconectar de ciertas exigencias externas y aplicar políticas que protejan las industrias y culturas locales. Nada de esto puede resolverse sólo apelando al comercio justo o a productos respetuosos con el medio ambiente, ni siguiendo ninguna estrategia o enfoque de comunicación dirigidos en realidad a hacer sentirse mejor a los occidentales y a las élites africanas con el sistema económico que les ha beneficiado a costa del empobrecimiento de la mayoría.

LA DIVERSIFICACIÓN ECONÓMICA Y LAS CAPACIDADES NACIONALES

Si bien las perspectivas económicas en su conjunto son bastante buenas a largo plazo si son correctamente aprovechadas, las estrategias de crecimiento serán diferentes en cada país. Aunque hasta ahora África no ha podido evolucionar con condiciones justas y en libertad ni por la vía del proteccionismo ni por la de una mayor apertura comercial, si los países africanos ganasen mayor control sobre sus recursos y su economía, no sería necesario importar los planes estratégicos ni los eventos de comunicación occidentales para conducir cambios, sino que se podrían modificar sustancialmente las condiciones estructurales para que beneficien a la mayoría de la población. Frente a las tesis que tratan de despolitizar el debate sobre el avance económico, la moda liberal de resolver todo con el emprendimiento de las élites y las clases dirigentes que creen poder liderar por sí solas el desarrollo, las soluciones pasan necesariamente por reformas hacia dos objetivos clave:

  • Invertir en diversificar la economía nacional. Con el paso de una economía agraria a una economía más urbana, múltiples sectores comienzan a contribuir a un crecimiento inclusivo. La proporción del PIB aportado por la agricultura y la extracción de recursos disminuye al tiempo que hay una expansión de los sectores de manufacturas y servicios, que crean más puestos de trabajo y elevan los ingresos, aumentando también la demanda interna. Como promedio, cada aumento de 15% en la industria manufacturera y de servicios como contribución al PIB está asociado con una duplicación del ingreso per cápita.
  • Impulsar las exportaciones para financiar la inversión. Los mercados emergentes requieren grandes inversiones para construir las infraestructuras de una economía moderna. Las exportaciones son el principal medio para poder importar bienes de capital, que en África ascienden a aproximadamente la mitad de la inversión total. Esto no quiere decir que los países africanos deban seguir el modelo asiático de crecimiento basado en excedentes comerciales y exportaciones, pero sí que necesitan exportaciones que financien las inversiones necesarias para poder diversificarse y los proyectos con alto valor estratégico.

Ambos objetivos se encuentran interrelacionados y la experiencia histórica demuestra que a medida que una economía se desarrolla se acerca más a alcanzarlos. Podemos clasificar a los países africanos en función de sus niveles de diversificación y exportaciones per cápita; aunque los países que hay en cada segmento difieran en muchos aspectos, sus estructuras económicas comparten grandes similitudes y esto es útil para la comprensión de cómo varían las oportunidades de crecimiento y los desafíos a través de un continente tan heterogéneo. Así, la mayoría de países africanos pertenecen a uno de estos grupos: economías diversificadas, economías en transición y exportadores de petróleo. Este enfoque puede ayudar en el diseño de mejores estrategias de emprendimiento y proporcionar nuevas perspectivas para la creación de capacidades mediante políticas públicas.

Las economías africanas diversificadas

Las cuatro economías más avanzadas del continente ya están ampliamente diversificadas y son motores de crecimiento de África: Egipto, Marruecos, Sudáfrica y Túnez. Manufactura y servicios suman en total alrededor del 80% de su PIB combinado. Se encuentran entre las economías más ricas del continente y también tienen el crecimiento del PIB menos volátil. El consumo interno es el mayor contribuyente al crecimiento de estos países. Sus grandes ciudades crecieron espectacularmente en la década pasada, el consumo ha crecido entre un 3 y un 5% al año desde 2000, y el 90% de los hogares cuenta con ingresos discrecionales (lo que queda después de pagar impuestos y gastos de primera necesidad). Como resultado, han crecido rápidamente los sectores orientados al consumidor tales como el comercio minorista, la banca y las telecomunicaciones. Y la urbanización ha provocado un auge de la construcción que creó entre el 20 y el 40% de los puestos de trabajo.

De cara al futuro, estas economías diversificadas se enfrentan al reto de seguir expandiendo sus exportaciones al tiempo que construyen unas economías nacionales más dinámicas. Estas exportaciones crecen mucho más lentamente que las de otros mercados emergentes, en parte porque tienen un coste laboral unitario (el salario dividido por la producción de cada trabajador) de dos a cuatro veces mayores que los de China o India. Al igual que los grandes países de ingresos medios, como Brasil, Malasia y México, estos países africanos pueden y deben avanzar hacia la producción de bienes con mayor valor añadido. Han comenzado a hacerlo (por ejemplo con las exportaciones de automóviles de Sudáfrica y Marruecos) pero deben seguir construyendo capacidades basándose en sus ventajas comparativas, que incluyen la proximidad a Europa y el uso de idiomas europeos. Junto a otros países de África que también tratan de dar este salto, estas economías diversificadas necesitan mejorar sus sistemas educativos. En términos generales ya tienen las tasas más altas de alfabetización y escolarización del continente; el siguiente paso es aumentar la educación secundaria y superior de la población, y mejorar la calidad general de la enseñanza.

Otra prioridad para las economías diversificadas es continuar impulsando el sector servicios, que será una importante fuente de empleo en el futuro. El sector servicios representa prácticamente toda la creación neta de empleo en los países de altos ingresos y el 85% del nuevo empleo neto en los de ingresos medianos. Las economías diversificadas africanas también pueden ampliar el sector manufacturero para abordar mercados locales y regionales, sobre todo de alimentos procesados y de materiales de construcción. Esto aumentará las exportaciones y reducirá la necesidad de importaciones, aliviando el déficit de cuenta corriente de estos países, que en su caso sí se beneficiarán claramente de aumentar los lazos con la economía global porque cuentan con todos los ingredientes necesarios para una mayor expansión comercial.

Las economías africanas en transición

Las principales economías en transición son Camerún, Ghana, Kenia, Mozambique, Senegal, Tanzania, Uganda y Zambia. Tienen un PIB per cápita inferior pero han comenzado un proceso de diversificación de sus fuentes de crecimiento sobre la base de sus ganancias actuales. Estos países son diversos: algunos dependen en gran medida de una sola mercancía, como el aluminio en Mozambique o el cobre en Zambia. Otros como Camerún, Kenia y Uganda están más diversificados. Los sectores de la agricultura y de la extracción de recursos en las economías en transición representan en conjunto el 35% del PIB y dos tercios de las exportaciones. Pero cada vez exportan un mayor número de manufacturas, en particular a otros países africanos. Los productos que tienen más éxito incluyen derivados del petróleo, alimentos procesados, productos químicos, ropa y cosméticos. A medida que sus economías se han diversificado, el crecimiento anual del PIB real se ha acelerado del 3,6% al año en la década de 1990 hasta el 5,5% después del año 2000.

Las economías en transición deben concentrarse en fortalecer los fundamentos de su crecimiento. La expansión del comercio entre países africanos será clave para un futuro crecimiento de estas economías en transición, porque son pequeñas pero su impulso para mejorar la integración regional crea mercados que son mayores. Si estos países han mejorado sus infraestructuras y sistemas regulatorios, también deberían poder competir globalmente con otras economías emergentes. Las fábricas en estos países en transición son tan productivas como las de China o India, pero los costes generales en África son más altos debido a las deficientes infraestructuras y regulación, por lo que son necesarias políticas públicas más correctas que arreglen estos problemas. Los sectores locales de servicios como telecomunicaciones, banca y comercio minorista en las economías en transición también tienen un gran potencial de crecimiento y se están expandiendo rápidamente, pero sus tasas de penetración siguen siendo muy bajas, lo cual crea oportunidades para los interesados en cubrir esta demanda insatisfecha.

Otro segmento incluye países que son todavía bastante pobres, como la República Democrática del Congo, Etiopía, Malí y Sierra Leona (con un PIB per cápita de sólo 353 dólares, una décima parte del de países ya diversificados). Algunos, como Etiopía y Mali, poseen escasas materias primas y unas poblaciones rurales numerosas. Otros, devastados por las guerras de la década de 1990, comenzaron a crecer de nuevo después de finalizar esos conflictos. La República Democrática del Congo controla la mitad de las reservas de cobalto del mundo, el 80% de las de coltán y una cuarta parte de las reservas mundiales de diamante; Sierra Leona tiene un 5% de las reservas mundiales de diamantes; y Etiopía y Malí tienen respectivamente 22 millones y 19 millones de hectáreas de tierra cultivable. Algunas de estas economías han crecido muy rápidamente y las tres mayores (República Democrática del Congo, Etiopía y Mali) lo hicieron en un promedio del 7% anual durante la década pasada con la apertura de muchos nuevos negocios locales, después de no haber crecido nada en la década anterior de 1990.

Con un entorno político y económico estable, estos países podrían aprovechar sus recursos naturales para financiar su crecimiento económico. Los desafíos clave para este grupo incluyen el mantenimiento de la paz, el impulso del Estado de derecho, una correcta gestión económica y la creación de un ambiente de negocios que reduzca las incertidumbres. Aunque las circunstancias particulares de cada economía en transición difieren en gran medida, el problema común suele ser la falta de fundamentos tales como un gobierno democrático estable, instituciones públicas fuertes y buenas condiciones macroeconómicas. Si estos países creasen empresas e inversión para ayudar a desarrollar un sector agrícola más productivo e industrias propias (especialmente en minería y servicios), podrían impulsar fuertemente sus economías hacia un camino de crecimiento estable. Este crecimiento ha sido en ocasiones errático y podría revertirse de nuevo, a pesar de las buenas perspectivas del continente en su conjunto.

La diversificación de los exportadores de petróleo

Los exportadores africanos de petróleo y gas deben mejorar su crecimiento a través de la diversificación. Tienen el mayor PIB per cápita del continente, pero son también las economías menos diversificadas y por tanto más vulnerables a los cambios del entorno económico global. En este grupo están Argelia, Angola, Chad, Congo-Brazzaville, Gabón, Guinea Ecuatorial, Libia y Nigeria. Manufacturas y servicios representan casi un tercio del PIB, menos de la mitad de la participación que tienen en las economías diversificadas. Su crecimiento económico sigue estando estrechamente vinculado a los precios internacionales del petróleo y del gas. El aumento de los precios del petróleo elevó significativamente sus ingresos de exportación durante la década pasada; así, los tres mayores productores (Angola, Argelia y Nigeria) ganaron anualmente un billón de dólares desde 2000 hasta 2008 con sus exportaciones de petróleo, en comparación con los sólo 300 mil millones de la década de 1990. Han utilizado estos ingresos en su mayor parte para reducir el déficit presupuestarios, financiar inversiones y crear reservas de divisas.

Nigeria es un caso especial, ejemplo de productor africano de petróleo y gas que ya ha comenzado con fuerza su transición hacia una economía más diversificada. No depende ya solamente de la exportación de recursos y se ha convertido en la primera economía del continente. Examinar cómo este país se esfuerza por estar a la altura de su potencial económico, con un crecimiento inclusivo que saque a sus ciudadanos de la pobreza, puede servir para inspirar cambios en otros países de África. La agricultura y el comercio son sectores más relevantes y tienen un crecimiento más rápido; los recursos naturales han representado sólo un tercio del crecimiento desde el año 2000, con la industria y los servicios creciendo rápidamente. Banca y telecomunicaciones, en particular, se están expandiendo mucho gracias a una serie de reformas económicas. La productividad de Nigeria ha mejorado bastante y hoy contribuye más al crecimiento del PIB que el crecimiento de la población. Con las políticas y las inversiones adecuadas, se estima que podría convertirse en una de las economías más importantes del mundo en 2030.

El ritmo de crecimiento de Nigeria probablemente continuará impulsando que el PIB crezca al 7% anual hasta 2030. Dada la expansión demográfica, el gasto de los consumidores podría triplicarse haciendo del comercio el mayor sector de la economía. Es un país bien posicionado para beneficiarse de tendencias positivas tales como el crecimiento de otras economías emergentes, la demanda mundial de materias primas y la expansión de la economía digital en el siglo XXI. Nigeria también tiene una población joven en rápido crecimiento y una ubicación geográfica ventajosa en África occidental, que permite el comercio con el resto del continente, con Europa y con las Américas. Sin embargo, la riqueza resultante del progreso en Nigeria está muy desigualmente repartida. Más del 40% de los nigerianos vive aún por debajo del umbral de la pobreza y un 74% (alrededor de 130 millones de personas) no alcanza un estándar de vida decente. Las principales razones para la persistencia de la pobreza son la baja productividad agrícola y un proceso de urbanización que en gran medida ha fracasado a la hora de aumentar el bienestar social y los ingresos. Aún se deben mejorar el tipo y la calidad del crecimiento, implementando mecanismos de distribución de la riqueza para no seguir dando lugar a una mayor desigualdad, que no crea una situación sostenible para el futuro.

Los exportadores de petróleo africanos tienen generalmente buenas perspectivas de crecimiento si utilizan su riqueza petrolera para financiar un desarrollo más amplio de su economía. La experiencia en otras regiones emergentes ilustra el potencial de una mayor diversificación. En Indonesia, manufacturas y servicios representan el 70% del PIB, en comparación con menos del 45% en Argelia y Nigeria, a pesar de que los tres países producen petróleo desde hace casi 50 años. Países como Dubai muestran que es esencial utilizar las rentas petroleras para hacer continuas inversiones en infraestructuras y educación, llevando a cabo reformas que estimulen un sector empresarial dinámico. Al igual que otros países petroleros, los exportadores africanos se enfrentan al reto de mantener el impulso de tales reformas, debiendo resistir la tentación de un exceso de inversión en determinados sectores en particular y evitando caer en la “maldición de los recursos” que ha afectado a tantas sociedades del continente.

CONCLUSIÓN

Las oportunidades de crecimiento en África se basan en la mejora continua de capacidades en la educación y en los cinco sectores principales de la economía: extracción de recursos, agricultura, manufacturas, infraestructuras y consumo. El continente tiene casi el 60% de las tierras cultivables del planeta aún sin cultivar y una gran parte de los recursos naturales, su consumo está creciendo tres veces más rápido que el de los países de la OCDE y la tasa de retorno de la inversión extranjera es mayor que en cualquier otra región en desarrollo. Modernizar ámbitos críticos de las relaciones internacionales, como la cooperación o los acuerdos migratorios, ayudará a construir el África del futuro si se impulsan procesos de integración regional democráticos e inclusivos con la creación de capacidades panafricanas colectivas en los sectores clave. La llegada de nuevos inversores de China, Brasil o India podría ser mucho más beneficiosa si se crean las condiciones para que no se repitan los errores cometidos en el pasado. En general, si nos fijamos en la trayectoria de crecimiento en el continente y en experiencias exitosas en otros mercados emergentes, las perspectivas son bastante optimistas.

La creación de una clase media en ascenso y las oportunidades que ofrece para el crecimiento en el futuro, impulsadas por el consumo interno, van a proporcionar un desarrollo económico sostenible en estos países. En el año 2040 África será el hogar de uno de cada cinco jóvenes en el mundo y el tamaño de su fuerza laboral superará a la de China. Por tanto hay que impulsar una mayor creación de puestos de trabajo para jóvenes, con inversiones que generen empleo en sectores de mayor valor añadido que equilibren a los sectores tradicionales. Lo más importante que los gobiernos pueden hacer es mejorar la ejecución de programas y servicios en sus políticas públicas de educación para, a continuación, adoptar las mejores prácticas económicas que se han probado efectivas en otras partes del mundo. Pero aquellos gobiernos que no defiendan el desarrollo social de su población local, su identidad cultural que históricamente ha sido menospreciada, su patrimonio natural y en definitiva la idiosincrasia particular de sus países, estarán condenándolos a fracasar social, ecológica y económicamente durante este siglo.

Las empresas y los inversores no pueden permitirse el lujo de ignorar estas tendencias y una estrategia para África debe ser parte de la planificación a largo plazo de sus operaciones globales. El momento para que empiecen a poner en marcha estos planes es ahora y las organizaciones que ya operan en África deberían considerar ampliar sus actividades. Otras que todavía no lo han hecho deben considerar que actuar primero en una economía emergente ofrece oportunidades para crear mercados, establecer marcas, dar forma a las estructuras de la industria, influenciar las preferencias de consumo y establecer relaciones a largo plazo. Si continúan las tendencias actuales, África va a jugar un papel cada vez más importante en la economía mundial. Pero sólo si la sociedad civil, las empresas y los gobiernos empiezan a trabajar mejor juntos en cada país africano podrán enfrentarse a los desafíos del mundo global y elevar el nivel de vida de los ciudadanos.

Fuentes: Banco Mundial, World Economic Forum, McKinsey Global Institute.

Sobre el Autor: Pedro Martín

Analista de Estrategia y Operaciones | Socio de Consultoría, colaborador de la Red UNESCO de Estudios Afroiberoamericanos | Formación en las áreas de Ingeniería TICs, Administración y Relaciones Internacionales | Consulting Practice: Cultura Digital e Identidad Competitiva en la Sociedad de la Información y el Conocimiento