La oportunidad económica de África

El crecimiento económico de África aumentó durante la pasada década a un ritmo notable. En adelante, con las reformas estructurales y las inversiones adecuadas, las economías africanas podrían desarrollarse de acuerdo con su potencial, ser más atractivas para la inversión y sacar de la pobreza a amplias capas de población. La región ya ha dado grandes pasos y se encuentra a punto de convertirse en el próximo gran caso de éxito del mundo en desarrollo.

El reciente impulso económico africano es ampliamente reconocido, aunque su poder de transformación y sostenibilidad a largo plazo susciten más dudas. Los altos precios del petróleo y otras materias primas han ayudado desde el año 2000 a aumentar el PIB, sin embargo, los recursos representaron sólo alrededor de un tercio del crecimiento. El resto es resultado de cambios estructurales internos que estimularon las economías nacionales en cada país. Aunque nuevos cambios podrían detener o incluso revertir este crecimiento en determinados países, las tendencias a largo plazo tanto internas como externas indican que las perspectivas económicas de África son bastante buenas si se saben aprovechar. En realidad, cada país africano sigue su propia senda de crecimiento y el futuro del conjunto dependerá de los gobiernos, empresas y sociedad civil en cada lugar.

Como hemos examinado en anteriores análisis, las economías africanas sin duda aún siguen enfrentándose a graves problemas de pobreza, falta de água potable, enfermedades y mortalidad infantil. La aceleración del crecimiento económico no puede ocultar los significativos obstáculos al desarrollo que existen en el continente: inestabilidad política, deficientes sistemas educativos, excesiva burocracia gubernamental y corrupción generalizada. Los africanos deben además mejorar tanto la calidad y la accesibilidad de la atención a la salud y abordar una gestión de los recursos más sostenible. Sin embargo, África es una de las regiones con más rápido crecimiento económico del mundo y su PIB conjunto hoy está cerca del de Brasil o Rusia. La aceleración económica de la pasada década es una señal de progreso muy positiva, aunque aún queda pendiente hacer que este crecimiento sea más inclusivo garantizando un mejor reparto de la riqueza entre la población.

LAS CAUSAS DEL CRECIMIENTO ECONÓMICO

Después de 60 años de intervenciones, ningún país del mundo ha conseguido desarrollarse gracias a la Ayuda al Desarrollo. Se han solucionado temporalmente algunos problemas específicos con la Ayuda, pero el avance del continente africano sólo puede ser sostenible trabajando localmente desde la base en cada lugar y reformando progresivamente las estructuras económicas, sociales y políticas. Las principales causas estructurales detrás del crecimiento desde el año 2000 incluyen los procesos de paz para poner fin a los conflictos armados, la mejora de la estabilidad política, la mejora de las condiciones macroeconómicas, las reformas microeconómicas para crear un mejor clima de negocios, el refuerzo del sector privado, el mayor compromiso de los políticos y el aumento de la inversión en infraestructuras y en educación. Además se ha reducido la inflación hasta el 8% (del 22% en la década de 1990), se ha recortado la deuda externa en una cuarta parte y se ha reducido el déficit en dos tercios.

El impulso económico de África se aceleró en la pasada década 2000-2009, con un ritmo de crecimiento económico de más del doble que en los años 1980 y 1990, infundiendo al continente una actividad comercial nunca vista. Los directivos y los inversores internacionales deben prestar atención: las telecomunicaciones, la banca y la distribución están floreciendo, la construcción está en auge, los flujos de inversión privada están aumentando, el retorno de la inversión extranjera es mayor que en cualquier otra región del mundo en desarrollo y se han producido beneficios del aumento de los precios de las materias primas durante la pasada década. El precio del petróleo, de los minerales, cereales y otras materias primas se dispararon debido a un aumento de la demanda mundial, pero este auge explica sólo una parte de un crecimiento de África que es más amplio. Los recursos naturales y el gasto público relacionado que financian, generaron sólo el 32% del crecimiento del PIB de África entre 2000 y 2009. Los dos tercios restantes provienen de otros sectores en los que destacan los de distribución, transporte, telecomunicaciones y manufacturas. El crecimiento económico se aceleró en todo el continente, en 27 de sus 30 mayores economías. De hecho, países con y sin exportaciones de recursos significativas tuvieron similares tasas de crecimiento del PIB.

Los gobiernos africanos han adoptado políticas para intentar dinamizar sus economías: se abrieron determinados sectores a la competencia, se privatizaron algunas empresas públicas, aumentó la libertad de empresa, se fortalecieron los sistemas regulatorios y legales, y se mejoraron las infraestructuras. Aunque muchos países aún tienen un largo camino por recorrer, estas políticas son primeros pasos importantes que han permitido que emerja un sector empresarial privado. Muchos países africanos han liberalizado el comercio desde principios de 1980, y en todo el continente están aumentando la solidez fiscal y la disciplina monetaria. La deuda como porcentaje de las exportaciones ha disminuido drásticamente, a niveles comparables con los de otras regiones. Las calificaciones de crédito soberano (crédito de un país soberano apoyado por los recursos financieros de su Estado) disfrutan de buenas perspectivas y hay ahora más países africanos con mercados financieros relativamente desarrollados que ya son incluidos en el grupo de economías emergentes.

Hay cambios estructurales en África que están impulsando una revolución de la productividad ayudando a las empresas a lograr mayores economías de escala, aumentar la inversión y ser más competitivas. Después de disminuir en los años 1980 y 1990, la productividad del continente comenzó a crecer de nuevo en 2000 con un promedio del 2,7% anual. Y la aceleración del crecimiento ha comenzado a mejorar las condiciones de la población africana y a reducir la pobreza. Sin embargo, la salud y la educación no han mejorado tan rápidamente. Para elevar el nivel de vida de forma más general, el continente debe mantener o aumentar su reciente ritmo de crecimiento económico pero sobre todo hacerlo más inclusivo para que sus beneficios lleguen a toda la población. Hasta 2011, el crecimiento se aceleraba en la casi totalidad en las economías de la región, pero desde entonces sus caminos se han ido separando. Algunos países han seguido creciendo rápidamente, mientras que otros han experimentado una marcada desaceleración como consecuencia de los bajos precios de las materias primas y la mayor inestabilidad sociopolítica. A pesar de esto, los fundamentos del continente siguen siendo fuertes. Pero los gobiernos y las empresas que quieran seguir avanzando tendrán que trabajar más duro para sacar el máximo provecho de su potencial.

Lo más alentador es el hecho de que la región ha continuado haciendo reformas positivas durante la última crisis. Hay una convicción ampliamente compartida entre los líderes empresariales africanos de que un crecimiento aún mayor vendrá sostenido por el sector privado y por una más intensa integración con la economía mundial. Las economías africanas implementan reformas para facilitar el camino de los inversores que son tan significativas que algunos países reciben estatus de reformistas del “top 10” mundial. Por ejemplo Ruanda, que llegó a ser en 2010 el país número uno en todo el mundo en el famoso ranking Doing Business. Estos esfuerzos para reformar las políticas económicas se han complementado con una mayor inversión en infraestructuras (que ha alcanzado el 5% del PIB) y en mejorar el desarrollo humano. Los índices de escolarización se están homologando rápidamente con los del resto del mundo, después de aumentar más de cinco veces desde 1960.

En cuanto a Tecnologías de la Información, África ha hecho grandes progresos. Es la región con más rápido crecimiento en el mercado mundial de la telefonía móvil, habiendo pasado de menos de 2 millones de teléfonos móviles en 1998 a más de 400 millones en 2010. Cerca del 70% de la población tiene actualmente cobertura de alguna red de voz móvil, frente a menos del 1% de hace diez años. Los teléfonos móviles se han convertido en una de las mejores plataformas de prestación de servicios para los segmentos de población más pobres. Por otro lado, se han empleado 600 millones de dólares de inversión privada en el cable de fibra óptica de alta capacidad que conecta África meridional y oriental con la red troncal de Internet, para ampliar la conectividad del continente. Sin embargo, aunque se han hecho grandes progresos en la mejora del acceso a las infraestructuras de información y comunicaciones en muchos países, aún queda mucho trabajo por hacer aprovechando el potencial del sector de las Tecnologías de la Información para transformar otros sectores.

EL AUMENTO DEL CONSUMO Y EL NUEVO CONSUMIDOR AFRICANO

África representa una importante y creciente oportunidad para las empresas de bienes de consumo y minoristas que sepan moverse rápido. El consumo en África aumentó mucho durante la pasada década (entre 2005 y 2008, el gasto de los consumidores en el continente aumentó a una tasa conjunta anual del 16%, más del doble de la tasa de crecimiento del PIB). El PIB per cápita aumentó en todos los países excepto dos. En 2008, el PIB combinado de todos los países africanos era de casi 1,5 billones (mayor que el de la India o Brasil). El crecimiento del PIB real en África, alrededor del 5% anual entre 2002 y 2009, ha estado a la par con el de Rusia y es significativamente superior al de las economías desarrolladas. Aunque se considera lógico que el crecimiento económico sea mayor en países que parten de una situación económica más precaria (“vienen de muy atrás”, etc.), en realidad se obtiene una mejor comprensión de las oportunidades que presenta África examinando los factores de crecimiento económico: el potencial de crecimiento del PIB anual conjunto per cápita, los continuos cambios demográficos y la urbanización, que aumentan el poder adquisitivo y el gasto de los consumidores. Así se puede estimar el mercado para diferentes sectores.

En el caso del sector del consumo, las actuales tendencias crean muchas oportunidades para proveedores y distribuidores. En una región diversa y en rápido crecimiento que sigue siendo desconocida para muchas empresas, se puede diseñar una estrategia para cada categoría de productos a partir de los datos históricos y el conocimiento de los mercados locales. Si una categoría de productos ha alcanzado su máximo potencial y se acerca a la zona de declive, probablemente la estrategia adecuada sea orientar la inversión hacia otra categoría. Algunos de los patrones de gasto de los consumidores han cambiado en los últimos años como consecuencia de la aparición de la nueva clase media africana, las altas tasas de urbanización y la proliferación de comercios que aceptan pagos con tarjeta. Las empresas que consideren estos mercados deben evaluar los costes de entrar en el entorno competitivo africano para determinar si es posible suficiente rendimiento de la inversión. Muchas empresas locales y multinacionales del sector del consumo están prosperando hoy en África y entregando los correspondientes dividendos a sus accionistas.

África presenta una oportunidad sólida para los productores del sector del consumo pero se requieren estrategias específicas en cada país ejecutadas mercado a mercado para diferentes tasas de crecimiento económico, necesidades y preferencias locales. Es importante ser de los primeros en actuar en el mercado, de manera que las empresas que puedan establecerse o expandir su presencia rápidamente estarán mejor posicionadas, ya que los consumidores del continente seguirán aumentando su poder adquisitivo y el gasto por hogar en los años venideros. Sean fabricantes de bienes, bancos u operadoras de telecomunicaciones, para las empresas del sector del consumo esta evolución tiene una importancia crítica: cuando la población comienza a ganar dinero por encima del nivel de las necesidades básicas, empieza a comprar y consumir bienes y servicios. Además, cuando un país alcanza un nivel de ingresos básico, se aceleran de tres a cuatro veces sus tasas de crecimiento. Mientras que el punto de inflexión exacto difiere entre categorías de productos, muchas de ellas acaban de entrar en esta fase de crecimiento acelerado. Un ejemplo es la enorme expansión de la telefonía móvil en África, que ofrece clara evidencia de este fenómeno.

A pesar de la reciente desaceleración de la expansión económica, el PIB per cápita continúa con una trayectoria positiva de crecimiento anual y eso significa un gran aumento del gasto en consumo de las familias. Combinando esto con el fuerte crecimiento de la población y de la urbanización, esta dinámica lleva a millones de consumidores con necesidades básicas a entrar en el mercado cada año. Como resultado, el número de mercados nacionales que son atractivos se irá incrementando. Para tener éxito, las empresas del sector deben abordar cinco grandes retos, algunos de los cuales son ya familiares para las empresas que operan en otros mercados emergentes:

  • El mercado tiene una estructura heterogénea. África tiene 54 países, con grandes diferencias de poder adquisitivo y en el comportamiento del consumidor, por lo que unas mismas soluciones estándar para todos los países no funcionarán bien. En una segmentación de los mercados africanos de acuerdo con potencial de mercado y la dinámica competitiva, se encontró que los consumidores de segmentos con bajo poder adquisitivo e infraestructura deficiente eran mejor atendidos simplificando la producción, reduciendo al mínimo el número de variedades de productos, construyendo sólidas alianzas de distribución, concentrando gastos de marketing en el punto de venta, y utilizando paquetes de tamaños más pequeños para aumentar las compras de prueba. Sin embargo, los segmentos con mayor poder adquisitivo eran mejor atendidos con un enfoque totalmente diferente. En áreas relativamente ricas es más fácil llegar a los consumidores, por lo que se pueden utilizar la distribución y la venta directa, ofrecer una gama más completa de productos y centrar la comercialización en la construcción de marca a través de una amplia gama de enfoques publicitarios.
  • El bajo poder adquisitivo de la población en general. El 95% de la población y el 71% de los ingresos permanecen en la base de la pirámide socioeconómica. Los países africanos por lo tanto no serán capaces solamente a través de productos premium de crear empresas de tamaño considerable y éstas tendrán que reinventar su modelo de negocio para entregar los productos correctos a un precio correcto. Para satisfacer las necesidades del consumidor de manera efectiva, se debe adaptar la forma en que se fabrican los productos y se gestionan las carteras de productos. Las empresas locales africanas deben aprender a competir con las extranjeras aprovechando su estructura de costes, que es muy diferente de la de las empresas multinacionales.
  • El subdesarrollo en la distribución y salida al mercado de productos. Los sistemas comerciales modernos todavía son incipientes en la mayor parte de África. El comercio tradicional, la economía informal, los mercados al aire libre, los vendedores ambulantes y similares prácticas dominan la escena minorista, representando más del 85% del comercio del continente. Además, unas carreteras e infraestructuras deficientes hacen de la entrega de productos al consumidor una tarea muchas veces enormemente complicada, por lo que las empresas deben construir redes fuertes de distribución mediante un sistema combinado con terceras partes, agentes al por mayor y distribución directa.
  • Las nuevas categorías de productos. Muchas categorías de productos aún no están completamente desarrolladas en África. Por ejemplo, el uso de pasta de dientes por persona es menor que en las economías emergentes asiáticas. Los datos sobre las necesidades y el comportamiento del consumidor son escasos, por lo que es más difícil desarrollar un entendimiento sobre los mercados consumidores. Además, el nivel educativo y el estado de desarrollo de los medios de comunicación hacen más difícil diseñar los mensajes y llegar al consumidor. Competir en África no es ningún juego de niños. Por el contrario, las empresas tienen que funcionar con una cultura de desarrollar su mercado continuamente, invirtiendo mucho más en explicar el producto a sus clientes y en técnicas de marketing no convencionales.
  • La escasez de talento. A pesar de las abundantes oportunidades de trabajo, siguen escaseando los profesionales cualificados en todo el continente. Competir con seriedad y conseguir el éxito a largo plazo, sin embargo, requerirá tener conocimiento del mercado local y desarrollar el talento en las organizaciones. En una primera fase del despegue económico, las empresas han tenido que cerrar esta brecha mediante una combinación de empleados locales y extranjeros. Pero es necesario invertir paralelamente en desarrollo y retención del talento local. Será fundamental fomentar programas de creación de capacidad, planes de carrera atractivos y oportunidades de aprendizaje.
  • LOS CAMBIOS DEMOGRÁFICOS Y EL CONSUMO URBANO

    En las próximas décadas, uno de los puntos fuertes de África será tener una creciente población de jóvenes, que constituirán una fuente de mano de obra competitiva y un creciente mercado de consumo. Se estima que en 2050, casi el 20% de la población mundial vivirá en África, frente al 7% de 1950. Los países en desarrollo serán el hogar no sólo de una mayor proporción de la población mundial, sino también de una población más joven. En 2050, los jóvenes de 15 a 25 años representarán una de cada cinco personas de África negra. Además la región se está urbanizando rápidamente y lidera el mundo en desarrollo en este apartado: entre 2000 y 2008, la tasa de urbanización en África ha sido de más del doble del promedio mundial. Las proyecciones de las Naciones Unidas dicen que la proporción de africanos que viven en zonas urbanas casi se duplicará entre 2005 y 2050, desde el 35% (300 millones) hasta más del 67% (mil millones).

    El crecimiento económico reflejará cada vez más los diferentes cambios sociales y demográficos en África, que se encuentran relacionados entre sí, creando nuevos motores internos de crecimiento a largo plazo. Las tendencias más importantes son la urbanización, una fuerza laboral en expansión y el aumento del consumo de las clases medias africanas. Sólo el 28% de los africanos vivía en ciudades en 1980 y durante la pasada década pasaron a ser el 40% de los mil millones de personas del continente (una proporción más o menos comparable a la de China y mayor que la de India). Para 2030, se proyecta que esta proporción aumente hasta el 50% y que las mayores 18 ciudades africanas tengan un poder adquisitivo conjunto de 1,3 billones de dólares. Pero la urbanización podría engendrar más miseria si se van creando cada vez más barrios pobres y no se atienden las desigualdades en la distribución de la riqueza con mejores políticas públicas.

    Sin embargo, en muchos países africanos se identifican signos positivos en este proceso de urbanización que está aumentando la demanda, la inversión y la productividad, a medida que los trabajadores pasan del trabajo agrícola a puestos de trabajo urbanos. Muchas empresas han logrado mayores economías de escala repartiendo los costes fijos entre un mayor número de clientes. La urbanización está impulsando la construcción de más carreteras, edificios, infraestructuras para la gestión del agua y otros proyectos que mejoran las ciudades y activan la economía. Desde el año 2000, la inversión anual en infraestructuras privadas se ha triplicado en África, con un promedio de 19.000 millones de dólares entre 2006 y 2008. Sin embargo, se necesitan mayores inversiones si se pretende que las nuevas megaciudades que están formándose proporcionen una calidad de vida razonable para las crecientes clases urbanas.

    A diferencia de lo que ocurre en gran parte del resto del mundo, la población activa se está expandiendo en África. El continente tiene más de 500 millones de personas en edad de trabajar que seguirán impulsando el crecimiento de su PIB y se estima que en 2040 este número exceda los 1.100 millones, más que China o la India. Durante los últimos 20 años, tres cuartas partes del incremento del PIB per cápita en el continente proceden de esta fuerza de trabajo en expansión y el resto de la mayor productividad laboral. Si África consigue proporcionar a sus jóvenes la educación y las habilidades profesionales necesarias, creará una fuerza de trabajo enorme que podría ser un factor importante en el aumento de la producción y el consumo mundiales. La educación de esta fuerza de trabajo es el más importante de los desafíos porque contribuye a solucionar otros, por lo que la mejora del sistema educativo tiene que ser una de las principales prioridades en las políticas públicas africanas.

    La urbanización y la creciente población joven tendrán implicaciones significativas en la productividad, el crecimiento y la demanda. África tendrá un potencial cada vez más importante en industrias intensivas en mano de obra si continúa invirtiendo en la formación de sus profesionales e infraestructuras y mejorando el clima de negocios, sobre todo ahora que se espera que aumenten los salarios en Asia. Incluso si los salarios reales en China subieran sólo un 7% al año, lo que es modesto dado el crecimiento del PIB del país, es probable que se dupliquen en una década. Este aumento de costes de fabricación se traducirá en mayores oportunidades para África. Asia oriental comenzó a fabricar a gran escala para el mercado global sólo alrededor de 1980 y por aquella época la brecha de ingresos per cápita y de salarios entre China y los países de la OCDE aumentó de manera exponencial. En gran medida, la ventaja en costes de mano de obra permitió que China se hiciese más competitiva en manufacturas. Pero a medida que aumenten los costes laborales chinos, es probable que esta ventaja se desplace a África.

    Por lo tanto, los africanos tienen también la oportunidad de convertir a su población joven, que va a ser de las más grandes del mundo, en un dividendo demográfico y una ventaja competitiva. Pero si no hay opciones de empleo para los jóvenes, esto podría convertirse más bien en una situación inmanejable. Los países africanos deben poner en marcha medidas para que la productividad vaya aumentando, que consisten fundamentalmente en más inversiones en educación e infraestructuras. Así es como se podrán impulsar el tipo de empleos que pueden absorber la fuerza laboral de los jóvenes. El continente no puede permitirse el lujo de tener una población tan joven y no poder crear suficientes trabajos remunerados. Además hay que evitar la inestabilidad laboral, por lo que es interesante crear puestos de trabajo en sectores que generen una gran cantidad de mano de obra a lo largo de toda su cadena de valor. Se crean infraestructuras más adecuadas y se mejora la relación con las cadenas de valor, centrándose en la innovación y la capacitación que prepare a los jóvenes para trabajar en el mundo de hoy. Las Tecnologías de la Información y el acceso a Internet serán fundamentales: trabajando bien estas áreas se podrán evitar mejor los riesgos porque contribuyen a solucionar los desafíos estratégicos y mejorar la productividad en los demás sectores de la economía.

    Por último, los africanos están pasando rápidamente a ser vistos como un nuevo segmento de consumidores por empresas de todo el mundo. En el año 2000, aproximadamente 59 millones de hogares en el continente tenían ingresos de 5.000 dólares o más (a partir de los cuales se empieza a gastar aproximadamente la mitad en productos que no son de alimentación). En el año 2014, el número de estos hogares alcanzaba los 106 millones. África ya tiene más hogares de clase media (definidos como aquellos con ingresos de 20.000 dólares o más) que la India. Y el aumento del consumo creará una demanda cada vez mayor de productos locales, lo que debería alimentar el ciclo ascendente de crecimiento interno.

    EL CRECIMIENTO AFRICANO A LARGO PLAZO

    La cuestión clave es si el reciente crecimiento representa la ocurrencia de un evento de una sola vez o un despegue económico sostenido. La economía del continente también se aceleró durante el auge petrolero de la década de 1970, pero se desaceleró después bruscamente cuando el petróleo y otras materias primas se desplomaron durante las dos décadas siguientes. Persisten riesgos a corto plazo y las economías africanas de hoy podrían sufrir muchos contratiempos, pero existen sólidas perspectivas de crecimiento a largo plazo, impulsado tanto por las tendencias externas en la economía global como por los cambios estructurales internos en las sociedades y las economías del continente.

    Hay brillantes perspectivas de crecimiento futuro pero existen diferencias no sólo por país, sino también por sector. Tal vez la característica que más destaca en la historia de este crecimiento africano es que está limitado a los rendimientos de las industrias extractivas. Sin embargo, nada menos que 200 millones de africanos han entrado a formar parte de los consumidores de productos básicos entre los años 2010 y 2015. No es que el crecimiento de las industrias extractivas no sea lo bastante grande (once de los países africanos se encuentran entre los diez principales suministradores de al menos un mineral industrialmente importante). África ha producido aproximadamente el 13% del petróleo mundial en 2015, un aumento del 9% desde 1998. Pero hay otras posibilidades que pueden impulsar el crecimiento, por ejemplo que el continente tenga más de una cuarta parte de la tierra cultivable del planeta. Además, como ya hemos visto, la banca y las telecomunicaciones están creciendo rápidamente y la inversión en infraestructuras están aumentando significativamente más rápido en África que en el resto del mundo en su conjunto.

    África continuará pudiendo beneficiarse de la demanda mundial de petróleo, gas natural, minerales y alimentos pese a la caída en los precios de las materias primas. Se estima que el consumo de combustible en el mundo aumentará en un 25% en la presente década, que es el doble del ritmo de crecimiento que había durante la década de 1990, y las proyecciones de demanda de muchos minerales muestran un crecimiento similar. África cuenta con abundantes recursos: 10% de las reservas mundiales de petróleo, 40% de las reservas de oro y de 80 a 90% de los metales de transición (grupo de metales del cromo, platino, etc). Éstas son sólo las reservas conocidas y sin duda hay más por descubrir. A pesar de los lazos comerciales con Europa, África ahora lleva a cabo la mitad de su comercio con otras regiones económicas en intercambios “Sur-Sur”. La demanda de recursos está creciendo más rápidamente en las economías emergentes del mundo, especialmente en Asia y Oriente Medio. Desde 1990 hasta 2008, la participación del comercio africano en Asia se duplicó del 14% al 28% mientras que la participación de Europa Occidental se redujo del 51% al 28%. China, India, Brasil y Oriente Medio están forjando asociaciones de inversión a largo plazo con países africanos. La carrera mundial por las materias primas ha incrementado el poder de negociación de los gobiernos africanos, que han negociado mejores contratos para obtener más valor por sus recursos. Los compradores están más dispuestos actualmente a hacer pagos por adelantado (más las regalías de la extracción de recursos) y a compartir conocimientos de gestión y tecnología.

    Al mismo tiempo, África ha ganado un mayor acceso al capital internacional. El flujo anual de inversión extranjera directa aumentó de $9 mil millones en 2000 a $62 mil millones en 2008, que es casi tan grande como en China en proporción al PIB. El capital extranjero ha fluido hacia los sectores del turismo, textil, construcción, banca y telecomunicaciones en muchos países africanos. Además, investigaciones recientes en los mercados de capital privado revelan un desajuste entre la oferta y la demanda de financiación en los últimos años que podría señalar nuevas oportunidades de inversión. El capital privado está destinado a extenderse rápidamente a través del continente y la demanda de capital en conjunto debería aumentar un 8% anualmente hasta 2018. Este crecimiento podría alcanzar el 20% al año en Angola y al menos otros nueve países ricos en recursos naturales, y una inversión total de 50 mil millones de dólares durante la presente década.

    Sin embargo, existen grandes variaciones por país y por industria y la oferta de capital no parece coincidir con la creciente demanda. Al llegar a África, los grandes inversores internacionales a menudo prefieren gestores de inversiones de probada eficacia, hacer operaciones con sumas considerables y diversificar las inversiones a través del continente. Estas preferencias les conducen a pasar por encima de inversiones al alza muy atractivas en cada país y sector, de manera que hay desajustes entre la oferta y la demanda según el tipo de inversión. Están los segmentos con oportunidades de rápido crecimiento, pero a los que llega relativamente poco dinero de los inversores. Éstos incluyen los fondos de inversión para proyectos de infraestructura (que algunos inversores ven como demasiado arriesgados y con demasiada carga política) y los fondos de pequeña y mediana capitalización. En el otro extremo, están los fondos que probablemente recibirán más dinero pero también que enfrentan mayor competencia a la hora de poder hacer ofertas atractivas, a menudo con grandes empresas como objetivo. Las multinacionales que buscan adquirir negocios viables deberían fijarse más en las empresas africanas de tamaño medio.

    El continente africano ha superado los peores años de la reciente crisis global mejor que la mayoría de regiones del mundo, y a largo plazo espera también tener un crecimiento más rápido que el resto. En algunos momentos durante la crisis financiera, los mercados emergentes han supuesto más de la mitad del crecimiento mundial, que luego se ha ralentizado y ahora sigue un camino de crecimiento más lento. Impulsar avances en tecnología, agricultura y necesidades de infraestructura en África y el mundo en desarrollo es crucial para sostener el crecimiento económico global. Sin embargo, puede esperarse un rendimiento de los mercados emergentes mejor que el de los países desarrollados en los próximos años y, entre estos mercados emergentes, hay una serie de países africanos con ingresos medios que están haciendo las cosas bastante bien.

    Antes de la crisis, África ya estaba creciendo rápidamente. Y sabemos que el crecimiento económico mundial será cada vez más de los mercados emergentes y que, tras más de 20 años de reformas políticas y económicas, África será una parte importante de tal crecimiento. La imagen del continente está asociada con pobreza extrema, conflictos, mal gobierno, instituciones débiles, malestar social, falta de infraestructuras y otras dificultades. No se debe minimizar la extensión de estos problemas, y los gobiernos africanos y la sociedad civil tienen que seguir trabajando para solucionarlos. Pero una parte de la historia africana reciente muestra el camino del progreso y de los éxitos futuros, aunque el resto del mundo a menudo no se haya enterado. Los recursos no son el único motor de crecimiento de la región, que está en condiciones de demostrar que no sólo es receptiva a inversiones sino que también está generando nuevos negocios, dejando atrás la imagen negativa con la que ha sido asociada.

    Veremos cómo son las sendas más probables para el desarrollo africano futuro en la segunda parte de este análisis.

    Fuentes: Banco Mundial, World Economic Forum, McKinsey Global Institute.

    Sobre el Autor: Pedro Martín

    Analista de Estrategia y Operaciones | Socio de Consultoría, colaborador de la Red UNESCO de Estudios Afroiberoamericanos | Formación en las áreas de Ingeniería TICs, Administración y Relaciones Internacionales | Consulting Practice: Cultura Digital e Identidad Competitiva en la Sociedad de la Información y el Conocimiento